El desempleo como forma de enriquecimiento capitalista

Iturria: Marta Mouzo / Kaos – 2013/02/12

Hay una explicación sistémica a las causas del desempleo. El paro masivo es tan antiguo como el propio capitalismo.

El año 2012 cerró con una tasa de paro de casi seis millones de personas, un 26% de la población activa. La tasa en jóvenes menores de 25 años es del 55%, es decir uno de cada dos jóvenes no encuentra trabajo en Estado español. La durísima reforma laboral, que fue vendida como forma de creación de empleo, no sólo no ha detenido la destrucción de este, sino que, en el último año, la caída del empleo ha sido aún mayor que durante la Gran Recesión.

El desempleo ha pasado de cerca del 10% hace cuatro años al 26% actual. Aunque es claramente asociable el marcado aumento de la tasa de desempleo con la enorme crisis que sufre el sistema capitalista internacional, los gobiernos siguen intentando por todos los medios justificarlo con la culpabilidad individual, es decir, con una falta de voluntad para trabajar. Por ejemplo las declaraciones del presidente Mariano Rajoy, hace unos meses, pretendían justificar el recorte en la ayuda por desempleo como necesario para estimular a las personas paradas a buscar trabajo. Pero la desgracia diaria de las clases populares, con despidos masivos, cierres de empresas, desahucios, suicidios, aumento de la pobreza y falta de oportunidades está cada vez más cerca de la mayoría. La realidad objetiva deja claro que este argumento “individual” es del todo insuficiente.

Hay de hecho una explicación sistémica a las causas del desempleo. El paro masivo es tan antiguo como el propio capitalismo. Antes de la revolución industrial, éste era casi inexistente, por lo general producto del hambre o de la guerra; pero una vez los campesinos comenzaron a ser expulsados de la tierra, en las fábricas, el desempleo comenzó a convertirse en una característica endémica del sistema.

Períodos de rápido crecimiento de la producción, con índices de paro cayendo hasta el 2%, mezclados con fases de caída de la producción, con el desempleo aumentando hasta un 10%, han sido las dinámicas históricas del capitalismo. Ejemplos no faltan: el boom de posguerra en occidente dio lugar a un aumento de las condiciones de vida de las personas trabajadoras y unos niveles relativamente bajos de desempleo, pero llegó a un abrupto final con la crisis económica de la década de los 70.

Dinámicas
El desempleo forma parte del proceso histórico de la acumulación capitalista. La lógica del sistema exige que los capitalistas compitan entre ellos, una mayor competitividad les concede mayor estabilidad y supervivencia dentro del sistema. El fin de cada capitalista individual es por tanto aumentar su tasa de beneficios para así mejorar su competitividad.

La introducción de tecnología que permita producir más con menos personas es una de las formas de llegar a este fin; pero también el aumento de las horas laborales, la reducción de salarios o el aumento de la intensidad del trabajo. Esta realidad explica cómo el objetivo del capitalista no es conseguir la distribución del trabajo y el aumento de la calidad de vida de las personas que trabajan, sino conseguir el máximo beneficio con el menor gasto laboral posible, bien sea reduciendo el número de personas empleadas o empeorando sus condiciones laborales.

Épocas de crisis como la actual, donde las empresas con menos beneficios entran en quiebra y los despidos masivos aumentan, profundizando así aún más la crisis, son y han sido históricamente aprovechados para empeorar la situación laboral y eliminar derechos conseguidos. Como Marx afirmó, “la condena de una parte de la clase obrera a la inactividad impuesta por el exceso de trabajo de la otra parte se convierte en un medio de enriquecimiento de los capitalistas individuales.” El desempleo es pues una forma de enriquecimiento capitalista, no un problema individual.

División
Otro papel fundamental que juega el desempleo dentro del sistema es la inactivación de la clase trabajadora a través del miedo y la división. El garantizar la existencia de un grupo con peores condiciones de vida debido a la falta de trabajo beneficia a los capitalistas. Las personas trabajadoras se ven forzadas, bajo el miedo al desempleo y sus consecuencias, a aceptar peores condiciones laborales y las personas paradas son estigmatizadas como vagas, perezosas o inútiles.

Con esta estigmatización, la clase dominante aplica el clásico “divide y vencerás”, utilizando como chivo expiatorio a la persona parada. Pero, como hemos visto, la situación laboral no es culpa ni de estas ni de la persona migrada sino resultado del propio sistema y fundamental para su mantenimiento.

Evitar los recortes en las ayudas por desempleo, así como exigir la reducción de la jornada laboral como forma de distribución del trabajo, son luchas necesarias tanto para la población parada como para la no parada. La victoria de estas supone la reducción de los beneficios capitalistas, por un lado, y la mejora de la calidad de vida de toda la clase trabajadora por otro, esté o no en situación de desempleo. Ante un mismo objetivo, una misma lucha.

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