Posts tagged ‘espekulazioa’

noviembre 15, 2012

Compra venta de hospitales públicos

Iturria: eldiario.es / Raúl Rejón – 2102/11/15

  • Los hospitales públicos privatizados se convierten en objeto de transacciones comerciales
  • La empresa que gestiona el centro de Torrejón de Ardoz, en Madrid, negocia su venta
  • Bankia y SabadellCam son las dueñas de la mayoritaria de la concesionaria: Ribera Salud

Cambiar el modelo de sanidad mediante la privatización de hospitales públicos convierte a estos centros en mercancía de compra venta. Tan sólo unos días después de que el Gobierno de la Comunidad de Madrid anunciara la privatización de seis hospitales, la sanidad madrileña ve cómo otro de sus centros que ya nació privatizado en 2011 (el de la localidad de Torrejón de Ardoz) y que atiende a 140.000 vecinos, es objeto de ofertas, contraofertas y negociaciones por parte de las empresas que lo gestionan y los aspirantes a hacerse con su cartera de servicios.

Torrejón es un ejemplo del tipo de sistema sanitario que la Comunidad de Madrid quiere extender -al igual que Castilla- La Mancha- en el que la gestión corre a cargo de una empresa privada a cambio de un pago anual por persona asignada.

Así, la empresa Ribera Salud, estaría estudiando vender su participación en la gestora del centro (Torrejón Salud S.L.) y que supone el 60% de la empresa, a Sanitas (perteneciente al grupo británico BUPA: British United Provident Association). El asunto ha causado gran revuelo en la Comunidad Valenciana (reflejada en Las Provincias y El Levante)ya que Ribera Salud está allí presente “en la gestión de cinco Departamentos de Salud, con cinco hospitales y más de 100 centros de Atención Primaria y en la sociedad Erescanner salud que gestiona el servicio de Resonancias Magnéticas”, según recoge en su página web.

Los implicados se han mostrado evasivos a las preguntas de eldiario.es sobre la transacción: El Gobierno de la Comunidad de Madrid dice estar “a la expectativa” de ver si se “hace la venta” para dar su opinión. Ribera Salud no ha querido comentar el asunto “hasta que se haga oficial”.

Detrás de las decisiones y estrategias de Ribera Salud están Bankia (al heredarla de Bancaja) y SabadellCam (de su fusión con Caja de Ahorros del Mediterráneo) que la poseen al 50%. El grupo se alió con Asisa, FCC y Concessia para adquirir la concesión del hospital madrileño en 2009. El importe neto de la adjudicación, según el Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid, asciende a 2.127.651.697 de euros por 30 años. Los presupuestos de la región para 2013 le asignan un pago de 79,7 millones.

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octubre 14, 2012

No es nuestra deuda y No es nuestro rescate

Iturria: Quiendebeaquien.org /Alberto Garzón Espinosa – 2012/10/14

Según los datos del Banco Internacional de Pagos (BIS, por sus siglas en inglés) el sistema financiero español tiene a comienzos de 2012 un total de 571.519 millones de dólares en deudas pendientes de pago con otros bancos internacionales. No obstante, esta cifra es bastante inferior a la que se daba a finales de 2010 cuando la deuda total alcanzaba los 706.065 millones de dólares.

La mayor parte de esta deuda actual del sistema financiero español tiene su contraparte en los bancos alemanes (139.191 millones) y bancos franceses (115.261 millones), los cuales juntos poseen casi el 45% de la deuda total. Es decir, los bancos alemanes y franceses son los principales acreedores del sistema financiero español y, en consecuencia, los principales interesados en que las deudas se devuelvan.

Estos datos explican en gran parte el llamado “rescate al sistema financiero español”. Este “rescate” únicamente consiste en proporcionar recursos al sistema financiero español para que pueda hacer frente a sus deudas, aplicando como condición duros procesos de reestructuración interna. Así, y como tuve oportunidad de recordarle al ministro de economía hace unas semanas, no se trata realmente de un rescate al sistema financiero español sino de un rescate al sistema financiero alemán y francés. Porque determinados componentes de nuestro sistema financiero son recortados por el camino, tales como los trabajadores, los accionistas e incluso los estafados por las acciones preferentes.

Pero hay una cuestión aún más interesante desde el punto de vista de la economía política y que emerge cuando hacemos dos preguntas que van al corazón del problema: ¿debemos pagar estas deudas? y ¿son estas nuestras deudas?

Cualquier economista liberal se aterrorizará al pensar que hay quien propone no pagar e incluso no asumir como propias estas deudas. Puede ser que hasta los no economistas valoren muy negativamente la falta de moral de quien reniega de un compromiso asumido previamente. Pero lo cierto es que ni las deudas se pagan siempre –la historia económica está llena de siglos de impagos y reestructuraciones de deuda- ni las deudas han de ser asumidas por partes que no fueron las mismas que contrajeron el préstamo –el concepto de deuda odiosa o ilegítima-.

El liberalismo económico siempre ha sido una ideología justificativa de determinadas políticas económicas, pero poco consistente en la práctica. De hecho, lo verdaderamente liberal sería asumir que dado que los bancos españoles están en quiebra –y no pueden pagar por si mismos sus deudas- aquellos que les prestaron también habrían de sufrir pérdidas por haber hecho una inversión ruinosa. De otra forma, como ocurre en la actualidad, existe el llamado riesgo moral: cualquier banco alemán puede prestar a los bancos españoles, aunque sepa que es para apostar en un casino, porque saben que siempre serán rescatados.

La cuestión no puede analizarse, en consecuencia, en términos microeconómicos. Ha de estudiarse el contexto macroeconómico e institucional para poder dar una respuesta satisfactoria y eficiente a este problema tan inmenso.

Y tenemos que hacernos las preguntas adecuadas: ¿tiene sentido que los bancos alemanes que se arriesgaron prestando a bancos españoles, y ganaron tantos beneficios por ello, no tengan pérdidas ahora que se demuestra que fracasaron eligiendo a quién prestar? ¿tiene sentido, por otra parte, que las deudas de las entidades financieras tengan que ser pagadas por los trabajadores en forma de recortes sociales y económicos?

No olvidemos que la economía española tuvo una burbuja inmobiliaria, promovida políticamente por los gobiernos del bipartidismo, para poder escapar de su falta de competitividad internacional. Esto fue una especie de huida hacia delante, permitiendo que durante algunos años se creara mucho empleo y el dinero fluyera hacia los bolsillos de los empresarios de la construcción, de las empresas financieras y de los políticos corruptos. Pero ese crecimiento económico sólo fue posible gracias a que países como Alemania reciclaban sus ingresos comerciales por la vía de préstamos a la periferia europea. Es decir, el milagro español es la otra cara de la moneda del milagro alemán, y viceversa. Un modelo simbiótico en el que ambas partes se necesitan y en la que ambas son responsables en un sentido agregado. Porque una vez uno escarba en la superficie se encuentra con que los únicos que salían beneficiados de este modelo eran las grandes oligarquías de uno y otro país, con la mayor parte de la población de ambos sufriendo recortes en sus condiciones de vida.

febrero 12, 2012

No son las finanzas, es el capitalismo

 

Es cada vez más amplio el coro de voces que señala a la dominante política de austeridad y consolidación fiscal como la responsable de haber metido a la UE e indirectamente al resto de las economías del mundo en una senda de recesión a la que ya se vaticinan peores perspectivas que a la producida en 2008.

La pregunta inevitable es a quién puede haber beneficiado este disparate de política económica, ya que hasta los conservadores alemanes reconocen que ha puesto en peligro la salud de su saldo de exportaciones, lógicamente afectado por el estancamiento de sus clientes.

No creo exagerado sospechar que el capital financiero, principal causante de esta última parte de la crisis capitalista (en mi opinión, no pueden separarse las crisis financieras de las últimas décadas de la crisis de valorización de los años setenta del pasado siglo, pero ese es otro cantar)y beneficiario principal de las subastas a interés negativo del BCE, se esté beneficiando de la llamada “desconfianza de los mercados” que se ha venido traduciendo en la exigencia de más altas rentabilidades para cubrir las emisiones de deudas pública de los países del sur y, recientemente, de Francia y Bélgica.

En absoluto estoy planteando algo parecido a una conspiración del capital financiero para someter a su dictado a los Estados y, con ellos, al conjunto de las poblaciones. La oposición mercados financieros/Estados/democracia es sugestiva pero me parece que oculta más de lo que describe. La denuncia de los mercados financieros, más que una crítica del capitalismo, parece una nostálgica evocación del capitalismo fordista regulado por el Estado providencia, cuando el mundo estaba en orden y la certezas señalaban a cada uno su sitio en la lucha de clases.

La experiencia histórica muestra que la aparición de vastas masas de capitales especulativos y burbujas de crédito no han sido la causa de de ninguna crisis capitalista sino más buen el producto de la desaceleración del proceso de valorización en la “economía productiva”. En la que abre el largo ciclo en el que, en mi opinión, aún estamos, ha sido el agotamiento de las reservas de productividad imputables al fordismo y su consiguiente reducción de las tasas de ganancia, acentuada por los mayores costes de la fuerza de trabajo fruto del ciclo de luchas de los sesenta, la que ha empujado a los capitales excedentarios (p.ej. los petrodólares generados por las dos subidas del petróleo de los setenta) a emigrar a las finanzas en busca de las rentabilidades perdidas

Creo que lo mismo que toda emisión de deuda viene a representar un adelanto sobre la futura creación de valor por la empresa que la emite, la emisión de deuda pública se hace contra la promesa más o menos incierta de generación de ingresos por los Estados que la emiten.

De la misma manera que los capitales excedentarios de los setenta vagaron por los mercados en busca de rentabilidades que no encontraban en la llamada economía real y al final se colocaron en activos financieros, descontando así el futuro valor a crear, ahora los capitales que pretenden huir de los sectores en declive como la construcción residencial y el negocio inmobiliario tras el pinchazo de sus burbujas, buscan en la deuda pública la rentabilidad que les permita mantenerse. Su problema es que una buena parte de los Estados, esta vez los más desarrollados, dan señales de asfixia por el taponamiento de sus fuentes de recursos y la dificultad de encontrar un sector que haga de locomotora de las economías nacionales y global.

Los efectos de lo que en su momento se llamó 3ª revolución industrial- la microelectrónica y la introducción de las tecnologías de la información y la comunicación-ha supuesto una inmensa operación de expulsión de fuerza de trabajo y, por ello, de reducción de la tasa de ganancia (que es función, no se puede olvidar, del capital variable representado por la fuerza colectiva de trabajo ocupada por los empresarios capitalistas). La operación de lo que Marx llamó las contratendencias a la tendencia decreciente de la tasa de ganancia ha visto agotadas sus posibilidades en la medida que el capital ha colonizado la práctica totalidad de las regiones y los países del planeta sometiéndolos a su lógica implacable. En estas condiciones, la pregunta no es por qué estalla la crisis sino porqué no ha estallado antes y en forma todavía más intensa, habida cuenta los riesgos de desvalorización de estos capitales excedentarios. Y es aquí donde nos encontramos con la esfera financiera, una fase absolutamente normal en toda crisis capitalista, tal y como el propio Marx lo analizó con su concepto de capital ficticio.

La expansión de las finanzas, contra la que tantos progresistas honrados claman, ha sido la vía de escape de un sistema global incapaz de encontrar nuevos sectores y regiones que impulsaran la acumulación. En España tras la recesión 1992-1994, los fundamentos de lo que se llamó el milagro económico español ha descansado en una alocada carrera d endeudamiento de hogares y familias, fundamentalmente en inversiones in mobiliarias, con los abundantes recursos financieros procedentes de la acumulación capitalista centro europea, y hecha posible por la expansiva política monetaria de la UEM que ha dotado de préstamos a interés negativo a hogares y empresas.

La transferencia de inversiones desde la economía productiva a las finanzas no ha sido el resultado de una decisión consciente y premeditada de los capitalistas para fragmentar la fuerza del movimiento obrero y acabar con el Estado del Bienestar. Ni siquiera el consejo de administración de la burguesía, el Estado al decir de Marx, ha sido capaz de planificar esta ofensiva en contra de los trabajadores que se prolonga desde hace más de tres décadas. Ha sido la tendencia objetiva de los capitales en busca de rentabilidades que no obtenía en los sectores industriales lo que ha provocado su abandono, una vez que las tasas de ganancia en aquellos han comenzado a caer por efecto del incremento del aumento incesante de capital por unidad de producto y la disminución del capital variable que constituye la fuerza de trabajo, al fin y al cabo la única fruente de producción de valor. Es verdad que esta tendencia ha sido reforzada en sus efectos por dos factores de gran influencia en los setenta: de un lado, el brusco aumento de los precios de la energía; y, de otro, el incremento de los costes de la fuerza de trabajo, por efecto del aumento de la combatividad obrera.

Los inversionistas, desde los más pequeños ahorristas hasta los grandes inversores, han colocado sus fondos, en un comportamiento racional en la lógica capitalista, allí dónde podían esperar expectativas más altas de rentabilidad. Los bienintencionados esfuerzos de los gobiernos por inyectar recursos para estimular la demanda de productos, cuando ya había comenzado el movimiento de migración hacia las finanzas y la caída de la rentabilidad de las inversiones, no ha hecho sino amplificar los efectos de la crisis, añadiendo a los síntomas de estancamiento los de inflación, lo que no ha hecho sino legitimar los discursos y las políticas de austeridad y ajustes, abriendo con ello la espiral de contracción de la actividad, desempleo, incremento de los déficits públicos de los que tan debilitado han salido el movimiento obrero y, en general, las políticas de izquierda, siquiera reformistas.

Ha sido el propósito de romper este círculo vicioso de austeridad y políticas neoliberales lo que ha llevado a muchas gentes de izquierda, incluso situadas en el campo anticapitalista, a postular políticas keynesianas de estímulo de la demanda orientadas a reactivar la producción y la creación de empleos. La vuelta a la primacía de la economía productiva generadora de empleos y recursos para financiar el Estado del Bienestar, recuperando la regulación y el control del movimiento de capitales mediante instrumentos diversos de los que el más popular es la Tasa Tobin

¿Es la vuelta a la “economía productiva” empujada ó hecha posible por una política recuperada para los ciudadanos, la solución a la tremenda crisis que asola a los países de la UE y con ellos al resto de las economías capitalistas?. Contestar en forma adecuada este interrogante exigiría analizar en detalle cuáles podrían ser las condiciones en las que esa recuperación ciudadana de la política podría hacerse realidad orientando la actividad económica hacia el crecimiento y la inversión productiva. Las condiciones presentes en estas latitudes y a pesar de la inyección de vigor ciudadano que ha representado el 15M, no parecen ir por ahí, como demuestra el apoyo mayoritario recibido por un partido como el PP que no tiene el menor empacho en reconocer, no con discursos sino con políticas concretas (ver RD leyes de 30 de diciembre y 4 de febrero), la vuelta de la política económica al fomento de los sectores motores del crecimiento a finales de los noventa y principios de este siglo, el sector inmobiliario y la construcción.

En el ámbito internacional es, cuanto menos, dudoso este cambio de orientación. No parece previsible que los Estados en la UE, aún si estuvieran pilotados por gobiernos progresistas, puedan jugar un papel distinto al jugado hasta la fecha en un contexto en el que las previsiones de todas las instituciones especializadas anuncian un par de años especialmente duros de retroceso en el crecimiento, incluso para aquellos países como los BRIC, que se libraron de los efectos de la crisis del 2008.

China no podrá ejercer el papel de sustituto de la economía USA en su función de locomotora de la economía global por causa de sus crecientes problemas relacionados con la aparición de una tardía pero muy intensa burbuja i mobiliaria y por el recalentamiento de su economía que obliga a las autoridades a aplicar medidas de contención en el consumo que frustran las esperanzas de su emergente clase media.

La otra gran economía exportadora, Alemania, se va a ver cada vez más amenazada por los problemas del euro que tan decisivamente ha contribuido a crear con su tozuda política de austeridad. A estas alturas es, incluso dudoso que una política abiertamente de demanda orientada a fomentar la recuperación del consumo a través de aumentos salariales complementadas con incrementos en las pensiones y otras prestaciones públicas pudieran alterar significativamente el panorama.

Así que parece lo más probable que asistamos a un período en el que se profundizarán aún más las políticas de ajuste, se detriorarán más las condiciones de trabajo y salariales para ofrecer seguridad a los tenedores de deuda y para poder financiar el coste de la reestructuraciones bancarias recientemente aprobadas en sedes comunitaria y estatal y tendentes a operar una fuerte concentración de las entidades d crédito de la UE para aumentar su competitividad en el mercado global del crédito.

En tan sombrío cuadro cualquier noticia que pueda añadir incertidumbre a las maltrechas economías nacionales y global puede desatar una auténtica oleada de pánico, al tiempo que puede servir de justificación a los señores de la guerra en Israel y Estados Unidos para intentar un golpe de mano que ayude a reequilibrar el juego de fuerzas en Asia central; y, desde luego, las amenazas iraníes de cerrar el estrecho de Ormuz pueden servir para ambas funciones. La cotización del barril por encima de los cien dólares y la continua caída del tipo de cambio del euro respecto al dólar pueden ahondar la recesión en aquellas economías que como la española, dependen mucho de las importaciones petrolíferas.

De fondo estará, una vez más en la historia norteamericana, el peso y la influencia del complejo militar industrial para jugar sus bazas de recuperación de influencia en la Casa Blanca y en el conjunto de la escena geopolítica global.

Históricamente el capitalismo ha transportado el germen de la guerra, con mayores probabilidades cuanto más agudas han sido sus crisis. La desaparición de su “exterior”, aliviadero socorrido en ocasión de sus frecuentes crisis de sobreproducción, aumenta la sensación de asfixia del sistema. El recurso a la deuda de Estados, empresas y hogares ha sido la vía de escape que permitido salir de las recesiones a golpes de créditos cada vez más voluminosos.

El cierre del círculo de estos comentarios expresa bien el del círculo vicioso, la espiral infernal en la que el capitalismo arrastra al conjunto de nuestra especie. No hay muchas razones para el optimismo pero las hay menos para confiar en las salidas dentro de la lógica que nos ha conducido a esta situación. La lógica del capitalismo, tanto el de la época fordista cuya crisis abrió el paso al capitalismo neoliberal, cómo este último ahora también igualmente en crisis. La lógica de la producción para obtener beneficio, dinero, capital, sin importarle la satisfacción de las necesidades de las personas, el cuidado del medio ambiente, la dignidad y la convivencia de las sociedades humanas.

No hay certezas, ni líneas correctas desde las que nadie pueda descalificar a nadie, solo el pensamiento, la voluntad y la urgencia de acabar con esta iniquidad de relaciones sociales que nos conducen a la degradación y a la muerte cotidiana.

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