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marzo 14, 2013

Artillería jurídica contra la deuda externa

Iturria: Enric Llopis / Rebelion – 2013/03/13

La coordinadora del CADTM en Bélgica, Cécile Lamarque, reivindica los derechos humanos para que no se pague la deuda ilegítima

“No debemos, no pagamos”. Para materializar esta sencilla consigna hace falta acumular fuerza política. Pero también argumentos. Algunos de ellos, los de carácter jurídico, los ha expuesto en la Facultat de Ciències Socials de València, Cécile Lamarque, coordinadora del Comité por la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo (CADTM) en Bélgica. Un arsenal de razones jurídicas para no pagar la deuda ilegítima a los acreedores.

En un acto organizado por la Plataforma Auditoria Ciutadana del Deute-País Valencià, Clínica Jurídica de la Facultat de Dret y el Instituto de Derechos Humanos de la Universitat de València, Cécile Lamarque ha subrayado que la deuda se utiliza como “excusa” -en la realidad europea- para imponer políticas de austeridad y recortes. “Se nos dice que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”, pero ¿a qué responde realmente el aumento de la deuda externa, sea pública o privada?

Primero, al “alza explosiva” de los tipos de interés en la década de los 80, coincidiendo con la llegada al gobierno de Reagan en Estados Unidos y Thatcher en Gran Bretaña; además, a la aprobación de sucesivas contrarreformas fiscales para el beneficio de los grandes patrimonios y las rentas más altas, que han menguado los ingresos estatales; a dos tratados, primero el de Maastricht y después el de Lisboa, que fuerzan a los estados a financiarse en los mercados internacionales en lugar de hacerlo a través del Banco Central Europeo (BCE), a una tasa de interés muy inferior; por último, al coste de los planes de rescate y las maniobras de las agencias de calificación rebajando la nota de los estados. Es decir, “el endeudamiento en los países europeos no deriva de un incremento del gasto público”, subraya Lamarque.

El pago de la deuda y los planes de austeridad ahogan a las poblaciones del sur. Frente a lo que muchos ya califican de “austericidio”, el CADTM propone la realización de Auditorías Ciudadanas que delimiten qué parte de la deuda es ilegítima y, por tanto, no debe pagarse. Hay argumentos jurídicos que avalan las alternativas al binomio recortes-pago de la deuda. Por ejemplo, el último informe del experto de la ONU sobre deuda exterior, de abril de 2012, afirma que los estados acreedores y las instituciones financieras “no deben aprovechar las crisis para imponer reformas estructurales en los estados deudores”. También se explica en el mismo informe que los acreedores “no deberían imponer como condición de los préstamos o del alivio de la deuda, la aplicación de políticas como la privatización, la capitalización, la liberación del comercio, la desregulación de las inversiones o la liberalización del sector financiero”. Pero, afirma Cécile Lamarque, “la Troika impone actualmente estas medidas a los países de la periferia europea”.

Los Comités por la Auditoría de la Deuda priorizan la acción política de los ciudadanos para cancelar la deuda ilegítima al tiempo que desconfían de los tribunales y los mecanismos de arbitraje, “pues suelen dar la razón a las multinacionales y a los acreedores”, asegura la coordinadora del CADTM de Bélgica. “El derecho es siempre fruto de la correlación de fuerzas”, agrega. Por eso los argumentos jurídicos y las auditorías han de estar al servicio fundamentalmente de la lucha ciudadana. Siguiendo con las razones procedentes del Derecho, la activista recuerda que los estados “no tienen la obligación absoluta de reembolsar una deuda; deben hacerlo si se trata de deudas contraídas por el interés general”. Para ello, añade, puede invocarse la Carta de la ONU (1945); la Declaración Universal de Derechos Humanos (1948) o la Declaración sobre el Derecho al Desarrollo (1986), entre otros textos.

El Derecho Internacional podría convertirse en un valioso aliado, de no ser porque las resoluciones de Naciones Unidas suelen quedarse en “papel mojado”. Una resolución del 18 de julio de 2012 llega a afirmar que todo estado “tiene la responsabilidad de promover el desarrollo económico, social y cultural de la población (…) y no verse condicionado por fórmulas específicas de políticas económicas externas”. En otros casos, los estados pueden alegar motivos de fuerza mayor que les imposibilitan pagar las deudas. Según el Derecho Internacional, los estados también pueden ampararse en el “estado de necesidad” (“peligro para la existencia del estado y para su supervivencia política y económica”). Afirma Cécile Lamarque que Grecia podría invocar este principio para no reconocer parte de la deuda con los acreedores internacionales.

En los países de la periferia europea podría asimismo aplicarse el criterio sostenido por el experto de la ONU sobre deuda externa en su último informe: “cuando por causas ajenas a la voluntad del estado prestatario cambien las circunstancias, puede justificarse una moratoria de la deuda”. ¿Cuáles serían estas circunstancias? Por ejemplo, según la activista del CADTM, el incremento de los tipos de interés que se duplicaron en el periodo 2010-2011 respecto a 2008-2009. Otras veces el arsenal jurídico contra la deuda requiere de menos pormenores. Basta con invocar los principios generales del derecho internacional cuando se refieren a la “equidad”, “buena fe”, “abuso de derecho” o “fraude”.

Puede, así pues, tirarse de argumentario jurídico para considerar ilegítima una deuda contraída. También la casuística histórica es muy extensa y abundan los ejemplos a partir de los cuales podría reivindicarse el impago. Es el caso de las deudas contraídas por dictaduras, y que deben costear el conjunto de la población. Así, el CADTM reivindica este principio para las deudas contraídas por los regímenes recientemente caídos de Túnez y Egipto. “Se podría haber aplicado asimismo en las dictaduras militares de Grecia, Portugal o España”, subraya Lamarque. En contexto y época diferentes, tras la invasión de Iraq en 2003, el Club de París (foro internacional de países acreedores y deudores) consideró “odiosa” la deuda que mantenía este país y canceló el 80% de la misma. Aunque se tuvo cuidado en no difundir la noción de “deuda odiosa” por miedo a que cundiera el ejemplo.

Deudas ilegítimas por condicionalidades vinculadas a los préstamos. Éste es uno de los criterios con mayor potencial de materialización hoy en la Unión Europea. La deuda de los países de la periferia se halla íntimamente ligada a las políticas de austeridad e incluso a la imposición de gobiernos “títeres” (caso de Italia y Grecia). Lamarque también señala la posibilidad de declarar ilegítimo el endeudamiento producido por la compra de material militar (el ejemplo griego). O el derivado de la construcción de infraestructuras y grandes proyectos que afecten a las poblaciones y al medio ambiente.

No faltan ejemplos a los que acogerse y tomar como referencia. Algunos los cita el politólogo y jurista Joan E. Garcés en el epílogo de su libro “Soberanos e Intervenidos” (Ed. Siglo XXI), donde concluye que el empréstito “ha sido uno de los instrumentos financieros utilizados para intervenir, dividir o dominar a pueblos enteros”. En 1899, explica Garcés, Estados Unidos pidió que España asumiera las deudas contraídas por los cubanos alzados contra la corona. Un año antes, Reino Unido y Alemania suscribieron un acuerdo secreto para conceder un préstamo conjunto a Portugal y, anticipando que no podría reembolsarlo, repartirse en compensación los territorios portugueses de Angola, Mozambique y Timor, explica Garcés.

En el mismo libro se citan otras muestras de resistencia. Tras el pánico financiero de 1837, los estados de Mississippi, Arkansas, Florida y Michigan repudiaron la deuda pública contraída con inversores extranjeros. Se adujo que estas inversiones no habían producido beneficios. En 1860, el presidente mexicano Benito Juárez rechazó la deuda suscrita durante el régimen del general Zuloaga (1857-1860). Estados Unidos también obligó a repudiar la deuda que los estados confederados habían contraído con Francia y Reino Unido entre 1861 y 1865. Detalla Joan E. Garcés, asimismo, que tras 1877 los estados de Alabama, Arkansas, Luisiana, Carolina del Norte, Carolina del Sur y Tennessee consideraron ilegítima la deuda pública contraída entre 1865 y 1877, porque el gobierno había actuado, se dijo, de manera corrupta y en beneficio propio.

En definitiva, resume Cécile Lamarque, hoy “el pago de la deuda se impone como condición absoluta; los estados lo aceptan para satisfacer a los mercados financieros”. De ahí nace la iniciativa de las Auditorías Ciudadanas. En Argentina (2001) se suspendió el pago de la deuda y ello no supuso, al contrario, una tragedia económica. En marzo de 2005, la Cámara de Representantes de Nigeria aprueba repudiar la deuda externa contraída por la dictadura militar. En 2010 y 2011 los ciudadanos islandeses decidieron mediante referéndum oponerse al reembolso de la deuda exterior, así como llevar a juicio a los gobernantes responsables.

Rafael Correa en Ecuador (2008) dejó de pagar, tras la realización de una auditoría con participación de los movimientos sociales, parte de la deuda exterior con la banca privada. Éste es uno de los grandes paradigmas aunque, según Cécile Lamarque, “podría haber llegado más lejos”. Grecia, Italia, Irlanda, Francia, Bélgica, Irlanda, Inglaterra, Portugal, España, Túnez, Grecia…Proliferan las plataformas por la auditoría de la deuda con la implicación de la sociedad civil. Trabajan en red para coordinar las luchas. “Porque el endeudamiento es un problema crónico del Sur, de los países periféricos de todo el mundo”, concluye Cécile Lamarque.

febrero 27, 2013

No pagar la deuda para salir de la crisis

Iturria: La hiedra / Kaos en la red – 2013/02/27

Análisis del papel del Estado en la crisis de la deuda, su incremento incesante y la función de los recortes. Se argenta por qué es imprescindible oponerse a la política de austeridad promovida por la UE y promover el impago de la deuda de forma unilateral a diferencia del caso argentino.

En este artículo, Carlos Schwartz nos explica el papel del Estado en la crisis de la deuda, la función de los recortes del gasto social y el incremento incesante de la deuda. Asimismo, destaca el protagonismo de la Unión Europea (UE) como principal motor de estas políticas de ajuste y defensora de los intereses de los grandes capitales del continente. Schwartz cree imprescindible oponer a la política de austeridad y sobreexplotación de la UE el impago de la deuda de forma unilateral a diferencia del caso argentino.

Crisis y explosión de la deuda

Desde la proclamación de Mariano Rajoy como presidente del gobierno, el candidato del Partido Popular (PP) en las elecciones generales de noviembre de 2011, su equipo ministerial se ha dedicado a cercenar las conquistas sociales y las prestaciones del Estado en todos los terrenos. El argumento central de una parte considerable de esta liquidación de derechos sociales y asistenciales es la necesidad de lograr un equilibrio de los presupuestos generales del estado, es decir, la eliminación del déficit de las administraciones públicas. Este objetivo de estabilidad presupuestaria no es un afán exclusivo del gobierno del PP. También era una aspiración del gobierno que le precedió, encabezado por José Luis Rodríguez Zapatero del Partido Socialista (PSOE), quien convocó a su adversario Rajoy en agosto de 2011 para pactar una reforma constitucional hecha entre gallos y media noche para satisfacer a las autoridades de la Unión Europea (UE) y al Banco Central Europeo (BCE).

La reforma consistió en incorporar a la constitución los objetivos de estabilidad presupuestaria. Esa fue la condición impuesta por los capitales europeos para que el BCE interviniera en los mercados comprando deuda pública española evitando así también la intensa presión especulativa sobre la deuda soberana de Italia. Desde entonces y en diversas oportunidades la deuda pública española ha estado en el ojo de la tormenta. Desde julio de 2012 el anuncio del BCE de que tenía aprobado un mecanismo de intervención para sostener la deuda soberana de los países que solicitaran su asistencia a través de la UE, ha frenado la ola especulativa.

La deuda pública del Estado español alcanzará al final de este año en cifras redondas el billón de euros. Al cierre del segundo trimestre (últimos datos disponible del Banco de España) la cifra era de 978.368 millones de euros. Al finalizar el año 2012 la deuda pública total alcanzará el 100% del producto interior bruto (PIB). En el año 2007, antes de que la crisis capitalista se hiciera evidente en toda su magnitud la deuda era de 503.906 millones de euros o un 47,8% del PIB de ese año.1 Es decir que en términos porcentuales más que se duplicó y en términos absolutos es el doble. Mientras, la deuda externa de la banca privada española se ha reducido entre 2008 y 2012 en 200.000 millones de euros2, de 794.086 millones a 591.736 millones.

Esto es lo que los economistas burgueses denominan desapalancamiento, y es la contrapartida del incremento del endeudamiento público durante las crisis. Por si quedara alguna duda señalemos que la deuda externa del banco de España en el segundo trimestre de 2008 era de 12.326 millones de euros mientras que en el segundo trimestre de 2012 totalizaba 408.695 millones de euros.3 La lectura de este proceso es que parte de la deuda privada se transforma en pública y pasa a ser una carga directa de la sociedad. De acuerdo con los presupuestos generales del Estado para 2013 enviados por el gobierno a las Cortes, el pago de intereses de la deuda pública del año 2013 será de 30.000 millones de euros, tanto como el gasto salarial de la Administración.

Repercusión de la deuda a los y las trabajadoras

Este cuadro no es el resultado del incremento del gasto que suponen los y las trabajadoras en paro, y de una menor recaudación fiscal del impuesto sobre la renta y las empresas, porque las rentas del trabajo caen y los beneficios de la pequeña y mediana empresa se reducen o se transforman en pérdidas. Es el resultado directo del traslado de la crisis capitalista al Estado. Dentro de esta operación de rescate de los intereses capitalistas la cuestión central es el saneamiento bancario y del sector financiero cuya crisis es una expresión de la tendencia a la disolución de las relaciones económicas del régimen burgués, de la tendencia al derrumbe del capitalismo. El sistema bancario y financiero es parte de la esencia misma de las relaciones de producción capitalistas porque a través de él se materializa la circulación de las mercancías, la reproducción del capital y su ampliación mediante la extracción de plusvalía, y la concentración de los capitales para destinarlos al crédito necesario en el ciclo de la producción. Sin sistema bancario y financiero el capitalismo no puede existir. El incremento de la deuda pública que resulta del salvamento de los intereses capitalistas privados es repercutido sobre los y las trabajadoras de forma directa por el estado burgués.

La forma bajo la cual se repercute sobre la clase trabajadora el salvamento de los intereses capitalistas es esencialmente reduciendo la renta disponible para los derechos sociales y asistenciales de la sociedad en general, y en el caso de los trabajadores de las administraciones públicas también los ingresos salariales. La privatización de los servicios públicos como sanidad y educación, el incremento de los costes de los servicios como las tasas universitarias o el transporte, la reducción de los derechos sanitarios, la reducción de las pensiones, el retraso de la edad de jubilación, la retirada de la asistencia a los dependientes, los recortes a las prestaciones por desempleo, son todos expresión del traslado de la crisis a los y las trabajadoras. Lo que el estado se ahorra en esta operación se destina a ayudar a los capitalistas. Este proceso es todavía más injusto que lo que pueda parecer a primera vista, puesto que se lleva a cabo después de que los capitalistas han extraído ya una plusvalía del trabajo ajeno. Es decir, cuando ya se han apropiado parte del trabajo socialmente necesario para la producción por el trabajador de bienes y servicios mediante el mecanismo de no pagarlo en el salario.

Parte de la operación de traslado es el régimen fiscal. La recaudación fiscal con la cual el estado burgués hace frente a su gasto se concentra en el Estado español en el impuesto a la renta de las personas físicas (IRPF), que se basa en la tributación de las y los trabajadores. Por la vía de las retenciones a cuenta y la declaración de la renta el Estado exprime los salarios mientras las grandes fortunas no tributan. La eliminación del impuesto sobre el patrimonio, y de todo vestigio de fiscalidad progresiva, la preservación de las exenciones fiscales para las sociedades de inversión de capital variable (SICAV), las numerosas exenciones fiscales dentro del impuesto de sociedades, son parte de este proceso. Mientras, el Gobierno y los grupos de interés capitalistas argumentan que el gasto público se dispara por los compromisos sociales que tiene el Estado con el seguro de desempleo a los desocupados por la crisis, el pago de las pensiones y los gastos asistenciales. La evidencia es que sólo el saneamiento de la banca supondrá entre 2012 y 2013 100.000 millones de euros aportados bajo la forma de deuda por la UE. Sin tener en cuenta lo que ya ha costado hasta ahora.

Gobierno, Unión Europea y capitalistas quieren la derrota de los y las trabajadoras

Dentro del arsenal del Gobierno contra los trabajadores la piedra angular ha sido la reforma laboral. El abaratamiento del despido, la precarización del empleo, el ataque a los convenios colectivos y su subordinación a los convenios por empresa pretenden abaratar los costes laborales unitarios aumentando la explotación -menos trabajadores, más horas de trabajo, ritmo de producción más intenso- incrementando la productividad sobre esta base. Es que el capitalismo español en medio de una crisis brutal se juega su supervivencia en el intento por restablecer su tasa de beneficio.

Es una reforma laboral diseñada para que las grandes empresas incrementen su beneficio en medio de la crisis, procediendo a reducciones drásticas de plantilla en empresas sin pérdidas como el caso de Telefónica y bancos como Santander, BBVA, Caixabank. Esta es una operación de un inmenso calado, porque está destinada a sentar las bases de una mayor explotación de los trabajadores y es al mismo tiempo un apoyo estratégico del Estado al proceso de concentración de capitales que acompaña a las crisis capitalistas. El grave problema es que la única forma de que haya una recuperación económica es mediante un prolongado periodo de destrucción de fuerzas productivas de forma pacífica o violenta. Y cualquiera de estos escenarios requiere de la derrota de los y las trabajadoras para poder imponerlos como salida a la crisis. Esta estrategia no es ajena a la entrega al capital privado de las áreas asistenciales y formativas tradicionales del estado, como la salud y la educación, en su afán de garantizar a los capitalistas nuevas vetas de negocio. Forma parte indisoluble además del proceso por el cual la crisis de los sectores privados se traslada al estado, mientras este abre puertas al negocio privado argumentando que no puede sostener sus responsabilidades tradicionales por falta de unos recursos que gasta precisamente en sostener a un sistema económico en virtual disolución.

La UE es un motor impulsor de este proceso. Su papel es el de estado mayor de los capitales más concentrados de Europa encabezados por los de Alemania. El grupo de países con una mayor composición técnica y orgánica de capital, Alemania, Holanda, Finlandia, Reino Unido, y en menor medida y en posición intermedia Francia y Bélgica, se han repartido el mercado de los países de la denominada periferia del viejo continente en la zona del euro: Grecia, Irlanda, Portugal, España e Italia. Se han dedicado a exportar a estos países sus excedentes de capital para financiar el endeudamiento de la periferia que a su turno suponía la compra de bienes y equipos fabricados por las empresas de estos países en todo el mundo, incluidas las mismas naciones periféricas. El caso de Reino Unido con Irlanda, o el de Alemania con Grecia y España iluminan esta situación. La política de rescate de las naciones en crisis por parte de la UE ha sido un mecanismo de rescate de los bancos de los países centrales cargados de deuda privada y soberana de las naciones en crisis.

La UE se ha dedicado a ejercer una presión sin límite sobre los países en crisis para imponer sus soluciones de austeridad, y toda vez que una crisis política amenazó con desbordar los límites de la tolerancia de los socios mayores la UE ha propugnado métodos antidemocráticos que han pasado por encima de la vida parlamentaria de los países en cuestión. Han logrado una reforma constitucional en España sin siquiera una consulta parlamentaria. Han impedido un referéndum en Grecia sobre el programa del rescate obligando a la dimisión del gobierno de Georgos Papandreu en 2011. Han ejercido una presión sin límites sobre el establishment político griego en las elecciones generales de junio de 2012 con el objetivo de lograr que Nueva Democracia resultara el partido más votado y recibiera por tanto 50 escaños que es el premio de la ley electoral griega para el ganador. El objetivo de fondo era evitar que, aun a pesar de su política, la coalición de izquierda Syriza acabara sacando a Grecia de la UE al abrir un canal más poderoso a la movilización de masas.

En Italia la UE y sus aliados han impuesto una coalición de todas las organizaciones desde la derecha hasta el centro izquierda para proclamar primer ministro al tecnócrata Mario Monti que no fue elegido en las urnas. Como lo demuestra el caso griego con claridad el objetivo de los capitales más concentrados de Europa es transformar a las naciones de la periferia en protectorados carentes de soberanía a los que se les dicta la política económica que viene bien a los países con excedentes de balanza de pagos. La política de austeridad a ultranza impuesta a la periferia sirve a los intereses de reducir hasta el extremo las necesidades de financiación de los países intervenidos y por lo tanto preservar los recursos de los países centrales. Bien mirado, no se trata solo de la opresión de los países de la periferia por los países centrales, sino además de la opresión creciente de los y las trabajadoras de todos los estados de la UE, formen o no parte de la zona de la moneda común, el euro. Desde este punto de vista, actos como la entrevista de los líderes sindicales españoles de UGT, Cándido Méndez, y de Comisiones Obreras, Ignacio Fernández Toxo, con la canciller de Alemania Angela Merkel el pasado mes de julio son profundamente reaccionarios porque despiertan la ilusión de que una intervención de Alemania, el primer impulsor de esta política de la UE, puede llegar a ser beneficiosa para el Estado español. No es posible una defensa consecuente de los intereses de los y las trabajadoras sin la denuncia de la UE y la lucha por su disolución.

En 1915 Lenin en un artículo titulado La Consigna de los Estados Unidos de Europa señala que “Desde el punto de vista de las condiciones económicas del imperialismo, es decir de la exportación de capitales y del reparto del mundo por las potencias coloniales ‘avanzadas’ y ‘civilizadas’, los Estados Unidos de Europa son imposibles o reaccionarios en el capitalismo”.4 Asistimos en pleno siglo XXI a la materialización de esta consigna como mecanismo de salvamento del capitalismo europeo en descomposición. Desde entonces, y especialmente desde 1923 tras su adopción por la Internacional Comunista en vida de Lenin, la consigna con que los socialistas revolucionarios se oponen a los Estados Unidos de Europa como unión reaccionaria de intereses de la burguesía es “Por los Estados Unidos Socialistas de Europa”. Es decir los revolucionarios se oponen a la UE no desde la estrechez de la nación dominada por la burguesía, sino desde una unión de estados soberanos socialistas.
Desde el punto de vista de la lucha de los y las trabajadoras contra esta ofensiva la consigna de rechazar la deuda usuraria, exigir la moratoria unilateral de la deuda pública, es una pieza central. La moratoria debe ser unilateral y no negociada, y en todo caso lo único que se puede atender es el derecho de los pequeños inversores.

La experiencia de los países que, como Argentina y Ecuador, han apelado a las moratorias negociadas de la deuda pública interior y exterior y a su reestructuración pone de relieve que la idea de una “Auditoría de la Deuda” para determinar cual se debe pagar y cual no es un callejón sin salida. Toda la deuda pública sin distinción es usuraria y forma parte del proceso de exacción que el estado capitalista ejerce contra su población trabajadora para sostener los resortes de un estado que arbitra toda su acción en favor de los propietarios de los medios de producción. Son los trabajadores los que acaban pagando la deuda pública.

La experiencia de Argentina es además ilustrativa. El país suspendió pagos en 2001. Entre 2004 y 2005 negoció de nuevo parte de su deuda y emitió nuevos bonos con un recorte del principal para sustituir la deuda vieja, pero utilizó como referencia una serie de indicadores que implican una alta rentabilidad lo que está asfixiando nuevamente a la economía del país. Con esta operación transformó una deuda de 65.000 millones de dólares en 35.300 millones de dólares.5 Volvió a negociar otra parte de la deuda en suspensión de pagos en 2010, y nuevamente cedió a la presión internacional concediendo nuevos bonos y redujo la deuda de 20.000 millones de dólares a 10.500 millones de dólares. Mientras, la caída de las exportaciones ha reducido la cantidad de divisas que ingresan al país. Las divisas son indispensables para el servicio de la deuda externa. El Gobierno se financia con un impuesto del 35% a las exportaciones agropecuarias. Pero el dinero se va en pagar los intereses de la deuda. Para atender a las necesidades presupuestarias interiores y al pago de la deuda externa e interna, el Gobierno utiliza la emisión de moneda del Banco Central de la República Argentina (BCRA) y las cajas de la Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses). Estos mecanismos provocan inflación. Para frenar la inflación el BCRA retira del sistema bancario el dinero que inyecta el gobierno para pagar el gasto público. Para ello emite una deuda especial que rinde un interés muy alto destinada a los bancos y que en este momento representa 109.000 millones de pesos argentinos.6 Pero lo que es peor es que el “desendeudamiento” preconizado por los gobiernos de Néstor Kirchner entonces y Cristina Fernández ahora ha sido paradójico: la deuda pública ha aumentado hasta alcanzar los 182.741 millones de dólares incluyendo la deuda con el Club de París7. Es decir Argentina va camino de una crisis fiscal. No cabe la menor duda de que este no es el sendero a seguir por los y las trabajadoras españolas.

Para las y los socialistas revolucionarios, de lo que se trata es de transformar la realidad. En este sentido, debemos ser capaces de ofrecer a una sociedad en lucha objetivos claros que ayuden a agrupar fuerzas y concentrar el ataque en contra del traslado de la crisis a los y las trabajadoras por parte del Estado capitalista. La moratoria inmediata y unilateral de la deuda pública interna y externa se inscribe dentro de este objetivo. Para dar una salida real a la lucha por una sociedad justa este objetivo se debe acompañar de la expropiación de la banca y la nacionalización del crédito en el camino de un gobierno de los y las trabajadoras.

Carlos Schwartz es periodista especializado en asuntos económicos y miembro de la Sociedad de Estudios de Teoría Crítica (www.setcrit.net).

Notas

Datos tomados del Banco de España de acuerdo con los cuadros a1104, a1103 y a1102.
Datos tomados del Banco de España de acuerdo con el cuadro e0709 Deuda externa de España.
Ibid.
Disponible en: http://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1910s/8-1915eu.htm
Periódicos Clarín, Página12, La Nación, 10/02/2005, 15/02/2005, 13/02/2005.
Clarín, 11/11/2012
Ibid.

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enero 30, 2013

Las consecuencias del dominio neoliberal en el gobierno de la Eurozona

Iturria: vnavarro.org – 2013/01/29

Entrevista realizada al Profesor Navarro por la revista Aquí Europa basada en Bruselas

1. ¿Quiénes son los amos de Europa? ¿Los conocemos, o aguardan en la sombra?

El capital financiero –que incluye la banca, los hedge funds, las compañías de seguros y otras instituciones financieras- engloba a los grupos de presión más importantes en la Unión Europea que, a través de las instituciones sobre las cuales tienen gran influencia –tales como la Comisión Europea, el Banco Central Europeo (BCE) y el Fondo Monetario Internacional-, están imponiendo unas políticas de austeridad que están dañando enormemente el bienestar de las clases populares. Su objetivo es desmantelar el Estado del Bienestar y privatizar la Seguridad Social, áreas que esperan poder captar para sus inversiones financieras. A través de los medios de información e instituciones académicas, sobre las cuales también tienen gran influencia, han desarrollado y  promovido la ideología neoliberal que se ha convertido en el dogma de las instituciones que gobiernan el euro. Esta situación no es nueva. Ya en la manera como se diseñó el euro y su gobernanza estaba implícita esta ideología neoliberal que tenía y tiene como objetivo debilitar a los Estados. El BCE  es un ejemplo de ello. El BCE no es un Banco Central, es un lobby de la banca. Si todo el dinero que el BCE ha prestado a la banca lo hubiera prestado a los Estados, hoy no habría el llamado problema de la deuda pública.

2. Grosso modo, ¿cuántos representantes de este contrapoder encabezan las principales instituciones europeas?

Una manera de medir esta influencia es ver cuántos banqueros o profesionales relacionados con las instituciones financieras privadas ocupan lugares prominentes en el gobierno del euro. Su número es muy elevado. Pero este recuento tiene el riesgo de no incluir a aquellos profesionales que, sin ser banqueros, comulgan con la ideología promovida por la banca, es decir, los dirigentes de la Eurozona, que son neoliberales y que son la gran mayoría.

3. ¿Podría darnos algún nombre o alguna pista?

La lista es demasiado larga. Toda la estructura del BCE, liderado por el Sr. Mario Draghi (un banquero), es neoliberal. Compare con el Federal Reserve Board (FRB) en EEUU. Su Presidente ha dicho que un objetivo del FRB es estimular la economía y crear empleo. Draghi está enfatizando que ésta no es una responsabilidad del BCE. El contraste es enorme.

4. En 2002, bastante antes de que estallara la actual crisis económica y financiera, publicó su libro Bienestar Insuficiente, Democracia Incompleta: Sobre lo que no se habla en nuestro país. En este sentido, ¿cuál es la calidad democrática de Europa y, especialmente, de España? ¿Se ha empezado a hablar de los temas que entonces eran tabú?

La democracia en España es muy limitada. Hay múltiples indicadores de ello. Desde la imposibilidad de criticar al Jefe del Estado a la escasísima diversidad ideológica de los medios de mayor difusión, sin olvidar la enorme dificultad para tener referéndums dentro de un sistema electoral que está sesgado deliberadamente para favorecer a las fuerzas conservadoras.

La democracia europea se ha deteriorado marcadamente debido al enorme poder de capital financiero. Hoy un gran número de gobiernos están aplicando políticas de austeridad, que están dañando el bienestar de la población, sin que hayan sido aprobadas por la ciudadanía, pues no estaban en los programas electorales de los partidos gobernantes.

5. ¿Cómo podría revitalizarse la democracia en la UE?

Con un cambio muy profundo, que debería incluir varios elementos, tales como, por ejemplo: 1) un gran protagonismo del Parlamento Europeo, que hoy no tiene apenas influencia en las reformas que se están realizando en la UE y en la Eurozona; 2) una Comisión Europea que cambie su orientación  neoliberal y que rinda cuentas ante el Parlamento Europeo; 3) un Banco Central Europeo que sea un Banco Central, que deje de ser un lobby de la banca y que dependa y rinda cuentas ante el Parlamento Europeo. Y que adopte, como así lo hace el FRB en EEUU, un compromiso de facilitar el alcance del pleno empleo además de controlar la inflación; 4) facilitar el establecimiento de bancas públicas que garanticen la disponibilidad de crédito; 5) europeizar la deuda pública de los Estados, protegiéndolos de la especulación financiera; 6) fijar las condiciones legales para establecer convenios colectivos a nivel de la UE y de la Eurozona; 7) cambiar el Pacto de Estabilidad para flexibilizarlo y hacerlo también Pacto de Crecimiento, lo que no es, a pesar de su título, añadido a posteriori al de Estabilidad; 8 ) facilitar la existencia de referéndums a nivel de la UE; 9) establecer criterios sociales como condición de permanencia. Por ejemplo, exigir que el desempleo no pueda superar un 6%; y 10) garantizar derechos universales, con legislación laboral que asegure la protección social, incluyendo el establecimiento de un salario mínimo europeo.

Éstos son ejemplos de intervenciones tendentes a democratizar las instituciones europeas. Sin esta democratización  no habrá tales cambios. Dicha democratización es necesaria y urgente para cambiar las fuerzas políticas que controlan la troika. Son penosas las declaraciones del Comisario de Economía y Asuntos Monetarios, el Sr. Olli Rehn, todavía hoy insistiendo en las políticas de austeridad. Su dogmatismo neoliberal, impermeable a los datos, está llevando a Europa al desastre. Pero además de dogmáticos, los que gobiernan Europa parecen extraordinariamente ignorantes. Parecen no saber que, aunque el Estado español estuviera en superávit, esto no le impidió caer en la crisis. Es patético. Habrían suspendido en cualquier Master de Economía Política o de Políticas Públicas.

Pero, las alternativas, los partidos que fueron antes gobernantes de centroizquierda, tienen que cambiar también sustancialmente. Puede que el crecimiento de los partidos a su izquierda les fuerce a que cambien. Están todavía estancados en el pensamiento neoliberal que configuró la Tercera Vía. Fueron tales fuerzas las cómplices de la creación de una arquitectura institucional que debilita enormemente a los Estados.

En realidad, la dificultad para que aparezcan alternativas al neoliberalismo explica que cada vez un número mayor de fuerzas políticas –hoy minoritarias- estén pensando en salirse del euro, lo cual no puede excluirse como solución. El peor escenario es que continúe el status quo. No puede condenarse a los países a tener un 26% de paro durante varios años. ¡Esto no se puede tolerar!

6. Instrumentos de participación como la Iniciativa Ciudadana Europea o las consultas públicas ¿ayudan a revitalizar la participación política de los europeos o son un mero maquillaje?

Creo que las alternativas al status quo tienen que salir de la ciudadanía, de los movimientos sociales y de los sindicatos. Estos últimos tienen más poder de lo que ellos mismos creen. Si se movilizaran a nivel europeo podrían tener un impacto que ahora no tienen. En casi cualquier país, los sindicatos son las asociaciones más grandes de personas.

7. ¿Existe una auténtica ciudadanía europea?

Es obvio que no hay una ciudadanía europea. En realidad, las políticas que se están implementando están distanciando a la ciudadanía de los países miembros de la UE del concepto de ciudadanía europea.

8. ¿La democracia directa de los antiguos en la polis griega se puede conjugar con la democracia de los europeos modernos ejercida a escala continental?

El tamaño no tiene por qué dificultar la democracia. EEUU es una democracia y sus enormes limitaciones no se deben a su tamaño, sino al excesivo poder de los grupos financieros y empresariales en el proceso electoral, a la privatización de tal proceso y también al sistema electoral bipartidista que niega la proporcionalidad. Un ejemplo de ello es que, en las últimas elecciones, el Partido Demócrata ganara las elecciones tanto en el Senado como en la Cámara Baja y, sin embargo, el Partido Republicano controle la Cámara Baja. El sistema de referéndums a nivel local y estatal funciona bastante bien.

9. El siglo XX nos ha enseñado que los tiempos de crisis son el caldo de cultivo propicio para que emerjan regímenes totalitarios encumbrados por importantes sectores de la población. ¿Europa corre el riesgo de presenciar el ascenso de un nuevo Hitler? ¿La sociedad europea ya ha aprendido la lección, o podemos volver a tropezar con la misma piedra?

Hoy el desencanto y el enfado con las instituciones europeas son enormes. Las instituciones que gobiernan la Eurozona, lideradas por el pensamiento neoliberal, se han ganado a pulso el gran descrédito del proyecto europeo. El temor no es al nazismo. El temor es a que la situación existente continúe sin que haya cambios. Esto es lo peor. El enfado de la calle con Europa es enorme.

diciembre 13, 2012

La causas reales de las políticas de austeridad

Iturria: Vicenç Navarro – 2012/12/13

En un artículo reciente indiqué que las medidas que se están tomando para racionalizar el sistema financiero en la Unión Europea no están teniendo un impacto en la resolución de la Gran Recesión que la Unión Europea está experimentando (“¿Qué está ocurriendo en la Eurozona?, Sistema 30.11.12). Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), la economía española descenderá un 1,5% del PIB, la italiana un 2,3%, la portuguesa un 3%, la griega un 5,2%, la británica un 0,6%, la alemana un 0,9% y la francesa un 0,1%. Para el promedio de la Unión Europea, las predicciones de crecimiento económico son nulas, como señala la Comisión Europea. En realidad, se calcula que el descenso de la economía europea será de un 0,4% de su PIB. Un mal presente y un futuro peor. Las reformas financieras parecen no estar mejorando la situación. Antes al contrario, muchas de las medidas que se están tomando para mejorar el sistema financiero, están empeorando, en lugar de mejorando, la situación económica. El énfasis del Banco Central Europeo (BCE) y de la Comisión Europea en continuar las políticas de austeridad es un claro ejemplo de ello. Se argumenta que la disciplina fiscal (reducir el déficit público de los Estados) es clave para recuperar la confianza de los mercados financieros. De ahí que, como consecuencia, se están realizando más y más recortes en las transferencias y en los servicios públicos del Estado del Bienestar.

La inmensa mayoría de trabajos científicos creíbles muestran el profundo error de tales políticas. En realidad, tales políticas de austeridad han sido las responsables de que se vaya cayendo más y más en esta Gran Recesión. Y la causa de que ello sea así no es nada difícil de entender. El gran descenso de las rentas del trabajo en la mayoría de países del mundo occidental (y muy en especial Norteamérica y Europa occidental) ha creado un enorme problema de escasez de demanda, que aún cuando fue paliada, en parte, debido al enorme endeudamiento de la población (endeudamiento que benefició a la banca), ha llegado a un límite que ha paralizado el crecimiento económico. Pero la disminución de las rentas del trabajo se ha hecho a costa del enorme crecimiento de las rentas del capital y de su concentración en unos sectores de la población enormemente minoritarios (el famoso 1% del Occupy Wall Street Movement). Nos encontramos así con la aparente paradoja que vemos, junto a un enorme crecimiento de la cantidad de dinero existente en manos de unos pocos, una gran escasez de dinero para que la mayoría de la población pueda pagar los bienes y servicios que necesita para mantener su nivel de vida. En realidad, la pobreza está alcanzando dimensiones epidémicas, alcanzando grupos y clases sociales que se habían siempre considerado inmunes a tal escasez de recursos.

Lo que debería hacerse y no se hace
Parecería que lo más lógico es que se repartiera la enorme concentración de dinero para que se transfiriera a la población en general permitiéndoles que compren y atiendan a sus necesidades, recuperándose así la economía. La solución a esta recesión es extraordinariamente fácil de diseñar, si el conocimiento científico fuera el que motivara las decisiones políticas. De nuevo, toda la evidencia científica creíble existente señala que tal concentración de las rentas está dificultando la resolución de la crisis. Y la manera de corregir la concentración es la redistribución de tal dinero. Sólo en EEUU, el dinero acumulado (por la élite económica) durante estos años de crisis es de 2 trillones (americanos) de dólares. No hay, pues, falta de dinero. Su redistribución hacia las clases populares resolvería rápidamente el problema de falta de demanda en EEUU.

Que ello no se haga se debe al enorme poder que tiene este 1% de la población en cada país y las alianzas que se establecen entre ellos en varios países. Los argumentos que constantemente se dan, incluso por autores de izquierda, para explicar porqué no se hace tal redistribución y se estimule la demanda, es que los economistas que dirigen o aconsejan estas políticas de austeridad son incompetentes o ignorantes, argumentos que no son creíbles. Otro argumento que se ha utilizado es que tales economistas están imbuidos de una ideología, la ideología neoliberal que practican y promueven con una fe mancada de base empírica que la sustente. Pero tal argumento ignora que la fe siempre se reproduce porque beneficia a los que la promueven y sustentan. Hay intereses muy poderosos –para los cuales tales economistas trabajan- que apoyan la austeridad. Uno de ellos es el capital financiero, pues la expansión económica, que resultaría de las políticas redistributivas, afectaría la inflación. Y el enemigo número uno de la banca es siempre la inflación. Si el lector tiene 100 euros y la inflación anual es de un 10%, al final del año, su billete de 100 euros únicamente tiene un valor de 90 euros en comparación con los iniciales. Y la banca tiene billones de euros. Eso significa que ligeras variaciones de la inflación pueden tener impactos sumamente negativos para el capital financiero. De ahí que las políticas de austeridad que se están imponiendo en la Eurozona (y utilizo la expresión imponiendo porque en ninguno de los países donde tales políticas se han llevado a cabo éstas estuvieron en los programas electorales de los partidos gobernantes), y que están dañando el bienestar de la mayoría de la población, hayan sido las escogidas por el sistema de gobierno del euro (el Banco Central Europeo y también la Comisión Europea), enormemente influenciado por el capital financiero europeo (y muy en especial el alemán). Estas políticas han sido muy exitosas para tal capital financiero. La inflación en el promedio de la Eurozona ha sido alrededor del 2% por año, el objetivo que se diseñó cuando se estableció el euro (en noviembre fue el 2,2%).

Otras causas de las políticas de austeridad
Pero hay otra razón por la cual se continúan las políticas de austeridad. Y es que la enorme cantidad de dinero que se está utilizando por parte de la banca en prácticas especulativas tiene también sus elevados riesgos, como la banca es bien consciente. De ahí que lo que desea es buscar nuevas áreas de inversión que no sean especulativas, tales como la Seguridad Social y los servicios públicos del Estado del Bienestar. Se necesitan, pues, medidas de austeridad que empobrezcan las transferencias públicas (como las pensiones) y los servicios (como sanidad o educación), y que estimulen su privatización. Ello ofrece nuevas posibilidades para la banca y para las compañías de seguro de realizar amplios beneficios en actividades menos arriesgadas que las especulativas. Esta es la explicación de las medidas de austeridad. Y si no se lo cree, mire quien se está beneficiando de las privatizaciones de la sanidad en Catalunya, la Comunidad Autonómica de Madrid, donde tales políticas de privatización han sido más acentuadas. Entre muchos intereses financieros, existen inversiones de alto riesgo, compañías de seguro, consultorías afines al capital financiero y un largo etcétera. Es la “americanización de la sanidad”, es decir, la extensión del modelo sanitario estadounidense gestionado por las compañías financieras con afán de lucro, que han determinado el sistema sanitario más caro, más ineficiente y más impopular de los sistemas sanitarios existentes. En EEUU el sector sanitario es un campo de expansión del capital financiero. Y este es el objetivo de las políticas de austeridad en Europa (ver mi libro Medicine under Capitalism para analizar las consecuencias de este sistema de financiación de la sanidad).
Otra causa de la persistencia de tales políticas de austeridad es que está debilitando al mundo del trabajo y a los sindicatos. El caso español es un caso claro. Por primera vez en época democrática, las rentas del capital superan a las rentas del trabajo. Y la enorme influencia del capital financiero junto con la patronal, en el estamento político gobernante, hace y explica que, a pesar del descenso de la demanda y del escaso crecimiento económico, las rentas del capital continúen creciendo, ayudados por unas políticas fiscales que garantizan sus amplios beneficios (ver mi artículo “El “expolio” social del que no se habla”. Público. 06.12.12). La alianza del capital con el Estado garantiza la prioridad de unas políticas que, mientras benefician a una minoría de la población, dañan enormemente el bienestar de la mayoría.

No es sólo el 1%
Cuando escribo una minoría no me refiero sólo al 1% al cual el movimiento Occupy Wall Street hace referencia. Este 1% (los propietarios y controladores del gran capital) tiene un poder decisivo y determinante. En realidad, su porcentaje sobre la población, tanto en EEUU como en España, es mucho menor que el 1%. Pero este grupo controla los medios que configuran lo que uno de los analistas más agudos de las sociedades capitalistas, Gramsci, definió como hegemonía ideológica, que incluye desde las escuelas y las academias hasta los medios de información y persuasión, y que determinan la sabiduría convencional del país, que incluso hoy, tras tanto dolor y daño causado en la población, continúa dominando: el neoliberalismo. Toda una batería de fundaciones, centros de estudios o proyectos de investigación, están financiados por el capital, y muy en particular por el capital financiero. Los mayores bancos del país tienen centros de estudios, organizan conferencias, financian diarios y revistas llamadas científicas, donde el dogma se reproduce y se promueve a través de amplias cajas de resonancia, medios radiofónicos o televisivos, o prensa escrita, a su vez endeudada y dócil a tales poderes. El 1% para poder mandar necesita el aparato ideológico que lo sustente, Y de ahí que, a pesar del daño que tales políticas están causando, se continúen promoviendo.

diciembre 3, 2012

Las ayudas directas a la banca suponen ya el 21% del PIB de España

Iturria: Lavanguardia.com – 2012/12/02

España pidió ayuda a Europa para rescatar a la banca, que será de 37.000 millones | Los bancos tienen emisiones de deuda avaladas por más de 76.000 millones | Las privatizaciones de cajas pueden suponer pérdidas al Estado de otros 19.000 millones

Las ayudas directas del Estado a la banca desde que empezó la crisis -sin contar las ya amortizadas u otras que se podrían sumar, como los préstamos del Banco Central Europeo (BCE)- comprometen en la actualidad alrededor de 216.000 millones de euros, el equivalente al 21% del producto interior bruto (PIB) de España. El sector se ha beneficiado del dinero público desde octubre del 2008, cuando la tormenta financiera que siguió a la caída del banco de inversión Lehman Brothers puso en jaque a la economía y las finanzas mundiales.En aquel momento se arbitraron dos medidas urgentes para paliar la falta de liquidez. Se creó el fondo de adquisición de activos financieros (FAAF), un sistema de avales que permitió a la banca captar 19.300 millones en los mercados, y que ya se liquidó; y se montó un programa de avales del Tesoro, aún vigente, y que a finales de octubre respaldaba emisiones de deuda del conjunto de la banca por valor de 76.200 millones de euros.

Pero las mayores partidas -y donde se concentra el mayor riesgo para el Estado y, en consecuencia, para el contribuyente- son en las inyecciones directas de préstamos y capital en las entidades financieras, por un lado, y en el banco malo, por el otro. Entre lo ya desembolsado y lo que llegará en los próximos meses por ambos conceptos se habrá regado a la parte más débil del sector financiero con unos 120.200 millones. A diferencia de las anteriores facilidades de liquidez, aquí de lo que se trataba y de lo que se trata es de la solvencia. En román paladino: miles de millones de euros para evitar (o retrasar) la quiebra de entidades concretas.

En el primero de estos apartados se enmarca la actividad del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB), creado en junio del 2009, pocos meses después de la intervención de Caja Castilla La Mancha (CCM) para propiciar la reestructuración del sector. Las participaciones preferentes y después la entrada directa en el capital regaron con miles de millones a las cajas de ahorros, lo que les permitió, en la mayoría de los casos, fusionarse, cerrar miles de oficinas, despedir a buena parte de sus plantillas y… llegar al 2012 con unos balances infestados de riesgo inmobiliario, con las cuentas de resultados en rojo o muy próximas a estarlo y con su viabilidad futura seriamente comprometida.

Este panorama, empeorado a propósito por el Gobierno al obligar a realizar a todo el sector provisiones por unos 85.000 millones de euros para sanear los activos tóxicos del ladrillo, es el que motivó, el pasado julio, la petición de ayuda europea concretada esta semana en los 37.000 millones de euros concedidos a Bankia, Catalunya Banc, Nova Galicia y el Banco de Valencia, las cuatro entidades nacionalizadas por el FROB. Entre los primeros préstamos (nunca devueltos), las primeras inyecciones del FROB y las que hará ahora gracias a la ayuda europea se rozan los 59.000 millones de euros. La cifra aún aumentará en unos pocos miles de millones más cuando Liberbank, BMN y la fusionada España-Duero pidan las ayudas necesarias para cubrir sus necesidades de capital dentro de dos semanas.

Precisamente, los fondos europeos han propiciado que la factura se dispare por la imposición de la troika -BCE, Fondo Monetario Internacional (FMI) y Unión Europea- de crear un banco malo, bautizado como Sareb. La sociedad requerirá de entrada 2.400 millones en capital público y una parte esencial de su funcionamiento es que emitirá bonos con el aval del Estado que entregará a los bancos- a cambio de sus préstamos al sector promotor y activos inmobiliarios- para que puedan obtener liquidez inmediata del BCE.

Aunque el Gobierno quiere que el Estado sea minoritario en el banco malo, los bonos están garantizados y se consideran una ayuda pública a todos los efectos. Ya hay comprometidos bonos por 44.000 millones para las cuatro entidades nacionalizadas y el Banco de España calcula que harán falta unos 15.000 millones más para las que pedirán ayuda de inmediato.

Por último, resta contabilizar una partida incierta, asociada a la venta de las cajas por parte del Estado. Las subastas que ha realizado hasta ahora el Banco de España para adjudicar las entidades intervenidas o nacionalizadas han incorporado lo que en el sector se conoce como un esquema de protección de activos (EPA). Este instrumento es una especie de seguro que cubre al comprador de una parte de las pérdidas de una determinada cartera de créditos durante un tiempo determinado, generalmente diez años.

El mayor EPA de las cinco subastas ha sido el de la CAM, que es también la mayor caja rescatada. El Sabadell, su comprador, se garantizó la cobertura de créditos por 24.600 millones -casi todos ellos del sector inmobiliario-, que ya contaban con provisiones por 3.900 millones. Por lo tanto, el riesgo neto se reducía a 20.700 millones, de los que el fondo de garantía de depósitos (FGD) respondería en un futuro del 80%: 16.560 millones. El Sabadell dijo en su día que la pérdida esperada se acercará a esa cifra.

El resto de EPA concedidos ocasionarán, previsiblemente, quebrantos muy inferiores. El del Banco de Valencia, por ejemplo, sólo cubre una cartera de 5.500 millones y el Banco de España calcula que la pérdida esperada no será superior a los 600 millones de euros. Unnim fue traspasada al BBVA con un EPA que podría impactar en el FGD con otros 1.000 millones, mientras que CCM y CajaSur podrían añadir, en el peor de los casos, unos 1.000 millones más.

noviembre 21, 2012

Cómo contar la crisis española hablando de Ecuador

Iturria: ATTAC / Bonifacio Cañibano / Publico.es – 2012/11/20

Rafael Correa en Sevilla: “Desde que dejamos al FMI y al Banco Mundial estamos mejor que nunca”

Rafael Correa llegó ayer por la tarde a la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla en olor de multitudes. Venía a contar cómo salió Ecuador de la crisis de su deuda o cómo él dijo “de la larga noche neoliberal” en la que hundieron a su país en la década de los noventa: la acción conjunta de banqueros insaciables, políticos corruptos y gobiernos ciegamente obedientes a las recetas desreguladoras del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial. Parecía que estaba describiendo lo que está pasando en España y en el sur de Europa, porque la descripción del proceso seguido era casi una calcomanía, así que para no provocar conflictos diplomáticos advirtió desde el principio de la conferencia que “no venía a dar consejos al Gobierno español de cómo salir de la crisis sino a describir lo que había pasado en su país”.

La sala de la conferencia estaba abarrotada de estudiantes y otras tres aulas más en las que se seguía su intervención por videoconferencia. Aún así, el aforo estaba desbordado. Fuera, en el campus, un montón de estudiantes que se había quedado sin sitio, estuvieron gritando durante media conferencia: “¡Que salga Correa!”.

El presidente de Ecuador fechó el origen de los problemas económicos de su país en la década de los setenta, en pleno boom petrolero. En esos años Ecuador crecía a un ritmo del 10%, más rápidamente que China en la actualidad. Entonces, cuando había exceso de liquidez, empezaron a aparecer por Quito los burócratas del FMI, del BM y de la banca internacional predicando el endeudamiento agresivo. El país comenzó a comprar compulsivamente en el exterior, de todo, y por supuesto también, carísimos paquetes de armamento.

En el 82 Ecuador ya no pudo pagar su deuda y la situación explotó. Entonces, dijo, “entró en funcionamiento la lógica financiera del FMI que prioriza por encima de todo el pago de la deuda”. Los gobiernos ecuatorianos se vieron en la necesidad de endeudarse una y otra vez para poder pagar los intereses, cada vez más altos, de una deuda que seguía creciendo. “El objetivo de la economía pasó a ser el pago de las deudas del propio estado y de los bancos, mientras la población se iba empobreciendo” añadió, mientras los estudiantes empezaban a aplaudir con fervor. “El círculo infernal en el que están ahora Grecia y Portugal”, sostuvo Correa, que no mencionó en esta ocasión a España, por educación con el país anfitrión.

En Ecuador, subrayó el Presidente, “la deuda privada interna (la de los bancos) se pagó a base de préstamos externos, pero a costa de endeudarse el Estado”. Tampoco en esta ocasión habló de España, pero recordó que hace dos años en una visita a Portugal ya advirtió al gobierno luso del riesgo de que eso mismo ocurriera en el país vecino. Vaticinio cumplido.

El siguiente paso que dio Ecuador también es conocido en estos lares: “Fue el de las privatizaciones, las desregulaciones y los recortes sociales, predicados por el consenso de Washington, la biblia del neoliberalismo para América Latina”. (Algo similar a lo que ahora predica Berlín o Bruselas). “Nos impusieron leyes”, dijo el presidente, “que decían que impulsaban la competitividad y la flexibilidad en el trabajo, lo que es lo mismo que explotar a los trabajadores”, aclaró a unos estudiantes que seguían aumentando aplausos y entusiasmo. “Satanizaban el gasto público, cuando era para pagar a los maestros, pero no para comprar armas”, volvió a aclarar.

En esta coyuntura llegó Ecuador al año 2000 en el que quebraron 16 bancos. “Entonces los políticos, que no representaban a los ciudadanos, sino a los poderes económicos, hicieron todo lo posible para que la crisis la pagara el pueblo”, dijo cuidándose mucho de no mencionar a España, mientras las cuatro salas aplaudían a rabiar. Correa señaló que poco antes de la quiebra el gobierno de turno puso en marcha un Fondo de Garantía de Depósitos, lo que no hubiera sido una mala idea, si no hubiera tenido como objetivo cubrir las pérdidas de las entidades financieras que quebraron inmediatamente después. “Así se socializaron las pérdidas de la banca”. El presidente ecuatoriano se mantuvo firme en su línea de no hacer comparaciones con España.

El “corralito” ecuatoriano se llamó encautamiento de depósitos. Es decir, la prohibición del Gobierno de que los ciudadanos utilizasen el dinero que tenían en los bancos. Luego llegó la dolarización, los suicidios (“llegamos a conocer un nuevo fenómeno, el suicidio infantil”) y la emigración de millones de ecuatorianos. (Algunos de los cuales estaban presentes en la conferencia).

Correa criticó abiertamente la independencia del Banco Central Europeo “que no está haciendo lo necesario para que Europa salga de la crisis”. “La idea de que la economía no es política, dijo, no resiste un análisis serio y es una estupidez argumentar que los tecnócratas que la dirigen toman decisiones sin intereses políticos concretos, como si fueran seres celestiales que no están contaminados por la maldad terrenal”. A estas alturas el público estaba entregado. Luego se dirigió a los estudiantes y les espetó: “La burocracia financiera internacional cuando tomas decisiones no está pensando en solucionar vuestro paro, está pensando en el pago de la deuda”. Y lo dijo con la elegancia de poner cómo sujeto de esa acción a la burocracia internacional… no a los políticos locales.

Fue más directo al evocar una pancarta que había visto en Sevilla esta mañana y que decía: “Gente sin casas y casas sin gente”. “Si se sigue la lógica de los poderes financieros se va a llegar al peor de los mundos posibles, en el que las personas no tienen casas y los bancos casas que no necesitan”. Los desahucios son inhumanos, dijo, y “no tiene lógica que alguien que devuelva la casa, por no poder pagarla, permanezca endeudado de por vida”.  El presidente explicó que cuando llegó al Gobierno en el 2007 tomó varias medidas inmediatas: eliminó la hegemonía de su banco central, auditó y reestructuró la deuda, eliminando el tramo de “deuda ilegítima” y recomprando bonos a un 35% de su valor nominal. Después pagó el resto, “para librarse de la condicionalidad del FMI cómo hizo Brasil o Venezuela”. Correa terminó recordando que “expulsé de Quito a la misión del Banco Mundial y hace seis años que la burocracia financiera internacional no ha vuelto por mi país. Ahora estamos mejor que nunca”.

noviembre 14, 2012

La austeridad se impone a la democracia

Iturria: Antoni Jesús Aguiló / Diario de Mallorca – 2012/11/07

La perversión del lenguaje, la manipulación de las palabras y la apropiación interesada de los conceptos se ha convertido en una de las principales formas de corrupción de nuestro tiempo. ¿Se acuerdan del famoso pasaje de Alicia a través del espejo en el que Humpty Dumpty impone de un plumazo su autoritarismo lingüístico? “Cuando yo empleo una palabra significa exactamente lo que yo quiero que signifique: ni más ni menos” [1]. La corrupción semántica desfigura el sentido de las palabras para que signifiquen lo contrario de lo que quieren decir y se ajusten a los intereses particulares de quien las emplea. Se crean así eufemismos para suavizar la realidad. Es lo que está ocurriendo con la apropiación que el neoliberalismo ha hecho de la palabra “austeridad”.

La austeridad nunca ha sido un principio inscrito en el ADN ideológico del liberalismo (o del neoliberalismo actual). Se trata de un término que tiene una notable presencia en la historia de la filosofía moral y de las tradiciones religiosas, donde, en términos generales, forma parte de una opción de vida que la orienta hacia la moderación, el autocontrol, la templanza y la simplicidad. Este tipo de austeridad está cerca, por ejemplo, de la sabiduría epicúrea de disfrutar de las pequeñas cosas (“el pan ordinario y el agua –escribe Epicuro– dan una suavidad y deleite sumo cuando un necesitado llega a conseguirlos” [2]) y lejos de la codicia de Bernard Madoff o del suntuoso palacete de Jaume Matas. Desde esta óptica, la austeridad es una práctica que no casa bien con los valores individualistas, consumistas y competitivos de nuestras sociedades. Dado el espíritu anticonsumista y antimercantilista de la austeridad, una persona austera tendría que ser declarada poco menos que antisistema por la cultura neoliberal dominante.

Gran parte de Europa se está tragando la amarga medicina de la austeridad prescrita por la misma ideología que causó la crisis. La élite gobernante de banqueros, políticos, tecnócratas no elegidos y medios de comunicación al servicio del neoliberalismo recurre al lenguaje de la austeridad como remedio necesario. “No hay mejor protección contra la crisis de la eurozona que el éxito de las reformas estructurales en el sur de Europa”, declaraba estos días a la prensa alemana el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi.

Es fundamental desenmascarar la apropiación neoliberal de este lenguaje. En el contexto actual, los planes de ajuste y austeridad de la troika (FMI, BCE y CE) y el Gobierno no son, como se pretende hacer creer a la opinión pública, una política de racionalización, contención y moderación del gasto público para luchar contra la crisis, sino una forma deliberada de expandir el neoliberalismo. La eufemísticamente llamada austeridad es un componente central de la actual estructura social de acumulación del capitalismo neoliberal, el entramado político-institucional favorable al proceso de acumulación capitalista; una acumulación que, como explica David Harvey [3], se basa en la desposesión de derechos, rentas, recursos públicos y conquistas democráticas a terceros (trabajadores, parados, funcionarios, estudiantes, pensionistas, desahuciados, etc.).

El modelo de austeridad presenta tres características básicas que invocan los principios ideológicos del neoliberalismo: 1) busca afianzar su legitimidad social con el discurso del miedo, de la inevitabilidad y la falta de alternativas. “No hay alternativa” fue la consigna ideológica con la que Margaret Thatcher pretendía convencer de que sus políticas neoliberales eran las únicas posibles. 2) Las medidas de austeridad se adoptan para satisfacer al mercado, visto como solución radical para los problemas económicos y sociales. 3) Es un modelo que elude la responsabilidad individual y promueve la socialización de la culpa y el sacrifico, tal y como lo reflejan planteamientos como “el Estado del bienestar es insostenible” (Aznar) o el manido discurso de que los ciudadanos “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”.

Cada vez es más evidente que la “cura” a base de austeridad está profundizando la crisis en Europa sin resolver ninguno de los problemas que justificaron su adopción. Sus consecuencias sociales se hacen sentir: precariedad, niveles catastróficos de desempleo, aumento de la pobreza, debilitamiento del sector público, degradación de la protección social y, como telón de fondo, destrucción de la democracia keynesiana. El neoliberalismo es a la democracia lo que la carcoma a la madera. Las pretensiones del neoliberalismo pasan por convertir la democracia en una plutocracia usurpadora, en una oligarquía de ricos capaz de imponer su voluntad sobre una masa poblacional desprovista de derechos económicos y sociales y con derechos civiles restringidos, como los de manifestación y expresión. La transformación del Estado del bienestar en curso va en este sentido. El neoliberalismo es hijo de una cultura política que consagró antes el derecho a la propiedad privada que el derecho a la salud.

Una democracia sin contenido social no es democracia; es un régimen de ciertas libertades políticas que por sí solas no garantizan la lucha contra la desigualdad socioeconómica y la pobreza. Nuestra democracia formal permite que en la práctica haya personas que vivan, sobrevivan (y a veces mueran) sin derechos económicos y sociales. Hace aproximadamente un año, el por entonces candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos, Newt Gingrich, declaraba que las leyes laborales infantiles eran “estúpidas” y proponía que los niños desfavorecidos mayores de 9 años pudieran trabajar a tiempo parcial. Gingrich reivindicaba sin complejos el derecho a explotar. Los intentos de conciliar democracia y neoliberalismo pueden llevar a la Europa de la austeridad a toda costa al borde del genocidio social. ¿Habrá que volver a los tiempos de Dickens para radicalizar la conciencia de la necesidad de un cambio económico, social y político?

Notas

[1] Carroll, Lewis (1998): Alicia anotada: Alicia en el país de las maravillas. A través del espejo, edición de Martin Gardner, Akal, Madrid, pág. 252.

[2] “Carta a Meneceo”, en Laercio, Diógenes (1887): Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres. Tomo I, edición publicada por Luis Navarro, Biblioteca Clásica, Madrid, pág. 289.

[3] Harvey, D. (2003): El nuevo imperialismo, Akal, Madrid.

Antoni Jesús Aguiló es investigador en filosofía política del Núcleo de Estudios sobre Democracia, Ciudadanía y Derecho (DECIDe) del Centro de Estudos Sociais de la Universidad de Coímbra (Portugal).

noviembre 10, 2012

Tramposos banqueros

Iturria: Ignacio Ramonet / Le Monde diplomatique – 2012/11/09

A aquellos ciudadanos que aún lo ignoraban, la crisis les está demostrando que los mercados financieros son los principales protagonistas del actual momento económico de Europa. Representan un cambio fundamental: el poder ha pasado de los políticos a los especuladores de Bolsa y a una cohorte de tramposos banqueros.

Cada día, los mercados mueven sumas colosales. Por ejemplo, casi 7 billones de euros, sólo en deudas de los Estados de la eurozona, según el Banco Central Europeo. La decisión colectiva diaria de esos mercados puede ahora derrumbar Gobiernos, dictar políticas y someter a pueblos.

El drama, además, es que estos nuevos “amos del mundo” no sienten ninguna preocupación por el bien común. La solidaridad no es su problema. Menos aún la preservación del Estado de bienestar. La única racionalidad que los motiva es la codicia. Especuladores y banqueros, movidos por la avidez, llegan a comportarse como mafias, con mentalidad de aves de rapiña. Y con una impunidad casi total.

Desde que, en 2008,  estalló la crisis –en gran parte causada por ellos–, ninguna reforma seria ha conseguido reglamentar los mercados, ni meter en vereda a los banqueros. Y a pesar de todas las críticas formuladas contra la “irracionalidad del sistema”, el comportamiento de muchos actores financieros sigue siendo igual de cínico.

Es evidente que los bancos representan un papel clave en el sistema económico. Y que sus actividades tradicionales –estimular el ahorro, dar crédito a las familias, financiar las empresas, impulsar el comercio– son constructivas. Pero desde la generalización, en los años 1990-2000, del modelo del “banco universal”, que añadió toda clase de actividades especulativas y de inversión, los riesgos para los ahorradores se han multiplicado así como los fraudes, los engaños y los escándalos.

Recordemos, por ejemplo, uno de los más desvergonzados, protagonizado por el poderoso banco de negocios estadounidense Goldman Sachs que hoy domina el universo financiero. En 2001, ayudó a Grecia a maquillar sus cuentas para que Atenas cumpliese los requisitos y pudiese ingresar en el euro, la moneda única europea. Pero en menos de siete años, aquella fullería se descubrió y la realidad estalló como una bomba. Consecuencia: “Casi un continente sumido en la crisis de la deuda; un país, Grecia, expoliado y de rodillas; recesión, despidos masivos, pérdida de poder adquisitivo para los trabajadores; reestructuraciones y sacrificios de los beneficios sociales; planes de ajuste y miseria” (1).

¿Qué sanciones recibieron los autores de tan nefasto engaño? Mario Draghi, ex vicepresidente de Goldman Sachs para Europa, al corriente por tanto del fraude, fue premiado con la presidencia del Banco Central Europeo (BCE)… Y Goldman Sachs cobró en recompensa, por el maquillaje de las cuentas, 600 millones de euros… Confirmando así un principio: en materia de grandes estafas organizadas por los bancos, la impunidad es la regla.

Lo pueden confirmar los miles de ahorradores españoles que compraron acciones de Bankia el día en que esta entidad salió a Bolsa. Se sabía que no tenía ninguna credibilidad y que el valor de su acción, según las agencias de calificación, ya estaba a un paso del bono basura…

Los ahorradores confiaron en Rodrigo Rato, presidente entonces de Bankia y ex director general del Fondo Monetario Internacional (FMI), quien no dudó en afirmar el 2 de mayo de 2012 (cinco días antes de dimitir ante la presión de los mercados y poco antes de que el Estado tuviese que inyectar en la ­entidad 23.500 millones de euros para evitar su quiebra): “Estamos en una situación de mucha robustez desde el punto de vista de solvencia y también desde el punto de vista de liquidez” (2)…

Cierto es que, menos de un año antes, en julio de 2011, Bankia había superado aparentemente las “pruebas de resistencia” realizadas por la European Banking Authority (EBA) a las 91 mayores entidades financieras de Europa. Bankia había obtenido un Core Tier I Capital (capital de máxima resistencia) del 5,4% (3), frente a un mínimo exigido del 5% en una situación de máximo estrés. Lo cual da una idea de la incompetencia e ineptitud de la EBA, organismo europeo encargado de garantizar la solidez de nuestros bancos…

Otras personas que pueden testimoniar sobre la desfachatez de los banqueros son las víctimas, en España, del “escándalo de las participaciones preferentes”. Un fraude que afecta a más de 700.000 ahorradores que han perdido sus economías. Se les hizo creer que adquirían algo parecido a un depósito a plazo fijo… Pero las participaciones preferentes son un producto financiero que no está cubierto por el fondo de garantía de los bancos. Éstos no están obligados –si no poseen liquidez– a devolver el capital inicial, ni los intereses generados.

Este timo también ha revelado que los ahorradores españoles víctimas de engaños bancarios no pueden contar con la protección del Banco de España o de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) (4). Ni, obviamente, con la del Gobierno que sigue ayudando masivamente a la banca mientras su política de recortes y austeridad castiga en permanencia a la ciudadanía. Para ayudar al sistema bancario español, Mariano Rajoy solicitó a la Unión Europea un crédito de hasta 100.000 millones de euros. Entretanto, los bancos españoles siguen favoreciendo la huida masiva de capitales… Se estima que, hasta septiembre pasado, 220 000 millones de euros se habían fugado oficialmente de España (5) … Una suma más de dos veces superior al crédito solicitado a Europa para salvar el sistema bancario español…

Pero no terminan aquí los escándalos. Podríamos recordar que, estos últimos meses, los fraudes bancarios no han cesado. El banco HSBC fue acusado de blanquear el dinero de la droga y de los narcotraficantes mexicanos. El JP Morgan se lanzó a especulaciones desmedidas asumiendo inauditos riesgos que le acarrearon pérdidas de 7.500 millones de euros, arruinando a decenas de clientes. Igual le sucedió a Knight Capital que perdió más de 323 millones de euros en una sola noche a causa de un error de un programa informático de especulación automática por ordenador…

Pero el escándalo que más está irritando, a escala mundial, es el del Libor. ¿De qué se trata? La Asociación de Banqueros Británicos propone cada día un tipo interbancario llamado “London interbank offered rate” o  Libor por sus siglas en inglés. El cálculo de esa tasa lo realiza la agencia Reuters la cual, diariamente, pregunta a dieciséis grandes bancos a qué tipo de interés están obteniendo créditos. Y establece una media. Como es el tipo al que se prestan dinero los principales bancos entre ellos, el Libor se convierte en una referencia fundamental de todo el sistema financiero mundial. En particular, sirve para determinar, por ejemplo, los tipos de las hipotecas de las familias. En la zona euro, el equivalente del Libor se llama Euribor y se calcula sobre la base de la actividad de unos sesenta grandes bancos. En el mundo, el Libor influye sobre unos 350 billones de euros de créditos… Cualquier variación –por mínima que sea– de ese tipo puede tener una incidencia colosal.

¿En qué consistió el fraude? Varios bancos (de los que sirven de referencia para establecer el Libor) se concertaron entre ellos y decidieron mentir sobre sus tipos, manipulando de ese modo el Libor y todos los contratos derivados, o sea los créditos a los hogares y a las empresas. Y eso durante años.

Las investigaciones han demostrado que una decena de grandes bancos internacionales –Barclays, Citigroup, JP Morgan Chase, Bank of America, Deutsche Bank, HSBC, Crédit Suisse, UBS (Union des Banques Suisses), Société Générale, Crédit Agricole, Royal Bank of Scotland– se organizaron para manipular el Libor.

Este enorme escándalo demuestra que la delincuencia se halla en el corazón mismo de las finanzas internacionales. Y que, probablemente, millones de familias pagaron sus hipotecas a unas tasas indebidas. Muchas tuvieron que renunciar a sus viviendas. Otras fueron expulsadas de ellas por no poder pagar unos créditos artificialmente manipulados (6)… Una vez más, las autoridades encargadas de velar por el buen funcionamiento de los mercados hicieron la vista gorda. Nadie ha sido sancionado, aparte de cuatro compinches (7). Todos los bancos implicados siguen haciendo negocios.

¿Hasta cuándo las democracias podrán soportar esa impunidad? En 1932, en Estados Unidos, Ferdinand Pecora, un hijo de emigrantes italianos que llegó a ser fiscal de Nueva York, fue nombrado por el presidente Herbert Hoover para investigar la responsabilidad de los bancos en las causas de la crisis de 1929. Su informe fue abrumador. Propuso el término de “banksters” para calificar a los “banqueros gángsteres”. Sobre la base de ese informe, el presidente Franklin D. Roosevelt decidió proteger a los ciudadanos de los riesgos de la especulación. Sancionó a toda la banca imponiéndole el “Glass-Steagal Act” y estableciendo (hasta 1999) una incompatibilidad entre dos tipos de actividades: los bancos de  depósitos y los bancos de inversión. ¿Qué gobierno europeo de la zona euro tomará una decisión semejante?

Notas:
(1) Eduardo Febbro, “El gran truco que usó Goldman Sachs con Grecia”, Página 12, Buenos Aires, 13 de marzo de 2012.
(2) El País, Madrid, 2 de mayo de 2012.
(3) Basándose en ese deplorable informe, algunos ‘analistas’ afirmaban –¡hace apenas quince meses!–  que el sistema bancario español figuraba entre “los más sólidos del mundo”… He aquí, por ejemplo, lo que escribía un ‘diario de referencia’: “De hecho, los grandes bancos españoles superan holgadamente los requisitos de capital exigidos para resistir un hipotético deterioro extremo de la economía durante los próximos dos años” (El País, Madrid,15 de julio de 2011).
(4) Varias asociaciones han puesto a disposición de las víctimas su gabinete juridico. Consúltese, por ejemplo: la Asociación de Usuarios de Bancos, Seguros y Cajas de Ahorro (ADICAE) (adicae.net), y la Unión de Consumidores de España (www.uniondeconsumidores.info).
(5) Cinco días, Madrid, 21 de octubre de 2012.
(6) En España, país que tiene la ley más brutal en la materia, desde que se inició la crisis en 2008, más de 400.000 desahucios –es decir, desalojos a la fuerza de viviendas o locales–, han sido ordenados por los jueces.
(7) El banco Barclays  fue condenado a una multa de 365 millones de euros. Despidió a su presidente, Marcus Agius. Su Consejero Delegado, Bob Diamond, uno de los responsables de la manipulación del Libor, dimitió… a cambio de una indemnización de aproximadamente 2,5 millones de euros

Foto: Antonio Marín Segovia

noviembre 10, 2012

“Los bancos han canibalizado la economía real”

Iturria: Maspublico.com / Carlos Sánchez Mato - 2012/10/29

El sistema bancario español está en el punto de mira. Mientras aumentan los desahucios, las entidades de crédito necesitan la respiración asistida del Banco Central Europeo (BCE). El dinero no circula libremente y la economía se resiente, cada día son más las voces que piden una nacionalización bancaria y una banca pública que acabe con esta situación.

Carlos Sánchez Mato, es economista y miembro de la Plataforma por la Nacionalización de las Cajas de Ahorro. En esta entrevista analiza la situación actual y ofrece algunas claves para entender las ventajas de la banca pública.

¿Por qué es necesario nacionalizar las cajas de ahorro?

Bueno, yo creo que estamos ya en otra fase, ahora ya no pedimos tanto la nacionalización, sino la constitución de una banca pública. Nuestra reivindicación ha ido evolucionando con el paso de los tiempos políticos, lo que era una locura para muchos hace unos meses, cuando pedíamos una banca pública y la nacionalización de las cajas como vía más evidente para conseguirlo, ahora el tiempo nos ha dado la razón. El paso del tiempo ha demostrado que era inevitable que el sistema financiero quebrara.

Y en este nuevo escenario de quiebra, ¿porqué es tan vital una banca pública?

Mientras haya necesidad de un sector financiero que comunique el ahorro de la gente que lo tiene con la necesidad de los que lo tienen a la hora de pedir un préstamo, mientras haya un sistema capitalista tal y como lo conocemos, requeriremos una banca pública que debería funcionar con una serie de parámetros regulatorios. De hecho, el sistema está quebrado porque para que sea rentable necesita de una multiplicación del crédito y de asumir unos riesgos absolutamente imposible de conseguir.

Pongamos un ejemplo.

Vamos a trasladarlo al sistema sanitario. Imagina que se opera en un hospital a corazón abierto sin las mínimas condiciones para hacerlo sin una mínima posibilidad de que el enfermo se salve. Eso ocurre cuando tú buscas el beneficio a corto plazo y la máxima rentabilidad. En el tema financiero eso provoca unos daños tremendos porque se juega con los ahorros de la sociedad, igual que en el sistema sanitario se juega con la vida de las personas. Pero hay más, el sistema financiero no puede estar en manos privadas porque lo que provoca es un cataclismo y lo haces con el ahorro de la gente. Los bancos no tienen que ser públicos para perder dinero, sino para asumir riesgos, inferiores a los que asume la banca privada. Además con una diferencia, el estado es el único elemento que puede trabajar con una banca y no quebrar porque tiene la capacidad de emitir dinero.

Pero, a nivel soberano, ¿esa capacidad para emitir dinero no está lastrada por el euro?

No, porque cuando yo hablo de banca pública, hablo a nivel europeo también. Pero aunque España no tenga la capacidad ahora de imprimir euros, sí tiene la capacidad suficiente para presionar, cosa que no hace, para conseguir ese objetivo. Si España quiere que se impriman euros, lo consigue, porque si la posición de España fuera maximalista, diciendo que la alternativa es el impago, la respuesta sería otra. Lo que pasa es que el gobierno está defendiendo los intereses de los acreedores, no de los deudores, se están defendiendo los intereses de los bancos y los gobiernos, no de la ciudadanía. El tema de la banca pública es casi una cosa inevitable, porque llegará un momento en el que la ciudadanía española y europea esté bastante harta de aportar dinero para sanear entidades que luego vuelvan a ser privadas.

Y ante este discurso, ¿a quién no le interesa una banca pública?

Evidentemente a los bancos, eso para empezar. Tienen mucho poder sobre los gobiernos. Mira, todas las reformas bancarias han sido consensuadas y dictadas por las entidades bancarias y los gobiernos, hablo no solo de España sino en general. Eso ocurre porque existe un matrimonio de intereses entre los gobiernos y los intereses económicos, se confunden tanto que hay ocasiones en las que es imposible distinguir uno de otro, pero el resultado final es que realmente se está jugado el futuro de nuestras próximas generaciones y cada vez este tipo de tensiones provocan más daño.

¿Por qué?

Porque el sistema bancario ha ‘canibalizado’ la economía real hasta un punto que lo ha convertido en una situación de dependencia, en lugar de ser intermediarios para poner en comunicación ahorradores y necesitados de ahorro. Ha destrozado la economía real y se están poniendo las piedras para que la próxima crisis será todavía mucho más devastadora, porque la solución que se adopta es tener menos entidades y más grandes, con lo que se está agravando el problema.

¿Quién acabó con las cajas de ahorro?

Yo creo que son culpables tanto el gobierno como la banca privada. Estos últimos necesitaban la cuota de mercado que tenían las cajas y siempre consideraban que jugaban en desventaja. Lo que está claro es que el hecho de que existieran las cajas de ahorro había permitido años de crecimiento económico sin ningún tipo de problema. Lo que sucede es que se ha aprovechado esta situación para cargarse esa cuota de mercado que tenían las cajas y acabar con un modelo que había demostrado ser útil durante muchos años. Se ha aprovechado el modelo de representación para pervertirlo. Se ha logrado desacreditar el modelo y a la banca privada le interesaba quitarse competencia, además lo ha hecho, no con sus propios medios, sino con los medios de toda la ciudadanía. Por ejemplo en el caso de la CAM, mal gestionada y todo lo que queramos, se le ha regalado por un euro al Banco Sabadell y además se le ha dado un seguro contra todas las pérdidas del sector inmobiliario.

¿Qué aventuras en el sistema bancario español para los próximos meses?

Las entidades bancarias tienen el problema solucionado en cuanto a liquidez. Es decir, ninguna entidad va a quebrar, no porque no estén quebradas, sino porque tienen la respiración asistida del Banco Central Europeo, la cifra de deuda con el banco europeo está en máximos históricos, 400 mil millones de euros.

¿Y eso qué implica para la ciudadanía?

Puede parecer que no implica nada, pero lo que hay que decir es que durante todo este procedimiento lo que se está haciendo es salvar a los inversores privados. A la gente le puede dar igual, pero el BCE es un banco público, que no defiende los intereses de los ciudadanos, gobernado por una élite, pero es un banco de todos. Lo que estamos haciendo durante todo este tiempo es salvar a los inversores privados y sustituir en el pasivo de las entidades la inversión privada por inversión que estamos poniendo los estados o el Banco Central Europeo. Esto es la mayor transferencia de renta desde lo público a lo privado que se ha producido en la historia de la humanidad.

Y se va a devolver, ¿o no?

No, de hecho, las entidades financieras no van a poder devolver, tienen un problema de capital, necesitan capital para tapar pérdidas que ya se han producido, ese dinero por más que diga el señor Rajoy que va a ser devuelto por las entidades, es imposible que lo devuelvan. Un ejemplo en números: 600.000 millones de euros, entre el BCE y el gobierno español, que hemos entregado a las entidades, a ritmo de beneficios de ante de la crisis, tardarían 100 años el conjunto del sector en devolverlo, o sea que no lo van a devolver.

¿Y entonces ese dinero quién lo devuelve?

Todos los trabajadores y trabajadoras de este país en forma de impuestos y recortes sociales en los próximos años, así lo vamos a devolver. Los que no lo van a pagar son los responsables del desaguisado, que son unos y muy concretos, que son los que están interesados en no pagar ellos como accionistas los platos rotos.

noviembre 8, 2012

La estafa de la deuda pública

Iturria: Vicenç Navarro / Publico.es – 2012/10/30

Según el pensamiento dominante en los establishments financieros, políticos y mediáticos que configuran la sabiduría convencional en el conocimiento económico, la deuda del Estado español (aproximadamente un 90% del PIB) se debe al excesivo gasto público realizado en el país durante los años de bonanza en los que se despilfarró el dinero público. Y para confirmar tal aseveración se citan casos como el del AVE, que en muchas partes de España apenas tiene pasajeros, o las carreteras que no llevan a ninguna parte y muchos otros ejemplos de derroche de dinero público que –según la sabiduría convencional- nos han llevado a la crisis actual. Un indicador de tal crisis es la elevada prima de riesgo que el Estado español tiene que pagar para poder conseguir dinero de la banca, pues ésta (conocida como los mercados financieros) está dejando de tener la confianza en la capacidad del Estado en poder pagar los intereses de su deuda pública. De ahí la necesidad de recortar gasto público a fin de disminuir el déficit y la deuda pública y recuperar así la famosa “confianza de los mercados”, la frase más utilizada en la narrativa oficial de los gobiernos español y catalán para justificar sus recortes presupuestarios.

La gran estafa

El crecimiento de la deuda pública, sin embargo, tiene muy poco que ver con la supuesta exuberancia del gasto público. En realidad, el gasto y empleo público español, incluyendo el catalán, son los más bajos de la UE-15. Sólo un adulto de cada diez trabaja en el sector público en España (en Catalunya no se llega ni a este ratio). En Suecia, es uno de cada cuatro. La hipertrofia del sector público, que según el dogma neoliberal dominante está ahogando la economía española, es una de las falsedades más notorias que se transmite con mayor frecuencia en los mayores medios de información. Los datos, fácilmente accesibles, muestran precisamente lo contrario. El Estado en España (y en Catalunya) es uno de los más pobres de la Unión Europea de los Quince, UE-15. Ahora bien, los economistas de FEDEA, los gurús mediáticos –como Xavier Sala i Martín y otros- continuarán, contra toda la evidencia existente, subrayando que la raíz del problema que tiene España, incluyendo Catalunya, es su excesivo gasto público, que –según ellos- ha generado el gran crecimiento de su deuda pública.

La causa real del crecimiento de la deuda

La causa más importante (y más silenciada por los medios) de la elevada deuda pública en España ha sido el dominio de la banca –y muy en especial de la banca alemana- y de las fuerzas neoliberales que ésta promueve en el diseño del euro y su sistema de gobierno. Veamos los datos. Tales fuerzas establecieron un Banco Central que no era un Banco Central, sino que era un enorme lobby de la banca. Lo que hace un Banco Central en un país es imprimir dinero y con este dinero compra deuda pública a su Estado, de manera que si los intereses de sus bonos se disparan porque el Estado tiene dificultad para venderlos, el Banco Central entra y compra muchos bonos, con lo cual los intereses bajan. El Banco Central está ahí para defender a su Estado frente a la especulación de los mercados financieros. En contra de lo que se dice y de lo que se escribe, los intereses de la deuda los decide un Banco Central, no los mercados financieros.

Ahora bien, cuando se estableció el euro, el Estado español perdió tal capacidad de imprimir dinero y comprar deuda pública. Se delegó tal autoridad al Banco Central Europeo, que sigue imprimiendo dinero pero no para prestarlo al Estado español (la compra de deuda pública, en la práctica, es un préstamo al Estado), sino para prestarlo a la banca privada a unos intereses bajísimos (menos de un 1%). Y es esta banca privada la que compra deuda pública a unos intereses elevadísimos (un 6% o un 7% en el caso español o italiano). Es un negocio redondo para la banca. El chanchullo del año. La banca, incluyendo la banca alemana, se ha forrado de dinero durante todos estos años. Nunca les había ido tan bien. Chupaban la sangre  (los altos intereses de la deuda pública) al Estado, y cuando éste parecía que iba a desmayarse o morir, entonces (y sólo entonces), el Banco Central Europeo le prestaba dinero al Estado, es decir, le compraba deuda pública para que continuara viviendo, a fin de que la banca privada, como sanguijuela, pudiera continuar chupándole la sangre (es decir, su dinero).

Este entramado, en el que el BCE da dinero a la banca privada a unos intereses bajísimos, se justifica con el argumento de que así se garantiza el crédito necesario para las familias y para las empresas medianas y pequeñas (que crean la mayoría de puestos de trabajo). Pero el crédito ni está ni se le espera. En realidad, a pesar de que el BCE ha dado desde diciembre de 2011 más de un billón de euros (sí, un billón de euros) a la banca privada (la mitad de este billón fue a la banca privada española e italiana), el crédito continúa escaso, pues la banca tenía otras inversiones (como comprar deuda pública) mucho más rentables que la de ofrecer crédito.

Cualquier persona normal y corriente se preguntará, ¿por qué el BCE no prestó este dinero a los Estados de la Eurozona en lugar de prestarlo a la banca para poder financiarse sin necesidad de pagar unos intereses tan elevados a la banca privada? Por extraño que parezca, nadie en la estructura de poder que gobierna la Eurozona se planteó, hasta hace muy poco, esta pregunta. Y ello, como resultado de estar imbuidos en el dogma neoliberal, que es la ideología promovida por el capital financiero, es decir, por la banca (además de las compañías de seguro, fondos de alto riesgo y un largo etcétera).

Si el BCE hubiera prestado el dinero al Estado español, en lugar de éste tener que pedirlo a la banca privada, el Estado hubiera ahorrado muchísimo dinero. El Estado, en lugar de pagar unos intereses al 6%, hubiera pagado al 1% (como pagan los bancos para obtener dinero del BCE), ahorrándose muchísimo, pero muchísimo dinero, sin que hubiera aparecido el problema de la deuda pública, y sin que se hubiera necesitado hacer ningún recorte de gasto público. Hoy, uno de cada cuatro euros que el Estado se gasta va para pagar su deuda pública, predominantemente a los bancos. Si hubiera recibido dinero directamente del BCE no habría habido ninguna necesidad de hacer recortes.

El economista Eduardo Garzón ha calculado (en su artículo “Situación de las arcas públicas si el estado español no pagara intereses de deuda pública”) lo que el Estado español tendría como deuda pública (desde 1989 a 2011) si hubiera tenido un Banco Central que le hubiera prestado dinero al 1% de interés, sin tener que recurrir a la banca privada pagando los elevadísimos intereses que ha pagado. Pues bien, la deuda pública sería hoy un 14% del PIB (sí, ha leído bien, un 14%) en lugar de un 90%. Este es el enorme coste al Estado español de haber tenido el sistema de gobernanza del euro tal como ahora existe, sistema de gobernanza que se diseñó para optimizar los intereses de la banca a costa de los intereses de la población y de su Estado. Hoy España, incluyendo Catalunya, no tendría los problemas que tiene si hubiera tenido un Banco Central propio digno de su nombre, o hubiera tenido un Banco Central Europeo que hubiera sido un Banco Central.

Las injusticias del sistema actual

El sistema de gobierno del euro es, además de sumamente ineficiente, profundamente injusto, pues está originando un proceso redistributivo enormemente regresivo en el que la gran mayoría de la población está pagando con impuestos el pago de los intereses de la deuda pública del Estado, y con ello está transfiriendo a los súper ricos (que compran los bonos a través de los bancos) dinero para pagarles lo que el Estado les debe al haber comprado deuda pública. Esta transferencia de dinero se realiza también a nivel de la Eurozona, de manera que los países que tienen que pagar intereses de la deuda más altos (los países del Sur) los pagan a los bancos del Norte (que han invertido cantidades muy significativas de su capital en comprar deuda pública de tales países que generan unos intereses exuberantes, alcanzando unos beneficios estratosféricos). Alemania tiene 200.000 millones de euros en tal tipo de inversiones en España. En realidad, los famosos 100.000 millones de euros que la Unión Europea puso al alcance de España para “salvar sus bancos” era, en realidad, dinero (aprobado por el Parlamento Alemán) para salvar a los bancos alemanes (tal como han reconocido varios economistas asesores del gobierno alemán) que estaban con el agua al cuello debido a la deuda pública y privada española, ya que tenían pánico a que no les pudieran pagar. Será el pueblo español el que pagará los 40.000 millones que el Estado ha pedido para pagar tal deuda, situación que es profundamente injusta. Si después de leer este artículo usted, lector, no está indignado, es señal de que, o bien es usted parte del problema o es que no me he explicado bien. En este caso, le aconsejo lea el libro de Juan Torres y yo, Los Amos del Mundo. Las armas del terrorismo financiero donde expandimos lo que brevemente presento en este artículo. Pero créame que hay causas para estar más que indignado. Hoy se está desmantelando el escasamente financiado Estado del bienestar en España, incluyendo en Catalunya, para que los bancos puedan comprar su deuda pública, la cual consiguieron diseñando un sistema en que sus beneficios, que afectan a un sector superminoritario (lo que los indignados estadounidenses Occupy Wall Street movement llaman el 1%) se realice a costa de la miseria de todos los demás. Así de claro. Léase el libro y lo verá.

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