Cambios radicales y urgentes o salir del euro

Iturria: Javier Echeverría Zabalza / Attac Navarra-Nafarroa – 2012/11/06

En el término euro incluyo el sistema económico-jurídico-político-institucional que se basa en el Tratado de Maastricht, el Pacto de Estabilidad y el Pacto del Euro, donde se fijan unos estrictos topes de déficit y de deuda; que elimina la soberanía monetaria de los países integrantes sin establecer una política fiscal única ni una convergencia económica; que tiene un entramado institucional y un funcionamiento profundamente antidemocrático. Un sistema en el que funciona un Banco Central Europeo (BCE) que no solo no es un Banco Central (no tiene entre sus funciones el estímulo económico o la lucha contra el paro o la especulación), sino que con sus políticas está fomentando la especulación con la deuda pública de los países más afectados prestando dinero a los bancos al 1% y negándose a hacerlo a los Estados. Una institución que es un poderoso instrumento en manos del lobby de la banca europea, sobre todo alemana, para apropiarse de los recursos de las clases medias y bajas de los países periféricos europeos.

Creo que ha llegado el momento de combinar las críticas que se vienen haciendo del euro con posiciones más fuertes. Soy consciente de que la gran mayoría de la gente damos por hecho que es bueno estar dentro de la Unión Europea (UE) y del euro, porque queremos una Europa unida que supere los traumas del pasado y que suponga un apoyo mutuo para mejorar la vida económica y social de los países y ciudadanía europea. Y esto se da de manera especial en España, debido al drama y aislamiento que supuso la guerra civil y el franquismo. Pero tristemente la realidad actual de la UE-euro concuerda muy poco con ese deseo.

Desde su inicio, la UE y el euro en especial se diseñaron de acuerdo a los intereses del capital financiero europeo. A pesar de las ayudas de los Fondos Estructurales, las asimetrías entre países fueron aumentando por medio del endeudamiento a medida que se desarrollaba la burbuja inmobiliario-financiera. Y una vez desencadenada la crisis, la élite financiero-política europea, y sobre todo la alemana, ha utilizado el euro para imponer, con la excusa de la deuda, una política radical de austeridad en todos los países deudores, que supone un saqueo de los recursos y derechos de su población.

El sistema del capitalismo vive de la entelequia a costa de la ingenuidad del hombre corriente

Si no somos capaces de parar esto pronto, nos arruinarán hasta límites incalculables. Grecia es nuestro horizonte. De hecho, estamos en quiebra. Es imposible pagar la deuda total que tenemos que ronda los 4 billones de euros, de los que solo algo más de un quinto es deuda pública. Y el problema es que no nos podemos defender. La no posibilidad de la devaluación de la moneda hace que dicha devaluación la estén haciendo a través del paro y de los salarios directos (nóminas), indirectos (Estado del bienestar) y diferidos (pensiones). Además, estamos secuestrados. No es que hayamos cedido parte de nuestra soberanía; es que los derechos recogidos en la Constitución en estos momentos es como si no existieran: la última reforma constitucional prioriza el pago de la deuda por encima de todos ellos. De ahí que, junto con factores como los crecientes déficits democráticos que tenemos, necesitemos un nuevo proceso constituyente en este país.

Pero, además, ya va siendo hora de que nos planteemos (a ser posible junto a otros países afectados) presionar, exigir y luchar también por un proceso constituyente europeo que apunte a la construcción de una UE social, democrática y ecológica, en la que la economía sea un medio y no el objetivo único para el enriquecimiento de unos pocos. Si esto no lo podemos desencadenar pronto, hay que empezar a preparar-organizar la salida del euro, también a ser posible junto con otros países afectados, y negarnos a pagar la deuda pública odiosa o ilegítima y a socializar la deuda privada. Sin cambiar radicalmente la actual UE-euro o salirnos de la trampa que supone, iremos irremediablemente al desastre total. Ningún país ha salido de una crisis como ésta con las políticas que nos están imponiendo. En la historia reciente hay muchos ejemplos de plante ante situaciones similares de los que deberíamos aprender.

Hasta ahora, la actitud de los gobiernos de los países periféricos en dificultades ha sido de sumisión total alestablishment europeo. Pero esta actitud política nos conduce al abismo. La sumisión de nuestros dos partidos gobernantes nos ha hecho perder la dignidad como país, y las consecuencias las estamos sufriendo la ciudadanía, no las elites financiero-políticas que han creado este desastre. Es absolutamente necesario tomar una posición fuerte que nos ayude a encarar esta dramática situación con posibilidades de superarla y, en mi opinión, esa posición consiste en cuestionar nuestra continuidad en el euro y en no pagar la deuda a no ser que se hagan los cambios profundos que necesitamos.

¿Qué pasaría si se llevara a cabo la salida del euro de varios países o incluso solo de un país de la entidad de España? Desde luego, nosotros lo pasaríamos muy mal durante un tiempo, pero dudo mucho de que fuera peor de lo que lo vamos a pasar pronto si seguimos así. Por lo menos tendríamos esperanza y también instrumentos con los que hacer políticas encaminadas a salir de este pozo sin fondo. La deuda externa española supone muchos cientos de miles de millones de euros que dejarían de cobrar los bancos europeos e internacionales. Así que no solo lo pasaríamos mal en España y en los países que se salieran de euro; supondría también la ruptura del euro, la quiebra de los países centrales europeos y posiblemente una enorme recesión de la economía mundial (Europa supone el 28% de esa economía). ¿Por qué tenemos que ser sumisos y no plantar cara a las entidades e instituciones que nos están ahogando cuando en realidad ellas, que son las que nos han metido en esto, se están jugando tanto como nosotros, sino más? ¡El problema que tenemos es político más que económico!

Me gustaría que no se tuviera que llegar a la salida o ruptura del euro y mucho menos de la UE, y que pudiéramos construir desde dentro una Unión Europea para los ciudadanos. Pero, primero, eso no lo vamos a conseguir con ninguna actitud sumisa, y segundo, ese deseo no puede ser a cualquier precio. Una posición como la que propongo es la que mejor nos sitúa frente a quienes nos están ahogando desde Europa, la que más nos puede ayudar a cambiar la correlación de fuerzas para una salida alternativa a la crisis y la que mejor nos coloca a la hora de negociar ante la UE y las instituciones internacionales. Cuanto más tardemos en reaccionar, más pobres nos harán y más difícil nos será levantarnos.

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