Posts tagged ‘deuda pública’

diciembre 10, 2012

Las grandes empresas españolas han vivido por encima de sus posibilidades

Iturria: auditoriaciudadana.net Saque de Esquina, Eduardo Garzón

Desde los altos círculos de poder, y especialmente a través de los medios de comunicación, se intenta expandir sutilmente la idea de que todos hemos tenido responsabilidad en la gestación y desarrollo de la crisis económica española cuyos efectos impiden hoy día que la actividad económica se recupere. Se nos dice que “todos hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”, con la intención de generar un sentimiento de culpabilidad que nos predisponga a aceptar los sacrificios que se nos imponen. Según esta visión, puesto que todos hemos cometido excesos, todos debemos pagar ahora un precio por ello. Este mensaje ha tenido un notable éxito en la sociedad española, teniendo como resultado que muchas personas acepten sin rechistar el recorte de derechos sociales y laborales, limitando así el grosor poblacional que se rebela y protesta frente a este tipo de medidas.

El triunfo de este mensaje contrasta con el respaldo argumentativo que le subyace. Y no es para menos: la evidencia empírica y los datos estadísticos no apoyan en absoluto el contenido de esta idea; sino que precisamente lo contradicen. Un simple vistazo a ciertos indicadores económicos de nuestra economía nos revelará una realidad muy diferente a la que nos intentan reflejar: no todos hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, sino que son las grandes empresas y los hogares más ricos los sectores que lo han hecho. Demostrarlo es bastante sencillo y es lo que se abordará en este post y en el siguiente.

Uno de los mayores problemas de la economía española es su sobreendeudamiento, ya que impide que los agentes endeudados puedan contribuir positivamente a la recuperación de la actividad económica (cualquier ingreso que reciban será destinado principalmente a reducir su deuda y no a invertir o consumir, y así será hasta que deje de suponer una carga importante). Según losúltimos datos del Banco de España, la cantidad de deuda total de la economía española (la suma de valores distintos de acciones y el saldo vivo de préstamos) alcanzaba a finales de 2011 los 4,3 billones de euros (un 402% del PIB). De esta cantidad total, la deuda de las administraciones públicas suponía el 77% del PIB, mientras que el resto (325% del PIB) correspondía a la deuda privada (de familias y empresas). Esto significa que del total de la deuda española, sólo el 19,1% es deuda atribuida a las arcas públicas y el 80,9% es deuda contraída por las familias y las empresas.

Aquí ya tenemos un dato curioso: la mayor parte del problema del sobreendeudamiento español corresponde al sector privado, y no al público. Esto contrasta con la idea que se transmite a través los grandes medios de comunicación donde los debates se centran en torno a la deuda alcanzada por las administraciones públicas, y nunca (o muy pocas veces) en la privada. La deuda pública en teoría puede relacionarse con un exceso de todos los ciudadanos, ya que se puede entender que el Estado se endeuda para mejorar las condiciones de vida de la población. No obstante, no podemos olvidar un factor muy importante: la deuda pública se ha mantenido constante a lo largo de mucho tiempo e incluso comenzó a descender a partir de 2004. Su aumento a partir de 2007 se debe a los rescates bancarios, y a la pérdida de recaudación derivada de la recesión económica. El endeudamiento público, además de presentar un porcentaje pequeño sobre el total de la deuda, no aumentó durante el boom inmobiliario. Por todo ello, no tiene sentido atribuirle a las administraciones públicas responsabilidad alguna en este reciente sobreendeudamiento de la economía española.

Dejemos a un lado, entonces, la deuda pública y centrémonos en la privada (formada por la deuda de los hogares y la de las empresas). La deuda de las familias representaba el 83% del PIB, mientras que la deuda empresarial alcanzaba el 243% del PIB. Esto supone que, una vez considerada en solitario la deuda privada, solo el 25,5% pertenece a los hogares, mientras que el restante 74,5% es de las empresas.

Esto quiere decir que la mayor parte del problema de la deuda privada es atribuible a las empresas españolas. Las empresas se han endeudado en cantidades muy superiores a las realizadas por las familias españolas.

El análisis de la deuda de las familias –que nos revelará que dentro de este sobreendeudamiento han destacado las familias más ricas– será llevado a cabo en el siguiente post. Ahora nos centraremos en la deuda empresarial.

Si estudiamos el endeudamiento de las empresas atendiendo al tamaño de las mismas descubriremos un dato muy llamativo: el 95% de toda la deuda empresarial española corresponde a las grandes empresas (más de 250 empleados).

Es decir, casi la totalidad de la deuda contraída por las empresas españolas es atribuible exclusivamente a las grandes empresas. Las empresas no financieras invirtieron masivamente (y utilizando especialmente técnicas de apalancamiento –esto es, recurriendo a endeudarse) alrededor de dos conceptos: la vivienda y la diversificación internacional. Las empresas financieras asumieron enormes riesgos también a través de operaciones que eran mucho más rentables cuánto más recurrieran al endeudamiento. Es obvio que este tipo de actividades están más fácilmente al alcance de las grandes empresas, que cuentan con más y mayores recursos y medios que empresas más pequeñas. Para un mayor análisis de las inversiones de las grandes empresas leer este artículo de Juan Laborda: “Sí, en España la élites vivieron por encima de sus posibilidades”.

Ahora bien, si queremos saber cuántas grandes empresas existen en España puede que nos llevemos otra sorpresa. Según datos del Instituto Nacional de Estadística, solamente 4997 empresas de las 3.250.576 empresas que hay tienen más de 200 empleados (INE no clasifica por 250 empleados, como hace el Banco de España). Es decir, solo el 0,153% de todas las empresas españolas tiene más de 200 empleados. Deducimos por lo tanto que el 95% de toda la deuda empresarial española pertenece a menos del 0,153% de las empresas españolas. Son solo unas poquísimas empresas las que se han excedido e hinchado el sobreendeudamiento empresarial español.

La constatación de esta concentración de las deudas en tan pocas grandes empresas es totalmente contraria al mensaje extendido de que “todos hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”. Una vez recurrido a los indicadores económicos oficiales no queda más remedio que dar por falsa esta idea. Los datos demuestran que una parte muy importante del problemático sobreendeudamiento de la economía española es atribuible únicamente a las grandes empresas españolas. Por lo tanto, podemos y debemos decir valientemente y sin miedo que han sido principalmente las grandes empresas las que se han endeudado en cantidades astronómicas y las que han vivido por encima de sus posibilidades.

Anuncios
noviembre 8, 2012

La estafa de la deuda pública

Iturria: Vicenç Navarro / Publico.es – 2012/10/30

Según el pensamiento dominante en los establishments financieros, políticos y mediáticos que configuran la sabiduría convencional en el conocimiento económico, la deuda del Estado español (aproximadamente un 90% del PIB) se debe al excesivo gasto público realizado en el país durante los años de bonanza en los que se despilfarró el dinero público. Y para confirmar tal aseveración se citan casos como el del AVE, que en muchas partes de España apenas tiene pasajeros, o las carreteras que no llevan a ninguna parte y muchos otros ejemplos de derroche de dinero público que –según la sabiduría convencional- nos han llevado a la crisis actual. Un indicador de tal crisis es la elevada prima de riesgo que el Estado español tiene que pagar para poder conseguir dinero de la banca, pues ésta (conocida como los mercados financieros) está dejando de tener la confianza en la capacidad del Estado en poder pagar los intereses de su deuda pública. De ahí la necesidad de recortar gasto público a fin de disminuir el déficit y la deuda pública y recuperar así la famosa “confianza de los mercados”, la frase más utilizada en la narrativa oficial de los gobiernos español y catalán para justificar sus recortes presupuestarios.

La gran estafa

El crecimiento de la deuda pública, sin embargo, tiene muy poco que ver con la supuesta exuberancia del gasto público. En realidad, el gasto y empleo público español, incluyendo el catalán, son los más bajos de la UE-15. Sólo un adulto de cada diez trabaja en el sector público en España (en Catalunya no se llega ni a este ratio). En Suecia, es uno de cada cuatro. La hipertrofia del sector público, que según el dogma neoliberal dominante está ahogando la economía española, es una de las falsedades más notorias que se transmite con mayor frecuencia en los mayores medios de información. Los datos, fácilmente accesibles, muestran precisamente lo contrario. El Estado en España (y en Catalunya) es uno de los más pobres de la Unión Europea de los Quince, UE-15. Ahora bien, los economistas de FEDEA, los gurús mediáticos –como Xavier Sala i Martín y otros- continuarán, contra toda la evidencia existente, subrayando que la raíz del problema que tiene España, incluyendo Catalunya, es su excesivo gasto público, que –según ellos- ha generado el gran crecimiento de su deuda pública.

La causa real del crecimiento de la deuda

La causa más importante (y más silenciada por los medios) de la elevada deuda pública en España ha sido el dominio de la banca –y muy en especial de la banca alemana- y de las fuerzas neoliberales que ésta promueve en el diseño del euro y su sistema de gobierno. Veamos los datos. Tales fuerzas establecieron un Banco Central que no era un Banco Central, sino que era un enorme lobby de la banca. Lo que hace un Banco Central en un país es imprimir dinero y con este dinero compra deuda pública a su Estado, de manera que si los intereses de sus bonos se disparan porque el Estado tiene dificultad para venderlos, el Banco Central entra y compra muchos bonos, con lo cual los intereses bajan. El Banco Central está ahí para defender a su Estado frente a la especulación de los mercados financieros. En contra de lo que se dice y de lo que se escribe, los intereses de la deuda los decide un Banco Central, no los mercados financieros.

Ahora bien, cuando se estableció el euro, el Estado español perdió tal capacidad de imprimir dinero y comprar deuda pública. Se delegó tal autoridad al Banco Central Europeo, que sigue imprimiendo dinero pero no para prestarlo al Estado español (la compra de deuda pública, en la práctica, es un préstamo al Estado), sino para prestarlo a la banca privada a unos intereses bajísimos (menos de un 1%). Y es esta banca privada la que compra deuda pública a unos intereses elevadísimos (un 6% o un 7% en el caso español o italiano). Es un negocio redondo para la banca. El chanchullo del año. La banca, incluyendo la banca alemana, se ha forrado de dinero durante todos estos años. Nunca les había ido tan bien. Chupaban la sangre  (los altos intereses de la deuda pública) al Estado, y cuando éste parecía que iba a desmayarse o morir, entonces (y sólo entonces), el Banco Central Europeo le prestaba dinero al Estado, es decir, le compraba deuda pública para que continuara viviendo, a fin de que la banca privada, como sanguijuela, pudiera continuar chupándole la sangre (es decir, su dinero).

Este entramado, en el que el BCE da dinero a la banca privada a unos intereses bajísimos, se justifica con el argumento de que así se garantiza el crédito necesario para las familias y para las empresas medianas y pequeñas (que crean la mayoría de puestos de trabajo). Pero el crédito ni está ni se le espera. En realidad, a pesar de que el BCE ha dado desde diciembre de 2011 más de un billón de euros (sí, un billón de euros) a la banca privada (la mitad de este billón fue a la banca privada española e italiana), el crédito continúa escaso, pues la banca tenía otras inversiones (como comprar deuda pública) mucho más rentables que la de ofrecer crédito.

Cualquier persona normal y corriente se preguntará, ¿por qué el BCE no prestó este dinero a los Estados de la Eurozona en lugar de prestarlo a la banca para poder financiarse sin necesidad de pagar unos intereses tan elevados a la banca privada? Por extraño que parezca, nadie en la estructura de poder que gobierna la Eurozona se planteó, hasta hace muy poco, esta pregunta. Y ello, como resultado de estar imbuidos en el dogma neoliberal, que es la ideología promovida por el capital financiero, es decir, por la banca (además de las compañías de seguro, fondos de alto riesgo y un largo etcétera).

Si el BCE hubiera prestado el dinero al Estado español, en lugar de éste tener que pedirlo a la banca privada, el Estado hubiera ahorrado muchísimo dinero. El Estado, en lugar de pagar unos intereses al 6%, hubiera pagado al 1% (como pagan los bancos para obtener dinero del BCE), ahorrándose muchísimo, pero muchísimo dinero, sin que hubiera aparecido el problema de la deuda pública, y sin que se hubiera necesitado hacer ningún recorte de gasto público. Hoy, uno de cada cuatro euros que el Estado se gasta va para pagar su deuda pública, predominantemente a los bancos. Si hubiera recibido dinero directamente del BCE no habría habido ninguna necesidad de hacer recortes.

El economista Eduardo Garzón ha calculado (en su artículo “Situación de las arcas públicas si el estado español no pagara intereses de deuda pública”) lo que el Estado español tendría como deuda pública (desde 1989 a 2011) si hubiera tenido un Banco Central que le hubiera prestado dinero al 1% de interés, sin tener que recurrir a la banca privada pagando los elevadísimos intereses que ha pagado. Pues bien, la deuda pública sería hoy un 14% del PIB (sí, ha leído bien, un 14%) en lugar de un 90%. Este es el enorme coste al Estado español de haber tenido el sistema de gobernanza del euro tal como ahora existe, sistema de gobernanza que se diseñó para optimizar los intereses de la banca a costa de los intereses de la población y de su Estado. Hoy España, incluyendo Catalunya, no tendría los problemas que tiene si hubiera tenido un Banco Central propio digno de su nombre, o hubiera tenido un Banco Central Europeo que hubiera sido un Banco Central.

Las injusticias del sistema actual

El sistema de gobierno del euro es, además de sumamente ineficiente, profundamente injusto, pues está originando un proceso redistributivo enormemente regresivo en el que la gran mayoría de la población está pagando con impuestos el pago de los intereses de la deuda pública del Estado, y con ello está transfiriendo a los súper ricos (que compran los bonos a través de los bancos) dinero para pagarles lo que el Estado les debe al haber comprado deuda pública. Esta transferencia de dinero se realiza también a nivel de la Eurozona, de manera que los países que tienen que pagar intereses de la deuda más altos (los países del Sur) los pagan a los bancos del Norte (que han invertido cantidades muy significativas de su capital en comprar deuda pública de tales países que generan unos intereses exuberantes, alcanzando unos beneficios estratosféricos). Alemania tiene 200.000 millones de euros en tal tipo de inversiones en España. En realidad, los famosos 100.000 millones de euros que la Unión Europea puso al alcance de España para “salvar sus bancos” era, en realidad, dinero (aprobado por el Parlamento Alemán) para salvar a los bancos alemanes (tal como han reconocido varios economistas asesores del gobierno alemán) que estaban con el agua al cuello debido a la deuda pública y privada española, ya que tenían pánico a que no les pudieran pagar. Será el pueblo español el que pagará los 40.000 millones que el Estado ha pedido para pagar tal deuda, situación que es profundamente injusta. Si después de leer este artículo usted, lector, no está indignado, es señal de que, o bien es usted parte del problema o es que no me he explicado bien. En este caso, le aconsejo lea el libro de Juan Torres y yo, Los Amos del Mundo. Las armas del terrorismo financiero donde expandimos lo que brevemente presento en este artículo. Pero créame que hay causas para estar más que indignado. Hoy se está desmantelando el escasamente financiado Estado del bienestar en España, incluyendo en Catalunya, para que los bancos puedan comprar su deuda pública, la cual consiguieron diseñando un sistema en que sus beneficios, que afectan a un sector superminoritario (lo que los indignados estadounidenses Occupy Wall Street movement llaman el 1%) se realice a costa de la miseria de todos los demás. Así de claro. Léase el libro y lo verá.

octubre 29, 2012

O la deuda o nosotros

Iturria: rebelion.org / Mariucha Fontana – 2012/10/29

El rescate de la banca convertido en deuda pública es un atraco a los trabajadores y al pueblo para garantizar los beneficios privados de los banqueros y socializar sus pérdidas.

Los Presupuestos Generales del Estado para 2013 aprobados con el voto del PP en su primer trámite parlamentario, son una clara demostración de que gobiernan para la banca y están dispuestos a inmolar a los trabajadores y al pueblo para hacer lo que exige la troika en beneficio de los banqueros, los especuladores, los grandes empresarios y los millonarios. El rescate de la banca convertido en deuda pública es un atraco a los trabajadores y al pueblo para garantizar los beneficios privados de los banqueros y socializar sus pérdidas.

Las cuentas presentadas (ver el recuadro adjunto) tendrán gravísimas consecuencias para la vida del pueblo trabajador. El pago de las cargas y de los intereses de la deuda equivalen a la suma de los gastos de todos los ministerios. Como en una transfusión de sangre, un puñado de bancos absorbe toda la riqueza que los trabajadores producen, exigiendo aún más sobreexplotación. Con ello los recortes se profundizan, es un atraco sin fin a la clase trabajadora y al pueblo para mantener los beneficios del 1% de capitalistas. Nos enfrentamos a una disyuntiva en que o trabajamos y comemos o pagamos la deuda, una deuda que nos es nuestra sino de los banqueros y que nos conduce a un empobrecimiento sin precedentes.

Vivimos en una situación de permanente atraco. Los empresarios, aprovechándose de la crisis y de la reforma laboral, rebajan sueldos y abusan de una mano de obra joven altamente cualificada, pagando sueldos indignos. Los ERES no paran. Una cantidad enorme de parados están dejando de cobrar la prestación y no consiguen empleo, y cerca de dos millones de familias tienen ya a todos sus miembros en paro y sin ingreso alguno. Una situación que sigue empeorando, pues se profundiza la recesión y el desempleo superará el 25% en el 2013. Muchos trabajadores/as no cobran sus sueldos y se ven obligados a hacer huelgas para cobrarlo.

A esta situación insostenible, se le suman nuevos recortes en los Presupuestos del 2013, que el ministro de la Hacienda, Cristóbal Montoro, califica cínicamente como “los más sociales de la democracia”. En ellos a la reforma laboral, al “pensionazo”, al robo de la paga de navidad de los empleados públicos, al recorte de la prestación por desempleo, a la subida del IVA, de la luz y del gas, a los desahucios masivos, se les suman nuevos recortes en el gasto público y social para poder destinar más dinero aún a los bancos.

El gobierno anunció que “incrementaría” las pensiones en un 1%, casi dos puntos por debajo de la inflación. La difusión de la noticia de que la Seguridad Social acumula un déficit superior al 10% confirma que ni tan sólo ese 1% está garantizado, dibujándose en el horizonte nuevos “pensionazos”.

El propio ministro de Hacienda anuncia además que preparan nuevas “reformas estructurales”, 43 reformas legales que afectarán al mercado laboral y la política de empleo, la educación, las pensiones, el sector público, la ciencia, la competencia, el mercado inmobiliario, el sector primario y la seguridad jurídica…, es decir, un conjunto de leyes que profundizarán en los recortes y agresiones a la mayoría social.

Otro rescate, otro atraco

Los Presupuestos de 2013 han sido descalificados por el propio FMI y por la mayoría de los “expertos” y economistas de la burguesía por considerarlos “optimistas”, al basarse en un escenario de caída del 0,5% del PIB, cuando la recesión que ellos prevén es tres veces superior.

Es por ello que este presupuesto es visto como chapucero e increíble porque ni la recaudación será la prevista ni los gastos tampoco, ya que aumentará el desempleo y el paro, además de la deuda. Una deuda que cuanto más se paga, más se debe, dado que los intereses suben a voluntad de la banca y de los especuladores, con la troika exigiendo más recortes para pagarla.

De hecho estos Presupuestos son la antesala de un nuevo e inminente rescate. En la reciente reunión de jefes de Estado de la UE, el gobierno de Rajoy acaba de recibir la orden de Merkel de sumar los 40 mil millones del rescate bancario a la deuda del Estado, así como de que debe hacer efectiva la petición de rescate bajo “condiciones estrictas” supervisadas por la troika, es decir, una nueva reforma laboral y otro “pensionazo”, más desempleo y rebajas salariales, nuevos recortes sociales y el desmantelamiento de la educación, la sanidad y los servicios públicos.

La espiral a la griega es el camino a seguir en todo el sur de Europa. Grecia ya está a las puertas de un nuevo “rescate” con el que la troika (BCE, FMI y Comisión Europea) impondrá nuevos recortes. Ahora les exigen una nueva reforma laboral, cuyas medidas principales son la ampliación de la semana laboral a 6 días, la reducción de las indemnizaciones por despido, eliminar los aumentos salariales por antigüedad y congelar los salarios hasta que el índice de desempleo se sitúe por debajo del 10%. Además exigen más despidos masivos de empleados públicos (entre 5 y 15 mil).

El nuevo rescate que se avecina solo interesa a la banca y a las multinacionales españolas y supondrá un nuevo y profundo atraco al pueblo y a la soberanía del Estado español, que camina en dirección a la semicolonización. Como gritaba la gente en las manifestaciones del 13-O: “No queremos, no nos da la gana de ser una colonia de la banca alemana”.

No debemos, no pagamos

No hay salida a la crisis sin acabar con el pago de esta deuda ilegítima y sin romper con la Unión Europea del capital, con el euro y con la troika. Hablar de salir de la crisis en contra del PP sin dejar de pagar la deuda, como hacen el PSOE, CCOO y UGT y hasta Izquierda Unida, es seguir haciendo que el coste de la crisis de los capitalistas lo paguemos nosotros. La opción hoy es sencilla: o empleo, o pago de la deuda; o sanidad y educación públicas o pago de la deuda; o se come, se estudia y se tienen pensiones dignas o se paga la deuda. No hay otra alternativa.

CIFRAS DE LOS PRESUPUESTOS 2013

Rescate al banquero…

Subida del 33,8% de los intereses de la deuda a los bancos.

El 50% del presupuesto es para pagar la deuda.

la deuda ha crecido hasta el 90% DEL PIB.

El 80% de la “deuda pública” es del “rescate” de la banca.

…Recorte al obrero

Reducción del 6,3% en prestaciones para desempleo.

Reducción del 17,2% en Educación.

Recorte del 22,6% en Sanidad.

Reducción del 20% en dependencia.

Recorte del 25% en los servicios públicos.

octubre 29, 2012

La trampa del «sistema deuda», el mayor robo a la ciudadanía de la historia contemporánea

Iturria: cadtm.org – Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo / Jérome Duval – 2012/10/18

La deuda no es un fallo del sistema, sino un producto del mismo. Su abolición lleva implícita una profunda transformación política, económica, social y cultural.

Se utiliza la deuda como pretexto para imponer recortes, privatizaciones y reformas, un paso más en una estafa. Por eso, no quieren ver países librarse de la deuda, por eso siguen escrupulosamente endeudando Grecia con nuevos prestamos. Cuando se habla de reducción de deuda, de quita o alivio, es únicamente para que el reembolso vuelva a ser sostenible, para que el pueblo siga pagando, y sobre todo, para que cumpla con las condicionalidades ultra conservadoras que acompañan los prestamos. Esa es la trampa de la deuda: una vez sometido, no dejan salir de sus políticas de extorsión de riquezas, siempre se debe pagar el servicio de la deuda a los acreedores como el esclavo ofrece el servicio a su maestro. Nos quieren endeudados para que quedemos bajo la tutela de los poderosos prestamistas.

La situación actual en Grecia, Portugal, Irlanda, e incluso muy pronto en España, (visto que será “rescatada”), donde el FMI – junto con la Unión Europea y el Banco Central Europeo (BCE) – interviene directamente en los asuntos internos del Estado, nos recuerda la situación del Sur en la década de los ‘80. Ya no existe soberanía frente al sistema financiero. De hecho, el 15 de octubre (hasta el día 26) una misión del Fondo Monetario Internacional se quedara en Madrid para supervisar el proceso de reforma del sistema bancario español y preparar las futuras medidas de ajuste…

¿De donde viene el problema de la deuda?

1.Viene de una injusta política fiscal que disminuye los impuestos para las rentas altas y las empresas privadas mientras aumenta los impuestos sobre el consumo (IVA) que afecta a los más vulnerables que dedican todos sus ingresos a su sobrevivencia. 2.El Estado tuvo que endeudarse para rescatar a los bancos. A julio de 2012, la banca española ha recibido 208.000 millones de euros en ayudas públicas. A principio de la crisis el problema de la deuda del Estado español no venia de la deuda publica muy por debajo de los requisitos de Maastricht, venia del sector privado de las sociedades y entidades financieras. Después, el Estado se hizo cargo de una parte de la deuda privada con el rescate bancario, es decir hubo una transferencia de deuda privada al Estado, a la ciudadanía.

Todo eso no hizo más que aumentar el déficit de recursos y el Estado ha duplicado la deuda pública desde el principio de la crisis para colmarlo. No es porque el pueblo vivía por encima de sus posibilidades como nos lo repiten todos los días.

El pago de la deuda como prioridad absoluta

En septiembre del año pasado PP y PSOE acordaron cambiar la Constitución para incluir el pago de la deuda como prioridad absoluta en el gasto público. Así se confirma que el Estado tiene que satisfacer a los acreedores ante cualquier necesidad social como las pensiones, la educación o la sanidad. La puesta en marcha del MEDE (el mecanismo permanente europeo para el rescate de la banca y la austeridad perpetua), confirma esa prioridad y propone multas si un país no cumple con los requisitos de déficit.

La deuda se ha convertido en un potente instrumento de dominación, vinculado a planes de ajuste mortíferos, que desencadeno un neocolonialismo devastador en el sur, y ahora, en nombre de su sagrado reembolso, nos echa por tierra nuestro débil estado de bienestar en Europa, precariza la clase media y acaba con lo que queda de democracia. Se trata del mayor retroceso desde la segunda guerra mundial.

En nombre de la deuda, nos exigen sacrificios inhumanos, en nombre de la deuda nos imponen planes de austeridad sobre planes de austeridad, en nombre de la deuda nos cambian la constitución y recortan en sanidad y educación. Pero nunca, nunca, se lee en la prensa o se oye en boca de políticos, una alternativa potente, una propuesta que llevamos décadas proponiendo, un primer pasó para una posible salida de la crisis: EL NO PAGO.

El no pago porque es una necesidad urgente para restablecer los servicios sociales, pagar las nominas pendientes y no echar familias a la calle.

El no pago porque nos permitiría llevar a cabo una auditoria ciudadana para averiguar si esa deuda es legítima y si debemos seguir pagándola.

El no pago porque no podemos reembolsar una deuda que no nos beneficio y porque queremos enseñar el camino de la soberanía popular a otros pueblos.

En fin, para fomentar un frente de movimientos sociales euromediterráneos contra la austeridad y la deuda, para la auditoria ciudadana y el no pago.

Nos imponen sus notas, pero siempre es el mismo AAA, Austeridad, austeridad, austeridad que vivimos. Nosotras contestamos AAA: Auditoria, Anulación, Alternativa política.

Auditoria ciudadana de la deuda, Anulación de deudas ilegitimas, Alternativa política para un cambio radical de sociedad.

Adelante compañeras,

Unidos, desde abajo, podemos.

¡No debemos, no pagamos, la deuda no es nuestra!

15 de octubre: Día de Repudio de la Deuda en memoria de Thomas Sankara

“No hay crisis porque las masas rechazan que las riquezas se concentren en las manos de unos pocos individuos. Hay crisis porque algunos individuos depositan en los bancos extranjeros unas sumas colosales que bastarían para desarrollar África. Hay crisis porque ante las riquezas individuales a las que se puede dar un nombre, las masas populares se niegan a vivir en los ghettos y en los barrios bajos. (…) Hay lucha y la exacerbación de esta lucha hace que los defensores del poder financiero se inquieten.” «La deuda no puede ser reembolsada, porque en primer lugar, si no pagamos, los prestamistas no se morirán, estemos seguro de ello; en cambio, si pagamos, somos nosotros los que vamos a morir, estemos igualmente seguro de ello (…) Si solo Burkina Faso rehúsa el pago de su deuda, yo no estaré en la próxima conferencia.» Eso lo decía el “Che Guevara negro”, Thomas Sankara, ex presidente de Burkina Faso (1983-1987), en su discurso de Addis-Abeba, (Etiopia) ante la OUA en 1986. Fue asesinado el 15 de octubre de 1987. El 15 de octubre será el 25 aniversario de su muerte.

El decía también: «Fomentaremos la ayuda que nos ayude a prescindir de la ayuda». “ …las masas populares en Europa no son opuestas a las masas populares en África. Los que quieren explotar África son los mismos que exploten Europa. Tenemos un enemigo común.”

¡Rompamos las cadenas del endeudamiento!

¡Cambiamos el sistema!

octubre 24, 2012

Los intereses de los préstamos bancarios: ¿qué justificación tienen y por qué no deberíamos pagarlos?

Iturria: Rebelion.org – 2012/10/24

Cualquier persona que haya tenido que devolver un préstamo sabe lo que significan los intereses a la hora de pagarlo. Uno recibido, por ejemplo, al 7% supondría tener que devolver casi el doble del capital recibido al cabo de diez años.

Tanto es el peso de lo intereses que llevan consigo los préstamos que durante mucho tiempo se consideró que cobrarlos por encima de unos niveles determinados más o menos razonables se consideraba no solo un delito de usura sino una acción inmoral, o incluso un pecado grave que condenaría para siempre a quien lo cometiera.

Hoy día, sin embargo, casi todos los gobiernos han eliminado esa figura delictiva y a todo el mundo le parece natural que se cobren intereses legales de hasta un 30% (esto es lo que cobran en estos momentos los bancos españoles a los clientes que sobrepasen su línea de crédito) o que haya naciones hundidas en la miseria no exactamente por lo que deben sino por la cuantía de los intereses que han de pagar.

Los países de la Unión Europea renunciaron a tener un banco central que los financiara cuando necesitasen dinero y entonces tienen que recurrir a la banca privada en esas circunstancias. En consecuencia, en lugar de financiarse al 0%, o a un interés mínimo que simplemente cubra los gastos de administrar la política monetaria, tienen que hacerlo al 4, 5, 6 o incluso al 15% en algunas ocasiones. Y eso hace que cada año los bancos privados reciban entre 300.000 millones y 400.000 millones de euros en forma de intereses (¿tengo, entonces, que explicar quién estuvo y por qué detrás de la decisión de que el Banco Central Europeo no financiara a los gobiernos?).

Los economistas franceses Jacques Holbecq y Philippe Derudder han demostrado que Francia ha tenido que pagar 1,1 billones de euros en intereses desde 1980 (cuando el banco central dejó de financiar al gobierno) a 2006 para hacer frente a la deuda de 229.000 millones existente en ese primer año ( Jacques Holbecq y Philippe Derudder, La dette publique, une affaire rentable: A qui profite le système?, Ed. Yves Michel, París, 2009). Es decir, que si Francia hubiera sido financiada por un banco central sin pagar intereses se habría ahorrado 914.000 millones de euros y su deuda pública sería hoy insignificante.

En España ha ocurrido lo mismo. Nosotros hemos pagado ya, a cuenta de los intereses (227.000 millones en total desde entonces), tres veces la deuda que teníamos en 2000 y a pesar de ello ahora seguimos debiendo todavía el doble de lo que debíamos en ese año (Yves Julien y Jérôme Duval, España: ¿Cuántas veces tendremos que pagar una deuda que no es nuestra? ). Eduardo Garzón ha calculado que si un autentico banco central hubiese financiado los déficits de España desde 1989 a 2011 al 1%, la deuda ahora sería también insignificante, del 14% del PIB y no de casi el 90% ( Situación de las arcas públicas si el estado español no pagara intereses de deuda pública ) .

Y lo curioso es que estos intereses que cobran los bancos a las personas, a las empresas o a los gobiernos y que lastran continuamente su capacidad de crear riqueza no tienen justificación alguna.

Se podría entender que alguien cobrase un determinado interés cuando concediese un préstamo a otro sujeto si al hacerlo renunciase a algo. Si yo le presto a Pepe 300 euros y eso me impide, por ejemplo, pasar un fin de semana de vacaciones con mi familia podría quizá justificarse que yo le cobrase un interés por la renuncia que hago a mi disfrute. Pero es que eso no es lo que sucede cuando un banco presta .

Lo que la mayoría de la gente no sabe, porque los banqueros se encargan de disimularlo y de que no se hable de ello, es que cuando los bancos prestan no están renunciando a algo porque, como decía el Premio Nobel de Economía Maurice Allais, el dinero que prestan no existe previamente sino que lo crean ex nihilo, es decir, desde la nada.

El procedimiento es muy sencillo y lo explicamos Vicenç Navarro y yo en nuestro libro Los amos del mundo. las armas del terrorismo financiero (p. 57 y siguientes):

“Supongamos que Pedro se deja convencer por un banquero y deposita los 100 euros de los que dispone en un banco, a cambio de recibir un interés del 4% al año. En ese momento, el banco hace dos anotaciones en su balance, que es el libro en donde registra sus cuentas:

Por un lado, anota que tiene 100 euros como un activo (los activos son los bienes o los derechos sobre otros que tiene alguien), y más concretamente en concepto de dinero metálico entregado por Pedro.

– Por otro, anota que tiene un pasivo (los pasivos son las obligaciones de alguien) de 100 euros, puesto que ese metálico es en realidad de Pedro y tendrá que devolvérselo en el momento en que lo reclame.

Al hacerse este depósito tampoco ha cambiado la canti- dad de dinero en la economía. Sigue habiendo 100 euros, aunque ahora estén físicamente en otro lugar, en la caja del banco.

Ahora supongamos que otra persona, Rebeca, necesita 20 euros y veamos qué ocurre en la economía si Pedro le presta esa cantidad o si es el banco quien lo hace.

Si Pedro tiene 100 euros y le da 20 en préstamo a Rebeca la cantidad de dinero existente en la economía sigue siendo la misma: 100 euros, solo que ahora 20 están en el bolsillo de Rebeca y 80 siguen en el de Pedro. El préstamo entre particulares no ha alterado la cantidad de dinero total aunque sí produce un efecto importante: Pedro ha renunciado a poder gastar una parte de su dinero, los 20 euros que le presta a Rebeca.

Pero ¿qué ocurre si no es Pedro quien le da un préstamo de 20 euros a Rebeca sino el banco?

Rebeca irá seguramente atemorizada a la sucursal banca- ria preguntándose si el señor banquero le hará el favor de concedérselo. Pero el banquero no tiene duda: desde que recibió el depósito de Pedro está pensando que este, con toda seguridad, no va a retirar la cantidad depositada de un golpe, de modo que si deja una parte de esos 100 euros depo sitados para atender a sus reembolsos y encuentra a otra per- sona que desee un crédito puede hacer un buen negocio siempre que le cobre más del 4%.

Cuando llega Rebeca a su banco, el banquero se frota las manos y, aunque seguramente le pondrá pegas para disimular quién hace el favor a quién, le concederá enseguida el présta- mo deseado de 20 euros a un tipo desde luego superior al 4%, pongamos que al 7%.

Supongamos que le pone esa cantidad a su disposición en un depósito a su nombre y que le entrega unos cheques o una tarjeta con los que puede utilizarlo.

¿Cuánto dinero hay en la economía en el momento en que se concede dicho crédito?

Como la inmensa mayoría de la gente piensa que el dinero es simplemente el dinero legal, contestará que sigue habiendo 100 euros. Pero si entendemos que el dinero es lo que es, es decir, medios de pago, veremos claramente que hay más: Pedro puede hacer pagos con su talonario de cheques por valor de 100 euros y Rebeca puede pagar hasta gastar los 20 euros que le han dado de préstamo. Por tanto, desde el mismo momento en que se hizo efectivo el préstamo, en la economía hay 120 euros en medios de pago. No se han crea- do ni monedas ni billetes (siguen existiendo por valor de 100 euros) pero sí medios de pago que llamamos dinero bancario por valor de esos 20 euros”.  

Así es como los bancos crean dinero desde la nada cuando dan un préstamo. El banco crea el dinero en la medida en que crea deuda, pero lo cierto es que esta también se crea desde la nada: simplemente anotando el banco en el activo de su balance que los 100 euros que Pedro había depositado ahora se convierten en 80 mantenidos en la caja y 20 en un préstamo concedido a Rebeca y que esta se obliga a devolver. Si no fuese así, si el dinero que crean los bancos no naciese de la nada, la cantidad de dinero no podría aumentar, puesto que un billete o una moneda no pueden reproducirse materialmente a partir de sí mismos.

Y si sabemos estas cosas tan simples ya podemos responder a la pregunta del título: ¿qué justificación tiene que los bancos cobren intereses cuando conceden préstamos y por qué hemos de pagarlos?

La respuesta es clara: no hay ninguna justificación y no deberíamos pagarlos porque proceden de dinero creado de la nada. Si los pagamos es solo porque los banqueros tienen un privilegio desorbitado que nos imponen gracias a su enorme poder. Una agencia pública podría crear esos medios de pago sin ánimo de lucro y sin apenas ningún coste, simplemente controlando que se mantenga la proporción adecuada entre actividad económica y medios de pago.

Pero cuando la creación de dinero se convierte en el negocio de la banca, es lógico que esta lo cree sin cesar, promoviendo la mayor generación de deuda posible. La banca privada tiende a aumentar así la circulación monetaria sin necesidad, artificialmente, y sin que al mismo tiempo esté aumentando la circulación de activos reales (porque esto obviamente no está a su alcance).

Esta es la razón de que aumente tanto la deuda y no el que vivamos por encima de nuestra posibilidades o porque se gaste mucho en educación o sanidad, como nos dicen siempre.

Ya sabemos entonces lo que hay que hacer para que la economía funcione mucho mejor: acabar con el privilegio de la banca e impedir que pueda crear dinero desde la nada aumentando la deuda.

Otro día explicaré la forma alternativa en que podría funcionar perfectamente el sistema bancario sin que los banqueros disfruten de este privilegio que nos arruina constantemente.

octubre 24, 2012

Pagar la deuda es más paro

Iturria: Adrià Alos / En Lucha – 2012/10/24

La oración “Pagar la deuda es más paro” cuenta con dos elementos claves que hay que analizar para entender la relación directa que guardan entre ellos. El primer elemento: la deuda. Se crea cuando se establece la relación acreedor / deudor y como toda relación, los participantes tienen nombre.

El primer participante es el sistema financiero español, que, según el Banco Internacional de Pagos (BIS), tiene a principios de 2012, una deuda total de 571.519 millones de dólares. ¿Con quién? Principalmente, los otros dos protagonistas son los sistemas financieros alemanes y franceses, que osan de la privilegiada posición de acreedores.

Evidentemente, la propia naturaleza del epicentro capitalista, el banco privado, tiene como principal objetivo, cobrar la deuda insostenible para la banca privada. La herramienta para ello se convirtió la deuda privada en deuda pública mediante el famoso “rescate” del sistema financiero español, que por lógica pura no es más que el “rescate” de los sistemas financieros alemanes y franceses.

De repente, el Estado pasa a ser el deudor de la relación. Voilá! De un día para otro, los contribuyentes entran en la relación sin haberlo deseado. Para más inri, el documento que en el 99,9% de los casos se intocable, sagrado, y con poderes sobrenaturales, la Constitución, se cambia en 15 días, incluyendo “La regla de oro”: eliminar el déficit por encima de todas las cosas.

Pero volvamos con los acreedores, que por estar tranquilos necesitan una garantía de pago, la población que anteriormente no había tenido voz ni voto en el funcionamiento de la relación. Damos la bienvenida a los recortes.

La banca privada, en un momento donde su rentabilidad no pasa por sus mejores días, ve en el desmantelamiento de los sectores aún públicos, una oportunidad de negocio generalmente desaprovechado y una vez más, niega el crédito. El trabajador y la trabajadora ahogando su economía doméstica gracias a los recortes, millones de personas se ven privadas de sus derechos fundamentales y la pequeña empresa, el autónomo y la autónoma van desapareciendo y engrosar las filas del paro, el segundo elemento.

El paro, que acumula en Cataluña la terrorífica cifra de 632.457 personas y en el conjunto del Estado español de 5 millones de personas, crece día a día e incluye en él la mitad de los jóvenes, en teoría, el motor de las sociedades futuras , condenados a una vida precaria y al pago de una deuda ilegítima.

Mientras la disposición de los poderes políticos se centra en el pago de la deuda impagable, las grandes empresas, que siguen aumentando sus beneficios espectacularmente, encuentran, en la nueva reforma laboral un margen de precarización del trabajador y la trabajadora insultante. Además, la disposición de una mano de obra de reserva casi ilimitada, les permite reducir sistemáticamente sus derechos.

Una vez patente la relación entre los dos elementos, es hora de decir que no pagamos una deuda ilegal eilegítima, producido por un sistema capitalista salvaje. Estamos condenados al paro ya la precariedad por encima de nuestras posibilidades.

octubre 23, 2012

Peores males que no pagar la deuda

Iturria: Xavier Caño Tamayo / ATTAC Acordem – 2012/10/23

Como explica Ramonet, director de Le Monde Diplomatique, la minoría rica tiene una agenda oculta para desmantelar el estado social y privatizar los servicios públicos para apoderarse de ellos; los que garantizan el ejercicio de derechos sociales. Jeròme Duval, experto en deuda externa asegura que en Europa, como antes en América Latina y África, la deuda es modo de dominación para lograr esos objetivos.

Como recuerda Vicenç Navarro, una falacia sustenta la prioridad de reducir el déficit público: que la deuda es una carga para nuestros hijos en el futuro. Falso. El futuro de hijos y nietos no depende de la deuda; depende de la productividad y de la actividad económica. Y el dinero público dedicado hoy a educación, sanidad, bienestar social, investigación, infraestructuras y transporte no es gasto sino inversión. Por un futuro mejor.

Muchos economistas creen que no pagar la deuda pública de un país es malo. Pero bastantes consideran hoy que no pagar la deuda no es lo peor. Como dice Eric Toussaint, presidente del Comité para la Anulación de la Deuda, hay algo peor que no pagar la deuda: que los ajustes para pagarla tengan terribles consecuencias sociales. Veamos algunos casos de bondad del impago de deuda.

Se cumplen diez años de la suspensión del pago de la deuda argentina. Rodríguez Saa, elegido Presidente para 90 días (mientras se convocaban elecciones presidenciales) lo fue solo siete, pero en ese tiempo suspendió pagos de la deuda pública. Estudiosos y analistas de la crisis lo consideran el paso inicial para la recuperación de Argentina. El primer año fue duro, pero la economía mejoró enseguida y, desde 2002, todos los años (salvo dos) ha habido crecimiento superior al 8%; el más rápido en Occidente en los últimos nueve años y con las tasas de crecimiento más altas del mundo, según el Center for Economic Policy Research de Washington.

En 2003 el presidente elegido, Néstor Kirchner, comunicó al FMI que debía dejar crecer al país porque “los muertos no pagan deudas”. La deuda pública de Argentina era el 168% del PIB en 2002. En 2003, el gobierno Kirchner pactó otras obligaciones de pago con FMI, Banco Mundial, el Interamericano de Desarrollo y otros. En 2004 la deuda externa argentina era de 178.000 millones de dólares. En 2005 hubo canje de bonos argentinos en suspensión de pagos desde 2001. Se consiguió el 75% de quita de deuda y Argentina propuso otra quita del 66% de 81.000 millones de dólares de origen privado e hizo frente a juicios promovidos por grandes propietarios de bonos. La mayoría de acreedores no cobró; en Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Alemania e Italia intentaron embargar activos argentinos en el exterior, pero estaban protegidos por convenios internacionales.

La historia de la reestructuración de deuda de Argentina se considera ejemplar porque permitió que la tercera economía latinoamericana creciera de nuevo y con ímpetu en los últimos años.

Argentina lleva once años sin pagar 6.241 millones de dólares que debe al Club de París (varios países acreedores) y partidos de izquierda más organizaciones de Derechos Humanos han solicitado al gobierno que precise qué deuda hay que pagar a ese Club y no pagarla sin completar la auditoría que determine origen de la deuda, quiénes se beneficiaron y cuánto se ha pagado. Porque parte de esa deuda es de la dictadura militar: deuda ilegítima. Y las deudas ilegítimas no se pagan.

Otro caso notable es el de Islandia. Los islandeses han rechazado en referéndum dos veces pagar 5.000 millones de dólares que prestaron Reino Unido y Dinamarca para tapar la quiebra de un banco islandés. Al dejar de pagar, Islandia creció 2,5% en 2011 y la tasa de paro se redujo 1,5 puntos.

Y en Ecuador, el Presidente Correa también decidió no pagar la deuda y se ahorraron 7.000 millones de dólares que se invirtieron en partidas sociales. Entre 2006 y 2011, lo dedicado a pagar la deuda pasó de 24% a 7% de los presupuestos del estado y los gastos sociales aumentaron del 12% al 25%. La deuda pública descendió a su nivel histórico más bajo en relación al PIB: 22% en 2011. Se aumentaron salarios y pensiones, mejoraron las condiciones de vida, paro y contratos precarios decrecieron y disminuyó la pobreza. Según la CEPAL, Ecuador es el segundo país latinoamericano que ha reducido más su pobreza: 9 puntos menos. En 2011, 650.000 personas salieron de la pobreza.

No pagar la deuda externa no es malo. Es una legítima y excelente opción.

octubre 22, 2012

Las cifras de la estafa

Iturria: Ricardo Molero Simarro / Colectivo Novecento – 2012/10/22

El retraso en la aprobación de las medidas para constituir la denominada “unión bancaria” dentro de la UE va a hacer que se confirme lo que era un secreto a voces: el rescate a la banca privada (o privatizada) española va a ser definitivamente incorporado al montante de la deuda pública. Este va a ser el penúltimo paso del proceso de socialización de pérdidas privadas que estamos viviendo desde que comenzó la crisis. Una crisis que, como ya es evidente para una mayoría de la población, no es una crisis, sino una auténtica estafa. El montante al que está llegando dicha socialización es ciertamente difícil de calcular, pero es posible obtener una cifra aproximada con simplemente resumir las principales operaciones de rescate bancario que se han llevado y se siguen llevando a cabo.

Tenemos que empezar por recordar que, a pesar de la falsa retórica del “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”, como explica Eduardo Garzón, la deuda pública aún no supone más que un 20% del total de la deuda de la economía española. Hay que tener en cuenta, además, que esta cifra es de finales del año pasado, una vez que según los datos de la Comisión Europea la deuda estatal se ha prácticamente doblado desde su nivel anterior a la crisis, pasando de suponer un 36,3% en 2007 (uno de los niveles más bajos de toda la UE) a un 68,5% en ese año 2011 (una cifra que aún sigue siendo más baja que las de Alemania o Francia y, por supuesto, Grecia, Italia, Irlanda o Portugal). Es decir, que contrariamente a la extendida idea de que el problema de la deuda proviene del despilfarro del sector público y por ello la disminución de su tamaño y el recorte de los servicios que presta sería la solución a la crisis, en realidad, dicha deuda tiene una clara naturaleza privada.

No en vano, del montante total del endeudamiento de la economía española, el cual supera el 300% del PIB, un 80% lo constituye la deuda de bancos, empresas y familias. La deuda de estas últimas sólo representa un 25%, mientras que la de bancos y empresas supone un 75%. Y dentro de la deuda de las segundas, un 95% es deuda de las grandes empresas. Más aún, como también detalla Eduardo Garzón, el 40% de las familias de menor renta, dedican casi un 75% de la deuda que han contraído a la financiación de la hipoteca sobre su primera vivienda, algo cuya ostentación es un derecho social básico garantizado por la Constitución. Es decir, que contrariamente a la también extendida idea de que toda la población habría participado en la bacanal de la burbuja inmobiliaria y, por ello, tendría ahora que pagar la factura de la crisis, en realidad quienes habrían hecho negocio con la especulación inmobiliaria serían únicamente quienes tenían capacidad para ello: las familias de mayor poder adquisitivo, las constructoras, las promotoras y los propios bancos.

A pesar de que en su momento los beneficios del crecimiento económico generado con la burbuja quedaron en manos de muy pocos, desde 2008 las pérdidas de la crisis financiera que aquélla provocó no han dejando de canalizarse hacia las cuentas públicas. Según los datos de la misma Comisión Europea, el montante de ayudas estatales dadas a la banca entre 2008 y 2010, es decir, antes incluso de que el famoso rescate se pusiese en el horizonte, podría llegar a ascender a un 8,4% del PIB. Como explica Bibiana Medialdea, dicha cantidad, transferida al sector bancario en buena medida a través del FROB, se habría repartido en 10.800 millones de ayudas para recapitalizar los bancos, 55.830 de avales y garantías que se les habría dado para endeudarse con terceros y 22.180 millones en facilidades de financiación e inyecciones de liquidez. Estos importes, que pasaron a contabilizarse como deuda pública, explican, junto con la merma de ingresos fiscales generada por la crisis, que el monto de aquélla esté llegando al equivalente al 80% del PIB este año 2012, después de haberse incrementando el gasto en pago de los intereses que genera en un 80% entre 2007 y 2012.

Sin embargo, aunque esto supone una carga ilegítima para el Estado, esos fondos públicos dedicados a la ayuda del sector bancario no tendrían que haber supuesto tal incremento en los intereses. Si en vez de proveer de crédito público subvencionado a la banca privada, el Banco Central Europeo (BCE) se hubiese dedicado a financiar directamente a los Estados el precio de su financiación hubiese sido mucho menor. El problema último es que mientras desde el inicio de la crisis ha puesto a disposición de la banca privada europea una facilidad de crédito a un tipo de interés de entre el 1% y el 1,5%, el BCE tiene prohibido por sus estatutos prestar a los Estados. Lejos de canalizar este crédito hacia empresas o familias, dicha banca lo ha dedicado a la especulación con la deuda pública de países como España, obteniendo rentabilidades de más del 5% (diferencia entre esos tipos a los que le ha prestado el BCE y aquellos a los que el Estado español se ha visto obligado a colocar sus títulos de deuda). Para hacernos una idea de la magnitud de este mecanismo, según los datos del mismo Banco de España (BdE), el montante neto que la banca privada española había obtenido a través de él llegó a alcanzar el pasado mes de agosto la cifra de los 388.000 millones de euros.

Pero ni siquiera con este mecanismo, que ha contribuido decisivamente a multiplicar el montante de intereses pagados por el Estado, ha sido suficiente para sanear la banca. Según los cálculos realizados por la consultora privada Oliver Wyman, las entidades bancarias españolas aún necesitarían unos 55.000 millones de euros de inyección directa de capital por parte del sector público. Esta cifra es la que va a ser financiada con el dinero procedente del mecanismo de rescate de la UE. La cantidad que el Estado tomaría para el rescate de la banca privada incorporándola, como contábamos al principio, al total de la deuda pública, sería de 40.000 millones de un total de 100.000 millones de euros de los que estaría provista la línea de crédito abierta por la UE.

Sin embargo, tampoco estos fondos serían suficientes, ya que después de poner en marcha el rescate aún quedaría la guinda del pastel: la “limpieza” de los denominados “activos tóxicos” (principalmente derivados del mercado inmobiliario) presentes en los balances de la banca, los cuales, según los cálculos del BdE, superarían los 180.000 millones de Euros. De ellos, está previsto que el denominado “banco malo” que se dispone a crear el Gobierno adquiera unos 90.000 millones, cuya financiación, tal y como explica Antonio Sanabria, provendrá en buena medida de transferencias del FROB o estará garantizada por el Estado.

En total, todo ello supone que la ayuda pública dada a la banca privada desde 2008 ascendería a 218.000 millones de euros, equivalente aproximadamente al 20% del PIB de la economía española y a un tercio de la deuda pública en 2011. De ellos, al menos 73.000 millones serían ayuda directa. A estas cantidades habría que sumar los casi 400.000 millones provenientes de la facilidad de préstamo del BCE. Es todo ello lo que explica que, tal y como afirmé en un artículo anterior, en los Presupuestos Generales del Estado para el próximo año se hayan tenido que recortar 40.000 millones de gastos en servicios como la sanidad, la educación, la investigación y desarrollo, o la dependencia, como contrapartida a los, al menos, 38.000 millones de euros que va a suponer el pago de intereses de la deuda.

Según reza el lema de la Plataforma por una Auditoria Ciudadana de la Deuda, ésta es una deuda que no debemos y que, por lo tanto, no tendríamos que pagar. Lo primero porque es completamente injusto que sea asumida por toda la población cuando los que la han generado son, como hemos visto arriba, únicamente un grupo de privilegiados. Lo segundo, porque como apunta Miguel Montanyà, los rescates no funcionan. Y por último, porque las medidas para tratar de que lo haga nos están empujando, al igual que está pasando en Grecia, Irlanda o Portugal, hacia una auténtica dislocación económica y social. No en vano, la economía española se ha situado a la cola del crecimiento mundial, sólo por delante de Grecia, y las cifras de desigualdad y pobreza no se están sino disparando. Por ello, porque no debemos, y, sobre todo, porque no debemos pagar, esta semana toca volver a movilizarse. No hay otra manera de parar esta estafa.

octubre 14, 2012

No es nuestra deuda y No es nuestro rescate

Iturria: Quiendebeaquien.org /Alberto Garzón Espinosa – 2012/10/14

Según los datos del Banco Internacional de Pagos (BIS, por sus siglas en inglés) el sistema financiero español tiene a comienzos de 2012 un total de 571.519 millones de dólares en deudas pendientes de pago con otros bancos internacionales. No obstante, esta cifra es bastante inferior a la que se daba a finales de 2010 cuando la deuda total alcanzaba los 706.065 millones de dólares.

La mayor parte de esta deuda actual del sistema financiero español tiene su contraparte en los bancos alemanes (139.191 millones) y bancos franceses (115.261 millones), los cuales juntos poseen casi el 45% de la deuda total. Es decir, los bancos alemanes y franceses son los principales acreedores del sistema financiero español y, en consecuencia, los principales interesados en que las deudas se devuelvan.

Estos datos explican en gran parte el llamado “rescate al sistema financiero español”. Este “rescate” únicamente consiste en proporcionar recursos al sistema financiero español para que pueda hacer frente a sus deudas, aplicando como condición duros procesos de reestructuración interna. Así, y como tuve oportunidad de recordarle al ministro de economía hace unas semanas, no se trata realmente de un rescate al sistema financiero español sino de un rescate al sistema financiero alemán y francés. Porque determinados componentes de nuestro sistema financiero son recortados por el camino, tales como los trabajadores, los accionistas e incluso los estafados por las acciones preferentes.

Pero hay una cuestión aún más interesante desde el punto de vista de la economía política y que emerge cuando hacemos dos preguntas que van al corazón del problema: ¿debemos pagar estas deudas? y ¿son estas nuestras deudas?

Cualquier economista liberal se aterrorizará al pensar que hay quien propone no pagar e incluso no asumir como propias estas deudas. Puede ser que hasta los no economistas valoren muy negativamente la falta de moral de quien reniega de un compromiso asumido previamente. Pero lo cierto es que ni las deudas se pagan siempre –la historia económica está llena de siglos de impagos y reestructuraciones de deuda- ni las deudas han de ser asumidas por partes que no fueron las mismas que contrajeron el préstamo –el concepto de deuda odiosa o ilegítima-.

El liberalismo económico siempre ha sido una ideología justificativa de determinadas políticas económicas, pero poco consistente en la práctica. De hecho, lo verdaderamente liberal sería asumir que dado que los bancos españoles están en quiebra –y no pueden pagar por si mismos sus deudas- aquellos que les prestaron también habrían de sufrir pérdidas por haber hecho una inversión ruinosa. De otra forma, como ocurre en la actualidad, existe el llamado riesgo moral: cualquier banco alemán puede prestar a los bancos españoles, aunque sepa que es para apostar en un casino, porque saben que siempre serán rescatados.

La cuestión no puede analizarse, en consecuencia, en términos microeconómicos. Ha de estudiarse el contexto macroeconómico e institucional para poder dar una respuesta satisfactoria y eficiente a este problema tan inmenso.

Y tenemos que hacernos las preguntas adecuadas: ¿tiene sentido que los bancos alemanes que se arriesgaron prestando a bancos españoles, y ganaron tantos beneficios por ello, no tengan pérdidas ahora que se demuestra que fracasaron eligiendo a quién prestar? ¿tiene sentido, por otra parte, que las deudas de las entidades financieras tengan que ser pagadas por los trabajadores en forma de recortes sociales y económicos?

No olvidemos que la economía española tuvo una burbuja inmobiliaria, promovida políticamente por los gobiernos del bipartidismo, para poder escapar de su falta de competitividad internacional. Esto fue una especie de huida hacia delante, permitiendo que durante algunos años se creara mucho empleo y el dinero fluyera hacia los bolsillos de los empresarios de la construcción, de las empresas financieras y de los políticos corruptos. Pero ese crecimiento económico sólo fue posible gracias a que países como Alemania reciclaban sus ingresos comerciales por la vía de préstamos a la periferia europea. Es decir, el milagro español es la otra cara de la moneda del milagro alemán, y viceversa. Un modelo simbiótico en el que ambas partes se necesitan y en la que ambas son responsables en un sentido agregado. Porque una vez uno escarba en la superficie se encuentra con que los únicos que salían beneficiados de este modelo eran las grandes oligarquías de uno y otro país, con la mayor parte de la población de ambos sufriendo recortes en sus condiciones de vida.

octubre 14, 2012

¿Y si España no paga sus deudas?

Iturria: Finanzas.com / Cristina Vallejo Redactora de Inversión29012/10/09

Hay un grupo de economistas, especialmente los no ligados al “establishment”, los que no trabajan para bancos, ni para empresas, ni para gestoras de fondos, básicamente algunos de los que enseñan en la universidad o los que trabajan por su cuenta, que defienden desde hace tiempo que España no podrá hacer frente a sus deudas. Especialmente a la privada, que está conformada fundamentalmente por deuda bancaria. Desde hace poco, también dicen que el Estado no podrá hacer frente a sus compromisos por culpa de la ingente carga de intereses que pesan sobre la deuda pública. En otras palabras: España estaría abocada a hacer un “default”. Y sería una buena noticia.

En las últimas horas, desde que los países del club europeo de la “AAA” (Alemania, Holanda y Finlandia) se negaran a cumplir con el calendario previsto para la creación de la unión bancaria y, por tanto, para la recapitalización directa del sector financiero español, la probabilidad de un impago de España ha aumentado drásticamente. ¿Cómo podrá el Estado asumir la ingente deuda del sector financiero? Porque ha sido esto y no las manifestaciones ante el Congreso de los Diputados, ni el rescate andaluz, ni las elecciones en Cataluña, lo que ha disparado la prima de riesgo y ha provocado fuertes descensos en el Ibex y en otros índices europeos. El problema de España es la deuda bancaria. Para asumirla es para lo que se mete otra vez la tijera hoy en los presupuestos. Y también para pagar los intereses de la deuda pública. Porque el segundo problema, no hay que obviarlo, son esos rendimientos, artificialmente engordados por la rapiña de los acreedores. A río revuelto, ganancia de pescadores.

Lo que sorprende del grupo heterodoxo de economistas, entre los que hay nombres como el del catedrático de la Universidad de Sevilla Juan Torres López, el ex rector de la Universidad Complutense de Madrid Carlos Berzosa, o el profesor del IEB Alejandro Inurrieta, no es sólo su diagnóstico de la situación y que se resume en la frase “España no podrá pagar sus deudas”. Lo más importante y verdaderamente transgresor es el modo en el que desdramatizan esa posibilidad real y liberadora.

El problema, dicen, no es económico, sino político. El Gobierno debe convencerse de que parte de la deuda que hoy pesa sobre nuestros hombros es ilegítima: una parte de ella responde a la usura de los prestamistas; otra, a la irresponsabilidad de la gestión de agentes privados (y también de responsables políticos, o de empresarios metidos a gestores de lo público en pos de sus propios intereses: hablamos de las cajas de ahorros). No estaría mal realizar una auditoría de la deuda, como alguna vez se ha pedido en Grecia.

El Ejecutivo, una vez realizada esa auditoría, debería comenzar a negociar con los acreedores. Éstos, no hay duda, tendrían que sentarse a negociar. Y aceptarían las condiciones una vez negociadas. No habría otro remedio.

Pero no es una tarea fácil. Harían falta más condiciones además de un Gobierno concienciado por liberar a su pueblo de la esclavitud de la deuda. El propio pueblo también debería estar concienciado y respaldar a su Gobierno en esta decisión. Y debe ser fuerte. Porque lloverán piedras.

El gran freno a esta opción es pertenecer a la Unión Europea, lo que implica no contar con soberanía monetaria que supla la financiación externa con financiación propia, como ocurre en países como EE.UU., sin ir más lejos. Ser miembro de la Unión Europea implica, además, tener unos socios que velan más porque cobren sus acreedores privados que porque la Unión siga siendo (precariamente) democrática. Y nos estamos refiriendo, concretamente, a Alemania. Y se piensan que con recortes se aseguran cobrar.

Lo que sí nos aseguramos con estos recortes, sobre todo con el modo en que se están haciendo, es un brutal y, quizás, irreversible deterioro democrático. La deuda es la mayor esclavitud, porque los acreedores, ante un deudor acobardado, se convierten en dueños y señores. Por eso, estos economistas, en un foro en el que compartieron mesa, coincidieron en que “quitarse la deuda del medio es la única vía para que el pueblo vuelva a empoderarse”.

Carlos Berzosa hizo una recomendación que me apunté. Dijo que para entender de verdad las consecuencias de la deuda odiosa hay que leer, en lugar de sesudos manuales de Economía, una novelita de Gabriel García Márquez, “La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada”. Aún no la he leído. La dejo para cuando termine “La conquista del aire”, de Belén Gopegui, que también habla de préstamos, de esos que te piden los amigos y das a regañadientes, para no quedar mal, pero luego te arrepientes. ¿Les suena?

A %d blogueros les gusta esto: