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agosto 20, 2012

EL BANCO MALO: OTRA ESTAFA A LOS CIUDADANOS. Por Carlos Sanchez Mato. «Plataforma por la Nacionalización de las Cajas de Ahorro»

Iturria: quiendebeaquien.org – Carlos Sanchez Mato – 2012/08/08

El ministro de Economía y Competitividad Luis de Guindos acaba de anunciar recientemente la próxima aprobación de disposiciones legales en las que “se establecerán las líneas generales de funcionamiento de las compañías de gestión de activos”. Podemos esperar sin lugar a dudas que en el Consejo de ministros que tendrá lugar el 24 de agosto se pondrá en marcha el “banco malo”. El Memorándum de Entendimiento rubricado por España con los países integrantes del Eurogrupo, obliga a tener plenamente operativo este instrumento en el mes de noviembre de este año y para ello es imprescindible la articulación legal previa.

La nueva rectificación del actual Gobierno (cuyos miembros se manifestaron contrarios a su implantación tanto en la oposición como en su actual responsabilidad) supondrá inyectar dinero público a las entidades financieras a cambio de sus “activos tóxicos”. En resumen, la operación consistirá en la adquisición créditos en situación de difícil cobro y activos inmobiliarios (viviendas y suelo) por parte del banco malo a cambio de la entrega a los bancos de liquidez inmediata que les permita mejorar su actual situación. La clave a la hora de evaluar el coste de la operación para el erario público, es el valor de transmisión de los activos. Si el banco malo los adquiere al valor “inflado” que actualmente tienen en el balance de las entidades, será éste (es decir, todos nosotros) el que asuma la totalidad de las pérdidas derivadas de su futura enajenación. Sin embargo, no podemos hacernos ilusiones en el que caso de que la opción adoptada contemplara que los activos fueran adquiridos al valor actual de mercado de los mismos. Si fuera esa la decisión, aflorarían mayores pérdidas en las entidades bancarias que en el marco del “rescate” también se ha acordado que tendrían que ser afrontadas por el sector público. En definitiva, sea cual sea la opción finalmente adoptada, gana la banca y perdemos los ciudadanos.

A falta del diseño concreto que salga del poder ejecutivo, el banco malo dispondría de 10 años para vender o recobrar los activos tóxicos en él aparcados. Actuaría como una entidad “liquidadora de activos” a la que se inyectaría un capital inicial que provendría de la línea de liquidez firmada con el Eurogrupo. El capital inicial podría ascender hasta un importe de 25 mil millones de euros pero esa cantidad es absolutamente insuficiente para resolver el grave problema oculto en el balance de los bancos (309 mil millones de euros solo en el sector inmobiliario para los que existen 70 mil millones de euros de provisiones).

Por ese motivo, a partir de ahí, actuaría como un banco tradicional emitiendo deuda y utilizando esos bonos emitidos para pagar los activos adquiridos a las entidades. Con estos bonos, siempre y cuando el Banco Central Europeo los acepte como garantía, los bancos obtendrían liquidez para aliviar su extrema necesidad. Además de la socialización de las pérdidas que no podemos consentir, la evidencia económica muestra que esta medida en los términos en la que está planteada no servirá para solucionar el problema que tienen las entidades bancarias. Utilizar deuda (aunque sea emitida desde este nuevo banco malo) para resolver un problema de sobreendeudamiento garantiza un nuevo fracaso.

Una vez más se trata de una operación de salvamento en toda regla de las entidades bancarias utilizando para ello el dinero público e intentando disimular sobre “el pequeño detalle de quien pagará la fiesta”. No hay que ser muy listos para pensar que la factura no estará a cargo de los responsables de la quiebra sino de los ciudadanos

Carlos Sánchez Mato
Plataforma por la Nacionalización de las Cajas de Ahor
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agosto 20, 2012

Despidos en el sector público

Iturria: Ricardo Rodríguez – Rebelión.org – 2012/08/19

No es verdad que, como tanto se repite en estos tiempos de desescombro moral, el riesgo de despido vuelva al trabajador más eficiente; lo vuelve más sumiso, que no es lo mismo. La amenaza de perder el empleo hace que el trabajador trate de caer en gracia a aquel de quien depende que conserve su medio de vida. Si para ganarse la voluntad del jefe ha de trabajar mejor, tratará de hacerlo. Pero bien puede suceder que no sea ése el deseo de algún jefe.

Se supone, aunque a veces sea mucho suponer, que un empresario privado aspira a que sus trabajadores sean eficientes y cumplidores, pues de ello depende que prospere su negocio y aumenten sus beneficios. Pero en el sector público las cosas son diferentes. Aquí el dinero que gestiona quien da las órdenes en última instancia no es suyo, sino de los contribuyentes. Un gobernante puede abrigar la tentación de favorecer el interés de partido, o incluso el mero lucro personal, en lugar del interés general. Si dispone de la facultad de despedir a empleados como en el sector privado, puede optar por desprenderse de los buenos trabajadores públicos que sirven a los intereses generales y son, por ello mismo, un obstáculo a su ambición. La única garantía de que los empleados del sector público son un contrapeso democrático ante el poder político estriba en que solamente puedan ser apartados de su puesto cuando por expediente disciplinario objetivo se demuestre que han incumplido gravemente sus obligaciones. La legitimación del gobernante es la elección popular; la del empleado público, la selección en procesos objetivos basados en los principios de publicidad, igualdad, mérito y capacidad.

Otorgar al gobierno la facultad de despedir a casi un millón de empleados públicos por medio de expedientes de regulación para cuya consumación legal baste con descapitalizar el ente público de que se trate es lo mismo que otorgar a tal gobierno un poder dictatorial. Se asegura la servidumbre de los empleados del Estado, cuya neutralidad e imparcialidad es tan importante para la pervivencia de la democracia como la de los jueces. Estamos, pues, ante la aniquilación del Estado de Derecho y el retorno a la concepción patrimonial del Estado. O sea, el regreso al feudalismo.

agosto 20, 2012

Solo se pierde la lucha que se abandona

Iturria: Gara.net – Juanjo Basterra – 2012/08/20

Cada día que pasa nos damos cuenta hacia dónde nos llevan nuestros gobernantes con la excusa de la crisis. El poder económico y neoliberal ha arrodillado a gobiernos y políticos para que no hagan lo que debiera de adoptarse en una situación de emergencia social como la actual: confiscar parte de sus enormes fortunas para dedicarlas a quienes más sufren. Es otro modelo que no quieren aplicar. Sin embargo, se impone ese cambio de rumbo porque de seguir y persistir con la actual política, en este caso que ejerce la mayoría absoluta del PP en el Gobierno español, la miseria, la pobreza y la exclusión social crecerán en los próximos meses. A la mayoría de la población se le está asfixiando, mientras un grupo de privilegiados obtiene enormes beneficios económicos, también en este momento de crisis.

Estos días atrás hemos visto que acciones simbólicas de los jornaleros del Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT) han levantado ampollas en el sistema. ¡Por nueve carros de comida de primera necesidad! Sin embargo, el poder económico ha movido todos sus resortes en los gobiernos, en algunos partidos que dicen estar con el pueblo, y en bastantes medios de comunicación, convirtiendo a los jornaleros en supuestos delincuentes. Todos estos sumisos al poder económico solo han encontrado una fórmula para impedir que se extienda esa mecha del polvorín social: más policía y amenazas de cárcel. No es nuevo.

En Euskal Herria hay convocada una huelga general para el próximo 26 de setiembre para hacer cambiar el rumbo de este sistema que solo quiere la destrucción total del estado de bienestar y la falta de derechos. Así, el poder económico actuaría a su antojo. Será la quinta huelga general en Hego Euskal Herria, una vez que se han cumplido los cinco años del estallido de la crisis en Estados Unidos.

Es evidente que el poder es terco, no cambia su rumbo y su forma de acción, por lo que creo que ha llegado el turno de cada uno se movilice, de nuevo, para conseguir una sociedad justa.  Es necesario ese paso, para generar una marea social para evitar que perdamos todas las conquistas. Ernesto Guevara, Che, y otros dijeron: «solo se pierde la lucha que se abandona».

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