Posts tagged ‘Unión Europea’

enero 17, 2013

Error tras error ante la crisis económica

Iturria: Carlos Berzosa — Consejo Científico de ATTAC España – 2013/01/15

Las inadecuadas políticas económicas tienen unos elevados costes sociales y económicos, de modo que dejan a muchos damnificados por el camino. La responsabilidad, por tanto, de los dirigentes políticos, económicos, y economistas que avalan determinadas actuaciones, es muy elevada en los daños causados a tantas gentes que sufren el paro, la disminución de su nivel de vida, y la pérdida de derechos laborales, sociales y políticos. La ligereza con la que se está actuando no deja de ser llamativa, pues parece que no hay nadie que sea responsable de lo que está sucediendo.

El desencadenamiento de la crisis actual fue el resultado de acciones de política económica que favorecieron la desigualdad, la desregulación y la primacía de las finanzas. Se fomentó un marco de actuaciones de los agentes económicos en el que la hegemonía del mercado sobre la intervención pública se impuso. Se posibilitó, en mayor medida que en otros tiempos, el abuso, el fraude, el engaño, y los excesos cometidos por determinados segmentos del capital inmobiliario y financiero, preferentemente pero no sólo, que han conducido a la Gran Recesión.

Una vez desencadenada la crisis económica, los desatinos a la hora de atajarla han sido muchos, lo que ya hemos puesto de manifiesto en más de una ocasión en estas páginas. Todas estas actuaciones erróneas han agravado más las cosas de lo que tenían que haber sido, con lo que el sufrimiento para muchas gentes se ha acentuado, mientras que los ricos se van haciendo cada vez más ricos. Este proceso lo pone de manifiesto con gran claridad Bauman: “Todas las medidas emprendidas en nombre del “rescate de la economía” se convierten, como tocadas por una varita mágica, en medidas que sirven para enriquecer a los ricos y empobrecer a los pobres”. (‘Esto no es un diario’, Paidós, 2012).

Todo esto que decimos, adquiere mayor gravedad cuando se reconocen errores en la gestión de la crisis y se pide disculpas por ello, como si los que han sido víctimas de las medidas tomadas pudieran rehacerse de los daños causados por actuaciones incorrectas de los dirigentes políticos, responsables de los organismos económicos internacionales, y economistas influyentes. Así, de este modo, leemos que el Fondo Monetario Internacional (FMI) lleva unos meses advirtiendo de que las políticas de austeridad generan contracción económica y aumento del desempleo. Una afirmación de esta naturaleza se basa en la observación de lo que está sucediendo en la Unión Europea, pero sobre todo en un estudio, al que hace referencia Krugman en su libro ‘¡Acabad ya con esta crisis!’ (Crítica, 2012), de investigadores del FMI en el que han identificado no menos de 173 casos de austeridad fiscal, en los países avanzados, durante el periodo comprendido entre 1978 y 2009. La constatación fue que las políticas de austeridad conducían a lo que ya hemos dicho, esto es, a la contracción económica y el aumento del desempleo.

Lo más grave, sin embargo, se produce cuando el prestigioso macroeconomista y economista jefe del FMI, Olivier Blanchard, tiene que reconocer que se han equivocado en el cálculo del multiplicador fiscal a la hora de estimar las consecuencias que una reducción del gasto público tiene sobre la actividad económica. Los efectos son mucho más negativos que los que habían establecido en un principio, lo que explica la fuerte contracción económica que está teniendo lugar y que afecta en gran medida a países como España. ¿Y ahora qué? Cabría preguntarse cuando gran parte de los daños causados ya están hechos.

Resulta escandaloso y vergonzoso que un organismo como el FMI, que tiene gran legión de economistas muy bien retribuidos, se equivoque en una estimación de estas características, lo que lógicamente tiene que llevar a pedir responsabilidades, sobre todo cuando una de las fuentes de financiación del FMI proviene de las cuotas de los países miembros, y que en definitiva pagamos los ciudadanos. Esto sin haber mencionado los elevados sueldos y pensiones que se embolsan los principales responsables de esta institución, fundamentalmente el director gerente. ¿Por qué se les paga tanto? cabe preguntarse, ¿por equivocarse en la mayor parte de las ocasiones? No deja de ser una paradoja que sean los ciudadanos que con sus impuestos financian en gran parte a esta institución, los que a su vez sean las víctimas de sus recomendaciones de política económica. De esto saben, y mucho, las gentes de los países subdesarrollados.

Un error de esta naturaleza pone en cuestión, además, el prestigio de la profesión de los economistas, que ya se encuentra en gran parte desacreditada. No sería justo considerar, en todo caso, que este desprestigio debe afectar a todos los economistas, pues como saben muy bien los seguidores de esta publicación los que intervenimos en ella hemos sido críticos con las políticas de ajuste puestas en marcha por la Unión Europea y avaladas por el FMI. No todos los economistas se encuentran en el error, aunque sus opiniones no sean tenidas en cuenta por los que toman las decisiones.

A los que, no obstante, se dejan seducir por determinados perfiles académicos de economistas españoles que publican en medios de comunicación influyentes, sobre todo cuando son profesores de universidades extranjeras y de prestigio, hay que decirles que no se obnubilen por ello, sino que atiendan al rigor de sus explicaciones. En la mayor parte de los casos, lo que se evidencia, a medida que transcurre la crisis, es su incapacidad para comprenderla por ser, además, prisioneros de unas ideas económicas erróneas que no son capaces de vencer. Así nos va, de error en error, propiciados por los grandes dirigentes políticos, las élites empresariales, y por economistas influyentes en el poder. Todo esto conduce al desastre y a una situación que resulta a todas luces escandalosa.

julio 11, 2012

ELA cree que el rescate a la banca es un “empujón al precipicio” y logrará que “más gente no llegue a fin de mes”

Iturria: EFE – 2012/07/10

El sindicato ELA ha asegurado que el rescate a la banca es un “empujón al precipicio” y ha asegurado que dar dinero al sistema financiero “va a hacer que cada vez más gente no llegue a fin de mes”.

En un comunicado, la central ha asegurado que, tanto lo acordado en la reunión del Eurogrupo de este lunes como en la reunión del 9 de junio es “muy grave, tanto por la forma como por el fondo”.

“Nos encontramos ante un procedimiento antidemocrático. La democracia se basa en la información, en la transparencia, en la información veraz y en el debate social y político. Y en la Unión Europea ocurre justo lo contrario. Los gobiernos de la UE están de acuerdo en seguir aplicando las políticas de recortes, y han establecido un mecanismo basado en la mentira”, ha afirmado.

ELA ha manifestado que, en lugar de información “hay mucha desinformación” y ha asegurado que es “totalmente falso” que el crédito se destine a los bancos.

“El crédito es para el gobierno, que lo tendrá que devolver con intereses, cuya cuantía tampoco se ha hecho pública. La opacidad sustituye a la transparencia. Y el debate social y político es secuestrado por una élite (los ministros de finanzas o los presidentes de gobierno) que, entre cena y cena, con nocturnidad y alevosía, toman las decisiones que dicen que impone Bruselas. Ellos deciden cuándo nos van a decir las cosas”, ha asegurado.

A su juicio, el resultado es “claro” y se pretende “aplicar los recortes, anulando los procedimientos democráticos”. “Es una estrategia que trata de adormecer a la población, hacernos creer que no hay alternativa. Estamos ante una gravísima operación orquestada”, ha añadido.

junio 27, 2012

Dos años de calvario ¿para qué?

Iturria: Juan Torres López, Sistema Digital. 2012/06/22

Hace ahora más o menos dos años que los mercados, léase los demás gobiernos europeos al dictado de la gran patronal y de la banca, impusieron las primeras reformas y medidas severas de recortes que llevó a cabo Rodríguez Zapatero.

Se dijo entonces que eran las imprescindibles para cambiar el rumbo peligroso que tomaba la economía española y que el sacrificio que suponían se vería compensado porque con ellas saldríamos de la crisis.

Muchos afirmamos que no sería así, porque no se conocía caso alguno en la historia de economías que hubieran salido de situaciones parecidas por el camino de recortar gasto y de imponer frenos a la actividad de las empresas y al consumo, que era lo que se imponía a España.

No se puede decir que nos descalificaran mucho, porque las voces mayoritarias que se asientan en tertulias y en las tribunas de los medios simplemente resuelven la discrepancia por el fácil expediente de no darla por existente. La opinión dominante se hace eco de lo que dictan los focos de poder y suele ser con ello suficiente. Pero el tiempo ha pasado ya y ahora podemos comprobar desde la distancia el efecto real que han tenido aquellas medidas que se decía que eran las que había que tomar “para salir de la crisis”.

Se pusieron en marcha urgentemente porque la prima de riesgo, que a primeros de junio estaba a 170, se consideraba desorbitada. Pero en los últimos días hemos llegado a los 575.

Se justificaron también porque la deuda era demasiado elevada. Pero la de las administraciones del Estado al finalizar el segundo trimestre de 2010 era del 56,6% del PIB y dos años después supera el 72%.

Ha habido dos reformas laborales que, naturalmente, se presentaron como las medidas que volverían a crear empleo. Pero hoy la tasa de paro es casi cinco puntos más elevada.

Se han dado todo tipo de ayudas a los bancos, se han hecho reformas financieras afirmando que con ellas volvería a fluir el crédito e incluso a bajar los precios de las viviendas. Pero nada de eso ha ocurrido.

Se ha debilitado, como nunca antes en democracia, la capacidad de negociación de los trabajadores, se han reducido los costes del despido y se han dado todo tipo de facilidades a los empresarios, pero las empresas siguen cerrando por cientos.

Se han recortado derechos de pensionistas, se ha reducido la financiación de los servicios públicos, pero ni siquiera eso ha permitido, como decían, que aumente la actividad económica o, como acabo de señalar, que baje la deuda.

Lo que ha sucedido en estos dos años últimos de aplicación continuada de reformas y recortes ha sido que nuestro PIB per capita se ha situado por debajo de la media europea, lo que no había ocurrido desde hace diez años.

Y no solo ha disminuido la riqueza monetaria que mide el PIB sino que han empeorado realmente las condiciones de vida de la inmensa mayoría de las personas. La pobreza ha aumentado considerablemente hasta llegar a afectar, en 2011, al 22,2% de los hogares españoles, dos puntos más que en 2009, y lo que hace pensar que ha seguido subiendo (Cáritas, “Exclusión y Desarrollo Social. Análisis y Perspectivas 2012).

Como se indica en este informe, ahora hay más pobres y son más pobres que el año pasado y eso está íntimamente relacionado con el incremento de la desigualdad que se ha producido también como consecuencia de la aplicación de las medidas de recortes y que ya es casi cinco veces mayor que la media de países de la Unión Europea, sin que esto parezca preocupar a nuestros gobiernos. Como tampoco parece que le llame la atención que ya haya en España 205.000 niños en situación de pobreza según el estudio La infancia en España 2012-2013. El impacto de la crisis en los niños, de UNICEF.

Las medidas de austeridad que se vienen tomando (que en realidad no son de racionalización inteligente del gasto sino simplemente de pérdida de impulso público y freno a la actividad) son completamente inútiles para resolver los problemas que tiene nuestra economía. Es una evidencia que las políticas impuestas no han conseguido que vuelva a fluir el crédito, ni que se cree empleo, ni incluso que se reduzca la deuda, porque al deprimir la actividad disminuyen los ingresos fiscales. Y, como es igualmente evidente, tampoco sirven para disminuir la prima de riesgo. Son un fracaso, salvo en un aspecto que es lo que se quiere ocultar: llevan inexorablemente a la declaración de default, de impago y, por tanto, de rescate a lo grande que es lo que se viene buscando por los acreedores europeos.

La insistencia en aplicar medidas que producen los efectos contrarios a los buscados y que llevan a una situación peor que la inicial no puede entenderse, salvo que se busque precisamente lo que no se dice. Es decir, que se quiera provocar lo que dicen que quieren evitar, esto es, la intervención en toda regla de nuestra economía. Algo que puede ser ya irremediable si no se da pronto un golpe en la mesa de las autoridades europeas, sabiendo que Alemania sería posiblemente la economía que peor parada saldría a medio plazo de una desarticulación de la zona euro.

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