Necesitamos un contrapeso frente al neoliberalismo feroz

Iturria:  Juanjo Basterra / Gara.net – 2013/01/07

Si hubiéramos seguido esa máxima que se grita en muchas de las manifestaciones de los trabajadores, «obrero despedido, patrón colgado», a estas alturas no habría patrón que valga. En Hego Euskal Herria desde el inicio de la crisis el paro ha aumentado en 124.000 personas y alcanza ya a 221.027 personas. De ellas, cerca de 100.000 personas han agotado sus prestaciones económicas. No tienen nada. La pobreza se extiende como una mancha de aceite, y el riesgo a caer en la pobreza ha crecido un 78% desde 2008. Por el contrario, los salarios no mejoran y las condiciones de trabajo cada vez son más duras. No sigo en ese largo listado de problemas para los trabajadores.

El desequilibrio es enorme. Quienes siguen a pies juntillas los ideales del capitalismo nos están destrozando todas las conquistas sociales. Por eso, se echa de menos la existencia de un contrapoder que equilibre esta desigualdad creciente. Solo se consigue con la lucha, evidente. Es lo que ocurrió tras la Segunda Guerra Mundial, ni más ni menos. Para evitar que la lucha por el socialismo y el comunismo se extendieran a todo el mundo, el sistema capitalista abrió el paso al Estado del Bienestar e incorporó el diálogo social, incluso los gobiernos impulsaron la inversión pública para ayudar al desarrollo económico de la sociedad.

Sin embargo, desde hace ya un par de décadas se han dado cuenta que no hay un contrapoder que les impida obtener todo lo que quieren. Así lo están haciendo. Porque en nuestro caso se han llevado adelante reformas laborales que nos acercan al esclavismo. Quieren recortarnos más las pensiones y hacernos trabajar durante más años, con lo que el paro convivirá con nosotros porque para el capital es una manera de chantajear y explotar a los trabajadores.

Mientras tanto, las empresas no financieras en tiempos de crisis han seguido obteniendo beneficios, más incluso que antes de la crisis y las rentas altas siguen creciendo año tras año. Se han elevado un 152% más en los últimos diez años.

No nos queda más remedio que la lucha y fijarnos en aquellos que hoy en América Latina y el Caribe todavía les siguen poniendo firmes a los capitalistas. Por ahí va nuestro camino.

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