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noviembre 14, 2012

La austeridad se impone a la democracia

Iturria: Antoni Jesús Aguiló / Diario de Mallorca – 2012/11/07

La perversión del lenguaje, la manipulación de las palabras y la apropiación interesada de los conceptos se ha convertido en una de las principales formas de corrupción de nuestro tiempo. ¿Se acuerdan del famoso pasaje de Alicia a través del espejo en el que Humpty Dumpty impone de un plumazo su autoritarismo lingüístico? “Cuando yo empleo una palabra significa exactamente lo que yo quiero que signifique: ni más ni menos” [1]. La corrupción semántica desfigura el sentido de las palabras para que signifiquen lo contrario de lo que quieren decir y se ajusten a los intereses particulares de quien las emplea. Se crean así eufemismos para suavizar la realidad. Es lo que está ocurriendo con la apropiación que el neoliberalismo ha hecho de la palabra “austeridad”.

La austeridad nunca ha sido un principio inscrito en el ADN ideológico del liberalismo (o del neoliberalismo actual). Se trata de un término que tiene una notable presencia en la historia de la filosofía moral y de las tradiciones religiosas, donde, en términos generales, forma parte de una opción de vida que la orienta hacia la moderación, el autocontrol, la templanza y la simplicidad. Este tipo de austeridad está cerca, por ejemplo, de la sabiduría epicúrea de disfrutar de las pequeñas cosas (“el pan ordinario y el agua –escribe Epicuro– dan una suavidad y deleite sumo cuando un necesitado llega a conseguirlos” [2]) y lejos de la codicia de Bernard Madoff o del suntuoso palacete de Jaume Matas. Desde esta óptica, la austeridad es una práctica que no casa bien con los valores individualistas, consumistas y competitivos de nuestras sociedades. Dado el espíritu anticonsumista y antimercantilista de la austeridad, una persona austera tendría que ser declarada poco menos que antisistema por la cultura neoliberal dominante.

Gran parte de Europa se está tragando la amarga medicina de la austeridad prescrita por la misma ideología que causó la crisis. La élite gobernante de banqueros, políticos, tecnócratas no elegidos y medios de comunicación al servicio del neoliberalismo recurre al lenguaje de la austeridad como remedio necesario. “No hay mejor protección contra la crisis de la eurozona que el éxito de las reformas estructurales en el sur de Europa”, declaraba estos días a la prensa alemana el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi.

Es fundamental desenmascarar la apropiación neoliberal de este lenguaje. En el contexto actual, los planes de ajuste y austeridad de la troika (FMI, BCE y CE) y el Gobierno no son, como se pretende hacer creer a la opinión pública, una política de racionalización, contención y moderación del gasto público para luchar contra la crisis, sino una forma deliberada de expandir el neoliberalismo. La eufemísticamente llamada austeridad es un componente central de la actual estructura social de acumulación del capitalismo neoliberal, el entramado político-institucional favorable al proceso de acumulación capitalista; una acumulación que, como explica David Harvey [3], se basa en la desposesión de derechos, rentas, recursos públicos y conquistas democráticas a terceros (trabajadores, parados, funcionarios, estudiantes, pensionistas, desahuciados, etc.).

El modelo de austeridad presenta tres características básicas que invocan los principios ideológicos del neoliberalismo: 1) busca afianzar su legitimidad social con el discurso del miedo, de la inevitabilidad y la falta de alternativas. “No hay alternativa” fue la consigna ideológica con la que Margaret Thatcher pretendía convencer de que sus políticas neoliberales eran las únicas posibles. 2) Las medidas de austeridad se adoptan para satisfacer al mercado, visto como solución radical para los problemas económicos y sociales. 3) Es un modelo que elude la responsabilidad individual y promueve la socialización de la culpa y el sacrifico, tal y como lo reflejan planteamientos como “el Estado del bienestar es insostenible” (Aznar) o el manido discurso de que los ciudadanos “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”.

Cada vez es más evidente que la “cura” a base de austeridad está profundizando la crisis en Europa sin resolver ninguno de los problemas que justificaron su adopción. Sus consecuencias sociales se hacen sentir: precariedad, niveles catastróficos de desempleo, aumento de la pobreza, debilitamiento del sector público, degradación de la protección social y, como telón de fondo, destrucción de la democracia keynesiana. El neoliberalismo es a la democracia lo que la carcoma a la madera. Las pretensiones del neoliberalismo pasan por convertir la democracia en una plutocracia usurpadora, en una oligarquía de ricos capaz de imponer su voluntad sobre una masa poblacional desprovista de derechos económicos y sociales y con derechos civiles restringidos, como los de manifestación y expresión. La transformación del Estado del bienestar en curso va en este sentido. El neoliberalismo es hijo de una cultura política que consagró antes el derecho a la propiedad privada que el derecho a la salud.

Una democracia sin contenido social no es democracia; es un régimen de ciertas libertades políticas que por sí solas no garantizan la lucha contra la desigualdad socioeconómica y la pobreza. Nuestra democracia formal permite que en la práctica haya personas que vivan, sobrevivan (y a veces mueran) sin derechos económicos y sociales. Hace aproximadamente un año, el por entonces candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos, Newt Gingrich, declaraba que las leyes laborales infantiles eran “estúpidas” y proponía que los niños desfavorecidos mayores de 9 años pudieran trabajar a tiempo parcial. Gingrich reivindicaba sin complejos el derecho a explotar. Los intentos de conciliar democracia y neoliberalismo pueden llevar a la Europa de la austeridad a toda costa al borde del genocidio social. ¿Habrá que volver a los tiempos de Dickens para radicalizar la conciencia de la necesidad de un cambio económico, social y político?

Notas

[1] Carroll, Lewis (1998): Alicia anotada: Alicia en el país de las maravillas. A través del espejo, edición de Martin Gardner, Akal, Madrid, pág. 252.

[2] “Carta a Meneceo”, en Laercio, Diógenes (1887): Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres. Tomo I, edición publicada por Luis Navarro, Biblioteca Clásica, Madrid, pág. 289.

[3] Harvey, D. (2003): El nuevo imperialismo, Akal, Madrid.

Antoni Jesús Aguiló es investigador en filosofía política del Núcleo de Estudios sobre Democracia, Ciudadanía y Derecho (DECIDe) del Centro de Estudos Sociais de la Universidad de Coímbra (Portugal).

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noviembre 10, 2012

Tramposos banqueros

Iturria: Ignacio Ramonet / Le Monde diplomatique – 2012/11/09

A aquellos ciudadanos que aún lo ignoraban, la crisis les está demostrando que los mercados financieros son los principales protagonistas del actual momento económico de Europa. Representan un cambio fundamental: el poder ha pasado de los políticos a los especuladores de Bolsa y a una cohorte de tramposos banqueros.

Cada día, los mercados mueven sumas colosales. Por ejemplo, casi 7 billones de euros, sólo en deudas de los Estados de la eurozona, según el Banco Central Europeo. La decisión colectiva diaria de esos mercados puede ahora derrumbar Gobiernos, dictar políticas y someter a pueblos.

El drama, además, es que estos nuevos “amos del mundo” no sienten ninguna preocupación por el bien común. La solidaridad no es su problema. Menos aún la preservación del Estado de bienestar. La única racionalidad que los motiva es la codicia. Especuladores y banqueros, movidos por la avidez, llegan a comportarse como mafias, con mentalidad de aves de rapiña. Y con una impunidad casi total.

Desde que, en 2008,  estalló la crisis –en gran parte causada por ellos–, ninguna reforma seria ha conseguido reglamentar los mercados, ni meter en vereda a los banqueros. Y a pesar de todas las críticas formuladas contra la “irracionalidad del sistema”, el comportamiento de muchos actores financieros sigue siendo igual de cínico.

Es evidente que los bancos representan un papel clave en el sistema económico. Y que sus actividades tradicionales –estimular el ahorro, dar crédito a las familias, financiar las empresas, impulsar el comercio– son constructivas. Pero desde la generalización, en los años 1990-2000, del modelo del “banco universal”, que añadió toda clase de actividades especulativas y de inversión, los riesgos para los ahorradores se han multiplicado así como los fraudes, los engaños y los escándalos.

Recordemos, por ejemplo, uno de los más desvergonzados, protagonizado por el poderoso banco de negocios estadounidense Goldman Sachs que hoy domina el universo financiero. En 2001, ayudó a Grecia a maquillar sus cuentas para que Atenas cumpliese los requisitos y pudiese ingresar en el euro, la moneda única europea. Pero en menos de siete años, aquella fullería se descubrió y la realidad estalló como una bomba. Consecuencia: “Casi un continente sumido en la crisis de la deuda; un país, Grecia, expoliado y de rodillas; recesión, despidos masivos, pérdida de poder adquisitivo para los trabajadores; reestructuraciones y sacrificios de los beneficios sociales; planes de ajuste y miseria” (1).

¿Qué sanciones recibieron los autores de tan nefasto engaño? Mario Draghi, ex vicepresidente de Goldman Sachs para Europa, al corriente por tanto del fraude, fue premiado con la presidencia del Banco Central Europeo (BCE)… Y Goldman Sachs cobró en recompensa, por el maquillaje de las cuentas, 600 millones de euros… Confirmando así un principio: en materia de grandes estafas organizadas por los bancos, la impunidad es la regla.

Lo pueden confirmar los miles de ahorradores españoles que compraron acciones de Bankia el día en que esta entidad salió a Bolsa. Se sabía que no tenía ninguna credibilidad y que el valor de su acción, según las agencias de calificación, ya estaba a un paso del bono basura…

Los ahorradores confiaron en Rodrigo Rato, presidente entonces de Bankia y ex director general del Fondo Monetario Internacional (FMI), quien no dudó en afirmar el 2 de mayo de 2012 (cinco días antes de dimitir ante la presión de los mercados y poco antes de que el Estado tuviese que inyectar en la ­entidad 23.500 millones de euros para evitar su quiebra): “Estamos en una situación de mucha robustez desde el punto de vista de solvencia y también desde el punto de vista de liquidez” (2)…

Cierto es que, menos de un año antes, en julio de 2011, Bankia había superado aparentemente las “pruebas de resistencia” realizadas por la European Banking Authority (EBA) a las 91 mayores entidades financieras de Europa. Bankia había obtenido un Core Tier I Capital (capital de máxima resistencia) del 5,4% (3), frente a un mínimo exigido del 5% en una situación de máximo estrés. Lo cual da una idea de la incompetencia e ineptitud de la EBA, organismo europeo encargado de garantizar la solidez de nuestros bancos…

Otras personas que pueden testimoniar sobre la desfachatez de los banqueros son las víctimas, en España, del “escándalo de las participaciones preferentes”. Un fraude que afecta a más de 700.000 ahorradores que han perdido sus economías. Se les hizo creer que adquirían algo parecido a un depósito a plazo fijo… Pero las participaciones preferentes son un producto financiero que no está cubierto por el fondo de garantía de los bancos. Éstos no están obligados –si no poseen liquidez– a devolver el capital inicial, ni los intereses generados.

Este timo también ha revelado que los ahorradores españoles víctimas de engaños bancarios no pueden contar con la protección del Banco de España o de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) (4). Ni, obviamente, con la del Gobierno que sigue ayudando masivamente a la banca mientras su política de recortes y austeridad castiga en permanencia a la ciudadanía. Para ayudar al sistema bancario español, Mariano Rajoy solicitó a la Unión Europea un crédito de hasta 100.000 millones de euros. Entretanto, los bancos españoles siguen favoreciendo la huida masiva de capitales… Se estima que, hasta septiembre pasado, 220 000 millones de euros se habían fugado oficialmente de España (5) … Una suma más de dos veces superior al crédito solicitado a Europa para salvar el sistema bancario español…

Pero no terminan aquí los escándalos. Podríamos recordar que, estos últimos meses, los fraudes bancarios no han cesado. El banco HSBC fue acusado de blanquear el dinero de la droga y de los narcotraficantes mexicanos. El JP Morgan se lanzó a especulaciones desmedidas asumiendo inauditos riesgos que le acarrearon pérdidas de 7.500 millones de euros, arruinando a decenas de clientes. Igual le sucedió a Knight Capital que perdió más de 323 millones de euros en una sola noche a causa de un error de un programa informático de especulación automática por ordenador…

Pero el escándalo que más está irritando, a escala mundial, es el del Libor. ¿De qué se trata? La Asociación de Banqueros Británicos propone cada día un tipo interbancario llamado “London interbank offered rate” o  Libor por sus siglas en inglés. El cálculo de esa tasa lo realiza la agencia Reuters la cual, diariamente, pregunta a dieciséis grandes bancos a qué tipo de interés están obteniendo créditos. Y establece una media. Como es el tipo al que se prestan dinero los principales bancos entre ellos, el Libor se convierte en una referencia fundamental de todo el sistema financiero mundial. En particular, sirve para determinar, por ejemplo, los tipos de las hipotecas de las familias. En la zona euro, el equivalente del Libor se llama Euribor y se calcula sobre la base de la actividad de unos sesenta grandes bancos. En el mundo, el Libor influye sobre unos 350 billones de euros de créditos… Cualquier variación –por mínima que sea– de ese tipo puede tener una incidencia colosal.

¿En qué consistió el fraude? Varios bancos (de los que sirven de referencia para establecer el Libor) se concertaron entre ellos y decidieron mentir sobre sus tipos, manipulando de ese modo el Libor y todos los contratos derivados, o sea los créditos a los hogares y a las empresas. Y eso durante años.

Las investigaciones han demostrado que una decena de grandes bancos internacionales –Barclays, Citigroup, JP Morgan Chase, Bank of America, Deutsche Bank, HSBC, Crédit Suisse, UBS (Union des Banques Suisses), Société Générale, Crédit Agricole, Royal Bank of Scotland– se organizaron para manipular el Libor.

Este enorme escándalo demuestra que la delincuencia se halla en el corazón mismo de las finanzas internacionales. Y que, probablemente, millones de familias pagaron sus hipotecas a unas tasas indebidas. Muchas tuvieron que renunciar a sus viviendas. Otras fueron expulsadas de ellas por no poder pagar unos créditos artificialmente manipulados (6)… Una vez más, las autoridades encargadas de velar por el buen funcionamiento de los mercados hicieron la vista gorda. Nadie ha sido sancionado, aparte de cuatro compinches (7). Todos los bancos implicados siguen haciendo negocios.

¿Hasta cuándo las democracias podrán soportar esa impunidad? En 1932, en Estados Unidos, Ferdinand Pecora, un hijo de emigrantes italianos que llegó a ser fiscal de Nueva York, fue nombrado por el presidente Herbert Hoover para investigar la responsabilidad de los bancos en las causas de la crisis de 1929. Su informe fue abrumador. Propuso el término de “banksters” para calificar a los “banqueros gángsteres”. Sobre la base de ese informe, el presidente Franklin D. Roosevelt decidió proteger a los ciudadanos de los riesgos de la especulación. Sancionó a toda la banca imponiéndole el “Glass-Steagal Act” y estableciendo (hasta 1999) una incompatibilidad entre dos tipos de actividades: los bancos de  depósitos y los bancos de inversión. ¿Qué gobierno europeo de la zona euro tomará una decisión semejante?

Notas:
(1) Eduardo Febbro, “El gran truco que usó Goldman Sachs con Grecia”, Página 12, Buenos Aires, 13 de marzo de 2012.
(2) El País, Madrid, 2 de mayo de 2012.
(3) Basándose en ese deplorable informe, algunos ‘analistas’ afirmaban –¡hace apenas quince meses!–  que el sistema bancario español figuraba entre “los más sólidos del mundo”… He aquí, por ejemplo, lo que escribía un ‘diario de referencia’: “De hecho, los grandes bancos españoles superan holgadamente los requisitos de capital exigidos para resistir un hipotético deterioro extremo de la economía durante los próximos dos años” (El País, Madrid,15 de julio de 2011).
(4) Varias asociaciones han puesto a disposición de las víctimas su gabinete juridico. Consúltese, por ejemplo: la Asociación de Usuarios de Bancos, Seguros y Cajas de Ahorro (ADICAE) (adicae.net), y la Unión de Consumidores de España (www.uniondeconsumidores.info).
(5) Cinco días, Madrid, 21 de octubre de 2012.
(6) En España, país que tiene la ley más brutal en la materia, desde que se inició la crisis en 2008, más de 400.000 desahucios –es decir, desalojos a la fuerza de viviendas o locales–, han sido ordenados por los jueces.
(7) El banco Barclays  fue condenado a una multa de 365 millones de euros. Despidió a su presidente, Marcus Agius. Su Consejero Delegado, Bob Diamond, uno de los responsables de la manipulación del Libor, dimitió… a cambio de una indemnización de aproximadamente 2,5 millones de euros

Foto: Antonio Marín Segovia

noviembre 10, 2012

“Los bancos han canibalizado la economía real”

Iturria: Maspublico.com / Carlos Sánchez Mato – 2012/10/29

El sistema bancario español está en el punto de mira. Mientras aumentan los desahucios, las entidades de crédito necesitan la respiración asistida del Banco Central Europeo (BCE). El dinero no circula libremente y la economía se resiente, cada día son más las voces que piden una nacionalización bancaria y una banca pública que acabe con esta situación.

Carlos Sánchez Mato, es economista y miembro de la Plataforma por la Nacionalización de las Cajas de Ahorro. En esta entrevista analiza la situación actual y ofrece algunas claves para entender las ventajas de la banca pública.

¿Por qué es necesario nacionalizar las cajas de ahorro?

Bueno, yo creo que estamos ya en otra fase, ahora ya no pedimos tanto la nacionalización, sino la constitución de una banca pública. Nuestra reivindicación ha ido evolucionando con el paso de los tiempos políticos, lo que era una locura para muchos hace unos meses, cuando pedíamos una banca pública y la nacionalización de las cajas como vía más evidente para conseguirlo, ahora el tiempo nos ha dado la razón. El paso del tiempo ha demostrado que era inevitable que el sistema financiero quebrara.

Y en este nuevo escenario de quiebra, ¿porqué es tan vital una banca pública?

Mientras haya necesidad de un sector financiero que comunique el ahorro de la gente que lo tiene con la necesidad de los que lo tienen a la hora de pedir un préstamo, mientras haya un sistema capitalista tal y como lo conocemos, requeriremos una banca pública que debería funcionar con una serie de parámetros regulatorios. De hecho, el sistema está quebrado porque para que sea rentable necesita de una multiplicación del crédito y de asumir unos riesgos absolutamente imposible de conseguir.

Pongamos un ejemplo.

Vamos a trasladarlo al sistema sanitario. Imagina que se opera en un hospital a corazón abierto sin las mínimas condiciones para hacerlo sin una mínima posibilidad de que el enfermo se salve. Eso ocurre cuando tú buscas el beneficio a corto plazo y la máxima rentabilidad. En el tema financiero eso provoca unos daños tremendos porque se juega con los ahorros de la sociedad, igual que en el sistema sanitario se juega con la vida de las personas. Pero hay más, el sistema financiero no puede estar en manos privadas porque lo que provoca es un cataclismo y lo haces con el ahorro de la gente. Los bancos no tienen que ser públicos para perder dinero, sino para asumir riesgos, inferiores a los que asume la banca privada. Además con una diferencia, el estado es el único elemento que puede trabajar con una banca y no quebrar porque tiene la capacidad de emitir dinero.

Pero, a nivel soberano, ¿esa capacidad para emitir dinero no está lastrada por el euro?

No, porque cuando yo hablo de banca pública, hablo a nivel europeo también. Pero aunque España no tenga la capacidad ahora de imprimir euros, sí tiene la capacidad suficiente para presionar, cosa que no hace, para conseguir ese objetivo. Si España quiere que se impriman euros, lo consigue, porque si la posición de España fuera maximalista, diciendo que la alternativa es el impago, la respuesta sería otra. Lo que pasa es que el gobierno está defendiendo los intereses de los acreedores, no de los deudores, se están defendiendo los intereses de los bancos y los gobiernos, no de la ciudadanía. El tema de la banca pública es casi una cosa inevitable, porque llegará un momento en el que la ciudadanía española y europea esté bastante harta de aportar dinero para sanear entidades que luego vuelvan a ser privadas.

Y ante este discurso, ¿a quién no le interesa una banca pública?

Evidentemente a los bancos, eso para empezar. Tienen mucho poder sobre los gobiernos. Mira, todas las reformas bancarias han sido consensuadas y dictadas por las entidades bancarias y los gobiernos, hablo no solo de España sino en general. Eso ocurre porque existe un matrimonio de intereses entre los gobiernos y los intereses económicos, se confunden tanto que hay ocasiones en las que es imposible distinguir uno de otro, pero el resultado final es que realmente se está jugado el futuro de nuestras próximas generaciones y cada vez este tipo de tensiones provocan más daño.

¿Por qué?

Porque el sistema bancario ha ‘canibalizado’ la economía real hasta un punto que lo ha convertido en una situación de dependencia, en lugar de ser intermediarios para poner en comunicación ahorradores y necesitados de ahorro. Ha destrozado la economía real y se están poniendo las piedras para que la próxima crisis será todavía mucho más devastadora, porque la solución que se adopta es tener menos entidades y más grandes, con lo que se está agravando el problema.

¿Quién acabó con las cajas de ahorro?

Yo creo que son culpables tanto el gobierno como la banca privada. Estos últimos necesitaban la cuota de mercado que tenían las cajas y siempre consideraban que jugaban en desventaja. Lo que está claro es que el hecho de que existieran las cajas de ahorro había permitido años de crecimiento económico sin ningún tipo de problema. Lo que sucede es que se ha aprovechado esta situación para cargarse esa cuota de mercado que tenían las cajas y acabar con un modelo que había demostrado ser útil durante muchos años. Se ha aprovechado el modelo de representación para pervertirlo. Se ha logrado desacreditar el modelo y a la banca privada le interesaba quitarse competencia, además lo ha hecho, no con sus propios medios, sino con los medios de toda la ciudadanía. Por ejemplo en el caso de la CAM, mal gestionada y todo lo que queramos, se le ha regalado por un euro al Banco Sabadell y además se le ha dado un seguro contra todas las pérdidas del sector inmobiliario.

¿Qué aventuras en el sistema bancario español para los próximos meses?

Las entidades bancarias tienen el problema solucionado en cuanto a liquidez. Es decir, ninguna entidad va a quebrar, no porque no estén quebradas, sino porque tienen la respiración asistida del Banco Central Europeo, la cifra de deuda con el banco europeo está en máximos históricos, 400 mil millones de euros.

¿Y eso qué implica para la ciudadanía?

Puede parecer que no implica nada, pero lo que hay que decir es que durante todo este procedimiento lo que se está haciendo es salvar a los inversores privados. A la gente le puede dar igual, pero el BCE es un banco público, que no defiende los intereses de los ciudadanos, gobernado por una élite, pero es un banco de todos. Lo que estamos haciendo durante todo este tiempo es salvar a los inversores privados y sustituir en el pasivo de las entidades la inversión privada por inversión que estamos poniendo los estados o el Banco Central Europeo. Esto es la mayor transferencia de renta desde lo público a lo privado que se ha producido en la historia de la humanidad.

Y se va a devolver, ¿o no?

No, de hecho, las entidades financieras no van a poder devolver, tienen un problema de capital, necesitan capital para tapar pérdidas que ya se han producido, ese dinero por más que diga el señor Rajoy que va a ser devuelto por las entidades, es imposible que lo devuelvan. Un ejemplo en números: 600.000 millones de euros, entre el BCE y el gobierno español, que hemos entregado a las entidades, a ritmo de beneficios de ante de la crisis, tardarían 100 años el conjunto del sector en devolverlo, o sea que no lo van a devolver.

¿Y entonces ese dinero quién lo devuelve?

Todos los trabajadores y trabajadoras de este país en forma de impuestos y recortes sociales en los próximos años, así lo vamos a devolver. Los que no lo van a pagar son los responsables del desaguisado, que son unos y muy concretos, que son los que están interesados en no pagar ellos como accionistas los platos rotos.

noviembre 8, 2012

La estafa de la deuda pública

Iturria: Vicenç Navarro / Publico.es – 2012/10/30

Según el pensamiento dominante en los establishments financieros, políticos y mediáticos que configuran la sabiduría convencional en el conocimiento económico, la deuda del Estado español (aproximadamente un 90% del PIB) se debe al excesivo gasto público realizado en el país durante los años de bonanza en los que se despilfarró el dinero público. Y para confirmar tal aseveración se citan casos como el del AVE, que en muchas partes de España apenas tiene pasajeros, o las carreteras que no llevan a ninguna parte y muchos otros ejemplos de derroche de dinero público que –según la sabiduría convencional- nos han llevado a la crisis actual. Un indicador de tal crisis es la elevada prima de riesgo que el Estado español tiene que pagar para poder conseguir dinero de la banca, pues ésta (conocida como los mercados financieros) está dejando de tener la confianza en la capacidad del Estado en poder pagar los intereses de su deuda pública. De ahí la necesidad de recortar gasto público a fin de disminuir el déficit y la deuda pública y recuperar así la famosa “confianza de los mercados”, la frase más utilizada en la narrativa oficial de los gobiernos español y catalán para justificar sus recortes presupuestarios.

La gran estafa

El crecimiento de la deuda pública, sin embargo, tiene muy poco que ver con la supuesta exuberancia del gasto público. En realidad, el gasto y empleo público español, incluyendo el catalán, son los más bajos de la UE-15. Sólo un adulto de cada diez trabaja en el sector público en España (en Catalunya no se llega ni a este ratio). En Suecia, es uno de cada cuatro. La hipertrofia del sector público, que según el dogma neoliberal dominante está ahogando la economía española, es una de las falsedades más notorias que se transmite con mayor frecuencia en los mayores medios de información. Los datos, fácilmente accesibles, muestran precisamente lo contrario. El Estado en España (y en Catalunya) es uno de los más pobres de la Unión Europea de los Quince, UE-15. Ahora bien, los economistas de FEDEA, los gurús mediáticos –como Xavier Sala i Martín y otros- continuarán, contra toda la evidencia existente, subrayando que la raíz del problema que tiene España, incluyendo Catalunya, es su excesivo gasto público, que –según ellos- ha generado el gran crecimiento de su deuda pública.

La causa real del crecimiento de la deuda

La causa más importante (y más silenciada por los medios) de la elevada deuda pública en España ha sido el dominio de la banca –y muy en especial de la banca alemana- y de las fuerzas neoliberales que ésta promueve en el diseño del euro y su sistema de gobierno. Veamos los datos. Tales fuerzas establecieron un Banco Central que no era un Banco Central, sino que era un enorme lobby de la banca. Lo que hace un Banco Central en un país es imprimir dinero y con este dinero compra deuda pública a su Estado, de manera que si los intereses de sus bonos se disparan porque el Estado tiene dificultad para venderlos, el Banco Central entra y compra muchos bonos, con lo cual los intereses bajan. El Banco Central está ahí para defender a su Estado frente a la especulación de los mercados financieros. En contra de lo que se dice y de lo que se escribe, los intereses de la deuda los decide un Banco Central, no los mercados financieros.

Ahora bien, cuando se estableció el euro, el Estado español perdió tal capacidad de imprimir dinero y comprar deuda pública. Se delegó tal autoridad al Banco Central Europeo, que sigue imprimiendo dinero pero no para prestarlo al Estado español (la compra de deuda pública, en la práctica, es un préstamo al Estado), sino para prestarlo a la banca privada a unos intereses bajísimos (menos de un 1%). Y es esta banca privada la que compra deuda pública a unos intereses elevadísimos (un 6% o un 7% en el caso español o italiano). Es un negocio redondo para la banca. El chanchullo del año. La banca, incluyendo la banca alemana, se ha forrado de dinero durante todos estos años. Nunca les había ido tan bien. Chupaban la sangre  (los altos intereses de la deuda pública) al Estado, y cuando éste parecía que iba a desmayarse o morir, entonces (y sólo entonces), el Banco Central Europeo le prestaba dinero al Estado, es decir, le compraba deuda pública para que continuara viviendo, a fin de que la banca privada, como sanguijuela, pudiera continuar chupándole la sangre (es decir, su dinero).

Este entramado, en el que el BCE da dinero a la banca privada a unos intereses bajísimos, se justifica con el argumento de que así se garantiza el crédito necesario para las familias y para las empresas medianas y pequeñas (que crean la mayoría de puestos de trabajo). Pero el crédito ni está ni se le espera. En realidad, a pesar de que el BCE ha dado desde diciembre de 2011 más de un billón de euros (sí, un billón de euros) a la banca privada (la mitad de este billón fue a la banca privada española e italiana), el crédito continúa escaso, pues la banca tenía otras inversiones (como comprar deuda pública) mucho más rentables que la de ofrecer crédito.

Cualquier persona normal y corriente se preguntará, ¿por qué el BCE no prestó este dinero a los Estados de la Eurozona en lugar de prestarlo a la banca para poder financiarse sin necesidad de pagar unos intereses tan elevados a la banca privada? Por extraño que parezca, nadie en la estructura de poder que gobierna la Eurozona se planteó, hasta hace muy poco, esta pregunta. Y ello, como resultado de estar imbuidos en el dogma neoliberal, que es la ideología promovida por el capital financiero, es decir, por la banca (además de las compañías de seguro, fondos de alto riesgo y un largo etcétera).

Si el BCE hubiera prestado el dinero al Estado español, en lugar de éste tener que pedirlo a la banca privada, el Estado hubiera ahorrado muchísimo dinero. El Estado, en lugar de pagar unos intereses al 6%, hubiera pagado al 1% (como pagan los bancos para obtener dinero del BCE), ahorrándose muchísimo, pero muchísimo dinero, sin que hubiera aparecido el problema de la deuda pública, y sin que se hubiera necesitado hacer ningún recorte de gasto público. Hoy, uno de cada cuatro euros que el Estado se gasta va para pagar su deuda pública, predominantemente a los bancos. Si hubiera recibido dinero directamente del BCE no habría habido ninguna necesidad de hacer recortes.

El economista Eduardo Garzón ha calculado (en su artículo “Situación de las arcas públicas si el estado español no pagara intereses de deuda pública”) lo que el Estado español tendría como deuda pública (desde 1989 a 2011) si hubiera tenido un Banco Central que le hubiera prestado dinero al 1% de interés, sin tener que recurrir a la banca privada pagando los elevadísimos intereses que ha pagado. Pues bien, la deuda pública sería hoy un 14% del PIB (sí, ha leído bien, un 14%) en lugar de un 90%. Este es el enorme coste al Estado español de haber tenido el sistema de gobernanza del euro tal como ahora existe, sistema de gobernanza que se diseñó para optimizar los intereses de la banca a costa de los intereses de la población y de su Estado. Hoy España, incluyendo Catalunya, no tendría los problemas que tiene si hubiera tenido un Banco Central propio digno de su nombre, o hubiera tenido un Banco Central Europeo que hubiera sido un Banco Central.

Las injusticias del sistema actual

El sistema de gobierno del euro es, además de sumamente ineficiente, profundamente injusto, pues está originando un proceso redistributivo enormemente regresivo en el que la gran mayoría de la población está pagando con impuestos el pago de los intereses de la deuda pública del Estado, y con ello está transfiriendo a los súper ricos (que compran los bonos a través de los bancos) dinero para pagarles lo que el Estado les debe al haber comprado deuda pública. Esta transferencia de dinero se realiza también a nivel de la Eurozona, de manera que los países que tienen que pagar intereses de la deuda más altos (los países del Sur) los pagan a los bancos del Norte (que han invertido cantidades muy significativas de su capital en comprar deuda pública de tales países que generan unos intereses exuberantes, alcanzando unos beneficios estratosféricos). Alemania tiene 200.000 millones de euros en tal tipo de inversiones en España. En realidad, los famosos 100.000 millones de euros que la Unión Europea puso al alcance de España para “salvar sus bancos” era, en realidad, dinero (aprobado por el Parlamento Alemán) para salvar a los bancos alemanes (tal como han reconocido varios economistas asesores del gobierno alemán) que estaban con el agua al cuello debido a la deuda pública y privada española, ya que tenían pánico a que no les pudieran pagar. Será el pueblo español el que pagará los 40.000 millones que el Estado ha pedido para pagar tal deuda, situación que es profundamente injusta. Si después de leer este artículo usted, lector, no está indignado, es señal de que, o bien es usted parte del problema o es que no me he explicado bien. En este caso, le aconsejo lea el libro de Juan Torres y yo, Los Amos del Mundo. Las armas del terrorismo financiero donde expandimos lo que brevemente presento en este artículo. Pero créame que hay causas para estar más que indignado. Hoy se está desmantelando el escasamente financiado Estado del bienestar en España, incluyendo en Catalunya, para que los bancos puedan comprar su deuda pública, la cual consiguieron diseñando un sistema en que sus beneficios, que afectan a un sector superminoritario (lo que los indignados estadounidenses Occupy Wall Street movement llaman el 1%) se realice a costa de la miseria de todos los demás. Así de claro. Léase el libro y lo verá.

noviembre 6, 2012

Cambios radicales y urgentes o salir del euro

Iturria: Javier Echeverría Zabalza / Attac Navarra-Nafarroa – 2012/11/06

En el término euro incluyo el sistema económico-jurídico-político-institucional que se basa en el Tratado de Maastricht, el Pacto de Estabilidad y el Pacto del Euro, donde se fijan unos estrictos topes de déficit y de deuda; que elimina la soberanía monetaria de los países integrantes sin establecer una política fiscal única ni una convergencia económica; que tiene un entramado institucional y un funcionamiento profundamente antidemocrático. Un sistema en el que funciona un Banco Central Europeo (BCE) que no solo no es un Banco Central (no tiene entre sus funciones el estímulo económico o la lucha contra el paro o la especulación), sino que con sus políticas está fomentando la especulación con la deuda pública de los países más afectados prestando dinero a los bancos al 1% y negándose a hacerlo a los Estados. Una institución que es un poderoso instrumento en manos del lobby de la banca europea, sobre todo alemana, para apropiarse de los recursos de las clases medias y bajas de los países periféricos europeos.

Creo que ha llegado el momento de combinar las críticas que se vienen haciendo del euro con posiciones más fuertes. Soy consciente de que la gran mayoría de la gente damos por hecho que es bueno estar dentro de la Unión Europea (UE) y del euro, porque queremos una Europa unida que supere los traumas del pasado y que suponga un apoyo mutuo para mejorar la vida económica y social de los países y ciudadanía europea. Y esto se da de manera especial en España, debido al drama y aislamiento que supuso la guerra civil y el franquismo. Pero tristemente la realidad actual de la UE-euro concuerda muy poco con ese deseo.

Desde su inicio, la UE y el euro en especial se diseñaron de acuerdo a los intereses del capital financiero europeo. A pesar de las ayudas de los Fondos Estructurales, las asimetrías entre países fueron aumentando por medio del endeudamiento a medida que se desarrollaba la burbuja inmobiliario-financiera. Y una vez desencadenada la crisis, la élite financiero-política europea, y sobre todo la alemana, ha utilizado el euro para imponer, con la excusa de la deuda, una política radical de austeridad en todos los países deudores, que supone un saqueo de los recursos y derechos de su población.

El sistema del capitalismo vive de la entelequia a costa de la ingenuidad del hombre corriente

Si no somos capaces de parar esto pronto, nos arruinarán hasta límites incalculables. Grecia es nuestro horizonte. De hecho, estamos en quiebra. Es imposible pagar la deuda total que tenemos que ronda los 4 billones de euros, de los que solo algo más de un quinto es deuda pública. Y el problema es que no nos podemos defender. La no posibilidad de la devaluación de la moneda hace que dicha devaluación la estén haciendo a través del paro y de los salarios directos (nóminas), indirectos (Estado del bienestar) y diferidos (pensiones). Además, estamos secuestrados. No es que hayamos cedido parte de nuestra soberanía; es que los derechos recogidos en la Constitución en estos momentos es como si no existieran: la última reforma constitucional prioriza el pago de la deuda por encima de todos ellos. De ahí que, junto con factores como los crecientes déficits democráticos que tenemos, necesitemos un nuevo proceso constituyente en este país.

Pero, además, ya va siendo hora de que nos planteemos (a ser posible junto a otros países afectados) presionar, exigir y luchar también por un proceso constituyente europeo que apunte a la construcción de una UE social, democrática y ecológica, en la que la economía sea un medio y no el objetivo único para el enriquecimiento de unos pocos. Si esto no lo podemos desencadenar pronto, hay que empezar a preparar-organizar la salida del euro, también a ser posible junto con otros países afectados, y negarnos a pagar la deuda pública odiosa o ilegítima y a socializar la deuda privada. Sin cambiar radicalmente la actual UE-euro o salirnos de la trampa que supone, iremos irremediablemente al desastre total. Ningún país ha salido de una crisis como ésta con las políticas que nos están imponiendo. En la historia reciente hay muchos ejemplos de plante ante situaciones similares de los que deberíamos aprender.

Hasta ahora, la actitud de los gobiernos de los países periféricos en dificultades ha sido de sumisión total alestablishment europeo. Pero esta actitud política nos conduce al abismo. La sumisión de nuestros dos partidos gobernantes nos ha hecho perder la dignidad como país, y las consecuencias las estamos sufriendo la ciudadanía, no las elites financiero-políticas que han creado este desastre. Es absolutamente necesario tomar una posición fuerte que nos ayude a encarar esta dramática situación con posibilidades de superarla y, en mi opinión, esa posición consiste en cuestionar nuestra continuidad en el euro y en no pagar la deuda a no ser que se hagan los cambios profundos que necesitamos.

¿Qué pasaría si se llevara a cabo la salida del euro de varios países o incluso solo de un país de la entidad de España? Desde luego, nosotros lo pasaríamos muy mal durante un tiempo, pero dudo mucho de que fuera peor de lo que lo vamos a pasar pronto si seguimos así. Por lo menos tendríamos esperanza y también instrumentos con los que hacer políticas encaminadas a salir de este pozo sin fondo. La deuda externa española supone muchos cientos de miles de millones de euros que dejarían de cobrar los bancos europeos e internacionales. Así que no solo lo pasaríamos mal en España y en los países que se salieran de euro; supondría también la ruptura del euro, la quiebra de los países centrales europeos y posiblemente una enorme recesión de la economía mundial (Europa supone el 28% de esa economía). ¿Por qué tenemos que ser sumisos y no plantar cara a las entidades e instituciones que nos están ahogando cuando en realidad ellas, que son las que nos han metido en esto, se están jugando tanto como nosotros, sino más? ¡El problema que tenemos es político más que económico!

Me gustaría que no se tuviera que llegar a la salida o ruptura del euro y mucho menos de la UE, y que pudiéramos construir desde dentro una Unión Europea para los ciudadanos. Pero, primero, eso no lo vamos a conseguir con ninguna actitud sumisa, y segundo, ese deseo no puede ser a cualquier precio. Una posición como la que propongo es la que mejor nos sitúa frente a quienes nos están ahogando desde Europa, la que más nos puede ayudar a cambiar la correlación de fuerzas para una salida alternativa a la crisis y la que mejor nos coloca a la hora de negociar ante la UE y las instituciones internacionales. Cuanto más tardemos en reaccionar, más pobres nos harán y más difícil nos será levantarnos.

octubre 18, 2012

Democracia de excepción y la tragedia de los bienes comunes

Iturria: Rebelion.org / Ignazio Aiestaran – 2012/10/18

Ignazio Aiestaran. Escritor y profesor de filosofía de la Universidad del País Vasco

La conferencia que UPN censuró en Pamplona

Nota de Rebelión: El pasado 3 de octubre el autor debía haber pronunciado en el Condestable de Pamplona una conferencia cuyo texto publicamos más abajo, inscrita en un ciclo de charlas en euskera con el título El tiempo que nos toca vivir. Pero el escritor y doctor en Filosofía renunció a impartirla ante la exigencia de la directora del área de Cultura del Ayuntamiento (UPN), Teresa Lasheras, para que modificara el título y el resumen de la charla que figuraría en el tríptico del ciclo de conferencias. A la concejala le pareció tan subersivo el título de la ponencia: Salbuespen demokrazia eta ondasun erkideen tragedia (Democracia de excepción y la tragedia de los bienes comunes), como el resumen de la misma donde se citaban a autores como Naomi Klein, Michael Hardt o Antonio Negri y se hablaba de las consecuencias de la globalización, de la doctrina del shock o de la involución democrática que, a juicio del autor, vivimos con la crisis como coartada.

Democracia de excepción

Vivimos tiempos excepcionales, donde la excepción es la norma. O así nos lo quieren hacer creer. Las élites políticas repiten diferentes consignas con el fin de justificar que no hay otra salida posible y que sus decisiones excepcionales son únicas e inapelables, afirmando que “es lo que hay que hacer”, “no se puede hacer otra cosa”, “cueste lo que cueste”. Para dar cobertura a esas proclamas ideológicas recurren a la argucia de la excepcionalidad. En abril del 2012, el presidente del poder ejecutivo del Reino de España justificaba la política de recortes con estas palabras: “Lógicamente eso nos sitúa en una situación excepcional y tenemos que reaccionar con medidas excepcionales”. La vicepresidenta de ese mismo ejecutivo ya había preparado el camino a finales de diciembre del 2011 con la siguiente declaración: “No hay que temer ese tipo de movimientos, puesto que estamos ante medidas temporales, medidas excepcionales; pero, insisto una vez y otra, estamos con medidas temporales, excepcionales”. Es el nuevo movimiento de las medidas excepcionales.

Dada esta situación de excepción, el presidente de la Generalitat de Catalunya ha optado por invertir esta lógica desde una expresión reivindicativa, adelantando las elecciones, en los siguientes términos: “En momentos excepcionales, decisiones excepcionales”. Por último, el mismo presidente de la República Francesa decía en agosto de 2012 que la situación era una crisis excepcional: “Estamos ante una crisis de excepcional gravedad, una crisis larga”. Y añadía que la situación era equiparable a una batalla: “Hace falta tiempo para ganar la batalla del crecimiento, del empleo y de la competitividad, porque es una batalla”. Es la batalla de la excepcionalidad silenciosa y prolongada.

Lo que todas estas voces políticas recogen con variaciones y diferencias no es sino una estrategia diseñada por un sector nada democrático de la Unión Europea. Una de las figuras más sobresalientes en la arquitectura económica y política de esta Europa de los mercaderes es Jean-Claude Trichet. Ha manejado todos los hilos posibles sin pasar nunca por las urnas: gobernador del Banco de Francia (1993-2003), presidente del Banco Central Europeo (2003-20121) y en la actualidad miembro activo del consejo de directores del Banco de Pagos Internacionales, que es el banco central de 60 bancos centrales del mundo, un mega-banco con sede en Suiza que influye y asesora sobre política monetaria y estabilidad financiera. Desde estas posiciones, Trichet se ha convertido en el adalid de la teoría del excepcionalismo en su forma más radical. Él la ha llamado “federación por excepción” o también “excepcionalismo europeo”.

En su discurso de despedida como presidente del Banco Central Europeo, en octubre de 2011, ya lanzó la siguiente pregunta amenazadora: “¿Sería demasiado atrevimiento concebir que esta futura unión económica y monetaria, dotada de un mercado, una moneda y un banco central únicos, tuviera además un poder ejecutivo?”. Con ello planteaba la creación de un nuevo poder que asumiría la vigilancia estricta de las políticas fiscales y financieras, con la facultad, “en casos excepcionales”, de adoptar decisiones de castigo en aquellos casos donde los pueblos no adopten las medidas restrictivas de las demandas presupuestarias de la Eurozona En esos casos excepcionales también se podría penalizar a los pueblos o naciones que escojan partidos equivocados o rebeldes que no sigan las consignas de los imperativos de los mercados.

Esta teoría del excepcionalismo ejecutivo supone un peligro para las libertades democráticas de los pueblos. Por caso, en mayo del 2012 Trichet impartió una conferencia en Washington sobre la crisis. Allí propuso un “salto cuántico” en la gobernanza y en la soberanía de la Unión Europea, estableciendo directamente una “federación por excepción”, según sus palabras. Cuando un país adopte “políticas aberrantes” no acordes con los criterios económicos de estabilidad financiera, entonces se podría castigar directamente a los pueblos que sostienen esas políticas, según su criterio.

El filósofo alemán Jürgen Habermas, en su último libro sobre la constitución de Europa, ha criticado esta postura y el hecho de que Trichet reclame un ministerio de finanzas común para la Eurozona, pero sin mencionar la parlamentarización. Habermas se opone con fuerza a esta fórmula porque ve un claro “desequilibrio entre los imperativos de los mercados y la fuerza reguladora de la política” a través de un “federalismo ejecutivo” que gestiona el proyecto europeo a puerta cerrada, sin debatir en el espacio público. Habermas advierte con preocupación que este federalismo ejecutivo posibilita un dominio intergubernamental del Consejo Europeo, bajo el camuflaje de pedir “más Europa”. En realidad, más Europa no significa más solidaridad y más democracia, sino más finanzas y más plutocracia, como cuando el 22 de julio de 2011 Angela Merkel y Nicolas Sarkozy llegaron a un arreglo entre el liberalismo económico alemán y el estatismo francés para propiciar una involución posdemocrática contraria al espíritu del Tratado de Lisboa que Habermas rechaza con rotundidad:

“Mediante este camino de una dirección central por parte del Consejo Europeo, podrían trasladar los imperativos de los mercados a los presupuestos nacionales. De este modo, acuerdos tomados sin transparencia y carentes de forma jurídica tendrían que imponerse, con ayuda de amenazas de sanciones y de presiones, a los parlamentos nacionales menguados en su poder. Los jefes de gobierno tergiversarían de esta forma el proyecto europeo hasta convertirlo en su contrario. La primera comunidad supranacional juridificada democráticamente se convertiría en un arreglo para el ejercicio del dominio burocrático-posdemocrático”.

Lo que Habermas advierte como una futura amenaza para las democracias de Europa, por desgracia ya se ha hecho realidad, cuando se aprobó la reforma de la Constitución del Reino de España, para incluir la cláusula que limita la posibilidad de deuda del Estado social, así como para asegurar el pago a los acreedores por encima de los derechos sociales y de las necesidades colectivas. En solo treinta días se hizo el cambio, entre agosto y septiembre de 2011, mediante un procedimiento de urgencia y de una única lectura, en lo que se llegó a denominar “reforma exprés”. Los dos grupos parlamentarios mayoritarios -los más constitucionalistas- la tramitaron sin apenas opción a debate o rectificación, y desde luego sin hacer una consulta popular previa o el referéndum deliberativo correspondiente. Ningún otro grupo parlamentario apoyó esta reforma, con la excepción de un grupo minoritario, Unión del Pueblo Navarro. En el Diario de Sesiones del Congreso de los Diputados se recogen las palabras del representante de UPN que bien resumen la trapacería y componenda de este tipo de medidas:

“Es verdad que la presentación de esta iniciativa no ha sido la perfecta, pero, señorías, no exageremos. Otros cambios legales de muy dudosa constitucionalidad se han aprobado en esta Cámara con muchos menos votos, sin consenso, y desde luego sin referéndum.”

En todas estas decisiones y medidas se trasluce una estrategia calculada por aprovechar la crisis como coartada para imponer unas políticas determinadas bajo el discurso del miedo. En su despedida del Banco Central Europeo Trichet mencionó a Jean Monnet, uno de los padres fundadores de la Unión Europea. En sus memorias, Monnet mantenía una teoría concreta sobre el uso de las crisis: “Los seres humanos no aceptan el cambio más que por necesidad, y no ven la necesidad más que en la crisis”. Trichet cita esta referencia y añade: “Confío en que los cambios de hoy, provocados por la crisis mundial, sean precisamente de esos que Jean Monnet esperaba que pudieran promover un nuevo marco institucional”. Así se aprovecha la amenaza de la crisis de la deuda soberana para hacer todas las reformas y todos los recortes que la ciudadanía europea no aceptaría de otra manera. Este pensamiento coincide plenamente con lo que Naomi Klein ha definido como “la doctrina del shock”.

Esta doctrina se inició cuando el economista norteamericano Milton Friedman le escribió una carta en 1975 a Augusto Pinochet, el cual para entonces ya era conocido por sus masacres despiadadas en Chile. Friedman le recomendaba en aquella misiva que aplicara un “tratamiento de choque” para que su país abrazara el “completo libre mercado” con un recorte del 25% del gasto público en seis meses, aún a sabiendas del aumento del desempleo. Friedman subrayó que Pinochet debía actuar de manera decidida y rápida, como la terapia de choque que se le da a un paciente de forma abrupta y repentina. El general aplicó a rajatabla la recomendación del economista de Chicago, aprovechando que el país se había convertido en una dictadura. Desde entonces esa política monetaria de estabilidad financiera se ha aplicado en otros países, bajo la supervisión del Fondo Monetario Internacional, con independencia de los estragos y del sufrimiento que generan en la población.

La teoría de la terapia de choque económica se basa en poner freno a la inflación más allá de la política monetaria: mediante un cambio súbito y brutal de política se alteran rápidamente las condiciones y expectativas de la ciudadanía, dejando claro que se va a recortar el gasto público y que los sueldos ya no subirán. Cuando Pinochet aplicó la receta de Friedman en el primer año la economía chilena se contrajo un 15% y la tasa de desempleo pasó del 3% al 20%. La doctrina del shock aprovecha las crisis para que la clase dirigente que ha perdido su credibilidad ante la ciudadanía aplique duras lecciones bajo una recesión o una depresión. En 1982 Friedman lo dejó claro en sus memorias biográficas: “Sólo una crisis –real o percibida como tal– produce un verdadero cambio”. En esto coinciden Friedman, Monnet y Trichet. Cuando viene una crisis económica de suficiente gravedad, los dirigentes se ven liberados para hacer lo que consideren necesario en nombre de la reacción a una emergencia nacional, y entonces, nos dice Klein, las crisis se convierten en zonas “ademocráticas”, paréntesis en la actividad política donde no parece ser necesario el consentimiento ni el consenso. Eso mismo está ocurriendo en la Unión Europea y es lo que Enzensberger califica como “la expropiación política de los europeos”.

Así, en situaciones de emergencia, la teoría del excepcionalismo somete las democracias a las terapias de choque aplicables en época de crisis. Se empieza reduciendo prestaciones, después se mutilan derechos y luego se termina por recortar la misma democracia, a fin de socializar pérdidas y privatizar ganancias con la excusa de la deuda soberana. Todo aparenta ser excepcionalmente lícito y soberano: se comienza modificando el texto de una constitución, posteriormente se quiere modular el derecho a manifestarse y se acaba por censurar una conferencia. Y todo para engañar y tutelar, que es lo que les gusta a algunos. Todo por la gran mentira. Que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, cuando la mayoría hemos vivido y vivimos por debajo de nuestras posibilidades y capacidades. Ese es el verdadero problema. Así que la cosa (pública) solo puede empeorar. Primero fue malestar, después indignación. Ahora ya es asco, el asco indecible.

Ignazio Aiestaran. Escritor y profesor de filosofía de la Universidad del País Vasco
octubre 16, 2012

El MEDE, la consolidación del golpe de estado financiero en la UE

Iturria: quiendebeaquien.org / Rebelion.org / Albert Sales e Inés Marco – 2012/10/16

El 8 de octubre empezó a funcionar el MEDE (Mecanismo Europeo De Estabilidad), una nueva institución financiera intergubernamental que tiene como objetivo garantizar la solvencia de los estados miembro facilitándoles crédito y asumiendo las funciones hasta ahora desempeñadas por el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera y el Mecanismo Europeo de Estabilidad Financiera. La creación del MEDE ha sido posible gracias a la modificación del artículo 136 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea que se llevo a cabo en 2011 para “salvaguardar la estabilidad de la zona euro” e introducir “condiciones estrictas” para los beneficiarios de la ayuda financiera. El MEDE debe convertirse en una especie de Fondo Monetario Internacional para los estados miembros de la UE. La capacidad de crédito inicial prevista es de 700.000 millones de euros, de los cuales 80.000 procederan de la aportaciones directas de los estados y el resto se alcanzaran mediante capital “movilizable” y garantías, es decir, comprometiendo futuras cuotas de los países antes de haberlas ingresado. Las explicaciones técnicas sobre la capacidad de crédito del MEDE son, como es habitual en estos casos, auténticos jeroglíficos para la ciudadanía. Ni la información resulta de fácil acceso, ni es comprensible para la gran mayoría de personas que acabaran sufriendo las consecuencias del funcionamiento de esta institución, ni el tema tiene la relevancia mediática que merece, atendiendo al atentado contra el funcionamiento de las instituciones democráticas que supone el articulado del tratado fundacional del MEDE.

El único debate sobre el MEDE que ha tenido cierta repercusión ha sido el rechazo de Alemania a la propuesta inicial de que esta institución pudiera requerir capital ilimitado de los estados miembros para ampliar su capacidad de crédito. A pesar de que organizaciones ciudadanas presentaron multitud de recursos de inconstitucionalidad por considerar que el MEDE agrede la soberanía de las instituciones democráticas, el Tribunal Constitucional Alemán abrió las puertas a la firma del tratado exigiendo tan sólo una modificación: que se fijará un límite a la aportación alemana de 190.000 millones de euros (efectivo más avales). Más allá de esta cifra, la contribución deberá ser votada en el Parlamento. El resto de recursos han sido rechazados considerando que el MEDE es creado el 11 de julio de 2011 por los ministros de Finanzas de la zona euro actuando como representantes de la soberanía de sus respectivos estados.

Pero el texto del tratado por el que se constituye el MEDE contiene otros muchos aspectos preocupantes des de el punto de vista político y de calidad democrática que escapan al debate de las cifras. Según el articulado inicial, que todos los diputados y diputadas el Europarlemento han tenido en sus manos, el MEDE, sus propiedades y sus activos, van a gozar de una inmunidad total frente a los estados miembro. No podrán ser objeto de ninguna forma de acción legal en su contra ni podrán ser “intervenidos, confiscados o embargados” ya sea por vía ejecutiva, judicial, administrativa o legislativa. Lo cual coloca a esta institución, creada a la sombra de la opinión pública europea (si es que existe tal cosa), fuera del control de las instituciones de las ya debilitadas democracias liberales estatales. En el terreno de las responsabilidades personales, el tratado establece que directores, subdirectores, director ejecutivo y demás empleados del MEDE serán inmunes a cualquier tipo de proceso legal por actividades ejercidas en el desempeño de sus funciones, y gozarán de inviolabilidad de sus archivos y documentos oficiales. Lo que significa que los tribunales de los países europeos no podrán, bajo ningún concepto, investigar las actividades profesionales de los altos cargos del MEDE.

Esta institución, que tendrá su sede en Luxemburgo, cristaliza la subordinación de toda forma de ejercicio de la soberanía popular en Europa a las necesidades financieras que, ante la deriva de los acontecimientos, son las necesidades de los grandes bancos. Las condiciones ligadas a los créditos y la conversión de deuda privada en deuda pública, consolida el golpe de estado financiero que vive la Unión Europea como consecuencia del profundo déficit democrático que arrastra desde su fundación.

octubre 16, 2012

Hans Magnus Enzensberger: El expolio de Europa

Iturria: firgoa.usc.es – 2012/10/12

A fuerza de rescates y de tratados de urgencia negociados a puerta cerrada, a los ciudadanos de la UE se les va despojando poco a poco del control sobre sus instituciones, denuncia el escritor alemán Hans Magnus Enzensberger

¿Crisis? ¿Qué crisis? Los cafés, las terrazas, los restaurantes no se quedan vacíos, los turistas se atropellan en los aeropuertos alemanes, se nos habla de récords de exportaciones, de que el paro disminuye. La gente bosteza ante la “cumbre” política de cada semana y las oscuras disputas de los expertos. Todo esto parece desarrollarse en una retórica vacía llena de discursos oficiales ininteligibles que no tienen nada que ver con la llamada vida real.

Es manifiesto que nadie o casi nadie se percata de que desde hace cierto tiempo los países europeos ya no están gobernados por instituciones que cuenten con una legitimidad democrática, sino por una ristra de siglas que han ocupado su lugar. Ahora mandan el MEDE, el FEEF, el BCE, la ABE y el FMI. Hace falta ser un experto para saber a qué corresponden esos acrónimos.

Por otra parte, solo los iniciados llegan a comprender quién hace qué y cómo en el seno de la Comisión Europea y del Eurogrupo. Todos esos organismos tienen en común que no figuran en ninguna constitución del mundo y que no asocian a los electores a su toma de decisiones.

Una indeferencia que produce escalofrío

La indiferencia con que los habitantes de nuestro pequeño continente aceptan que se les despoje de su poder político produce escalofríos. Quizá se deba a que se trata de una novedad histórica. A diferencia de las revoluciones, los golpes de Estado y los alzamientos militares, que no escasean en la historia de Europa, esta desposesión se está llevando a cabo sin ruido y sin violencia. Todo ocurre pacíficamente, en un reservado.

Ya no asombra a nadie que no se respeten los tratados. De las reglas existentes, como el principio de subsidiariedad establecido por el Tratado de Roma o la cláusula que prohíbe los rescates financieros en el de Maastricht, se hace caso omiso cuando hace falta. El principio pacta sunt servanda [hay que respetar lo pactado] se convierte en un eslogan carente de significado, obra de algún jurista puntilloso de la Antigüedad.

La abolición del Estado de derecho queda meridianamente clara en el tratado fundacional del MEDE (el Mecanismo Europeo de Estabilidad). Las decisiones de los pesos pesados de esta “sociedad de rescates” tienen validez inmediata en el derecho internacional y no están sujetas al consentimiento de los parlamentos. Se les llama “gobernadores”, como era habitual en los antiguos regímenes coloniales, y, como en estos, no tienen que rendir cuentas ante la opinión pública. Muy al contrario: se les concede expresamente la categoría de secreto. Recuerda a la omertà, que forma parte del código de honor de la mafia. Nuestros “padrinos” están exentos de todo control judicial o legal. Y gozan de un privilegio que no posee ni el jefe de la Camorra [la mafia napolitana]: la inmunidad penal absoluta (según los artículos 32 a 35 del tratado fundacional del MEDE).

Un eslogan inepto

El espolio político de los ciudadanos alcanzaba así un ápice provisional. Empezó mucho antes, cuando se introdujo el euro, incluso antes. Esta moneda es el fruto de maquinaciones políticas que no han tenido en cuenta en absoluto las condiciones económicas necesarias para poner en marcha semejante proyecto.

Bien lejos de reconocer y corregir las malformaciones congénitas de su creación, el “régimen de los rescatadores” insiste en la necesidad de seguir a toda costa la hoja de ruta establecida. Proclamar sin cesar que no tenemos “otra salida” viene a ser negar el peligro de explosión inducido por el aumento de las disparidades entre los Estados miembros. Hace ya años que las consecuencias se dibujan en el horizonte: división en vez de integración, resentimiento, animosidad y reproches en vez de concertación. “Si el euro se hunde, Europa se hunde”. Este eslogan inepto trata de movilizar a un continente de quinientos millones de habitantes en la empresa azarosa de una clase política aislada, como si 2000 años no fuesen nada comparados con una moneda inventada hace muy poco.

La “crisis del euro” prueba que esto no acabará con el expolio político de los ciudadanos. Su lógica quiere que conduzca a su pareja, el espolio económico. Hay que estar donde los costes económicos se hacen manifiestos para comprender lo que significa. La gente baja a la calle en Madrid o Atenas porque no le queda, literalmente, otro remedio. Y no dejará de ocurrir también en otras partes.

Poco importa de qué metáforas se adorne la clase política, poco importa que bautice a sus nuevas criaturas MEDE, bazuca, Gran Berta, eurobono, unión bancaria, mutualización de la deuda: los pueblos saldrán de su letargo político a más tardar cuando tengan que meterles mano a sus bolsillos. Presienten que, tarde o temprano, tendrán que pagar los destrozos causados por los rescatadores del euro.

Humillación del principio de subsidiariedad

No se vislumbra en el horizonte ninguna solución simple para salir de este derrotero. Se ha cortado el paso a todas las opciones prudentes que hasta ahora se han propuesto. A la idea de una Europa a varias velocidades se la ha perdido ya de vista. Las cláusulas de salida sugeridas con la boca pequeña jamás han encontrado un lugar en los tratados. La política europea, sobre todo, ha humillado el principio de subsidiariedad, una idea demasiado convincente para tomársela en serio. Esa palabra bárbara significa, ni más ni menos, que, de la escala municipal a la regional, del Estado-nación a las instituciones europeas, siempre debe ser la instancia más cercana a los ciudadanos la que mande dentro de su marco de competencias, y los niveles superiores no deben herederar más competencias reglamentarias que las que no se puedan ejecutar en otros niveles. No es más que un propósito piadoso: la historia de la Unión es la prueba.

El horizonte estaría, pues, cerrado. Período propicio para las casandras, que no solo profetizan el hundimiento del sistema bancario y la bancarrota de los Estados cargados de deudas, sino también, al mismo tiempo, si es posible, ¡el fin del mundo! Pero, como suele ocurrir con los agoreros, estos adivinos se frotan las manos demasiado deprisa. Pues los 500 millones de europeos no capitularán sin haber opuesto resistencia.

Este continente ya ha fomentado, atravesado y superado conflictos muy diferentes, y más sangrientos que la crisis actual. Salir del callejón sin salida donde nos han arrinconado los apóstoles de que se nos ponga bajo tutela tendrá un coste y no se logrará sin conflictos y sin dolorosos recortes. El pánico, en una situación como esta, es el peor de los consejeros, y quienes predicen que Europa va a entonar su canto del cisne ignoran las fuerzas que tiene. Antonio Gramsci nos ha dejado esta máxima: “Al pesimismo de la inteligencia tiene que acompañarle el optimismo de la voluntad”.

octubre 15, 2012

Los presupuestos de la deuda

Iturria: madrilonia.org – 2012/10/12

Como ya sabíamos por Grecia, Portugal e Irlanda y antes por los países de América Latina que tuvieron que sufrir el ajuste estructural impuesto por el FMI durante los años ochenta, el gobierno de la deuda no sólo implica una transferencia permanente de recursos públicos, en última instancia de riqueza social, hacia los acreedores financieros. También implica una constante declaración de que todas las políticas públicas, hasta el más nimio gesto del Estado, van a estar subordinadas al pago de la deuda.  En casos como el de España, en el que además de la deuda pública los niveles de endeudamiento privado son gigantescos, este enunciado puede hacerse extensivo a toda la estructura económica, a toda la producción social. A fin de cuentas, los productos financieros no son más que eso, derechos privados sobre los recursos sociales del futuro. La deuda se sitúa por encima de cualquier otra consideración social, ética o legal, vía reforma constitucional. Los derechos futuros de los acreedores, de la oligarquía financiera están por encima de los derechos de la ciudadanía.  Tenemos deberes de pago sin derechos de vida. 

Los Presupuestos del Estado de 2013 son exactamente este tipo de declaración política de sumisión al poder financiero. Como ya aprendimos en los Presupuestos de 2012, de poco sirven las cuentas de los presupuestos a la hora de saber cuáles van a ser los recortes reales.  Como ya sucediera el año pasado, los nuevos recortes en educación, sanidad, en el seguro de desempleo o en las pensiones van a venir en disposiciones adicionales y en anuncios posteriores, preferentemente por sorpresa y con la menor cantidad de detalles posibles. Para lo que sí han servido los presupuestos es para decir que la deuda manda y en su presentación se declaró por activa y por pasiva que pagar la deuda va a ser la prioridad absoluta del Estado.  De hecho, en estos presupuestos el servicio de la deuda, 38.590 millones de Euros ya cuesta más que el pago de todas las nóminas de los funcionarios y la partida del pago de intereses aumenta frente a la del año pasado en más de 10.000 millones de euros. Una cantidad semejante a los recortes en sanidad y educación impuestos a las Comunidades Autónomas en Marzo de 2012.

En lo demás, los presupuestos son una trampa para la opinión pública tolerada por Bruselas y Alemania. Como se han hartado de decir en los grandes medios sin analizarlo políticamente, las previsiones económicas que maneja el gobierno para 2013 en términos de PIB y de empleo están descaradamente distorsionadas al alza. Esto afecta a las previsiones de ingresos del Estado que se estiman muy por encima de sus niveles reales. A medida que se vayan incumpliendo estas previsiones de ingresos del Estado, y creciendo el déficit, se irán anunciando recortes y privatizaciones que no constan en los presupuestos. Los candidatos más firmes a ser los primeros campos en ser recortados son las pensiones, que ya en estos presupuestos descienden en relación al IPC, y las diferentes modalidades de prestaciones por desempleo. Medidas ambas que lejos de haber surgido de los actuales programas de austeridad forman parte de la agenda neoliberal desde mediados de los ochenta y que se repiten como un mantra en los informes de los principales organismos económicos transnacionales FMI, BM y OCDE.

¿Tendríamos que pensar que los economistas del gobierno se han equivocado? Desde luego, hasta el economista más dogmático debería saber que en un contexto de austeridad en toda Europa y desaceleración en medio mundo, escasez de crédito, caída de la demanda interna y facilidades crecientes para el despido, no hay resortes para que se recupere el crecimiento. Más convincente es pensar que las trampas contables están toleradas por Europa como parte de la estrategia de gobierno de la economía española que se viene practicando desde el verano de 2011. Por un lado, el gobierno español sabe que cada anuncio de recortes sociales le supone una pequeña crisis de legitimidad que sumadas han dado como resultado una gran crisis de legitimidad, no sólo del gobierno sino del régimen. Por otro lado, Bruselas y Berlín deben mantener la ilusión de la soberanía nacional española si no quieren que suceda como Grecia. En el país heleno la toma directa de los asuntos políticos nacionales a cargo de la UE le ha valido para que su intervención haya sido percibida, por una parte importante de la población, como parte del proyecto político neoliberal de expolio en lugar de como una prescripción aséptica de normas económicas. Además está explícita injerencia liderada por Alemania está  provocando una politización incipiente de la escala europea. Para que esto no suceda es necesario que la UE no asfixie al gobierno de Rajoy y se vea obligada a gobernar España de una manera tan visible que focalice el conflicto político entre la UE y las poblaciones de los países de la periferia europea.

El “aire” que Bruselas da al gobierno es muy limitado y, en última instancia, la UE se va a ver abocada a gobernar de forma más directa en España.  A pesar de que oigamos rumores cada vez más fuertes de rescate, España ya está tutelada desde un mecanismo de intervención europea que desarrolla los mismos mecanismos de un rescate pero de manera escalonada. La economía española es demasiado grande para ser puesta a disposición de los agentes financieros mediante el rescate de la misma manera que en Grecia. En su lugar, el rescate funciona mediante un goteo constante de intervenciones sobre los tipos de interés de la deuda soberana que deben ir asociados a contrapartidas en términos de privatizaciones y recortes. Pero las contrapartidas no llegan por si mismas sino que las imponen los mecanismos disciplinarios de la Unión Europea. No es casualidad que en la semana antes de la presentación de los presupuestos y tras la visibilización a escala internacional de la puesta en cuestión de la legitimidad del gobierno que supuso el 25S, el Banco Central Europeo suspendiese su programa de compra de bonos y dejase aumentar la prima de riesgo como “recordatorio” disciplinario de cuál es el programa político que tiene que emprender el gobierno: austeridad, recortes y privatizaciones.

En realidad, la única ruptura posible con este modelo de gobierno de la deuda es la declaración de un impago democrático de la deuda decretado “desde abajo”. Para llegar a este escenario es indispensable que salte en pedazos el pacto bipartidista que junto a CIU ha gobernado España desde 1978 y que no es más que un impedimento para que la ciudadanía se plantee democráticamente el modelo de sociedad y de economía en la que quiere vivir. Y que nuestras demandas se encuentren con las de los demás países, cada vez más,  de la UE sometidos al gobierno de la deuda y los programas de austeridad, creando un nuevo espacio europeo para el empoderamiento democrático frente a los intereses de los capitalistas financieros transnacionales. Como ya dijimos claramente entre los días 25 y 29 de septiembre, el primer paso para que llegue este momento es que el gobierno de Rajoy dimita y que nos veamos las caras directamente con la alianza Alemania/agentes financieros que detenta el mando europeo en estos momentos.

octubre 8, 2012

Rajoy y su Gobierno quieren que nos hagamos creyentes

Iturria: Antonio Aramayona / ATTAC CHEG Aragón – 2012/10/08

Cada vez más tengo la impresión de que Mariano Rajoy y su Gobierno pretenden convertirnos a una nueva religión con su solicitud de fe ciega en sus medidas económicas. Aunque la economía hace cada día méritos para no estar considerada como conocimiento científico en su sentido estricto, desde unas y otras escuelas, universidades y teorías económicas se utilizan argumentos de corte racional. Sin embargo, el Gobierno del Partido Popular apela incansable y solamente a la fe: ahora es momento de sufrimiento y peregrinaje, pero pronto veréis los cielos abiertos del crecimiento económico y del pleno empleo. En otras palabras, tras esta etapa de prueba y dolor, advendrá pronto un tiempo en que la crisis quedará derrotada por la bienaventuranza acarreada por las actuales medidas.
Es muy dura la prueba a la que nos están sometiendo los dioses (BCE, FMI, Bruselas, Merkel, mercados…), pero debemos tener mucha fe, no quejarnos ni manifestarnos, poner buena cara para que se mantenga incólume la marca España, no armar algarabías, aunque el mes pasado haya aumentado el número (79.645) de personas sin trabajo registradas en  las oficinas de empleo (¡¿?!), aunque el número global de parados alcance ya la cifra de 4.705.279.
Mariano Rajoy y su Gobierno velan por nuestro bienestar, aunque no lo veamos, aunque no lo comprendamos. Hemos de tener fe ciega en sus medidas, la fe del carbonero, por mucho que esté tan maltratada la crisis de la minería y del carbón. Han ideado una reforma laboral que parece evidenciar que la cosa está cada vez peor, pero el profeta Rajoy nos tranquiliza: “En verdad, en verdad os digo, que es evidente que la reforma laboral producirá todos sus efectos en cuanto la actividad económica empiece a hacerse patente”. Sus palabras pueden parecer al descreído una monumento a la tautología y al no decir nada, pero prosigue nuestro guía por el desierto: “La reforma laboral no es el único instrumento para crear empleo y de forma inmediata, pero sí un instrumento muy importante para generar puestos de trabajo en el futuro”. ¿Acaso estos vaticinios no alivian la sed del sediento y calman la indignación del indignado, si se tiene, claro está, fe en él?

Rajoy tampoco parece aclarar nada sobre el rescate cuando es preguntado al respecto por periodistas de poca fe, e incluso nos regala sus gracias y buen humor, revestidos de galimatías y un subir-y-bajar-a-la-vez propio de la tierra que le vio nacer: “En verdad, en verdad os digo que, si hay una agencia que dice que este fin de semana vamos a pedir el rescate, caben dos posibilidades: que esa agencia tenga razón y mejor información que yo, lo cual es muy posible; o que no sea así, lo cual a lo mejor es posible, o no, ¿qué más da? Si a usted le sirve de algo lo que pueda decirle, le diré que no, pero aún así puede pensar lo que estime oportuno porque, además, a lo mejor acierta”. ¿Acaso no emociona que un ser humano nos pida con tanta finura intelectual y tanta gracia que tengamos fe en él y en sus dioses supremos?

Ha habido un nuevo récord de desahucios: 526 diarios en el segundo trimestre de 2012. Toda esa gente lo pasa mal, pero, si cree en Rajoy, su Gobierno, sus mandamientos y sus medidas, podrá ver algún día un gran crecimiento económico y muchos, muchos puestos de trabajo. Amén.

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