Archive for febrero 17th, 2013

febrero 17, 2013

El gran engaño

Iturria: Juan Torres López – 2013/02/14

La losa que tiene Europa no viene por un exceso del sector público

La deuda pública europea comienza a ser gigantesca: 10,9 billones de euros en la Unión y 8,5 billones en la eurozona, al acabar el tercer trimestre del pasado año. Para hacerle frente se han impuesto planes de austeridad que provocan un gran sufrimiento social, la pérdida acelerada de derechos e incluso el ascenso de partidos neonazis.

En 2012 el paro aumentó en dos millones de personas en toda Europa, el desempleo de alta duración ha pasado de ser el 33% del total en 2009 al 42,5% el pasado año, el número de personas en riesgo de pobreza aumenta sin cesar, y también la mortalidad, los suicidios y otros indicadores del malestar causados por los recortes de gasto social.

Para colmo, se trata de un sufrimiento en vano porque la austeridad empeora la situación económica (la zona euro está de nuevo en recesión) e incluso resulta ineficaz para frenar el crecimiento de la deuda. Algo natural y previsible porque va en contra del sentido más elemental de las cosas y de lo que enseña la teoría económica básica: cuando falta demanda hay que aumentar el gasto, y lo que conviene hacer cuando se está endeudado es generar ingresos para pagar la deuda y no bloquear las fuentes que pueden proporcionarlos.

Para poder justificar una respuesta tan torpe, solo explicada por una impresionante ceguera ideológica y por lo bien que viene a los bancos privados seguir prestando a los Gobiernos, se hace comulgar con ruedas de molino a la ciudadanía europea.

Se nos repite hasta la saciedad que hay que recortar porque los Gobiernos son unos manirrotos que gastan demasiado en servicios públicos. Y a base de pregonar que hay demasiados funcionarios, que las comunidades autónomas despilfarran o que los investigadores, maestros y profesores trabajamos poco y que sobramos la mitad, la gente termina por creérselo, entre otras cosas, porque los medios de comunicación (incluidos los públicos) apenas dan cabida a las voces disidentes que podrían mostrar que la causa de los males de Europa es otra muy distinta.

Así es. Los hechos son claros. En 2011 (último año disponible en la estadística oficial europea), los 17 países de la eurozona pagaron un total de 286.238 millones de euros en intereses, el 3% de su PIB.

Si no hubieran tenido que hacer frente a esta factura tan abultada (que desde 1995 suma un total de 5,48 billones de euros), ningún país europeo habría tenido que hacer recortes significativos, ni habría vuelto a la recesión por su culpa. El Gobierno español, por ejemplo, ha previsto recortes por valor de 39.000 millones de euros en 2013, y al mismo tiempo ha presupuestado 38.589,55 millones para pagar intereses. Lo comido por lo servido.

Esto se podría haber evitado simplemente haciendo que el Banco Central Europeo actuase como un auténtico banco central, prestando directamente a los Gobiernos y no a los bancos privados para que estos hagan el negocio del milenio financiándolos.

De nuevo el caso español es bien claro. Si los saldos presupuestarios negativos del sector público desde 1989 se hubieran financiado al 1% por un banco central auténtico, nuestra deuda soberana sería ahora de algo menos del 15% del PIB y no de casi el 90% que vamos a superar este año. Por tanto, es completamente falso afirmar que tenemos mucha deuda pública porque tengamos demasiado gasto público corriente. Los cierto es todo lo contrario: estamos por debajo del gasto público y social que nuestros socios más avanzados realizan para ayudar a que sus empresas sean más competitivas que las nuestras y creen más empleo, y para disfrutar de más bienestar que nosotros. Lo que no quita, por supuesto, que haya que gastar mejor y sin la corrupción que han generado y de la que se benefician, precisamente, los mismos que han promovido el sistema institucional que genera la deuda por intereses.

Los países europeos tienen una losa tremenda sobre sus espaldas. Pero es un gran engaño decir que proviene de un exceso de sector público o de bienestar social y que, por tanto, es hay donde hay que recortar. Es la consecuencia del privilegio inaudito e injustificado de la banca privada, y es eso con lo que hay que acabar si queremos quitárnosla de encima.

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febrero 17, 2013

Ahora sí que el sistema de pensiones es una estafa piramidal

Iturria: Diego Morales / diegomorales.net – 2013/02/09

Si hubiera titulado el artículo “el sistema de pensiones es una estafa piramidal” más de uno habría pensando que eso ya lo venían diciendo los que defienden los planes de pensiones privados. Basta realizar la búsqueda en internet “el sistema de pensiones es una estafa piramidal” para encontrarse más de 23.000 referencias. No es casualidad. El negocio de los planes de pensiones privados es un caramelo para las entidades bancarias, un mercado que en España no termina de despegar: sólo el 8% de los ciudadanos españoles tienen contratado un seguro de pensiones privado. Entonces, ¿a qué viene este título? La clave está en el “ahora sí”.

El Gobierno está usando el Fondo de Reserva de la Seguridad Social para comprar bonos del estado  en un momento en el que casi nadie está interesado en comprar deuda española. ¿Cuánto? Al menos el 90%, alrededor de 60.000 millones de euros. El Fondo de Reserva de la Seguridad Social surgió en los años de “bonanza económica” para crear fondos de estabilización con el fin de asegurar las pensiones contributivas en caso de recesión en el futuro. Repito, para asegurar el pago de las pensiones. Lo que está haciendo el Gobierno es todo lo contrario: utilizar ese fondo de previsión para comprar bonos del tesoro. ¿Consecuencias? Por un lado apenas quedan fondos para asegurar las pensiones y por el otro el gobierno está invirtiendo en deuda soberana en un momento en el que “los mercados” no están interesados en comprarla. Catástrofe asegurada.
 
Más datos. En septiembre del año pasado el Gobierno retiró 3.000 millones de euros del Fondo para cubrir deuda. En noviembre tuvo que retirar 4.000 millones de euros más para pagar pensiones porque, como se puede ver, la “recesión del futuro” para la que se creó el Fondo de Reserva ya estaba aquí. Con estas dos retiradas el Gobierno rebaso el límite anual (3%) y se vio “obligado” a modificar la Ley Reguladora del Fondo de Reserva para los ejercicios 2012, 2013 y 2014, fijando el nuevo límite de disposición en base al “equivalente al importe del déficit que pongan de manifiesto las previsiones de liquidación de los presupuestos de las entidades gestoras y servicios comunes de la Seguridad Social que, al efecto, elabore la Intervención General de la Seguridad Social” (Real Decreto Ley de Medidas de Consolidación y Garantía del Sistema de Seguridad Social – Consejo de Ministros 30/11/2012).
 
Ahora sí que el sistema de pensiones es una estafa piramidal, no antes. Los defensores de los planes de pensiones privados llevan años diciendo que siempre lo ha sido. Mentían. Una estafa piramidal era Madoff o el Forum Filatélico, donde no existía ningún fondo de reserva sino que todo el dinero de los nuevos entrantes se utilizaba para pagar a los salientes. La existencia del Fondo de Reserva de la Seguridad Social echa por tierra esa tesis. El problema es que ahora, ahora sí, no existe tal fondo porque, como he comentado, lo han vaciado. El problema no es la naturaleza de las pensiones públicas sino las circunstancias políticas -y no económicas- que lo han convertido en lo que tenemos ahora: una estafa. Si los distintos Gobiernos hubiesen actuado correctamente -lo cual está visto que es imposible- no tendríamos este problema.
 
Las pensiones, en un marco político sin chorizos (como bien los describen en The Economist), no estarían en peligro. Los detractores de las pensiones públicas defienden, además, que el modelo público de la seguridad social es inviable por el envejecimiento demográfico en España. Sin embargo, como bien ha explicado Vincenç Navarro en el diario El País, las pensiones no podrían estar en peligro por esa causa ya que el incremento productivo por cada trabajador aumenta cada año, supliendo ese problema con creces.
febrero 17, 2013

Unificar las luchas: Por la dimisión del gobierno

Iturria: Pedro Casas / Rebelión – 2013/02/16

Llevamos varios años de resistencia importante contra los recortes y agresiones que estamos sufriendo de la mano de unos gestores económicos y políticos que son los que nos han llevado hasta aquí, con sus corrupciones, sus despilfarros, sus burbujas inmobiliarias, sus leyes especulativas, y que ahora nos quieren dar lecciones. Basta con ver el currículum de los que ahora gobiernan nuestro país y las instituciones europeas, para ver que son los mismos que nos han llevado al pozo. ¿Cómo podemos esperar que sean ellos los que nos saquen de allí? Tremenda y penosa ironía.

Es reconocido que la movilización desarrollada en estos últimos años, “de norte a sur y de este a oeste” está teniendo una envergadura desconocida en las últimas décadas. Y también es un hecho que, hasta ahora, estas luchas, básicamente de resistencia, no han conseguido casi ninguno de sus objetivos a corto plazo.

De ahí que se plantee la necesidad de una convergencia de las diferentes mareas o sectores en lucha contra las agresiones. Esto es absolutamente necesario, pues los responsables de cada una de estas agresiones son finalmente los mismos: El gobierno, impulsado por las instituciones europeas, y ambos en manos de los grandes poderes financieros y empresariales, de aquí y de allá.

El gobierno de nuestro país carece por completo de legitimidad. Se presentó con un programa electoral y está haciendo justo lo contrario que prometió. Hasta el propio presidente lo ha reconocido recientemente. Esto es un absoluto fraude que no podemos consentir. En el caso de Madrid ocurre lo mismo: se pretenden llevar a cabo medidas (como la privatización de hospitales y centros de salud) en ningún caso contemplados en el programa electoral, y además ni siquiera el presidente ha sido elegido por los ciudadanos.

Se hace necesario que la reivindicación común dé un paso más y no se quede en la mera protesta y resistencia frente a los recortes, por muy importante que esta sea. Es imprescindible señalar a los responsables, y exigir que se vayan.

Frente a este planteamiento barrunto que se plantearán diversas posturas, a las que me voy a referir a continuación.

Por un lado estarán las personas que consideren que la crisis es más profunda, de todo un sistema, y que no basta con cambiar de gobierno, pues éste no es más que un lacayo que obedece a poderes ocultos (y no tan ocultos). A estas personas no les falta razón, pues nos enfrentamos a un sistema en severa crisis, que se está llevando por delante millones de vidas humanas en todo el planeta, y que amenaza con llevarse por delante al planeta mismo. Pero tener esa perspectiva (“pensar en global”) no anula “actuar en local”. Porque por esa regla de tres, tampoco daríamos valor a las luchas que se están llevando a cabo, en realidad contra los desaguisados del sistema. Si veo que un policía apalea a una persona, ¿dejaré de actuar pensando que es una consecuencia del sistema y que aunque evite esta agresión habrá otros policías dispuestos a realizar las mismas fechorías? Nuestro gobierno (podemos poner en plural) es el capataz de estos poderes financieros, el que ejecuta sus órdenes, el que recorta nuestros derechos, el que hace leyes que permiten que nos expulsan de nuestras viviendas, el que nos apalea en las luchas, el que encarcela arbitrariamente, el que nos va matando poco a poco de hambre y contaminación. Si al amo no lo tengo delante porque se esconde, ¿dejaremos mientras al capataz que haga y deshaga a su antojo o tratamos de impedirlo y, si podemos, quitarlo de su puesto?

Para otras personas puede tener poco valor luchar por la dimisión del gobierno, pues poco podemos esperar de quienes se pondrían en su lugar. Tampoco les falta razón a estas personas, pues llevamos décadas sufriendo un bipartidismo de alternancia que apenas modifica las líneas estratégicas de la gestión más allá de algunos gestos. Pero no podemos ignorar que si el pueblo consigue echar a un gobierno, el que le sustituye se ve afectado necesariamente por esta presión popular y se verá obligado a virar el rumbo, tanto como el pueblo se lo exija. En 2004 hubo un cambio de gobierno contra pronóstico, y tuvo mucho que ver la presión popular de la víspera electoral, en que el pueblo se echó a la calle exigiendo la verdad que el gobierno saliente de Aznar-Acebes trataba burdamente de ocultar. La presión del pueblo consiguió la salida de las tropas invasoras de Iraq. ¿Hay que menospreciar esto? Claro que no. ¿Hay que conformarse con esto? Por supuesto que tampoco.

El gobierno que sustituye a uno expulsado por el pueblo, toma nota y rectifica en aquello que considera necesario para tener margen de maniobra. Cuantos más asuntos pongamos en la cesta de la exigencia de dimisión, más aspectos tendrá que rectificar quien sustituya al gobierno derrotado.

La historia, también la reciente, es rica en casos de revueltas populares que tumban gobiernos, y no uno sino varios de manera sucesiva. Argentina grito “que se vayan todos”, y su proceso no llegó más lejos quizás porque no hubo decisión por parte de fuerzas de izquierdas que pudieran haber llevado a la transformación del sistema con mayor profundidad. El pueblo boliviano tumbó también a varios gobiernos, y dio paso a un proceso de grandes transformaciones, de recuperación de la soberanía y distribución de los recursos a favor de la mayoría social del país. Desde luego que allí fueron a más y no se conformaron con la alternancia.

Podría pensarse que en la actual coyuntura parece que la alternativa posible al gobierno actual sería un PSOE que ha practicado en el poder las mismas políticas que el PP. Pero hay que tener en cuenta que el bipartidismo está en horas bajas, acompañando la profunda crisis de todo el sistema político, económico e institucional. En los procesos de cambio, se transforman también con rapidez las expresiones políticas de las fuerzas contendientes. Y por eso podemos confiar en que la tenaza del bipartidismo tiene los días o años contados.

No entro a valorar si entre medias o a continuación habrá procesos destituyentes o constituyentes, o si se proclamará la república como un producto natural del proceso de cambio popular. Podrán ocurrir alguna o varias de estas alternativas que se están barajando en los últimos tiempos; el tiempo mostrará la profundidad de los cambios y la fuerza del pueblo para impulsarlos. Pero lo que sí me atrevo a afirmar es que, de todos estos procesos profundos pendientes, el conseguir la dimisión del gobierno parece lo más fácil por tangible. Y que en cualquier caso esta conquista nos pone en el camino de más transformaciones, pues debilita a los enemigos del pueblo.

El movimiento popular debe conseguir la caída del gobierno, y dotarse de los mecanismos programáticos y organizativos para que esta caída no sea en balde.

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