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abril 11, 2012

Colectivos sociales denuncian que Lanbide «vulnera los derechos sociales»

Iturria: Gara.net – 2012/04/11

Colectivos sociales de Bizkaia denunciaron ayer ante la sede de Lanbide de Bilbo que cuatro meses después de haber tomado el control de las prestaciones sociales «se está produciendo una vulneración de derechos y una demora injustificada de las ayudas a los afectados».

Diez colectivos sociales de Bizkaia: Argilan, Asamblea Abierta en Defensa de las Prestaciones Sociales, Asamblea de Invisibles, Berri-Otxoak, Consejo de la Juventud (EGK), Danok Lan, Elkartzen, Mujeres del Mundo, Posada de los Abrazos y SOS Racismo, denunciaron la actuación de Lanbide porque está utilizando «una estrategia de demora de los expedientes» de las personas en exclusión y en la pobreza «para no aportar la prestación económica, que es vital para garantizar su vida». Denunciaron que en una coyuntura de crisis, «cuando más necesarias son las prestaciones sociales, el Gobierno vasco ha decidido hacer un recorte drástico de los derechos sociales. Es imperdonable», remarcaron.

Como explicaron a las puertas de la sede de Lanbide de Bizkaia en Alameda Mazarredo, el próximo viernes 13 de abril se cumplen cuatro meses del traspaso de la gestión de las prestaciones sociales desde los departamentos de Acción Social de las diputaciones a Lanbide. «Cuatro meses de vulneración permanente de derechos sociales básicos», como explicaron dos representantes de los colectivos que se dirigieron a los medios de comunicación. Remarcaron que, incluso, el Ararteko también ha constatado las irregularidades. De hecho, explicaron que en ese informe «se constata que el incremento del número de personas en riesgo de exclusión social, motivado por la crisis económica, junto con el endurecimiento de los requisitos para acceder a las ayudas sociales», ha disparado en un 320% las reclamaciones presentadas ante el Ararteko. Como dijeron los representantes de los diez colectivos sociales, el propio Ararteko confirma que «el endurecimiento en las condiciones para acceder a las ayudas sociales supone un retroceso en la cobertura social: hay muchas personas que no pueden acceder a las prestaciones sociales, a pesar de que se encuentran en una situación de `gran necesidad’».

A esa situación, los colectivos sociales unieron la demora «de varios meses en la tramitación de la Renta de Garantía de Ingresos (RGI) o los dos meses que se tarda en atender a las personas usuarias de Lanbide». Añadieron otras irregularidades como que «se impide realizar la solicitud de inicio y apertura de expediente para el acceso a las prestaciones sociales. Se niega la información sobre la situación de expedientes, solicitudes, recursos y reclamaciones».

Ante la gravedad del problema, los colectivos sociales denunciaron la irresponsabilidad del Departamento de Empleo y Asuntos Sociales del Gobierno de Gasteiz «que está jugando con la vida de quienes no tenemos nada». Pero añadieron que esta situación «se verá agravada esta misma semana al terminárseles su contrato de trabajo a decenas de personas encargadas de la gestión de los expedientes relacionados con la Renta de Garantía de Ingresos y la Prestación Complementaria de Vivienda, porque a los retrasos, ya acumulados se le unirá nuevas demoras de varios meses en la atención, al faltar personal e incrementarse las cifras de personas desempleadas».

Los colectivos sociales hicieron un llamamiento a Lanbide para que «ponga fin a este cúmulo de arbitrariedades, a la nefasta gestión y a la reiterada conculcación de los derechos sociales básicos que les asisten a las personas en situación de desempleo, con empleos precarios o perceptoras de pensiones muy por debajo del umbral de pobreza, para poder mantener una vida digna, ni más ni menos».

La agenda de las citas previas «está cerrada»

Trabajadores de Lanbide denunciaron de manera directa que el servicio de cita previa de Lanbide está cerrado. «El teléfono previsto o da comunicando o te dice que no te da cita», explicaron a GARA.

Esta situación se ha producido al menos durante estas últimas semanas en las oficinas de Antiguo, Gros -las dos únicas de Donostia-, Errenteria, Getxo, Lasarte-Oria, Ondarroa y San Martin (Gasteiz).

Estos empleados de Lanbide aseguran que esta situación puede tener que ver con una estrategia de presión ante Función Pública para que renueve las contrataciones de los 125 empleados que se quedarán sin contrato este mismo mes.

abril 11, 2012

La doctrina del shock: una contrahistoria del neoliberalismo

Iturria: Benedetto Vecchi – Rebelion – 24-09-2007

Reseña del libro de Naomi Klein, Shock Doctrine

Una cosa es cierta. Naomi Klein, tras el éxito de NoLogo, no se ha quedado mano sobre mano. Se puso nuevamente en ruta, visitando o viviendo por breves períodos en Argentina, Brasil, Sudáfrica, Chile, Bolivia, Irak, Sri Lanka, Tailandia, Líbano, Rusia y, huelga decirlo, EEUU. Desde esos países ha enviado reportajes y en esos países ha entrevistado a economistas y a activistas para periódicos como The Guardian, The Nation o el  New York Times. Al propio tiempo, ha acumulado información sobre los cambios operados en el neoliberalismo tras el ataque al World Trade Center neoyorquino del 11 de septiembre de hace ahora seis años. Con el paso del tiempo, sin embargo, ha madurado en ella la convicción de que el capitalismo del siglo XX presentaba robustos elementos de continuidad, pero también de discontinuidad, respecto a los elementos que la ensayística contemporánea llama los gloriosos treinta años, es decir, el período de desarrollo económico y social que siguió a la II Guerra Mundial, que vio surgir en muchos países la presencia reguladora del estado en la economía y en la vida social.

La continuidad venía del Estado de Bienestar, en sus diversas traducciones nacionales, y de una relación de dominación de algunos países fuertes respecto de otros países “débiles”, usados precisamente como laboratorios de experimentación de políticas económicas desprejuiciadas que en el potente Norte habrían hallado no pocas resistencias por parte de las fuerzas sindicales y políticas  del movimiento obrero y de otros movimientos sociales. Lo difícil, en cambio, era perfilar las discontinuidades. Y son precisamente las discontinuidades las que centran la atención de Naomi Klein.

La constelación neoliberal

El resultado es un libro que puede leerse como una contrahistoria del neoliberalismo contemporáneo. Su título, Skock doctrine [La doctrina del shock], introduce inmediatamente en la tesis del volumen: las crisis –económicas, sociales o políticas—  y las catástrofes ambientales son usadas para introducir unas reformas neoliberales que han llevado a la demolición del Estado de Bienestar.

El libro entra, para empezar, en el corazón de la Guerra Fría. En aquellos años, el futuro premio Nóbel de economía Milton Friedman empieza a urdir su tejido para construir una red intelectual de investigadores favorables al libre mercado. Es un economista brillante, pero sus propuestas a favor de la demolición de la intervención estatal en la sociedad y en la economía resultan demasiado “extremistas” en relación a lo que hacen las empresas y el gobierno de Washington. Con todo y con eso, su centro de investigación recibe financiación de fundaciones privadas y del gobierno. Milton Friedman sostiene ya entonces que las crisis pueden usarse para una “terapia de shock” a favor del libre mercado.

Milton Friedman se convierte en el agit-prop del neoliberalismo, mientras que sus discípulos son enviados por el mundo entero en misión de proselitismo. Sus recetas acabarán convirtiéndose en programas de política económica en Chile, Paraguay, Argentina, Brasil, Guatemala, Venezuela. Hay un pequeño problema. Son programas aplicados con carros blindados en las calles y tortura sistemática en las prisiones, mientras el número de desaparecidos llega a ser tan alto, que ni siquiera los medios de comunicación estadounidenses pueden ignorarlo.

La parte del libro que habla de los años sesenta y setenta cuenta la historia de los golpes de Estado y del uso sistemático de la violencia contra los opositores políticos, y puede parecer un dejà vu de historias sabidas desde hace tiempo. Pero Naomi Klein lo presenta como la primera crisis del neoliberalismo. Chile, Argentina y Paraguay son laboratorios en los que se enriquecen muchas transnacionales estadounidenses, a las que se les permite apropiarse de muchas materias primas y abrir nuevos mercados para sus productos. Una especie de renovada acumulación primitiva deslocalizada fuera de las fronteras nacionales. Por eso vale la pena financiar, de consuno con Washington, el terrorismo de estado chileno, argentino, brasileño y paraguayo. Y es precisamente en ese período que la red intelectual tejida por Friedman se consolida y se extiende al mismo tiempo.

Resulta impresionante el trabajo hecho por Naomi Klein de reconstrucción de las carreras políticas, los vínculos de amistad, las relaciones de negocios de hombres –de Dick Cheney a Donald Rumsfeld, de John Ashcroft a Domingo Cavallo, de Michel Camdessus a Paul Bremen, a Paul Wolfowitz y a la familia Bush— que pasan de un consejo de administración de alguna transnacional a la dirección de un think thank neoliberal, de puestos de responsabilidad en algún gobierno a los despachos del Banco Mundial o del FMI.

La hasta ahora contada es historia conocida fuera de los EEUU. Naomi Klein lo sabe, pero también es consciente de que en los EEUU es historia sabida o desvelada sólo para una minoría de activistas o intelectuales radicales. De aquí su obra de sistematización de las informaciones antes de entrar a contar la segunda ola neoliberal, que tiene, como la primera, un apóstol. Es otro economista, se llama Jefrey Sachs y quiere demostrar que el libre mercado, a diferencia de lo que pareció ser el caso en América Latina, no es incompatible con la democracia. Es un auténtico “evangelista del capitalismo democrático”, y ve en el desplome de la Unión Soviética y del socialismo real la mejor oportunidad para conciliar la democracia con las “leyes naturales” del mundo de los negocios. Aconseja –y es escuchado— a la Polonia de Lech Walesa y a la Rusia de Boris Yeltsin una desregulación radical de sus economías. Su receta será un fracaso, pero en ese mismo momento su “terapia de shock” halla un valioso aliado en un FMI ya definitivamente depurado de economistas vinculados todavía a las teorías de Lord Maynard Keynes. La deuda será el arma vencedora empleada por los neoliberales, que concederán préstamos sólo a condición de que se desregularice completamente la economía. Es el llamado consenso de Washington, son su corolario de “programas de ajuste estructural”. Como en el pasado, las transnacionales se harán de oros, pero Sachs, lo mismo que los demás “evangelistas del libre mercado”, sostiene que lo que ahora corresponde es que todas las actividades productivas y los servicios sociales gestionados por el estado sean puestos en almoneda, aun a costa de sacrificar centenares de miles  de puestos de trabajo sobre el altar de la competitividad internacional. La pobreza, no dejan de repetir, es un efecto colateral que sin embargo acabará siendo despejado por la mano invisible del mercado.

La “terapia de shock” se nutre ya de estrategias de marketing, propaganda y falsificación de datos, tratando de demostrar que el mercado libre es la única vía para escapar de la decadencia económica y de la pobreza masiva. Pero el consenso tiene que ser conquistado electoralmente, aun si eso puede llegar a ralentizar el ritmo de “reformas”.

La política woodoo

Para remover ese obstáculo hay una estrategia bien probada durante la “guerra de la deuda” en América Latina: crear el pánico, para luego presionar a fin de que se adopten “terapias” económicas neoliberales. El Banco Mundial y el FMI se convierten entonces en instituciones supranacionales adaptadas al objetivo de limitar la soberanía popular y privar a los gobiernos nacionales de cualquier autonomía decisional. Los programas económicos son, pues, confeccionados en Washington, pero su aplicación in situ viene garantizada por personal político “fiel a la línea”. Nami Klein muestra documentalmente cómo incluso las crisis asiáticas de los años noventa tuvieron como protagonistas al Banco Mundial y al FMI, que orquestaron a sabiendas la crisis financiera a fin de demoler toda presencia estatal en la economía. Y cuando Tailandia, Filipinas, Malasia, Indochina y Corea del Sur capitularon frente al FMI, un “Chicago boy” escribió una columna en el Financial Times parangonando la revolución del libre mercado en Asia con una “segunda caída del Muro de Berlín”.

En América Latina la situación es distinta. Las dictaduras se desplomaron una tras otra y subieron al poder muchas coaliciones de centroizquierda. Es la era, afirma Naomi Klein, de la política woodoo, caracterizada por programas electorales keynesianos y sucesivas políticas económicas rígidamente neoliberales.

La embrollado ovillo que Naomi Klein pacientemente deshilvana muestra no tanto un comité de negocios de la burguesía, cuanto un trust de empresas cuyo negocio consiste en el vaciamiento del estado de toda función, incluida la de la guerra. Es el nacimiento del “estado corporativista”, según lo define la autora, en donde una restringida elite pasa de una empresa a cargos públicos sin el menor respeto a las normas liberales contra el conflicto de intereses. El “capitalismo de los desastres” no puede sino seguir renovando la inseguridad social. El 11 de septiembre es, desde este punto de vista, un maná para los neoliberales. La “guerra al terror” se convierte así en la retórica tras la que ocultar la venta de la defensa nacional a las empresas privadas y el pleno control del petróleo.

Con la invasión de Afganistán y del Irak, el warfare, es decir, el uso de la guerra para relanzar la economía, se ha elevado a sistema, porque la guerra al terror es una guerra total que no sólo implica al sector militar, sino a la sociedad entera. Iluminador a este respecto resulta el capítulo que la periodista canadiense dedica a Israel, haciendo del desarrollo de la industria high-tech de la seguridad y de la llegada de los hebreos de la Europa del Este tras la caída del Muro de Berlín dos de las claves interpretativas –no las únicas— del paso de una hipótesis de paz con los palestinos al funesto paseo de Ariel Sharon por la explanada de las mezquitas que provocó la segunda Intifada. Los prófugos del Este europeo pudieron substituir la fuerza de trabajo palestina a bajo costo, mientras que las empresas high-tech pudieron ofrecer sus productos al mundo entero, visto que la guerra al terror es la guerra de la civilización occidental contra sus enemigos.

La economía de la catástrofe

Cuando Naomi Klein comienza a analizar los efectos devastantes del huracán Katrina y del Tsunami descubre que las catástrofes son utilizadas por el FMI como misión creep, es decir, expansión indebida de una misión, en este caso de la máquina pública. Los últimos baluartes del estado como garante de la convivencia social son sometidos a ataque. Nueva Orleáns se ha convertido en el laboratorio de esa ulterior privatización del estado. Análogamente, el Tsunami es utilizado para transformar algunas regiones o aun naciones (Sri Lanka, Tailandia y las Maldivas) en clubes de vacación para las elites globales.

Así es narrado el capitalismo de los desastres. Naomi Klein, como ya hiciera en NoLogo, no quiere construir una teoría del desarrollo capitalista. Es una excelente publicista y periodista de investigación que se plantea siempre la pregunta correcta: cómo organizar la resistencia al neoliberalismo. Es verdad que su defensa del estado de Bienestar puede parecer ingenua, pero cuando empieza a enumerar qué hacen y qué proponen los movimientos sociales, el suyo resulta un keynesianismo que abre puertas al autogobierno por parte de los movimientos sociales y a una democracia radical.

Shock doctrine es, pues, un libro ambicioso, porque pretende ofrecer un mapa del “capitalismo de los desastres”. Es ciertamente un fresco de la reorganización del capitalismo tras el 11 de septiembre y empieza a identificar sus puntos de fuerza, las empresas líderes que están emergiendo, su vocación global. Pero también identifica sus puntos débiles. Es, pues, un mapa útil de leer, también para prepararse a resistir la próxima ola de terapia de shock que se alimentará con la próxima catástrofe ambiental y con la próxima etapa de la guerra preventiva. O del anunciado e italianísimo recorte de los gastos sociales para contrarrestar la decadencia económica.

Benedetto Vecchi es un crítico cultural italiano que colabora regularmente con el cotidiano comunista italiano Il Manifesto.

abril 11, 2012

La trampa de Guindos — Progresividad en las prestaciones sanitarias

Iturria: Rebelión – 2012/04/10

El canto de sirena que lanza el ex Consejero asesor para Europa de Lehman Brothers y ministro de Economía Luis De Guindos proponiendo abrir el debate sobre la introducción de la progresividad en las prestaciones sanitarias (1) es una de las mayores trampas que puede colar el PP a los trabajadores, a los sindicatos y a las izquierdas en general PORQUE:

1.-Supone empujar a las clases medias y altas fuera del Sistema Nacional de Salud (SNS) español, lo que a medio plazo convertirá la sanidad pública en una “sanidad para pobres”; modelo americano previo a la Reforma de la Sanidad de Obama y lo que teníamos antes de la generalización del sistema público de salud en 1986. Las clases medias y altas que huyesen de la Sanidad Pública posteriormente obtendrían una disminución de su carga tributaria, como ha sucedido en otros países, al pagarse su propia sanidad privada. Esto supondría menores fuentes de ingreso al fisco para la financiación para el Sistema Nacional de Salud

2.-Ello potenciaría aún más el trasvase de usuarios desde la sanidad pública a la privada, incrementando en mayor medida el negocio de la sanidad.

3.-Es una forma de introducir el fin de la universalidad y la gratuidad del sistema sanitario, rasgos característicos de nuestra sanidad pública, por la puerta de atrás y bajo la coartada de una decisión de justicia social que, en realidad, sólo busca rebajar la calidad del sistema sanitario, desproveerle aún más de fondos y darle una puntilla de muerte.

4.-Es infinitamente más reaccionario que recurrir a la progresividad fiscal real (impuesto en el IRPF y otros sobre el capital, las SICAV, los beneficios empresariales y las grandes fortunas). Una progrsividad fiscal real es una forma mucho más eficaz y progresista de recaudar fondos para la sostenibilidad de un sistema sanitario cuya crisis financiera ha sido inducida por la confluencia de intereses entre las grandes corporaciones y mutualidades sanitarias privadas, sectores políticos y de la administración, la industria farmacéutica y sectores financieros privados con intereses cruzados en las grandes entidades de sanidad privada, que encontrarán un nuevo gran mercado en la financiación de la privatización de la sanidad.

5.-Avanza hacia un copago parcial inicial. Una vez aplicada en todas las Comunidades Autónomas sobre una parte de las clases sociales, ya sólo bastará implantarlo a todas las demás, justamente a los trabajadores, pensionistas y familias de rentas bajas, que son las más necesitadas de una sanidad pública de calidad, universal y gratuita.

6.-Es una medida populista que trata de ganar masa crítica hacia más medidas privatizadoras de los servicios, mediante el apoyo a un falso señuelo de “que paguen más los que más tienen” (luego pagará el resto, como en Catalunya con el copago) y el consenso de amplias capas de la población que sienten que no hay un reparto equitativo de las medidas anticrisis –puras medidas antisociales y de voladura de lo público- y verán en esto una medida, aparentemente, más igualitaria y redistributiva del peso de los sacrificios. Puede abrir una brecha en las izquierdas que piquen ese anzuelo.

En consecuencia, oponerse a esa medida, explicando muy bien los motivos, con el fin de ganar la batalla de la opinión pública y de la calle debe ser una de las batallas que los sindicatos, la clase trabajadora y las organizaciones de izquierdas acometan con firmeza y sin dudas ni titubeos.

NOTAS:
(1) http://www.publico.es/dinero/428768/de-guindos-plantea-la-progresividad-en-las-prestaciones-sanitarias y también http://politica.elpais.com/politica/2012/04/09/actualidad/1333954688_207882.html

abril 11, 2012

La tiranía del dinero, la democracia secuestrada

Iturria: ATTAC Acordem – Pep Cabayol – 2012/04/08

En Europa se ha impuesto la marktkonforme demokratie. El pasado 1 de septiembre Angela Merkel dijo en el Bundestag: “Vivimos en una democracia parlamentaria y por tanto la confección del presupuesto es un derecho básico del parlamento. Pero encontraremos la manera de hacerlo para que resulte acorde con los mercados”. Frau Merkel dejó claro así que no se aprobaría ningún presupuesto que desagradara a la oligarquía financiera que controla los negocios mundiales.

La mentira.

Leo Strauus, discípulo del nazi Carl Schmitt, siempre defendió que las élites tienen que mentir para poder gobernar: “Los gobiernos, a través de la prensa, sólo deben dar a la población un mínimo de información fidedigna. Si se quiere mantener la fe de las masas en un futuro mejor, no hay ningún otro camino que la mentira y el engaño“. Para Strauss sólo se puede conseguir el “consentimiento” a las propuestas formuladas desde “la alta política”, a través de la mentira. Strauss fue (y es) guía de los neocons, los neoliberales.

En la misma universidad donde impartía ideología Strauss, enseñaba economía Milton Friedman al frente de la famosa y muy liberal Escuela de Chicago. El pensamiento de Friedman se basa en la creencia (interesada, por supuesto) que los mercados competitivos libres de la intervención del estado son buenos para la eficiencia de la economía. Y proponía medidas como: mínima participación del Estado en el gobierno económico, ningún control político, ningún salario mínimo, ninguna subvención, privatizar la seguridad social, ningún estado del bienestar.

La apropiación de los bienes comunes

En la Universidad de Chicago se cocía la usurpación de los bienes públicos y de la ciudadanía. Había que decidir sin embargo, cómo y cuándo hacerlo. Los primeros experimentos fueron en 1973 en Chile. Con el apoyo de la presidencia y de los políticos norteamericanos, la Escuela de Chicago con Friedman a la cabeza, apoyaron a Pinochet, justificaron e impulsaron la violencia de estado y consiguieron su principal objetivo: el enriquecimiento de los más ricos a costa de los más débiles por medio de la represión, cárcel y muerte de muchos ciudadanos que clamaban por sus derechos. El asesinato y la cárcel ensombrecieron Sudamérica en nombre de la guerra al comunismo.

En el transcurso de los años 80 se impuso en EEUU un cambio de hegemonía del pensamiento social que ha llevado del keynesianismo al neoliberalismo. Un dato lo certifica: a finales de los 70 los más ricos podían llegar a pagar en impuestos al estado hasta un 70% de sus beneficios. Robert Reich, que fue ministro de Trabajo y Asuntos Sociales con Clinton, explica que por las deducciones al final tan sólo pagaban el 50%. El año 2011 esta cifra descendió al 36%. ¿Del 70 al 36 en 30 años! Pero aún hay más porque por medio vías de escape paralegales y fraudulentas, en 2011, 18.000  familias más ricas de EEUU no pagaron impuestos.

Los 80 fueron años de plomo para las clases populares. En EEUU con Reagan, en Reino Unido con Thatcher. En la vieja y continental Europa el estado del bienestar, de derechos sociales, también retrocedió. Pero no era suficiente.

El neoliberalismo

Llegamos así al 13 de enero de 1993, fecha oficiosa del nacimiento del Consenso de Washington. John Williamson, el economista que había redactado las misiones originales de FMI y Banco Mundial, convocó a la élite neoliberal para decidir cómo “convencer” a los políticos para que adoptaran medidas contrarias a los intereses de la mayoría de ciudadanos. Políticas que deberían facilitar el traspaso de la propiedad de bienes públicos a manos privadas.  La reunión tuvo lugar en el Carnegie Conference Center de Washington. Para asegurar sus intereses y dado que las crisis provocadas son iguales de efectivas que las reales, decidieron que mentir a los ciudadanos no sería un problema si así conseguían sus propósitos. Para lograrlo acordaron aprovechar y favorecer los momentos catastróficos porque entonces la ciudadanía acepta mejor cambios traumáticos. Y señalaron cuatro objetivos a los gobiernos del mundo: eliminar reglas de control, privatizar, adelgazar el estado y aprobar leyes favorables a las transnacionales, lo que oculta el eufemismo liberalizar.

La privatización del futuro

Las crisis reales, las provocadas, las favorecidas y las exageradas, han cuajado. El Norte, como antes le pasó al Sur, ha caído en shock. Asustados, incapaces de reaccionar colectivamente, nos preocupa más la supervivencia personal que la comunitaria sin darnos cuenta de que la oligarquía sólo piensa en imponer la tiranía del dinero en favor del 1% de la población mundial cuando maneja los mercados. Y que los objetivos señalados en 1993 para el Sur, ahora son para el Norte.

¿Qué pretenden? ¿Qué quieren conseguir? Traspasar a su propiedad privada dos de los mecanismos claves para la equidad, las dos cosas a las que los humanos, además de respirar, beber, comer y procrear, nunca renunciaremos: salud para vivir, educación para vivir mejor en el futuro.

Ellos, los oscuros mercados, saben que pagaremos por tenerlas porque no hay futuro sin salud ni educación. ¿Les permitiremos que se las apropien con el único objetivo de acumular riqueza a costa de los derechos sociales de la mayoría? Aceptaremos convertirnos (aún más) en objetos de negocio?

No todos los políticos pero…
Merkel dijo que el Bundestag no aprobaría ninguna medida que no fuera bendecida por los mercados. Es decir, por el poder financiero. En todos los parlamentos europeos pasa lo mismo. ¿Dónde están los políticos independientes de los mercados? La democracia controlada, supervisada, y dirigida. Eso es lo que tenemos. Entonces, ¿podemos considerar democrático un sistema político que decide en sede parlamentaria secuestrar buena parte de la soberanía popular? ¿Es esta la democracia que nos proponen? ¿Es esto democracia? ¿No deberíamos exigir a los partidos políticos y a sus representantes que si no están de acuerdo con esta “percepción” de la democracia, salgan a la calle y denuncien inequívocamente lo que ya es para muchos una perversión democrática y una violación sistemática de los derechos humanos? ¿Estamos asistiendo a un crimen económico contra la humanidad cuando a la mayoría se le dificulta por ley, cuando no se le impide, el derecho al trabajo, a la salud, a la educación y al buen vivir?

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