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marzo 14, 2013

Artillería jurídica contra la deuda externa

Iturria: Enric Llopis / Rebelion – 2013/03/13

La coordinadora del CADTM en Bélgica, Cécile Lamarque, reivindica los derechos humanos para que no se pague la deuda ilegítima

“No debemos, no pagamos”. Para materializar esta sencilla consigna hace falta acumular fuerza política. Pero también argumentos. Algunos de ellos, los de carácter jurídico, los ha expuesto en la Facultat de Ciències Socials de València, Cécile Lamarque, coordinadora del Comité por la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo (CADTM) en Bélgica. Un arsenal de razones jurídicas para no pagar la deuda ilegítima a los acreedores.

En un acto organizado por la Plataforma Auditoria Ciutadana del Deute-País Valencià, Clínica Jurídica de la Facultat de Dret y el Instituto de Derechos Humanos de la Universitat de València, Cécile Lamarque ha subrayado que la deuda se utiliza como “excusa” -en la realidad europea- para imponer políticas de austeridad y recortes. “Se nos dice que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”, pero ¿a qué responde realmente el aumento de la deuda externa, sea pública o privada?

Primero, al “alza explosiva” de los tipos de interés en la década de los 80, coincidiendo con la llegada al gobierno de Reagan en Estados Unidos y Thatcher en Gran Bretaña; además, a la aprobación de sucesivas contrarreformas fiscales para el beneficio de los grandes patrimonios y las rentas más altas, que han menguado los ingresos estatales; a dos tratados, primero el de Maastricht y después el de Lisboa, que fuerzan a los estados a financiarse en los mercados internacionales en lugar de hacerlo a través del Banco Central Europeo (BCE), a una tasa de interés muy inferior; por último, al coste de los planes de rescate y las maniobras de las agencias de calificación rebajando la nota de los estados. Es decir, “el endeudamiento en los países europeos no deriva de un incremento del gasto público”, subraya Lamarque.

El pago de la deuda y los planes de austeridad ahogan a las poblaciones del sur. Frente a lo que muchos ya califican de “austericidio”, el CADTM propone la realización de Auditorías Ciudadanas que delimiten qué parte de la deuda es ilegítima y, por tanto, no debe pagarse. Hay argumentos jurídicos que avalan las alternativas al binomio recortes-pago de la deuda. Por ejemplo, el último informe del experto de la ONU sobre deuda exterior, de abril de 2012, afirma que los estados acreedores y las instituciones financieras “no deben aprovechar las crisis para imponer reformas estructurales en los estados deudores”. También se explica en el mismo informe que los acreedores “no deberían imponer como condición de los préstamos o del alivio de la deuda, la aplicación de políticas como la privatización, la capitalización, la liberación del comercio, la desregulación de las inversiones o la liberalización del sector financiero”. Pero, afirma Cécile Lamarque, “la Troika impone actualmente estas medidas a los países de la periferia europea”.

Los Comités por la Auditoría de la Deuda priorizan la acción política de los ciudadanos para cancelar la deuda ilegítima al tiempo que desconfían de los tribunales y los mecanismos de arbitraje, “pues suelen dar la razón a las multinacionales y a los acreedores”, asegura la coordinadora del CADTM de Bélgica. “El derecho es siempre fruto de la correlación de fuerzas”, agrega. Por eso los argumentos jurídicos y las auditorías han de estar al servicio fundamentalmente de la lucha ciudadana. Siguiendo con las razones procedentes del Derecho, la activista recuerda que los estados “no tienen la obligación absoluta de reembolsar una deuda; deben hacerlo si se trata de deudas contraídas por el interés general”. Para ello, añade, puede invocarse la Carta de la ONU (1945); la Declaración Universal de Derechos Humanos (1948) o la Declaración sobre el Derecho al Desarrollo (1986), entre otros textos.

El Derecho Internacional podría convertirse en un valioso aliado, de no ser porque las resoluciones de Naciones Unidas suelen quedarse en “papel mojado”. Una resolución del 18 de julio de 2012 llega a afirmar que todo estado “tiene la responsabilidad de promover el desarrollo económico, social y cultural de la población (…) y no verse condicionado por fórmulas específicas de políticas económicas externas”. En otros casos, los estados pueden alegar motivos de fuerza mayor que les imposibilitan pagar las deudas. Según el Derecho Internacional, los estados también pueden ampararse en el “estado de necesidad” (“peligro para la existencia del estado y para su supervivencia política y económica”). Afirma Cécile Lamarque que Grecia podría invocar este principio para no reconocer parte de la deuda con los acreedores internacionales.

En los países de la periferia europea podría asimismo aplicarse el criterio sostenido por el experto de la ONU sobre deuda externa en su último informe: “cuando por causas ajenas a la voluntad del estado prestatario cambien las circunstancias, puede justificarse una moratoria de la deuda”. ¿Cuáles serían estas circunstancias? Por ejemplo, según la activista del CADTM, el incremento de los tipos de interés que se duplicaron en el periodo 2010-2011 respecto a 2008-2009. Otras veces el arsenal jurídico contra la deuda requiere de menos pormenores. Basta con invocar los principios generales del derecho internacional cuando se refieren a la “equidad”, “buena fe”, “abuso de derecho” o “fraude”.

Puede, así pues, tirarse de argumentario jurídico para considerar ilegítima una deuda contraída. También la casuística histórica es muy extensa y abundan los ejemplos a partir de los cuales podría reivindicarse el impago. Es el caso de las deudas contraídas por dictaduras, y que deben costear el conjunto de la población. Así, el CADTM reivindica este principio para las deudas contraídas por los regímenes recientemente caídos de Túnez y Egipto. “Se podría haber aplicado asimismo en las dictaduras militares de Grecia, Portugal o España”, subraya Lamarque. En contexto y época diferentes, tras la invasión de Iraq en 2003, el Club de París (foro internacional de países acreedores y deudores) consideró “odiosa” la deuda que mantenía este país y canceló el 80% de la misma. Aunque se tuvo cuidado en no difundir la noción de “deuda odiosa” por miedo a que cundiera el ejemplo.

Deudas ilegítimas por condicionalidades vinculadas a los préstamos. Éste es uno de los criterios con mayor potencial de materialización hoy en la Unión Europea. La deuda de los países de la periferia se halla íntimamente ligada a las políticas de austeridad e incluso a la imposición de gobiernos “títeres” (caso de Italia y Grecia). Lamarque también señala la posibilidad de declarar ilegítimo el endeudamiento producido por la compra de material militar (el ejemplo griego). O el derivado de la construcción de infraestructuras y grandes proyectos que afecten a las poblaciones y al medio ambiente.

No faltan ejemplos a los que acogerse y tomar como referencia. Algunos los cita el politólogo y jurista Joan E. Garcés en el epílogo de su libro “Soberanos e Intervenidos” (Ed. Siglo XXI), donde concluye que el empréstito “ha sido uno de los instrumentos financieros utilizados para intervenir, dividir o dominar a pueblos enteros”. En 1899, explica Garcés, Estados Unidos pidió que España asumiera las deudas contraídas por los cubanos alzados contra la corona. Un año antes, Reino Unido y Alemania suscribieron un acuerdo secreto para conceder un préstamo conjunto a Portugal y, anticipando que no podría reembolsarlo, repartirse en compensación los territorios portugueses de Angola, Mozambique y Timor, explica Garcés.

En el mismo libro se citan otras muestras de resistencia. Tras el pánico financiero de 1837, los estados de Mississippi, Arkansas, Florida y Michigan repudiaron la deuda pública contraída con inversores extranjeros. Se adujo que estas inversiones no habían producido beneficios. En 1860, el presidente mexicano Benito Juárez rechazó la deuda suscrita durante el régimen del general Zuloaga (1857-1860). Estados Unidos también obligó a repudiar la deuda que los estados confederados habían contraído con Francia y Reino Unido entre 1861 y 1865. Detalla Joan E. Garcés, asimismo, que tras 1877 los estados de Alabama, Arkansas, Luisiana, Carolina del Norte, Carolina del Sur y Tennessee consideraron ilegítima la deuda pública contraída entre 1865 y 1877, porque el gobierno había actuado, se dijo, de manera corrupta y en beneficio propio.

En definitiva, resume Cécile Lamarque, hoy “el pago de la deuda se impone como condición absoluta; los estados lo aceptan para satisfacer a los mercados financieros”. De ahí nace la iniciativa de las Auditorías Ciudadanas. En Argentina (2001) se suspendió el pago de la deuda y ello no supuso, al contrario, una tragedia económica. En marzo de 2005, la Cámara de Representantes de Nigeria aprueba repudiar la deuda externa contraída por la dictadura militar. En 2010 y 2011 los ciudadanos islandeses decidieron mediante referéndum oponerse al reembolso de la deuda exterior, así como llevar a juicio a los gobernantes responsables.

Rafael Correa en Ecuador (2008) dejó de pagar, tras la realización de una auditoría con participación de los movimientos sociales, parte de la deuda exterior con la banca privada. Éste es uno de los grandes paradigmas aunque, según Cécile Lamarque, “podría haber llegado más lejos”. Grecia, Italia, Irlanda, Francia, Bélgica, Irlanda, Inglaterra, Portugal, España, Túnez, Grecia…Proliferan las plataformas por la auditoría de la deuda con la implicación de la sociedad civil. Trabajan en red para coordinar las luchas. “Porque el endeudamiento es un problema crónico del Sur, de los países periféricos de todo el mundo”, concluye Cécile Lamarque.

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julio 9, 2012

«El capitalismo sabe moverse perfectamente en el caos»

Iturria: Gara.net – 2012/07/09

El profesor e intelectual belga considera que el capitalismo «no va a morir como consecuencia de una crisis terminal, sino por la acción consciente de los pueblos».

Eric Toussaint:  Doctor en Ciencias Políticas de la Universidad de Lieja.
Este intelectual belga es también doctor en Ciencias Políticas de la Universidad París VIII, presidente del Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo (CADTM) y miembro del Consejo Internacional del Foro Social Mundial desde su fundación en 2001. Asimismo, es miembro del Consejo Científico de Attac Bélgica y Attac Francia.

Toussaint estuvo la semana pasada unas horas en Euskal Herria. Su visita tenía por objetivo impartir una conferencia bajo el título «Alternativas: la auditoría de la deuda». Y es que la deuda, sobre todo «la ilegímita» que pretenden hacer pagar al Tercer Mundo es lo que mejor conoce. Sin embargo, este estudioso de la política y la economía tiene las ideas muy claras sobre las razones de la crisis que asola al mundo y, por tanto, a Europa y Euskal Herria.

Lo que estamos sufriendo en Europa, ¿es una de tantas crisis cíclicas del capitalismo o es algo más profundo o más grave?

Son las dos cosas. Es una crisis cíclica, eso sí la mayor desde los años 30 del siglo pasado, pero al mismo tiempo, por acumulación de contradicciones, es una crisis sistémica con dimensiones interconectadas en todo el mundo. Ya sé que para la ciudadanía del País Vasco las dimensiones bancaria e inmobiliraria son las más visibles, pero para los pueblos del Sur del planeta es una crisis alimentaria, climática… Aunque parezca que son temas diferentes, la realidad es que la crisis alimentaria está totalmente relacionada con la crisis bancaria y financiera. La pregunta es por qué se desató esa crisis desde la especulación financiera que iba hacia el sector inmobiliario, principalmente en Estados Unidos, y luego se desplazó hacia los llamados ‘futuros de granos’ que son el trigo, el maíz, arroz y otros tipos de cereales. Esto provocó un alza de los precios de los alimentos básicos y eso afecta directamente al Tercer Mundo.

El FMI es un organismo internacional que se supone plantea respuestas a los problemas económicos de los estados y, sin embargo, no hay ni uno solo, en particular del Tercer Mundo ,que haya superado los problemas con sus recetas.

No, para nada, no hay ni uno. Todos los países del Tercer Mundo que implementaron las políticas del FMI a partir de los años 90, y ahí podemos incluir los países del exbloque soviético, algunos de la UE e incluso de la zona euro, que aplicaron las recetas del FMI se encontraron después con una situación más grave que antes de ponerlas en práctica. Economistas que no se puede calificar de radicales o de izquierda como Joseph Stglitz -Premio Nobel de Economía en 2001- escribió varios libros polémicos contra el FMI. Hasta tal punto estaba mal el FMI que, antes de la explosión de la crisis en Europa en 2008, no tenía para sus recetas más clientes que Turquía y había tenido que despedir a una parte de sus empleados. Gracias a la crisis y a la creación del G-20 entre 2008 y 2009, que le encargó ayudar a los países en crisis, el FMI logró volver sobre su senda y manejar más financiación para intervenir en la crisis, brindando su apoyo a una nueva ofensiva neoliberal contra los derechos de los pueblos y los trabajadores.

Las fórmulas propuestas desde la UE, el BCE y el FMI que tienden a reducir los gastos públicos, fomentar rescates de bancos o grandes corporaciones con dificultades o en quiebra técnica, fomentar las privatizaciones de empresas o sociedades públicas… ¿nos van a sacar de la crisis o simplemente la van a aplacar por un tiempo?

Este tipo de soluciones propuestas por la Troika -FMI, Banco Central Europeo y Comisión Europea- profundizan y prolongan la crisis. En una crisis como ésta lo elemental es incentivar la actividad económica a través del gasto público y el consumo privado, y lo que decidieron implementar ellos como política fue justo lo contrario: reducir al gasto público, salvo para el pago de la deuda -que eso sí aumenta-, reducir la inversión o gasto social de ayuda a las víctimas de la crisis, congelación salarial, despidos, reforma neoliberal de las jubilaciones y aumento del trabajo precario. Todo esto disminuye el poder de compra de la mayoría de la población, disminuye el consumo privado e impide incentivar la actividad económica. Son conscientes de que proponen llevar una política que va a suponer unos años de depresión económica, pero su objetivo no es el crecimiento económico a corto plazo sino terminar la obra emprendida por Margareth Thatcher y Ronald Reagan hace 30 años. Se trata de culminar la obra de destrucción de lo que queda del Estado de Bienestar, construido a lo largo de varias décadas en el Siglo XX por las luchas de los asalariados que mejoraron sus condiciones de vida. Quieren dar esos derechos al capital en contra de la ciudadanía.

¿Qué futuro le ve a la UE y al propio euro?

Es complicado predecirlo, porque el capitalismo y sus dirigentes, su clase política, pueden perfectamente gestionar un caos. El caos no es para ellos la mejor solución, pero de alguna manera el caos les permite implementar una terapia de choque con el pretexto de superar el propio caos. Ellos gestionan el caos, no adoptan las medidas que permitirían solucionar la crisis sino que aprovechan el caos para limitar libertades sociales, cívicas, sindicales… Por eso es complicado decir si se va a mantener la UE o el euro. Podemos seguir con una UE caótica, con una zona euro en crisis. Se puede imaginar incluso la expulsión de un país como Grecia si un gobierno de izquierda llega al poder, lo que tampoco significaría un desastre para los pueblos. Un gobierno de izquierda radical puede volver a una moneda nacional soberana y tomar medidas para proteger el nivel de vida de la población y hacer reformas fiscales, proteger a los productores locales e incentivar la producción local para disminuir las importaciones y, sobre todo, repudiar la parte ilegítima de la deuda, que suele ser la mayor parte, para disminuir el peso del reembolso de esa deuda. Hay varios escenarios. Grecia podría mantenerse en la zona euro, porque no hay un mecanismo determinado para expulsar a un miembro, pero también Grecia puede salir y encontrar sus soluciones si hubiera un gobierno que implemente un plan alternativo.

¿Es posible una revuelta social en Europa?

El movimiento M-15 en España, los movimientos sociales en Grecia, los movimientos en Francia de otoño de 2010 contra la reforma de las jubilaciones de Sarkozy, la huelga general en el Estado español… demuestran que hay un índice importante de descontento social con participación en distintos países de una nueva generación que utiliza métodos que son diferentes al movimiento sindical tradicional, porque no se trata tanto de huelgas como de ocupación del espacio público, de desobediencia civil. Hay muestras de descontento social. El desafío es lograr que sea un movimiento europeo para superar la fragmentación país por país. Hay que luchar a nivel local, pero hay que ir de lo local al nivel europeo, porque las políticas se definen a nivel nacional, pero cada vez más en el marco europeo y en el internacional.

El movimiento de los indignados o también llamado 15-M ¿está ya amortizado por los poderes políticos y económicos o tiene algún futuro?

Estamos en una situación en la que los gobiernos reaccionarios de Europa tienen miedo. Por ejemplo, temían lo que podía decidir el pueblo griego en las elecciones, de ahí la presión y el chantaje que se ha hecho sobre ellos. Hay que reconocer que hasta ahora el movimiento de protesta no ha logrado desestabilizar los gobiernos. Aún así, sí le veo futuro porque nada está escrito sobre el futuro. El futuro depende de la capacidad de las nuevas generaciones para extraer lecciones de las etapas previas y mejorar así su nivel de organización, dotarse de propuestas y pensar su estrategia. Eso significa lucha política y social para derrumbar a los gobiernos, porque los gobiernos no van a hacer concesiones. O los tumbamos y entramos en una nueva fase, o ellos se mantendrán en el poder y da igual su impopularidad porque pueden sobrevivir porque les da igual el respeto a la democracia.

Aquí, en Euskal Herria una parte importante de la población aboga por la independencia de España y Francia para plantear una salida propia y alternativa a la crisis ¿lo ve factible? ¿es una buena idea?

Yo creo que sí hay opciones. Hay países pequeños en la Unión Europea, por ejemplo Eslovenia que está en la UE y en la zona euro, por lo que hay posibilidades para un pueblo de dotarse de un Estado y luego obtener su reconocimiento. Pero, al mismo tiempo, necesitamos una colaboración de alto nivel entre los pueblos europeos para lograr implementar una política alternativa. Un pueblo en un rincón de Europa frente a la UE puede tener algún pequeño margen de maniobra, pero para lograr un futuro diferente en favor de los pueblos es absolutamente necesario tener una estrategia internacionalista, contar con más pueblos.

Las diferencias entre los países ricos y pobres son las mayores de la historia de la humanidad, y más de medio mundo vive en sumido en la pobreza. ¿Sobrevivirá este sistema?

Este sistema es injusto, provoca disgusto en gran parte de la población y de la opinión pública a pesar del discurso hegemónico y la letanía de los grandes medios de comunicación y los gobiernos, pero, al mismo tiempo funciona, porque el capitalismo sabe moverse perfectamente dentro del caos. El metabolismo del capitalismo funciona por ciclos de crisis, puede moverse en situación de guerra y con un montón de guerras. Incluso cuando hay guerras entre países capitalistas, el capitalismo se mantiene. Para superar este sistema capitalista y productivista se requerie una acción conjunta y consciente de la ciudadanía de los pueblos. El capitalismo no va a morir como consecuencia de una crisis terminal sino por la acción consciente de los pueblos, lo que implica dotarse de un programa, de una estrategia y mejorar el nivel de organización de los oprimidos.

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