Demolición del Derecho del Trabajo

Iturria: Joaquín Aparicio Tovar / Información y debate  – 2012/12

La relación de trabajo es muy delicada porque en ella, como ya dijera hace muchos años Sir Otto Kahn Freund, se encuentran frente a frente una parte que tiene poder: el empresario y otra que no lo tiene: el trabajador. El poder del empresario es un poder previo a la relación laboral porque se deriva de la titularidad de los medios de producción. Cuando el trabajador, en uso de su libertad contractual, pacta con el empresario, entra en el círculo organizativo de este y se somete a su poder directivo. Es la paradoja del contrato de trabajo. En uso de su libertad el trabajador se somete al poder privado del empresario, que queda juridificado y legitimado.

El objeto del contrato de trabajo es el trabajo mismo, una preciada mercancía que no puede ser separada de la persona que trabaja y esto hace que cueste mucho llamarla mercancía y, por lo tanto, también hablar de «mercado de trabajo». La inse parabilidad entre trabajo y persona que trabaja obliga al ordenamiento que legitima el poder privado del empresario a conferir un haz de derechos al trabajador si quiere preservar la dignidad de la persona y aspirar a alcanzar un cierto grado de justicia. Se trata de trabajar, no de cualquier modo, sino con derechos. Conferir derechos es intentar buscar un cierto equilibrio en aquella relación socialmente desequilibrada y asimétrica. Algunos de esos derechos se sitúan en la esfera individual y otros tienen que ver con el reconocimiento de la dimensión colectiva de los trabajadores, esto es, con el reconocimiento del sindicato en su triple vertiente de asociación, negociación colectiva y huelga. Todo ello se completa con una jurisdicción especializada para la resolución de conflictos mediante el proceso laboral. Es esto, ni más ni menos, el Derecho del Trabajo resultado de grandes luchas y enormes sacrificios de los tra bajadores. Es un elemento esencial del Estado Social y Democrático de Derecho en que España se constituye (art. 1.1 CE) y rasgo distintivo del modo europeo de estar en sociedad, de lo que se dice el modelo social europeo. El Derecho del Trabajo, como ha dicho el profesor Romagnoli, es el más eurocentrico de los derechos. Tra bajar con los derechos que el Derecho del Trabajo confiere no solo es conseguir los medios de subsistencia, sino también la sociabilidad que hace gozar de los bienes de la ciudadanía. Hace pasar a los trabajadores de la condición de súbditos a la de ciudadanos.

Las reformas estos últimos treinta años han tenido una continuidad en reducir centralidad al trabajo para aumentar los poderes de disposición sobre los traba jadores del empresario, enarbolando la bandera de la «flexibilidad» con el piadoso propósito de aumentar la ocupación. Se han abierto puertas a la precariedad, se han facilitado los contratos temporales, se ha aumentado la movilidad funcional y geográfica, así como las posibilidades de ordenación del tiempo de trabajo, se han relajado las garantías frente al despido, por poner algunos ejemplos. El resultado ha sido que el pleno empleo no se ha conseguido nunca y la mayor o menor tasa de desempleo no ha tenido que ver con la normativa laboral, mostrando a las claras que el diagnostico de partida, la culpabilidad del Derecho del Trabajo, era falso. Con todo, la continuidad reformista orientada en el sentido de reducir la relevan cia del trabajo no llegaba a abandonar por completo la aspiración al equilibrio entre las partes. Con mayor o menor intensidad lo que en derechos de los trabajadores se quitaba por una lado, se intentaba compensar parcialmente de alguna manera. Por ejemplo, no se cuestionaba seriamente la eficacia del convenio colectivo.

La reforma de 2010 fue la más intensa de aquella senda reformista, pero la de 2012 ya se sitúa en otro nivel. No es una continuidad sino una ruptura porque ha alterado completamente los equilibrios precarios que hasta ese momento trataban de conseguirse. El poder unilateral del empresario está tan reforzado que la función del Derecho del Trabajo no ya se ha erosionado, sino ha sido casi demolida.

La ley 3/2012 ha actuado sobre casi todas las instituciones del Derecho del Tra bajo. Es imposible en un articulo como este hacer un repaso, siquiera somero, de todas sus intervenciones. Basta señalar dos, como son la modificación operada sobre el despido y sobre la negociación colectiva, siempre dando algunos brevísi mos apuntes.

El despido es la ruptura unilateral del contrato de trabajo hecha por voluntad del empresario. Pero para que esa ruptura sea lícita la voluntad del empresarial tiene que tener una justa causa. Así lo exige el artículo 35 de la Constitución, según ha declarado el Tribunal Constitucional, el art. 30 de la Carta de Niza, el Convenio 158 OIT y las reglas generales de la contratación que impiden que el cumplimiento de los contratos quede al arbitrio de uno de los contratantes. Pues bien, el nuevo contrato para emprendedores (sic) posibilita que durante un año en las empresas menores de 50 trabajadores (el 90 por ciento de las españolas) el empresario despida sin alegación de causa alguna. También se ha reducido la indemnización por despido disciplinario improcedente. Es decir, ante la insuficiencia de causa el despido es eficaz, pero el empresario debe pagar una indemnización. La interpretación judicial habia banalizado la exigencia de causa cambiándola por la indemnización. En vez de causa para despedir se convertía en causa para indemnizar. Cuando hay ausencia completa de causa la respuesta debe ser la ineficacia del acto extintivo, aunque eso exija al juez un escrutinio más intenso. Pero ahora el despido disciplinario impro cedente, que es aquel en el que el juez ha dicho ya que no hay causa suficiente para despedir, ve rebaja su indemnización a 33 días de salario por año de servicio hasta un máximo de 24 mensualidades (antes 45 días por año y un máximo de 42 mensualidades). Por otro lado las causas de los despidos por necesidades de fun cionamiento de la empresa tienen ahora una definición legal muy abierta dándole al empresario gran autonomía en su concreción, al tiempo que se pretende que el juez se comporte como un mero notario que se limite a sancionar lo que dice el empresario, pues no debe entrar en otras valoraciones ya que el que sabe de la marcha de empresa es su titular. Eso es desconocer la función de juzgar. El juez debe siempre entrar a ponderar los valores en juego. El procedimiento de consultas en los des pidos colectivos, en fin, prevé que si acaban sin acuerdo, se imponga la voluntad unilateral del empresario. El resultado de esta operación de facilitación del despido ya lo tenemos, hemos superado el 25 por ciento de desempleo y ha aumentado la temporalidad.

Este extraordinario reforzamiento del poder empresarial de despedir actúa como espada de Damocles para reforzar los poderes, que también han sido ampliados, en la modificación unilateral de condiciones, aun sustanciales, pactadas en el contrato de trabajo.

El convenio colectivo es una institución central del Derecho del Trabajo europeo y tiene como característica esencial su inderogabilidad por acuerdos individuales o plurales, aún con todas las diferencias que puede haber en los distintos sistemas nacionales europeos. Pues bien, se han abierto las posibilidades que ya existían de inaplicación del convenio barrenando como nunca hasta ahora su eficacia. Por otro lado, se ha producido un ataque formidable al convenio de sector para entronizar al convenio de empresa. Dado que la mayoría de las empresas españolas son peque ñas o medianas, es claro que el resultado (que ya se está dando) será un dramático descenso de los trabajadores cubiertos por convenio colectivo.

De lo que se trata ahora (y así lo ha escrito el Ministro de Economía en la prensa económica estadounidense) es de establecer un nuevo campo de juego para que los empresarios se sientan más cómodos cuando algún día (que antes o después lle gará) pase lo más agudo de la crisis y se convierta en crónica. Entonces presentarán como un éxito tasas de desempleo del 15 por ciento, pero eso es acabar con una de las piezas centrales del Estado Social y Democrático de Derecho para acercarnos a los sistemas norteamericanos o asiáticos de relaciones laborales, pero no europeos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: