Posts tagged ‘neoliberalismo’

mayo 2, 2013

De la reforma laboral a la reforma penal: todos a la cárcel

Iturria: Héctor Illueca / Adoración Guamán – Publico.es – 2013/05/01

Las políticas de austeridad impuestas por la troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional) y aplicadas por el Partido Popular están provocando una silenciosa redefinición de las funciones del Estado progresivamente conquistadas luego de un trayecto secular. De manera relativamente rápida, el Estado reduce su intervención social al tiempo que refuerza los dispositivos disciplinarios mediante la intensificación de su intervención penal. Como si fuera una persona arrepentida de haber sobreprotegido a sus hijos, el Estado neoliberal se dispone a tratar severamente a los ciudadanos, criminalizando la miseria y elevando la acción penal a la categoría de función pública prioritaria. De este modo, la cansina apelación al orden público del Gobierno del Partido Popular constituye el reverso inevitable de la normalización del trabajo precario y el desmantelamiento del Estado de bienestar.

Veamos. El 10 de febrero de 2012 el Gobierno aprobó una reforma laboral que consagraba el abaratamiento del despido y la desarticulación de la negociación colectiva, con el fin de inducir un violento retroceso salarial y un no menos feroz ajuste de plantillas en las empresas. Transcurrido un año desde su entrada en vigor, las consecuencias más dramáticas de la acción gubernamental encuentran reflejo en los diferentes datos estadísticos: la Encuesta Trimestral de Coste Laboral correspondiente al tercer trimestre de 2012 situaba el coste salarial total por trabajador en 1.805,63 euros, un 7 por ciento menos que en el segundo trimestre (1.939,73), mientras la última Encuesta de Población Activa eleva el número de parados a un nuevo máximo histórico, 6.202.700 personas, con una tasa de desempleo del 27,16% de la población activa.

Poco después de la aprobación de la reforma laboral, el Ministro del Interior anunció la tramitación de una importante reforma del Código Penal, cuyo principal objetivo parece ser reprimir y criminalizar las crecientes protestas contra las políticas de austeridad. Esta iniciativa, que ha merecido una severa crítica del Consejo General del Poder Judicial, se encuentra actualmente en sede parlamentaria y, entre otros aspectos, prevé que la resistencia pasiva a las fuerzas de seguridad se considere como delito de atentado a la autoridad, lo que podría abarcar una amplia gama de comportamientos hasta ahora no penalizados: por ejemplo, realizar una sentada colectiva durante una manifestación o encadenarse por los brazos para evitar un desahucio. También se pretende tipificar como delito la difusión por Internet de convocatorias violentas o que alteren gravemente el orden público, lo que probablemente evoca, en la intención del Gobierno, la manifestación acaecida el 15 de mayo de 2011 y las diferentes movilizaciones que la sucedieron.

En nuestra opinión, ambas reformas están relacionadas entre sí y suponen la culminación de un proceso iniciado en la década de los noventa y orientado a la generalización del trabajo precario por medio de la coerción política. O, por expresar la idea con mayor precisión, se trata de sustituir nuestro modesto e incompleto Estado de bienestar por un Estado penal que sea capaz de imponer el trabajo mercantilizado como norma societal. La filosofía que subyace a este proceso es la de un Estado crecientemente invasivo y represor de una población atenazada por el desempleo y la precariedad laboral, que contempla atónita la obscena tolerancia del poder con los abusos cometidos por los más privilegiados de la sociedad. De este modo, el progresivo debilitamiento del Estado social conlleva un crecimiento distópico del aparato penal, alumbrando una sociedad cada vez más instalada en la violencia, la injusticia y la desigualdad.

Ciertamente, las estadísticas avalan un incremento fulminante de la población reclusa durante los últimos veinte años, coincidiendo con la llegada a nuestro país del llamado neoliberalismo. Según datos del Instituto Nacional de Estadística, entre 1990 y 2010 la población penitenciaria española prácticamente se duplicó en términos relativos, pasando de 85 a 160 reclusos por cada cien mil habitantes, lo que implica un incremento superior al 90 por ciento. Es muy significativo que la actual hipertrofia carcelaria haya despertado el interés del Defensor del Pueblo, que en reiterados informes ha venido denunciando la masificación y el hacinamiento de los presos como hechos que afectan a la dignidad de las personas y constituyen una pena adicional no prevista por el legislador. A la vista de tales datos, parece que debemos dar la razón a Eduardo Galeano cuando afirmaba que, para dar libertad al dinero, había que encarcelar a la gente.

Partiendo de esta base, la crisis económica que asola nuestro país ha puesto sobre la mesa la imperiosa necesidad de criminalizar la miseria para acelerar la transición hacia un Estado darwinista que se repliega sobre sus primitivas funciones de mantenimiento del orden público, en detrimento de su actividad tradicional en materia económica y social. En una situación de desempleo masivo y precariedad generalizada, el aparato penal se erige en instrumento imprescindible para someter a los sectores insubordinados y reafirmar el monopolio del Estado sobre la violencia institucionalizada. La mano invisible del mercado, tan cara a la tradición liberal, encubre y disimula un verdadero puño de hierro que concentra la enorme fuerza del Estado hobbesiano para imponer el trabajo precario y recluir o amedrentar a los sectores insumisos del naciente orden social.

Curiosamente, no es la primera vez que el liberalismo radical defiende y estimula la creación de un aparato penal destinado a contener las consecuencias deletéreas de la desregulación social y laboral. La huelga, por ejemplo, constituye un fenómeno social percibido con desconfianza por parte del poder político, que históricamente ha tratado de imponer restricciones o limitaciones de variada naturaleza. Recordemos que en una primera etapa era considerada como delito en los Códigos penales europeos, prolongándose tal situación hasta bien entrado el siglo XIX. El reconocimiento legal del derecho de huelga se produjo posteriormente, tras una larga historia de violencia y represión de la que el movimiento obrero fue especialmente víctima. Importantes personalidades liberales como Lloyd George, Theodore Roosevelt o Walter Lippmann, por citar sólo algunos ejemplos, invocaron y justificaron la violenta represión de los trabajadores mientras defendían el principio de intervención mínima en la economía.

Al igual que sus predecesores, los ideólogos neoliberales apelan abiertamente a la violencia del Estado para reprimir o contener los efectos devastadores del laissez-faire. En esta ocasión, sin embargo, los destinatarios de la oleada represiva no son sólo los sindicatos de trabajadores, sino también, y preferentemente, los sectores populares que están protagonizando las diferentes luchas sociales desencadenadas por la crisis: desempleados, estudiantes, trabajadores precarios, hombres y mujeres que lo han perdido todo y están viviendo esta época como un profundo terremoto social y cultural. La anunciada reforma del Código Penal o el intento de criminalización de los escraches protagonizados por la PAH son sólo una muestra de la nueva doxa punitiva concebida para atenazar a las regiones inferiores de nuestro espacio social.

Ya no es posible ocultar que las razzias policiales observadas en Valencia, Madrid o Barcelona persiguen objetivos políticos y mediáticos, mucho más que judiciales. La respuesta gubernamental al creciente y justificado enojo ciudadano es el recurso al uso generalizado o la amenaza de la fuerza como medio de dominación. La crisis de legitimidad se extiende a sectores cada vez más amplios de la sociedad. Es muy importante que todos comprendamos que las políticas de austeridad no sólo ponen en entredicho los derechos económicos y laborales conquistados durante generaciones, sino también los derechos políticos reconocidos al término de la dictadura. O, por decirlo con otras palabras, la salida de la crisis que el Partido Popular está tratando de imponer no sólo es incompatible con el Estado de bienestar, sino también, y fundamentalmente, con la democracia.

Héctor Illueca Doctor en Derecho e Inspector de Trabajo y Seguridad Social

Adoración Guamán Doctora en Derecho y Profesora de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social

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abril 29, 2013

Sanidad S.A.

Iturria: Esther Vivas / Publico.es – 2013/04/29

Adiós a la sanidad pública. A partir de ahora se impone la “dictadura de la cartera”: pagar para que te operen cuanto antes, pagar para que te trasladen en ambulancia, pagar por una habitación individual y una butaca reclinable en el hospital, pagar, pagar y pagar. Así se resume el futuro de nuestro maltrecho sistema sanitario. Con la crisis todo tiene un precio, y la sanidad no es una excepción.

Se impone un modelo sanitario de primera y de segunda, en función de la capacidad adquisitiva, ya no de los ciudadanos sino de los clientes. Atrás quedaron los derechos universales. Todo se vende y todo se compra. Y nosotros nos limitamos a abrir la billetera y a abonar, si podemos, la cuenta. El Hospital Sant Pau, en Barcelona, ha puesto en marcha una vía que permite a los pacientes ser operados al margen de las listas de espera, eso sí previo pago de una cuantiosa suma de euros. ¿Esperar más de ocho meses para que te operen de varices? Qué va. Si tienes efectivo, directo al quirófano.

El Hospital Clínic, en Barcelona, ha puesto en marcha, también, un sistema de financiación paralelo al más puro estilo Sol Meliá. “Confort y tranquilidad a su alcance”, podría ser el anuncio de las habitaciones individuales ofertadas a sus pacientes. Total: 70 euros, habitación individual más cama para acompañante. Oferta: 40, habitación individual con butaca. Sólo accesible, eso sí, a quienes se lo puedan pagar. Y no es el único. Los hospitales de Vic, Berga, La Seu d’Urgell, Blanes y Campdevànol ofrecen, también, sillas reclinables al “módico” precio de 5 euros.

Ir al hospital se ha convertido en un gasto extra. Si hace años, la hospitalización incluía agua, material higiénico, medicación, toallas… ahora ya no. A nuestros impuestos destinados al sistema sanitario, hay que añadirles, ahora, un desembolso adicional. O dicho de otro modo: más copago, perdón, repago.

Los hospitales catalanes justifican estas medidas por los recortes sanitarios. Y es cierto. Desde la llegada a la Generalitat de Convergència i Unió, la política de las tijeras ha sido implacable. Pero, asimismo, los casos de corrupción y malversación de fondos no han dejado de salpicar la cúpula del sistema sanitario en Catalunya. La ejecutiva del hospital Sant Pau está siendo investigada, por el juzgado de instrucción número 22 de Barcelona, por desfalco de fondos públicos, pago de sobresueldos a directivos, indemnizaciones injustificadas, irregularidades en contratos públicos, etc. Y mientras dicen no tener alternativas y recortar, acumulan un patrimonio, como recientemente se ha descubierto, que genera una renta anual de más de 10 millones de euros. Que, por cierto, nadie sabe dónde va a parar.

Los antiguos máximos responsables del Institut Català de la Salut y el CatSalut Josep Prat y Carles Manté están acusados, asimismo, de malversación y estafa con fondos del Ayuntamiento de Reus. En concreto, se investigan pagos irregulares desde el Ayuntamiento de Reus, en el que Josep Prat era el máximo responsable de la empresa municipal Innova, a Carles Manté, por valor de 720 mil euros, entre los años 2007 y 2011, por servicios que el mismo Ayuntamiento considera inexistentes.

La revista comarcal CafèambLlet, con sus modestos recursos, destapó, asimismo, la desaparición de 2,4 millones de euros de los hospitales de Blanes y Calella, los pagos irregulares, de 37 mil euros, de dichos hospitales al ex-alcalde de Lloret de Mar Xavier Crespo, hoy imputado en el Caso Clotilde, la entrega de 20 mil euros por alquileres de los que no consta ningún contrato, el pago de 4 mil euros a un médico por una guardia de 12 horas, etc. La lista resulta interminable. Estos casos son un claro ejemplo de cómo la sanidad pública se ha convertido en un nido de corrupción, fraude y robo a las arcas públicas.

Pero aquí no acaba la historia. Las actuales políticas de recortes en el sistema sanitario tienen un impacto directo en nuestras vidas. O sino que se lo digan a Felipe Rivas, vecino de Tarragona, que en diciembre del 2012 sufrió un infarto de miocardio y al llegar al hospital Joan XXIII de Tarragona le dijeron que tenía que desplazarse a Barcelona, porque la unidad que trata estos casos, la única en la provincia de Tarragona, ya cerraba. Su horario: de 8h a 17h de lunes a viernes. No importa que el tiempo sea un factor vital para salvar vidas en casos de infarto. De hecho, el jefe del servicio de cardiología del hospital Joan XXIII, Alfredo Bardají, admite que desde hace dos años reclaman que se amplíe dicha jornada. Los recortes, pero, no lo permiten.

El cierre de centros de atención primaria, de urgencias nocturnas, los recortes en ambulancias, la reducción en las ayudas al fomento de la donación y el trasplante de órganos, etc. son medidas que afectan de lleno nuestra salud. Apostar por los servicios públicos, por la sanidad, al contrario de lo que nos dicen, no es ningún gasto sino una inversión. Y un derecho que todo tenemos y al que contribuimos con los impuestos que pagamos.

Pero, ¿hasta dónde hemos llegado? Ahora incluso El Corte Inglés anuncia operaciones a la carta. Éste es el caso de El Cortes Inglés de Princesa, en Madrid, que cuenta con un  stand de HM Hospitales que ofrece información sobre intervenciones médicas y quirúrgicas de cataratas, varices, hernias, prótesis de cadera y rodilla, hemorroides, etc. Se informa de los servicios, de la técnica de la operación, del tiempo estimado de ingreso, de las tarifas, y si el cliente está interesado puede contar, además, con la inestimable financiación de la tarjeta de El Corte Inglés.

La sanidad pública, junto con la educación, se ha convertido en un jugoso pedazo del pastel que el capital privado espera repartirse en el banquete de la crisis. La Sanidad S.A. ya ha llegado. En nuestras manos está evitarlo.

abril 19, 2013

“La competitividad que fomenta el mercado ha sumido en el miedo a los trabajadores”

Iturria: eldiario.es – 2013/04/19

  • “Cuanto más ética es una empresa, más desventajas sufre”.
  • “Sólo hay un camino: la economía al servicio del ciudadano y no del beneficio”.
  •  “En la Economía del Bien Común las empresas cooperan y no compiten entre ellas para machacarse”.
  • “¿Cómo puede la sociedad considerar exitosa a una empresa si es a costa de explotar niños y de destrozar el medio ambiente?”.

Bailarín, escritor, profesor universitario y, sobre todo, divulgador económico y sociológico. Estas son algunas de las facetas de Christian Felber (Salzburgo, Austria, 1972), padre y apóstol de la  Economía del Bien Común. Un nuevo modelo internacional que se podría resumir en que la economía debe estar al servicio del ciudadano y no de la búsqueda del dinero y del beneficio desmedido. “La competitividad que fomenta el mercado ha sumido en el miedo a los trabajadores”, advierte y lamenta que “cuanto más ética es una empresa, más desventajas competitivas sufre”. Se trata de conseguir, entre otras cosas, que la actividad de las empresas sea más social, ecológica, democrática y solidaria posible. Para ello, resulta fundamental corregir las desigualdades salariales y, por ejemplo, limitar los ingresos máximos a 20 veces el salario mínimo, que las propiedades no excedan los diez millones de euros….. Este es el modelo de la Economía del Bien Común que ya se aplica en más de 700 empresas en todo el mundo y en varios bancos.

“Las empresas”, explica Felber en una entrevista concedida a El Diario Norte, “no deben competir entre ellas de la manera como lo hacen ahora, sino cooperar  para conseguir el mayor bien común. La competencia tal y como se fomenta hoy conduce a la exclusión mutua de las empresas y de las personas porque para que unos ganen otros tienen que perder. Lo que nos motiva es el miedo, pero es el miedo a perder nuestro puesto de trabajo, a quedar al margen de la sociedad”.

Una de las principales complicaciones radica en cómo medir la aportación de las empresas a ese bien común. Felber puntualiza que hay una serie de identificadores o indicadores, como la sanidad, calidad del tiempo, confianza, cooperación, democracia, solidaridad, que hoy se pueden medir para saber cuál es la aportación de las empresas a ese bien común. “Cuanto más social, ecológica, democrática y solidaria sea la actividad de la empresa, mejores serán los resultados del balance del bien común alcanzados Y las ventajas que obtendrán van desde aranceles hasta créditos más baratos, tasas de impuestos reducidas, privilegios en compra pública y en concursos públicos”.

Es decir, todo un cambio de las reglas de juego actuales, sobre todo, las reglas del juego político que propicien un nuevo orden económico. “El éxito económico no se mide por indicadores monetarios como el beneficio financiero o el PIB, sino por el balance del bien común. Hoy una empresa puede ser exitosa agravando los problemas sociales y ecológicos. ¿Cómo puede la sociedad considerar exitosa a una empresa si es a costa de explotar niños y de destrozar el medio ambiente, desviando sus beneficios a paraísos fiscales o presionando mediante ‘lobbies’ para promover leyes que vayan en su propio beneficio?”.

Pero, esta teoría ¿puede convertirse en una alternativa real a los mercados financieros? “Estamos describiendo una alternativa completa, un sistema financiero distinto empezando porque el dinero debe ser un bien público, como la banca misma. Las reglas según las cuales circula el dinero y lo usamos los ciudadanos deben hacerse de manera democrática y decidir claramente cuáles son las funciones del dinero y cuáles no”.

Democracia más profunda

Para que el modelo de la Economía del Bien Común sea posible es imprescindible, según Felber, “una segunda ola de democratización”. “Llegó el momento en la historia en el que estábamos preparados para la democracia política y ahora nos preparamos para una democracia más profunda y real: la democracia económica y monetaria. Cuando preguntas, la gente te dice que es necesario otro sistema monetario. Pero el proceso para configurar un sistema alternativo es algo que ahora no se encuentra al alcance de la gente. Estamos en ello, hay muchas organizaciones que están germinando y en los próximos años vamos a experimentar esa segunda ola de democratización que haga posible el nuevo orden económico”.

Un nuevo orden que, entre otras cuestiones, determine quién emite el dinero, para qué se pueden conceder créditos, qué productos se pueden lanzar al mercado, cuánto dinero puede poseer una persona, si debe haber límites a la desigualdades, réditos sobre el capital. “Las decisiones que se adopten serán ley para la totalidad de las empresas. Una vez que sea vinculante, los productos verdes serán más baratos. El consumidor consigue más información y mejor precio”.

Ahora comprar productos ecológicos, sostenibles, resulta más caro para el consumidor. “Sí, es cierto. Hoy una empresa ética puede tener éxito, pero es la excepción. Cuanto más éticamente se comporta una empresa, más desventajas competitivas sufre”.

Christian Felber rechaza las posibles analogías de su modelo con un sistema comunista. “Tanto el capitalismo como el comunismo son experiencias extremas que ha sido necesario tenerlas para poder avanzar hacia algo que va más allá, pero la teoría del Bien Común no es una síntesis de los dos sistemas. Sólo podía serlo si entendemos comunismo como comunidad sin libertad y capitalismo como libertad sin comunidad. Solo en ese caso sería una síntesis alcanzando el mayor grado de libertad posible con el grado necesario de comunidad”.

Para Felber,  ya sólo hay un camino: “la economía debe ponerse al servicio del ciudadano y no del afán de lucro, del beneficio y del dinero”. En su modelo, la competencia se sustituye por la cooperación. “En la Economía del Bien Común, las empresas cooperan y no compiten entre ellas para machacarse. En la competencia la relación no funciona porque no tenemos la misma meta y lo que nos impulsa son motivaciones malas, miedo a sucumbir, a perder el empleo. Y tener miedo puede ser bueno, pero durante un minuto para huir de un peligro. No se puede vivir con miedo de forma permanente y eso es lo que está ocurriendo ahora”.

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Christian Felber: La competencia tal y como se fomenta hoy conduce a la exclusión mutua de las empresas y de las personas porque para que unos ganen otros tienen que perder

abril 17, 2013

Desmontando tópicos

Iturria: Pedro Casas / Rebelion / ATTAC – 2013/04/17

La fundación BBVA acaba de presentar los primeros resultados de un Estudio Internacional: “Values and Worldviews Valores políticos-económicos y la crisis económica” realizado en diez estados de la Unión Europea: Alemania, Dinamarca, España, Francia, Italia, Países Bajos, Polonia, Reino Unido, República Checa, y Suecia, en base a 15.000 encuestas a personas mayores de 18 años realizadas entre noviembre de 2012 y enero de 2013.

Dicho estudio comparativo resulta muy ilustrativo para desmontar ciertos tópicos que los medios de comunicación nos hacen creer de manera reiterada, hasta el extremo de que incluso en las conversaciones y debates de los activistas se repiten de manera inconsciente. Me estoy refiriendo a tópicos del estilo de que “la gente no es consciente”, o “la gente no se mueve”, y cosas por el estilo, dichas muchas veces sin fundamento alguno.

En este estudio, de cuya fiabilidad profesional no hay en principio motivos para dudar, teniendo en cuenta que muchas de sus conclusiones van en la dirección contraria a los planteamientos de la entidad que ha pagado el estudio, se descubre, por ejemplo, que los ciudadanos del estado español son los más anticapitalistas del conjunto de los estados analizados. Y, como este descubrimiento, podemos mencionar otros muchos de interés a la hora de realizar análisis de nuestra realidad cercana.

Tengamos en cuenta que entre los países estudiados no se encuentran otros castigados por la crisis, como Grecia o Portugal, que seguramente harían variar en algún puesto la “clasificación” de nuestro país; pero lo importante es que, sea el primero o tercero, los datos revelan una conciencia elevada respecto del funcionamiento de las instituciones políticas y económicas, así como el cuestionamiento de muchas de las medidas adoptadas por ellas. O sea, que no somos tan ignorantes como nos quieren hacer creer. Otra cosa es que no seamos espabilados, y consintamos que una minoría nos gobierne en contra de la voluntad mayoritaria; pero eso es otro asunto.

En la exposición que se hace a continuación, me referiré siempre a los resultados de la muestra de los ciudadanos del estado español, figurando entre paréntesis el resultado del conjunto de los 10 países analizados, para facilitar la comparación. Dado que los resultados totales están al alcance de cualquier persona interesada, y para no cargar la exposición, sólo cuando merezca la pena mencionaré el dato de algún país concreto.

Y para terminar esta introducción, aclarar que unos indicadores vienen en % de la población que está de acuerdo o en contra de determinada propuesta, y en otros casos se trata de la nota media, de 0 a 10, que se otorga a determinada frase o valoración. Veamos los resultados.

En lo relativo a señalar los diferentes responsables que nos han llevado a la actual crisis , un 94,5% (89,4%) considera que los bancos tienen mucha o bastante responsabilidad; el 95,3% (88,6%) los políticos; un 90,9% (86,5%) los gobiernos; un 81,4% (80,2%) atribuye también mucha o bastante responsabilidad a los dirigentes de la UE, el BCE 81% (75,6%), el FMI 72,7% (67,7%) y los empresarios el 68,7% (63,4%). Por el contrario sólo el 24,9% (29%) considera que los ciudadanos han tenido mucha o bastante responsabilidad en la crisis (o sea que no ha calado mucho eso de que “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”).

Como medidas para salir de la crisis , sólo un 21% (39%) está de acuerdo con la política de recortes, frente al 58,7% (40,3%) que apoya un aumento del gasto, en particular en Sanidad 78% (67%), atención a mayores 73% (59%), Educación 65% (53%) o protección a los parados 69% (41%). Por el contrario sólo el 12% (15%) propone aumentar el gasto en Defensa, frente al 40,3% (33,5%) que propone disminuirlos.

En una escala del 0 al 10, la propuesta de regular los bancos recibe una valoración de 8,5 (7,8) y el subir impuestos a los que más ganan 7,1 (4,7). Las medidas neoliberales como reducir funcionarios se valora en un 5,9 (6,5), flexibilizar el mercado de trabajo 4,9 (6,2). Pero aportar capital a los bancos con problemas sólo obtiene una nota de 1,9 (3,5). Hay una corriente de opinión contraria a las medidas impulsadas por la UE y el gobierno nacional, y el neoliberalismo parece haber calado poco; en cualquier caso menos que el conjunto de los países analizados.

En lo referente a la moneda única , en los países que no pertenecen a ella se valora muy alto el beneficio por esta no pertenencia (7,8 en Suecia, 7,5 en Dinamarca y 7,3 en Reino Unido sobre 10). En los países del euro se puntúa bajo los beneficios de esta pertenencia, destacando nuestro país con un 3,6 frente a un 4,5 en Alemania y un 5,3 en los Países Bajos. Sin embargo la posibilidad de abandonar el euro en el estado español recibe una puntuación de 3,8 sobre 10, frente a 4,5 en Alemania o Italia. También en el plano europeo, el 54,6% de la población (60,2%) considera que los países deben tener más autoridad que la UE, frente al 38% (33,4%) que sugiere más autoridad de la UE frente a los países. El desapego al euro y las instituciones europeas parece patente, pese a la incertidumbre que puede suscitar una vuelta a las monedas nacionales.

En lo referente a la política económica y el papel que debería tener el estado en su funcionamiento, hay también datos reveladores. La economía de mercado obtiene un 5,2 (6,1) de identificación sobre 10, y se la considera como causa de desigualdad 6,6 (6). El control estatal sobre la economía se valora en 7,1 (6,8), lo que se corresponde con el % de ciudadanos que dan mucha importancia a la participación del estado en la sanidad 85,8% (65%), las pensiones 85,2% (62%), el control a los bancos 77,5% (55,9%), los precios 64,8% (44,8%), vivienda 72,3% (44,1%) o la protección al desempleo 74,6% (38,6%). Incluso un 80,5% (66,2%) declaran preferir sistemas públicos de Seguridad Social frente a los privados, aunque ello conllevase subidas de impuestos. De nuevo nos encontramos con sólidas opiniones contrarias al neoliberalismo.

En lo referente a la política y sus instituciones , la valoración del funcionamiento de la democracia obtiene una puntuación de 3,6 en una escala del 0 al 10; la confianza en el ejército merece un 4,9 (6), los tribunales un 4,3 (5,5), el FMI un 3,4 (4,5), el BCE un 3,1 (4,3), el gobierno un 2,8 (4,1), los bancos un 2,3 (4), y las instituciones religiosas un 3,4 (4,5).

Es muy baja la valoración que se hace de los sindicatos, el 2,8 (4,6) sobre 10, lo mismo que de los partidos políticos, un 2 (3,3). Coincide esta valoración con la baja afiliación a un tipo u otro de organizaciones, menor que la media de los 10 países analizados. Sin embargo un 44,3% (41,8%) manifiesta sentir simpatía por algún partido político, y la capacidad que se atribuye al voto para influir en el gobierno es valorada con un 6,3 (6,3) sobre 10. A pesar del descrédito de las instituciones, todavía existe una corriente importante que valora las posibilidades que ofrecen para influir en la acción política.

Es significativo el posicionamiento de los ciudadanos del estado español en algunos valores ideológicos como el pacifismo, que merece un 5,9 (4,7) de identificación en una escala también de 0 a 10. El socialismo merece una identificación del 3,9 (3,9) y el capitalismo sólo un 2,3 (3,1). Somos anticapitalistas, y el socialismo no suscita en estos momentos una simpatía mayoritaria.

Existe un apartado muy interesante dedicado a la participación política y social de los ciudadanos . El 42,7% declara haber participado en alguna actividad pública en los últimos 12 meses (frente al 41,9 del conjunto de los 10 países), el 23,2% (10,3%) en alguna manifestación y el 20,6 (7,6%) en alguna huelga.

Respecto al uso de la red en las convocatorias y participación en movilizaciones, el 16,8% (21,2%) declaran haber usado la red para estas actividades; el 8,7% (7,2%) se comunicó a través de SMS y el 6,7% (4,2%) dice haber participado en manifestaciones convocadas a través Internet mediante correo electrónico o red social. En las diversas campañas de boicot relacionadas con el consumo, participó el 8,9% (15,1%). Sin duda que estos resultados deberían tener utilidad a la hora de no despreciar ninguno de los medios de difusión de las convocatorias, en particular de los más tradicionales, pues la red sigue siendo minoritaria.

A modo de comentario final , podríamos destacar la enorme falta de legitimidad con la que actúa el gobierno, contra el sentir mayoritario de una población que no comparte las líneas generales ni concretas de su actuación. Pese al pensamiento único que divulgan unos medios de comunicación sufragados por el gran capital, la población tiene otros valores y opiniones de lo que pasa y de lo que habría que hacer. Aunque el poder de adoctrinamiento de estos medios se revela limitado, ejercen una influencia muy dañina al crearnos la sensación de que todo el mundo piensa y actúa como ellos, debilitando la participación y unidad popular. No olvidemos que el actual partido en el poder sólo cuenta con un 30% de respaldo electoral, que obtuvo menos votos que en 2008 y que su mayoría absoluta se sustenta en una ley electoral injusta, y en el derrumbe de otras opciones que traicionaron a su electorado, pues su actuación tampoco sintoniza con esta corriente de opinión mayoritaria que refleja este estudio.

No somos tan ignorantes como nos pintan, aunque todavía nos falta espabilar para conseguir trasladar esta conciencia colectiva a la realidad política e institucional de nuestro país.

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abril 12, 2013

Entrevista con David Harvey: El neoliberalismo como “proyecto de clase”

Iturria: Elasa Boulet / Viento Sur / GE/ kaosenlared.net – 2013/04/09

David Harvey retoma el análisis de la crisis del capitalismo, evoca las transformaciones de la clase obrera, la situación en Europa y en EE UU, el papel que pueden desempeñar los intelectuales críticos, y defiende la necesidad de construir una visión utópica si se desea cambiar el mundo.

David Harvey es geógrafo y profesor investigador de la City University de Nueva York. Sus escritos abordan en particular la dinámica reciente del capitalismo y la urbanización desde una perspectiva marxista.
 
Pregunta – Usted ha teorizado la adopción del neoliberalismo como una transición del fordismo a un régimen de acumulación flexible /1. ¿Cree que la crisis económica que estalló en 2008 demuestra el fracaso de este modo de acumulación flexible?
David Harvey – Esto depende de la manera en que se define el modelo de acumulación flexible. Si se concibe el modelo para revitalizar el capitalismo en su conjunto, yo diría que sí, pero que ya fracasó desde el principio. Si el modelo se diseñó para concentrar y aumentar el poder de la clase capitalista, y en particular de determinadas franjas de la clase capitalista, ha sido todo un éxito. El crack de 2008 no fue sin duda un acontecimiento especial si se contemplan todos los cracks que han tenido lugar desde 1997: el de Asia oriental y sudoriental en 1998, los de Sudamérica en 2001. Todo ese periodo se caracterizó por breves etapas de crecimientos interrumpidas por otros tantos cracks, pero es indiscutible que estos cracks desempeñaron una función muy importante en la consolidación de una riqueza y poder cada vez mayores en fracciones cada vez más pequeñas de la clase capitalista. Creo que 2008 marcó simplemente un paso más en esta vía hacia la concentración de riqueza y poder. Por mi parte, comprendo el neoliberalismo ante todo como un proyecto de clase, de consolidación y de refuerzo de la dominación. Creo que 2008 no marcó el final de todo esto, una crisis de este proyecto de clase, sino un paso más.
 
Pero se podría decir que el liberalismo también era un proyecto de clase. ¿Cuál es entonces la diferencia entre el liberalismo y el neoliberalismo?
Creo que la diferencia radica en el hecho de que el proyecto de clase que se planteó a finales de la década de 1960 y comenzó a cristalizar realmente a mediados de la de 1970 estaba mucho más centalizado, en la medida en que el poder se había desplazado significativamente a favor del sector financiero. Este último se convirtió en cierto modo en el agente principal. No ocurrió lo mismo con el liberalismo. En la época del liberalismo se entendía que el sector financiero debía facilitar la actividad productiva y su función era más la de un lubricante que la de un motor del proceso de acumulación. Creo que el neoliberalismo se caracteriza en mayor medida por lo que llamo la acumulación por desposesión que no por las formas clásicas de acumulación por expansión, por crecimiento, formas clásicas que en determinados periodos no estaban en contradicción con la idea del aumento del nivel de vida de los trabajadores. En muchas partes del mundo, el aumento del nivel de vida de los trabajadores en las décadas de 1960 y 1970 pudo producirse en una época en que las tasas de acumulación eran muy altas. Era un periodo en que los poderes financieros eran significativos, pero no predominantes. Después surgió esta economía caracterizada mucho más por la desposesión, a partir de los años setenta.
 
En esta evolución hacia el neoliberalismo, ¿cómo interpreta por un lado el papel de las finanzas y por otro el de la globalización?
Ambas cosas están íntimamente ligadas. La moneda es lo que llamo la “forma mariposa” del capital, que puede volar a donde le dé la gana. Las mercancías son una especie de “forma oruga” del capital: se desplazan, pero lo hacen más bien lentamente. La producción tiende a fijar la “forma crisálida” del capital. Al otorgar más poder a las finanzas, se refuerza la “forma mariposa” del capital, que tiene la capacidad de trasladarse casi a donde le plazca. Creo que ha habido un proceso deliberado de refuerzo de la “forma mariposa” del capital, de modo que ha podido posarse en territorios donde, por ejemplo, el coste de la mano de obra es muy bajo, donde los impuestos son muy bajos. Así, los traslados resultan más fáciles, con el resultado de que esto ha permitido rebajar los salarios de los trabajadores en las antiguas zonas industriales del norte de América, de Europa, etc. Asistimos por tanto a una desindustrialización de los centros de producción clásicos. Esta desindustrialización se nutre del desplazamiento de los puestos de trabajo a otros lugares y hacía falta algo que la facilitara; ese algo fue la financiarización.
 
Parece que asistimos a una mercantilización creciente de “bienes inmateriales” como las ideas (con el fuerte aumento del número de patentes), la educación, la cultura, así como a una mercantilización de la naturaleza (títulos financieros sobre los genes, la lluvia, etc.). ¿Cómo interpreta esta tendencia?¿Qué papel desempeña en esta crisis del capitalismo?
Producimos una cantidad cada vez mayor de plusvalía. Desde hace muchos años existe ya un verdadero problema para encontrar lugares en los que colocar este capital. Lo que ha sucedido en los últimos 30 o 40 años es que el capital se ha interesado mucho más por el aumento del valor de los activos y por la especulación en torno al valor de los activos. Sin embargo, en este proceso se interesa cada vez más por la rentas, como hemos visto en particular con respecto a la propiedad inmobiliaria, la renta de la tierra, los precios del suelo. Y, desde luego, por los derechos de propiedad intelectual. De golpe se ha producido una explosión de lo que se llama el sector rentista de la economía capitalista. El sector rentista siempre ha sido muy importante, por ejemplo: todo indica que en los siglos XVIII y XIX el dinero que ganaban las clases superiores con el arrendamiento y la apropriación de tierras era más cuantioso que el que sacaban del sector manufacturero. Así que el sector rentista siempre ha sido importante, en particular en la construcción de las ciudades. Y está claro que sigue siéndolo; en determinadas áreas avanzadas del mundo capitalista, los rendimientos de la propiedad de tierras y de activos son muy altos, y la propiedad intelectual es una nueva forma de propiedad, que siempre ha estado presente de alguna manera, pero que ahora ha cobrado mucha importancia. Y si uno puede ganar dinero por el mero hecho de ser propietario de patentes, si uno puede obtener buenos rendimientos del capital sin necesidad de emplear a ningún trabajador, ¿por qué iba a molestarse en producir? Así que pienso que en el curso de los últimos 30 a 40 años ha habido numerosos signos de que estaba construyéndose un potente sector rentista, con ingresos procedentes de las rentas de toda clase de fuentes: tierra, propiedad de recursos, propiedad de derechos de distinta naturaleza, entre ellos, por supuesto, los derechos de propiedad intelectual. Este sector en su conjunto es ahora mucho más significativo en la actividad capitalista y además no emplea a muchos trabajadores.
 
Usted ha elaborado el concepto de acumulación por desposesión, que ha suscitado numerosos debates. En ocasiones se ha considerado que es demasiado amplio. ¿Qué conclusiones teóricas y políticas extrae de estos debates?
Creo que en cierto modo era un argumento muy general y que existen diversas clases de desposesión. Algunos han preguntado, por ejemplo, si acaso lo que ocurre en el proceso de producción no es una desposesión del excedente que producen los trabajadores. Es una forma de desposesión, pero no se presta atención a las distintas formas de desposesión que se producen en otros ámbitos, en la circulación del capital. Esto es lo que yo quería formular teóricamente al analizar el circuito del capital. Cuando contemplamos el circuito del capital, vemos que está el circuito de las mercancías, el circuito de la moneda, el circuito de la producción, todo ello está en el segundo tomo del Capital. Estos distintos circuitos están integrados entre sí, pero cada uno tiene su agente: el circuito de la moneda tiene el sector financiero, el circuito de la producción tiene el sector industrial, el circuito de las mercancías tiene el sector comercial. Entonces la cuestión que se plantea es la siguiente: ¿de qué manera estas esferas distintas reivindican el excedente y cómo se apropian efectivamente de él? Mi tesis es que el sector financiero y el circuito de las mercancías operan según un principio de acumulación por desposesión, porque lo que hacen es utilizar su control sobre las mercancías o su control sobre la moneda para detraer una tasa, una tasa que arrebatan a los trabajadores. Por tanto, en cierto modo la burguesía puede recuperar a través de los banqueros y los financieros todo lo que puede conceder en el ámbito de la producción.
Analicemos la cuestión de saber dónde se realiza la plusvalía por oposición a dónde se produce. Marx explica que se crea en la producción, cosa que no pongo en duda en absoluto. Con lo que no estoy de acuerdo es con la suposición de que por crearse en la producción, también se realiza en la producción. De hecho, es posible que tan solo una parte muy pequeña de la plusvalía se realice en la producción. Si contemplamos el ejemplo que ya he utilizado y que es el de [la cadena de supermercados] Wall Mart, que es una organización comercial capitalista, veremos que obtiene elevadísimas tasas de beneficio sobre la base de la subcontratación a productores chinos, que a su vez obtienen unas tasas de beneficio muy bajas. Se trata por tanto de una relación de acumulación por desposesión.
 
Podemos ir todavía más lejos con la cuestión que ya he planteado de saber cómo el capitalismo adquiere activos y luego trata de valorizar esos activos. Pues bien, a menudo los roban a los miembros de otras clases. Hay algo así como seis millones de viviendas en EE UU que han sido desahuciadas, es decir, seis millones de familias que han perdido su hogar. ¿Qué ocurre con esas viviendas? De momento tienen un precio muy bajo. Han sido adquiridas por grandes grupos capitalistas que las mantienen durante dos o tres años, a la espera de que el mercado se recupere, y entonces se llenan los bolsillos. Viviendas recuperadas al precio de, pongamos, 200.000 dólares por unidad se venderán entonces a 300.000 o 400.000 dólares cada una, siempre que el mercado se relance. Se trata de una actividad especulativa, es lo que llamo acumulación por desposesión. También existen formas de atraco directo cuando se suprimen las pensiones de jubilación, se recortan los derechos a la sanidad, o cuando un bien gratuito producido hasta ahora por el Estado se vuelve oneroso, como por ejemplo la universidad o la educación en general. Yo pude gozar de una educación gratuita en Gran Bretaña, pero ahora los que estudian tienen que pagar. En EE UU, el coste de la educación aumenta cada vez más, los estudiantes se endeudan y ya existe una enorme deuda estudiantil. Esto también es una economía de desposesión.
 
Lo que deduzco de todo esto es que las formas que adopta la desposesión son muy variadas, y como término general resulta probablemente demasiado ambiguo decir tan solo que “es una economía de desposesión”. Debemos estar más atentos a las formas de desposesión que se producen y dónde se producen. Creo que es buena idea desarrollar una comprensión más sofisticada de las distintas formas que puede adoptar la desposesión, esto es lo que concluyo de los debates. Pero no quiero en modo alguno replantear la idea de que constituye una parte muy importante de la estructura de la exploitación en una economía capitalista.
 
Y políticamente, ¿qué conclusión saca usted de estos debates en torno al concepto de desposesión?
Desde el punto de vista político, lo que deduzco es la idea de la resistencia a la acumulación por desposesión, que hay mucha resistencia, en todas partes, y que esas formas de lucha forman parte de la dinámica general de la lucha de clases. Esto desplaza el centro de atención de la organización y de la teorización política, alejándolo que lo que a menudo ha sido el centro de atención exclusivo de determinadas organizaciones de izquierda, a saber, la fábrica, para trasladarlo, por ejemplo, a la ciudad. Si contemplamos las estructuras de la explotación en y alrededor de una ciudad, veremos la explotación rentista, la explotación comercial. De este modo empezamos a tener una noción muy distinta de lo que es la política de resistencia a la acumulación capitalista una vez se integran todas estas demás formas de explotación en el paisaje.
 
En un artículo publicado en Counterpunch en 2009, usted escribió que la clase obrera no siempre está, y no lo está en todos los países, en condiciones de situarse en la vanguardia de la lucha social y política. ¿Puede desarrollar esta idea?
Hay dos maneras de verlo. Podría decir que la clase obrera, tal como ha sido definida tradicionalmente, no está en condiciones de estar en la vanguardia, que en ciertos casos los movimientos sociales o políticos han estado en la vanguardia. Si examinamos fenómenos como la revuelta zapatista, veremos que no fue una revuelta de la clase obrera, sino una revuelta campesina. Era también una revuelta contra la acumulación por desposesión, y lo mismo ocurre, por ejemplo, con respecto a las guerras del agua en Bolivia, en Cochabamba, donde también se trataba de una lucha contra la acumulación por desposesión. Y las luchas en El Alto, donde una ciudad entera se rebela y destruye el poder de la presidencia y abre la vía de acceso al poder de Evo Morales. Estos movimientos revolucionarios han sido muy fuertes y potentes, y no se basaron en una clase obrera tradicional.
 
Lo que quiero decir es que si analizamos las dinámicas de la urbanización y nos planteamos la cuestión de “¿quién produce la ciudad, quién reproduce la ciudad?”, y si decimos que todos los que producen y reproducen la ciudad forman parte de la clase obrera urbana, entonces esta abarca mucho más que los trabajadores fabriles para incluir al personal doméstico, a los taxistas, por lo que tenemos una concepción diferente de la clase obrera. Estoy a favor de cambiar nuestra concepción de quién constituye la clase obrera y de qué tipos de puesto de trabajo son cruciales. Hemos visto ejemplos, he mencionado El Alto, la gran fuerza que tenían sus habitantes para bloquear totalmente la ciudad, lo que de hecho es una huelga general, una huelga en el espacio urbano. Pienso que las huelgas de transportes son muy eficaces; en Francia, por ejemplo, ha habido huelgas muy importantes en los transportes, en la década de 1990 y en la de 2000. Se puede paralizar una ciudad, y paralizar una ciudad es un tipo de instrumento muy eficaz en la lucha de clases. Y no son únicamente los trabajadores de las fábricas quienes van a hacerlo, hace falta que sea la ciudad entera la que secunde esta acción. Por tanto, o bien decimos que la clase obrera está aquí y aquellos son otros movimientos sociales, o bien cambiamos nuestra concepción de la clase obrera. Pienso que es preferible cambiar nuestra concepción de la clase obrera.
 
¿Cómo interpreta usted la crisis de la Unión Europea? Parece que estamos asistiendo a un proceso de radicalización neoliberal, justo en el momento en que surgen relaciones neocoloniales entre el centro de Europa y la periferia, en particular con la crisis de la deuda griega.
Me parece que hay que analizar la crisis de la UE en términos de clase. No cabe duda alguna de que la creación del euro, por ejemplo, fue una operación muy ventajosa para la clase capitalista, y en particular para las fracciones de la clase capitalista que se hallaban en los sectores más avanzados, en los países más avanzados de la Unión. Tenemos por tanto un ámbito geográfico desigual en el que se produce una unificación, que resulta muy ventajosa para Alemania en particular, aunque no solo para Alemania. Alemania ha ganado mucho con la creación del euro, y cuando se examina lo ocurrido con las economías del sur de Europa en general, y de Grecia en particular… No diré que los griegos no hayan causado por sí mismos algunos de los desastres al llevar a cabo toda clase de engaños contables, etc., pero por otro lado Grecia se ha convertido en un mercado maravilloso para Alemania, que ha podido explotarla al amparo de sus superiores capacidades productivas y de organización. Alemania, en efecto, ha podido aplicar una política de acumulación por desposesión a través de Grecia y reducir la capacidad productiva de Grecia. Y cuando han surgido los problemas, está claro que no había ninguna obligación por parte de ningún miembro de la Unión de ayudar a otro miembro. A partir de entonces se produjo un desarrollo geográfico desigual de la crisis, que se abate sobre las poblaciones y los territorios más vulnerables.
 
Un caso análogo en EE UU sería el del Estado de California, que ha conocido dificultades notables, pero que no ha corrido la misma suerte que Grecia porque el gobierno federal ha tenido que pagar el Medicare etc., mientras que con respecto a Grecia no existe esta obligación. Asistimos entonces a circunstancias extraordinarias en que la gente se hunde en una penuria total en Grecia, en muchos aspectos a causa de la política de austeridad impuesta por los poderes de la clase capitalista, cuyos intereses principales están concentrados en Alemania y el norte de Europa. Me parece que esta geografía desigual no cambiará a corto plazo. Tampoco percibo ningún cambio de política, por lo que creo que este va a ser un problema duradero para Europa, que no necesariamente se resolverá con la salida del euro de los países del sur. Por tanto, se trata de una especie de dilema permanente que a mi juicio solo podrá resolverse mediante una completa federalización de la base social de la economía, mediante una colectivización de los derechos de pensión y este tipo de cosas, cosa que políticamente es imposible, no creo que nadie votaría por eso.
 
¿Cree que en estos momentos asistimos a un viraje de tipo keynesiano en EE UU? ¿Es posible que el gobierno de Obama se aleje del neoliberalismo y aplique políticas más keynesianas?
EE UU nunca ha sido puramente neoliberal, sino bastante keynesiano hasta ahora. Ha sido neoliberal de palabra, particularmente en aspectos como el salario social y la protección social, etc., pero jamás ha sido estricto con respecto a la financiación por el déficit. El déficit de George Bush II financió dos guerras, reducciones de impuestos para los ricos y un enorme programa social de acceso a los medicamentos que fue muy bemneficioso para las compañías farmacéuticas. Ronald Reagan, que es una de las figuras asociadas al neoliberalismo, era de hecho un keynesiano en materia de defensa y financió el pulso con la URSS a través de la deuda pública. EE UU siempre ha sido un caso particular: su retórica sobre el sector público siempre ha sido muy neoliberal, pero sus prácticas siempre han sido parcialmente keynesianas.
 
Lo que resulta interesante en la coyuntura actual es que el Partido Republicano, que de hecho compartió bajo George Bush este enfoque de tipo keynesiano para hacer la guerra, cuando perdió el poder decidió llevar de verdad hasta el extremo la política de austeridad. Así trata de impedir la posibilidad de un programa ligeramente expansionista, vagamente keynesiano, que preconiza el gobierno de Obama desde el principio. Pienso que están pisando terreno resbaladizo, pues no controlan más que la Cámara de Representantes, y si se puede demostrar a los estadounidenses que lo que impide la recuperación de EE UU es la manera en que el Partido Republicano actúa en la Cámara de Representantes, y entonces asistimos en las elecciones de 2014 a la transferencia del poder a los Demócratas, el Partido Republicano estará acabado. Claro que también es posible que esto no suceda, se trata de una situación muy compleja. Creo que hay miembros del Partido Republicano que se dan cuenta de que se hallan en terreno resbaladizo y que intentan cambiar, aunque sin mucho éxito de momento.
 
Hasta ahora nunca se ha dudado en EE UU en emplear prácticas keunesianas, en particular la financiación por el déficit, y en ser antikeynesianos en materia de programas sociales, de protección social, y resueltamente antikeynesianos cuando se trata de otorgar más poder a las organizaciones e instituciones de la clase obrera. El neoliberalismo de EE UU siempre ha sido sospechoso, su pragmatismo le ha llevado siempre a hacer lo que beneficia a las clases superiores, y ha sido limitado por este criterio. No creo que esto vaya a cambiar gran cosa, aunque pienso que en este momento el gobierno de Obama tiene muy claro que la tasa de crecimiento de EE UU es muy baja y que existe la posibilidad de una segunda recesión. Este gobierno, si tuviera las manos libres, apostaría por prácticas expansionistas, hasta cierto punto incluso por prácticas expansionistas que implicaran otorgar más poder a las organizaciones e instituciones de la clase obrera. Creo que la idea de una política ligera y parcialmente keynesiana bajo el gobierno de Obama ya se ha planteado y aceptado, pero no será refrendada por la Cámara de Representantes controlada por los Republicanos, a menos que estos últimos comprendan que esto les llevará a un desastre electoral si la gente percibe que ellos son el obstáculo. Está por ver cómo evolucionan las cosas.
 
A su juicio, ¿cuál puede y debe ser el papel de los intelectuales o universitarios críticos?
Hay dos cosas. Lo que ocurre en el mundo universitario forma parte, desde luego, de la lucha de clases, es la lucha de clases en el ámbito de las ideas. Por tanto, una cosa que me gustaría que hiciéramos todos es luchar en el mundo universitario por diferentes tipos de producción de saberes, de reproducción de saberes. Los que están fuera de la universidad piensan a menudo que esta es una torre de marfil, pero no es así, la universidad es un terreno de lucha bastante encarnizada. Durante un tiempo estuve tratando de mantener abiertos los espacios en el interior de la universidad en los que pudieran desarrollarse cosas como las que centraban mi trabajo, y es muy duro cuando se hace frente a las presiones de la transformación neoliberal y administrativa de las universidades. Es un poco como los trabajadores de una fábrica siderúrgica, hay que organizarse en el seno de la universidad, y eso lleva mucho tiempo.
 
Pero creo que también tenemos la obligación de tomar ciertas cosas sobre las que reflexionamos y presentarlas de manera que sean comprensibles para un público amplio, pensando en cómo la gente puede leer esto y extraer sus propias conclusiones. No creo que los universitarios conozcamos mejor el mundo que cualquier otra persona. Mi opinión es que cuando trabajo con organizaciones sociales, estas saben qué es lo que quieren y lo hacen mejor que yo, y no es mi tarea decirles qué tienen que hacer, eso ni se me ocurriría. Pero cuando tal vez yo puedo ser útil es cuando quieren saber cómo lo que están haciendo se relaciona con lo que ocurre en el capitalismo, cuál es la relación entre lo que hacen y la lucha anticapitalista. Si quieren reflexionar sobre esta relación, podemos sentarnos juntos y tratar de comprender lo que hacen en relación con prácticas y cuestiones más amplias. Creo que en el mundo universitario tratamos de desarrollar este panorama de cómo funciona la economía, o cómo se aplica la política, y a veces esto es útil para las organizaciones políticas y los movimientos sociales. Así que creo que es preciso mantener abiertos los espacios en el interior del mundo universitario para trabajos progresistas y estrechar lazos con organizaciones sociales para aprender de ellas y que ellas aprendan de nosotros en el proceso de lucha política.
 
Sin embargo, con las tendencias a la privatización de la educación, en particular de la enseñanza superior, parece más difícil mantener este espacio y esos debates en el seno de la universidad.
Así es. Todos estamos siendo atacados, inclusive en la universidad. Y por supuesto, si contemplamos el proceso de trabajo en el mundo académico, en EE UU ahora la mayor parte de la enseñanza corre a cargo de empleados que no tienen un contrato fijo y que viven en unas condiciones económicas muy precarias. Este es otro campo de batalla en relación con las condiciones de vida de las personas empleadas en las universidades. No es una situación fácil, pero ¿qué se puede hacer? Hay que organizarse y luchar, como en todas partes.
 
¿Cuál es su visión personal de una sociedad comunista/2, si “comunista” es la palabra adecuada?
Hay varias maneras de construir una visión utópica. Creo que siempre existe la necesidad de tener en mente una visión utópica, de una manera u otra, un lugar al que deseamos llegar, aunque al final no lleguemos, en cierto sentido no importa mucho si se llega o no. Si se tiene una visión, tratando de cambiar las cosas, estas se mueven en una dirección u otra. No tengo un esquema fijo, he escrito uno en el apéndice a un libro que se titula Spaces of hope, una especie de descripción utópica de una sociedad construida durante un periodo de 20 años. Y creo que necesitamos un modo de construcción por la negación. Si se comprenden los aspectos del capitalismo que no nos gustan, ¿qué rechazaríamos, cómo sería una sociedad que ya no funcionara sobre la base del valor de cambio, sino sobre la base del valor de uso, qué formas de coordinación de la división social del trabajo se crearían, cómo se implementaría para asegurar que el abastecimiento de cada uno en valor de uso fuera suficiente, que no se produjeran bloqueos completos ni rupturas, ni penurias? Son cuestiones muy pragmáticas.
 
Es posible por tanto trabajar sobre esta clase de ideas, construir por negación: no queremos hacer esto coordinándonos a través del mercado, queremos hacerlo de una manera distinta, a través de los trabajadores asociados en colaboración, los trabajadores asociados que organizan la división social del trabajo de manera que todo el mundo tenga lo que necesita. Con la informática tenemos la posibilidad de coordinar los inputs y outputs/3 de un modo distinto. Algunas fábricas recuperadas en Argentina funcionan ahora en red gracias a los ordenadores y organizan los flujos de inputs y outputs de manera que comienzan a coordinarse entre sí, pero no se trata de una planificación centralizada, es algo que se organiza en red, sin ningún planificador central. Creo que con las tecnologías que tenemos ahora existen nuevas posibilidades de plantear estas cuestiones de un modo distinto y que podemos construir una visión utópica en la que los trabajadores asociados controlen los medios de producción, se organicen y tomen sus propias decisiones en cada unidad productiva, pudiendo coordinarse entre sí, comunicarse entre sí para responder a las necesidades de todos y todas.
 
Notas:
1/ La acumulación flexible designa el fenómeno de la “flexibilización” del trabajo desde la década de 1970: la subcontratación, la jornada parcial, la producción “justo a tiempo”, las actividades informales se han convertido en elementos cruciales del procedo de producción. Esta “flexibilización” (o dicho de otro modo, precarización) no se implanta del mismo modo en todas partes y es más importante en los “países emergentes”. Corresponde a una transformación de la gestión de las empresas, centrada cada vez más en un funcionamiento de mercado (subcontratación de actividades, asegurando rentas importantes a los accionistas) en detrimento de una gestión “interna” de la empresa.
2/ En inglés “socialist”.
3/ Términos que designan lo que “entra” (inputs) en el proceso de producción (materias primas, fuerza de trabajo) y lo que “sale” (outputs : productos, mercancías).
24/03/2013
abril 12, 2013

Concentración en Bilbo ante la junta accionistas de BBK-KutxaBank

Iturria: Berri-Otxoak (Plataforma contra la Exclusión Social y Por los Derechos Sociales)

KutxaBank…
 
Hoy, coincidiendo con la junta de accionistas de la BBK-KutxaBank, se ha realizado una movilización a la entrada de la misma. Cabe destacar la actitud provocadora de la Ertzaintza en su intento de reprimir esta movilización y señalamiento de la entedidad bancaria responsable de la mayoría de desahucios en Bizkaia, el 65%.

Hay que tener en cuenta que 2.723 familias vizcaínas han sido desahuciadas de sus viviendas en el 2012.Además, 100.399 personas están desempleadas en Bizkaia, con una tasa de paro del 20%. El 58% no percibe ningún tipo de prestación o subsidio. Lo que provoca que el 9% de la población sufra situaciones de pobreza severa.

 
nos desahucia!
 
De mientras el banco creado por las Cajas de Ahorro obtuvo unos beneficios de 85 millones de euros el año pasado.
 
A lo que debemos añadir que los tres presidentes de las cajas (BBK-KUTXA-VITAL) ganaron más de 1’2 millones de euros. Sólo Mario Fernández (BBK) ganó 515.000 euros; además, el consejo de administración ganó 1’4 millones de euros y la alta dirección otros 1’84 millones de euros.
 
Por todos estos motivos, y a través de esta movilización, se ha exigido la paralización inmediata de todos los desahucios y que KutxaBank recupere su vocación de caja social.
               
MOVIMIENTOS y COLECTIVOS CONTRA LOS RECORTES y EL PARO DE BIZKAIA
 
abril 8, 2013

¿Es eficiente privatizar?

Iturria: Miguel Garcia / economiacritica.net – 2013/03/20

Decía el polémico economista J.K. Galbraith que la mayoría de los fenómenos económicos de importancia podían explicarse a través del lenguaje común y sencillos ejemplos; cuando las explicaciones van recubiertas de supuesto vocabulario  científico y humo matemático, suelen buscar legitimar intereses particulares más que explicar el fondo de los problemas.

La cuestión de la privatización y su supuesta eficiencia esotérica, basada en las milagrosas propiedades del afán de beneficio en cualquier momento y lugar, es un magnífico ejemplo. Nos toman por idiotas.

Si nos liberamos por un segundo de la ideología dominante y nos preguntamos fríamente de qué depende la eficiencia, la respuesta seguramente irá encaminada a hablar de unos objetivos congruentes basados en unos criterios de organización y gestión adecuados ¿Es entonces el tipo de propiedad lo más inmediato para  relacionar con la eficiencia? No parece lo más natural.

La evidencia también se muestra tozuda frente al neoliberalismo; algunos ejemplos: El agua que con tanto ahínco buscan privatizar en Madrid, volvió a ser recuperada y convertida en una empresa rentable en Paris. Tampoco parecen ser buenas las experiencias de los ferrocarriles privatizados en Argentina y Reino Unido, hundidos ante la falta de inversión. ¿Y la sanidad? No parece ser que el amado modelo estadounidense, que permite morir a ciudadanos de enfermedades tratables, sea además, ningún  ejemplo de ahorro.

Se acusa al sector público de tendencia a la burocratización, de generar organigramas ineficientes, como si el sector privado estuviera inmunizado cual superhéroe ante estos males. Pero los gigantes ineficientes de pies de barro, tampoco parecen entender de propiedad si miramos las antaño imbatibles Ford o General Motors postradas y rescatadas, o como empresas chinas de capital mixto han demostrado desde el pragmatismo de la ausencia de derechos, ser mejores explotadores que muchos de sus competidores del “purismo del libre mercado”.

Aun así, aceptemos la premisa: el sector privado es más eficiente por definición. Y entonces miremos un poco más allá, haciéndonos la pregunta que sesudos analistas omiten hacer: ¿Qué entendemos por eficiencia?

Si nos atenemos a la visión convencional, empresa eficiente es un eufemismo de empresa rentable; cuanto más mejor. Parece lógico que las empresas actúen de este modo, aunque es cuestionable el hecho de sustituir la palabra rentable o lucrativa por eficiente, para revestirlo todo de una supuesta carga científica. Otra vez, si miramos un poco más allá, comienzan a surgir los problemas debajo de la alfombra.

¿Es la sanidad más rentable la más eficiente? Pongamos un sencillo ejemplo: El antiguo paciente de la sanidad pública es ahora un cliente de la eficiente sanidad privada. Bien, si nos encontramos sujetos a la lógica de la máxima rentabilidad como criterio, y el gestor privado del hospital tiene la opción de elegir entre curar una enfermedad o cronificar la misma con tratamientos paliativos ¿Cuál será su incentivo? Asusta pensarlo, pero en marketing lo llaman fidelización del cliente.

Pensemos también en la agricultura, y en el peligro latente de las llamadas semillas terminator, esterilizadas para hacer dependientes año a año a los pequeños productores. Tampoco nadie duda de lo rentable que resulta destruir la también privatizada IBERIA, no para los trabajadores claro, sino para los eficientes bolsillos de los corsarios financieros. ¿Hacer negocio con la muerte? Seguro que privatizar cementerios y cobrar tasas por mantener los nichos es eficiente, es decir, rentable.

No deberíamos sorprendernos, el ataque a lo común va mucho más allá de lo que queremos ver y se dirige a la esfera local, amenazando la realidad de miles de pequeños municipios; por definición ineficientes, prescindibles por tanto, como sus urgencias sanitarias. Con el anteproyecto de ley de reforma municipal se abre la veda: el agua de los municipios, la gestión de residuos, mercados centrales como Mercamadrid o cementerios pasarán a ser objetivos prioritarios. Una ley nacional para una imposición europea, como casi siempre. Al menos, se agradece la claridad en los objetivos buscados:

“(…) se suprimen monopolios municipales que venían heredados del pasado y que recaen sobre sectores económicos pujantes en la actualidad.” Anteproyecto de Ley para la Racionalización y Sostenibilidad de la Administración Local

¿Pero no habíamos quedado en que lo público siempre es ineficiente? Sorprende entonces que se acuse a los municipios de acaparar actividades rentables y no deficitarias. ¿Potencialmente demasiado rentables para ser públicas? También es llamativo que la mayoría de las hoy  punteras grandes multinacionales españolas, procedan del oxidado sector público español; la herencia recibida a precio de saldo no debió ser tan mala como se ha querido hacer ver desde determinadas esferas de poder.

Cuanto más avanzamos más dudoso parece el otorgar características milagrosas al afán de privatizar, y menos demoniacas las características que presenta el sector público. Esto nos podría llevar a pensar que la propiedad al fin y al cabo no importa, como parece querer demostrar la experiencia China. Nada más lejos de lo que quiere mostrar este artículo.

La propiedad en última instancia claro que importa; y mucho. Importa porque solo desde fuera de la empresa privada podemos entender la eficiencia como algo diferente al máximo beneficio económico: la eficiencia en pro del beneficio social, la única compatible con un desarrollo ecológicamente sostenible, con no esquilmar ecosistemas bajo la lógica de la ganancia.  Importa porque, al fin y al cabo, todo el mundo prefiere ser el dueño del fruto de su trabajo a vivir con un salario cada vez más precario, subempleado en un puesto de trabajo donde no  comprendes muy bien para qué estudiaste tantos años aquello que te gustaba.

Sin duda, pura utopía a día de hoy. Quizá, abrir los ojos ante las mentiras que se convierten en verdad de tanto repetirse, sea el impulso que nos haga caminar hacia una sociedad donde la  eficiencia, sea algo más que el afán insaciable de lucro.

abril 5, 2013

La propuesta educativa: privatizar la FP y sustituir becas por “préstamos del Estado a bajo interés”

Iturria: vozpopuli.com – 2013/04/05

La organización de países desarrollados defiende el modelo americano en el que el Estado financia los estudios universitarios mediante créditos a bajo interés. La fórmula defendida para España es la de conceder esos créditos cuyos plazos y cantidades de devolución quedarían supeditados a alcanzar un cierto nivel de ingresos

La lucha contra el paro juvenil pasa también por una reforma del sistema educativo, diagnostica la OCDE en su informe sobre el paro entre los más jóvenes en España. Además de reformar el mercado laboral, la OCDE dicta recetas de reforma educativa en las que apuesta por reforzar la Formación Profesional. Sin embargo, el organismo sostiene que no puede depender completamente de fondos públicos y apuesta por fórmulas semi-privadas: “sería más eficiente —afirman las conclusiones— que el coste fuera soportado por el gobierno, los empleadores y los estudiantes, de acuerdo con los beneficios que obtienen del sistema”.

A cambio, las empresas ganarían influencia sobre el plan de estudios de los jóvenes y deberían poder aprovechar más los llamados “contratos de formación” ya que –según la organización– “la formación profesional no parece responder a las necesidades laborales del país”. Sin embargo, el informe advierte que los planes del Gobierno español de conceder subvenciones en los pagos a la Seguridad Social a las empresas que recurran a contratos de aprendizaje corre un riesgo: “existe la posibilidad de que las compañías abusen del contrato de formación hasta convertirlo en una forma barata de contratar en prácticas para realizar labores de baja cualificación”.

La OCDE, además, plantea otras dos modificaciones a caballo entre la educación y la economía:

  • Sustituir las becas por “créditos del Estado a bajo interés” para los estudios universitarios: La organización de países desarrollados defiende el modelo americano en el que el Estado financia los estudios universitarios mediante créditos a bajo interés. La fórmula defendida para España es la de conceder esos créditos cuyos plazos y cantidades de devolución quedarían supeditados a alcanzar un cierto nivel de ingresos
  • Terminar con la figura del repetidor: La OCDE asegura que el sistema de repetición de cursos vigente en España “crea grandes costes para la sociedad”. Según sus estimaciones, el sistema de repetición de cursos supone un 10% del coste total destinado a educación primaria y secundaria en España. Por ello, concluye la organización, “debieran tomarse medidas para evitar la repetición de cursos”, algo en lo que ya trabaja la reforma educativa del ministro José Ignacio Wert.
FOTO:EFE

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abril 2, 2013

Escrache

Iturria: Javier Gallego / Eldiario.es – 2013/03/28

Nos habéis perseguido a todos. Primero fuisteis a por los jubilados pero como vosotros tenéis la jubilación asegurada, no os importó hacerles daño. Después fuisteis a por los enfermos, los discapacitados, los dependientes y como vosotros no tenéis problemas de dinero, no os importo cargar a las familias con un peso que no pueden soportar. Entonces fuisteis a por los funcionarios, los médicos, los profesores. Fuisteis a por nuestra sanidad y a por nuestros colegios porque vosotros tenéis los vuestros asegurados. Protestamos y no os importó enviarnos a los antidisturbios a que nos hicieran daño.

No os importó que hubiera millones de parados y fuisteis también a por ellos. Les quitasteis un pedazo de lo poco que les queda y les gritasteis que se jodan en mitad del Parlamento. Y empezasteis a jodernos a todos los demás, a la cultura, a los mineros, a todos los contribuyentes. Fuisteis a por todos nosotros y no os importó hacernos daño para no hacérselo a los vuestros. Los bancos vinieron a por nosotros y vosotros nos quitasteis los cuatro cuartos que nos habían dejado en los bolsillos. Ellos nos robaban, vosotros hacíais negocio con nuestro dinero. Volvimos a protestar y nos disteis la espalda de nuevo.  

No queríais ver cómo la gente saltaba por las ventanas o se colgaba del cuello. Los bancos que nos habían puesto la soga iban a por los que menos tenían y les dejasteis hacer. Dejasteis que se aprovecharan con las preferentes de los más indefensos y vulnerables y jamás perseguisteis a los timadores. Dejasteis que algunos se quitaran la vida angustiados por su desahucio. Les empujasteis al vacío sin mover un solo dedo y permitisteis que pelotones de policía siguieran sacando a la gente de sus casas a empujones. Podríais haberlo evitado pero seguíais mirando para otro lado.

Los jueces españoles y el tribunal europeo han decretado que las hipotecas españolas son ilegales y abusivas y a ninguno de los dos les habéis hecho caso. Miles de personas en la calle y un millón y medio con su firma, os han pedido parar esta sangría y habéis tratado de escaparos de ellos. Nos disteis unas medidas insuficientes que no sirvieron para nada y ahora nos volvéis a ofrecer un simulacro de solución en diferido. Os pedimos pan y nos dais migajas. Os pedimos ayuda y nos dais antidisturbios. Os pedimos que nos echéis una mano y nos la echáis al cuello. 

Ahora van a por vosotros y reclamáis que os amparemos pero ya no queda casi nadie de nosotros que lamente lo que os está pasando. Os toca sentir lo que sienten los perseguidos. Ahora nos pedís la justicia que vosotros nos habéis negado. Invocáis la democracia que habéis destruido y el respeto que no nos tenéis. Exigís que se respeten los derechos que no habéis respetado. Llamáis terroristas a los que os persiguen pero sois vosotros los que los habéis aterrorizado. Nos llamáis golpistas mientras nos moléis a golpes. Hay que ser muy miserable para llamar acosador al acosado. 

Seguid así. Seguid dando la espalda a la realidad, seguid llamándonos criminales en lugar de ciudadanos. Seguid aumentando la pobreza, la desigualdad y el paro. Seguid dejando que a la gente la estafen, la echen a la calle y los ladrones anden sueltos. Seguid haciendo un escrache masivo a la población y acabaréis sufriendo un escrache masivo y violento. No es una amenaza, es una advertencia de lo que, desgraciadamente, podría pasar.

Ahora solo van a por vosotros pero mañana irán a por vuestra seguridad, la seguridad que les habéis negado, y a por vuestros privilegios, a por el dinero que les habéis quitado, los coches en los que huis de nosotros, las casas que tenéis y que ellos han perdido, el bienestar que les habéis arrebatado. Querrán infligiros el mismo dolor que le habéis causado. Y a nadie le importará si os hacen daño porque el daño que habréis hecho nos habrá anestesiado a todos. Serán tan violentos como lo habéis sido vosotros. Se saltarán tantas leyes como vosotros habéis violado. Serán peligrosos porque están desesperados. Y serán incontrolables porque no tendrán nada que perder.

Vosotros se lo estáis quitando todo. Vosotros sois los responsables de lo que os pase. Os lo merecéis. Vosotros no sois las víctimas, sois los culpables, sois la causa de los escraches que estáis padeciendo. Vosotros sois el escrache de este país. Le habéis hecho un escrache a esta democracia hasta obligarla a huir por patas. Nos habéis hecho escraches cada vez que nos reuníamos en las plazas y en las calles. Le habéis hecho decenas, cientos de  escraches a los ciudadanos a golpe de porra, recorte, insulto y decretazo.

Sois vosotros los que permitís el acoso a los ciudadanos de una banca miserable que impone una ley injusta. Sois vosotros los que dejáis que miles de familias sean humilladas delante de sus vecinos, que sus casas sean señaladas con una cruz de “desahuciado” en la puerta, que queden marcados como parias y excluidos, que ancianos, niños, enfermos y gente sin recursos estén sufriendo la derrota, la violencia policial y la vergüenza pública. Sois vosotros los que lleváis más de cuatro años haciéndonos un escrache tras otro, los que lleváis años huyendo de los que ahora os persiguen, los que estáis empujando a miles de personas por un barranco por el que os acabarán arrastrando, los que estáis provocando una pobreza, un odio y una desesperación que puede acabar estallando.

Si dejáis que eso ocurra, recordaréis el último verso del poema de Niemöller: “Cuando vinieron a buscarme, no había nadie más que pudiera protestar”. Nadie protestará porque os estaremos persiguiendo todos.

marzo 20, 2013

Auditoría ciudadana de la deuda

Iturria: ATTAC.tv / Cécile Lamarque CADTM Bélgica – 2013/03/20

En esta entrevista Cécile Lamarque analiza las causas principales del aumento de la deuda pública. Por un lado, Cécile alude a los mercados financieros como responsables de la política de austeridad y, por otro, la movilización de los ciudadanos contra la deuda ilegítima ha abierto un nuevo camino hacia la auditoría ciudadana en Europa.

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