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marzo 26, 2013

La guerra mundial de la deuda

Iturria: acordem.org / Juan Torres

El pasado día 18 de este mes, el Banco Internacional de Pagos (BIP) actualizó unas series históricas sobre la deuda privada de cuarenta países. Los datos se refieren al sector privado no financiero que incluye a las empresas, hogares e instituciones sin ánimo de lucro y están tomados desde diferentes años de partida según los casos y después de haber tratado de homogeneizar las diferentes formas en que se han generado las deudas (la metodología y los datos de todos los países en formato Excel pueden verse en BIP, Long series on credit to private non-financial sectors).

Sorprendentemente, estos datos han pasado muy desapercibidos en los medios de comunicación a pesar de que son sencillamente escalofriantes y que, al menos desde mi punto de vista, llevan a dos grandes conclusiones. La primera, que el énfasis que se pone habitualmente en el peligro que supone la deuda pública (sin despreciarlo) es una cortina de humo para ocultar el principal cáncer que asola a la economía capitalista, y que es la deuda privada. Y la segunda, que este cáncer es tan grande que hace completamente insostenible al sistema porque éste no será capaz ni de amortizarla ni de hacerla desaparecer graciosamente.

De los datos que proporciona el Banco Internacional de Pagos para los diferentes países se pueden extraer resultados como los siguientes:

- La deuda privada de Estados Unidos (cuyo PIB es de unos 16 billones de dólares) era de 24,98 billones de dólares (millones de millones) a 30 de septiembre de 2012. Según los datos del BIP, este volumen de deuda es el doble del que había hace tan solo nueve años.

- La deuda de los países de la Eurozona computados era de 15,70 billones de euros (frente a un PIB de 8,7 billones) en la misma fecha, y también se ha duplicado en los últimos nueve años. El Reino Unido, que tiene una deuda privada total de 3,1 billones de libras (PIB de 1,4 billones), solo ha necesitado 7 años para duplicarla.
Por otro lado, los datos muestran que la evolución de la deuda en la inmensa mayoría de los países presenta algunas características comunes:

- La deuda privada en relación con el PIB ha aumentado extraordinariamente en casi todos los países, de representar alrededor del 50% del PIB en los años 60 o 70 del siglo pasado al 300% o incluso más de la actualidad.

- Aunque el porcentaje que representa el crédito que proporcionan los bancos sobre el total ha disminuido mucho a lo largo de los últimos años sigue teniendo una gran presencia junto al que proporcionan otro tipo de entidades financieras no bancarias.

- Finalmente, los datos del BIP señalan que el crédito a los hogares, que tradicionalmente era mucho más bajo que el que reciben las empresas, aumenta mucho en los últimos años, lo que claramente refleja la pérdida continuada de poder adquisitivo que hace que el recurso al crédito sea cada vez más necesario en mayor número de familias de casi todos los países.

Pero, sin duda, lo que merece una mención especial es la magnitud de la deuda que se está acumulando que ya es materialmente impagable. Así es; no hay posibilidad ninguna de que el sistema la absorba en la cantidad tan inmensa que ha alcanzado. No puede haber ingresos suficientes para pagarla sin que colapse el sistema capitalista.

Seguramente, muchas personas pensarán que no tiene sentido que los bancos y las entidades financieras en general sigan generando constantemente esos volúmenes tan grandes de deuda, que como hemos visto se duplican cada 7 o 9 años, sabiendo que no la van a cobrar nunca. Pero sí lo tiene y es muy importante conocerlo.

El secreto consiste (como hemos explicado Vicenç Navarro y yo en nuestro libro Los años del mundo. Las armas del terrorismo financiero, Espasa 2012) en que los bancos crean la deuda desde la nada, simplemente realizando meras anotaciones contables. Por tanto, no les cuesta nada generarla. Y, sin embargo, esa deuda está asociada a los intereses (es decir, a una retribución que pagamos a los bancos por darnos dinero que crean de la nada), de modo que los bancos siempre tienen un retorno suficiente como para obtener beneficios impresionantes y convertirse en los dueños del mundo sin necesidad de que se devuelva la totalidad de la deuda que han creado. Solo les basta con emitirla sin parar.

Gracias a los intereses, la deuda se autoalimenta: se necesita cada vez más deuda para pagar la deuda anterior. De hecho, la inmensa mayor parte de la deuda gigantesca que registran los datos del BIP (como la de todos los países) es deuda que ha habido que suscribir para hacer frente a la deuda previa que han generado los intereses que ha habido que pagar por una deuda generada por los intereses de deudas anteriores… y así sucesivamente, formándose de ese modo la espiral que condena a la inmensa mayoría de la humanidad al empobrecimiento.

En la antigüedad las deudas eran uno de los orígenes de la esclavitud. Hoy día creemos que ya está abolida pero es mentira porque la deuda sigue convirtiendo en una especie singular de esclavos, esclavos de facto, a cientos de millones de personas y familias en todo el mundo. La deuda les quita la libertad y los condena de por vida, nos ata y convierte a las sociedades en verdaderas prisiones.

La deuda es la forma de la nueva guerra mundial que la banca libra sin haberlo declarado contra la inmensa mayoría de la humanidad.

Hay que acabar con eso. Hay que abolir la esclavitud de la deuda y sabemos lo que hay que hacer para ello: principalmente, terminar con el privilegio irracional e inmoral que permite a los bancos crear dinero de la nada cada vez que dan un crédito. Eso es lo que los lleva, en su búsqueda constante del máximo beneficio, a presionar de mil modos para que el modo de producir y nuestra forma de consumir dependa total y artificialmente del crédito, que es su negocio.

marzo 26, 2013

Las disparatadas ayudas públicas al sector bancario

Iturria: quiendebeaquien.org / Carlos sanchez Mato – 2013/03/26

El proceso de reestructuración del sector bancario español cumple ya cinco largos años. La estrategia de los Gobiernos (de dos partidos distintos) ha tenido vergonzosas similitudes que han calado en gran parte de la población informada de manera casi exclusiva por los medios de comunicación de masas.

El mensaje que se ha ido transmitiendo en cada uno de los hitos por los que ha pasado el salvamento de las entidades financieras es que el problema está limitado a una pequeña parte del sector y a una porción de los préstamos. En ningún caso, han declarado a todo aquel que les ha querido escuchar, se trata de problemas de solvencia. Las turbulencias pasarán y el crédito volverá. La buena gestión que han demostrado las entidades bancarias de mayor tamaño y con una sólida implantación internacional cimentará la próxima y cercana recuperación económica. Para hacer frente a las necesidades de las pocas entidades (cajas de ahorros) gestionadas por el sector público, hemos tenido que hacer algunos sacrificios pero el quebranto ya está solucionado con un préstamo en ventajosas condiciones que nos ha concedido el Mecanismo Europeo de Estabilidad y que ha sido un 60% inferior a los 100 mil millones de euros que nuestros socios europeos habían puesto a nuestra disposición. Por supuesto, los ahorros de los ciudadanos están plenamente garantizados. La explicación es radicalmente falsa y hoy la población lo intuye. La falaz historia ha ido acompañada de una necesaria e imprescindible desinformación: En ningún organismo público se informa de manera completa y global de las ayudas públicas puestas a disposición de las entidades bancarias y se utilizan todo tipo de artimañas para disminuir el importe de las mismas. ¿Por qué motivo? Realmente es muy sencillo de comprender. El sector bancario es absolutamente dependiente de las ayudas públicas repartidas entre unas limitadas medidas de capitalización y las articuladas para facilitar la liquidez que suponen más de 275 mil millones de euros. A ese descomunal importe hay que añadir la financiación del Banco Central Europeo que eleva a más de 632 mil millones de euros el auxilio facilitado al sector. La responsabilidad para el Estado no se queda en la anterior cifra dado que, en aras a facilitar la financiación barata de las entidades bancarias, garantiza los depósitos de hasta 100 mil euros por titular sin disponer de fondo alguno para ello. Sería difícil de sostener por parte de las élites políticas y económicas que el rescate del sistema financiero ha precisado de 1,42 billones de euros de ayudas públicas hasta diciembre de 2012. Utilizar el 136% del PIB español o el equivalente a seis veces la recaudación impositiva anual de todas las Administraciones Públicas cuando se están pidiendo continuos sacrificios a los ciudadanos no es algo al alcance de nuestros dirigentes políticos.

Sobre todo cuando el análisis de la situación demuestra que el rescate ha sido insuficiente porque solamente una pequeña parte de esas ayudas lo han sido en forma de capital (87.357 millones de euros) mientras que el resto (1,33 billones de euros) son medidas para paliar su falta de liquidez como préstamos, adquisición de activos, garantías y avales. Estos mecanismos no solucionarán sus problemas de solvencia. El riesgo en el que ha incurrido el sector público explica aunque no justifica en modo alguno, las actuaciones políticas de protección y salvamento de todas y cada una de las entidades bancarias. El desequilibrio en el que se está incurriendo es brutal ya que los accionistas privados tienen comprometido un euro por cada diez que arriesga el Estado y, sin embargo, el Estado no tiene capacidad de decisión política en la mayoría de las entidades.

La superación de la actual situación requerirá inevitablemente la nacionalización de la práctica totalidad del sector financiero por la conversión de gran parte de las ayudas públicas ya desembolsadas en capital y el radical saneamiento de las pérdidas ocultas en los balances. O eso o tendremos que enfrentarnos a una quiebra de las finanzas públicas arrastradas de forma directa o indirecta por el sector financiero. Solo con control público permanente se podrá ejecutar la necesaria reducción y adecuación del sector bancario a un modelo de negocio enfocado a la economía real y a la vertebración de tejido productivo.

En el siguiente informe se pueden visualizar las ayudas públicas destinadas a sostener al insolvente sistema financiero español, siempre tomadas de fuentes oficiales.

febrero 28, 2013

Las causas reales de los recortes

Iturria: Vicenç Navarro / Publico.es 2013/02/28

Uno de los argumentos que se dan con mayor insistencia para justificar las políticas públicas de recortes de gasto público, incluyendo gasto público social, es que los Estados se están gastando mucho más de lo que pueden hacerlo. Desde esta postura se argumenta que los gastos en pensiones, en sanidad, en educación, en servicios sociales, en escuelas de infancia y una larga lista de transferencias y políticas públicas del Estado del Bienestar han  alcanzado dimensiones que no son sostenibles para las arcas del Estado, sean éstas del gobierno central o de las Comunidades Autónomas (CCAA). De acuerdo con tal teoría, el gobierno español ha tomado la decisión de recortar nada menos que 39.000 millones de euros en 2013 que van a afectar muy negativamente a los componentes citados del Estado del Bienestar de España y de sus Comunidades Autónomas, incluyendo Catalunya. Los recortes impuestos por el gobierno central a las CCAA -que son las que gestionan la mayoría de los servicios públicos de tal Estado del Bienestar- representan un ataque frontal (y no hay otra manera de describirlo) a estos servicios públicos, que ya están entre los menos financiados de la UE-15, el grupo de países de nivel de desarrollo semejante al español, incluyendo el catalán. El gasto social (predominantemente público) por habitante en España y en Catalunya está entre los más bajos en tal comunidad. La media de la UE-17 (que es la UE-15 más Eslovaquia y Estonia) fue de 8.030 unidades de poder de compra en 2010, mientras que en España fue de 6.284 y en Catalunya de 6.563. Es decir, que tanto España en su conjunto como Catalunya gastan en protección social aproximadamente una quinta parte menos de lo que gastan los países con semejante nivel de desarrollo.

El argumento de que nos hemos estado gastando más de lo que podemos gastarnos carece pues de credibilidad científica. Mientras que el nivel de riqueza de España y Catalunya fue el 91% y el 110% del PIB del promedio de la UE-15 respectivamente, el gasto social por habitante fue sólo del 78% y del 82% del promedio de tal comunidad incluyendo también Estonia y Eslovaquia. Tanto España como Catalunya son lo suficientemente ricas como para gastar muchos más recursos de los que gastan en su Estado del Bienestar. Lo que ocurre es que el Estado no los recoge. Los ingresos al Estado y a la Generalitat de Catalunya son más bajos de lo que les correspondería por el nivel de riqueza que tales países tienen. Mírese como se mire, el hecho es que los recortes no pueden justificarse porque nos gastemos demasiado.

La causa de tales recortes hay que buscarla en otro lugar. Y éste es, precisamente, en el enorme poder que las entidades financieras tienen, tanto en Catalunya y en España, como en la Eurozona, donde recae la responsabilidad por tales recortes. Veamos los datos. A la vez que el gobierno español quiere recortar 39.000 millones de euros, el mismo gobierno tiene pensado gastarse 38.589 millones de euros sólo en pagar los intereses de la deuda pública, intereses que han sido artificialmente elevados como resultado del diseño del sistema financiero de la Eurozona. Si el Banco Central Europeo (BCE), y antes el Banco de España, hubieran prestado desde 1989 al Estado español dinero a los mismos intereses a los que el BCE lo ha prestado a la banca privada, la deuda pública española sería hoy un 14% del PIB, en lugar del 90%. El Banco Central Europeo no es un Banco Central sino un enorme lobby de los intereses financieros. De ahí que preste dinero a un 1% a la banca privada y que sea ésta la que con este dinero compre bonos del Estado español a unos intereses del 6% y del 7%. Un negocio redondo y que la población paga a base de recortes y recortes del gasto público, incluyendo el social. Ésta es la razón de que haya tantos recortes. Y todo un tinglado ideológico se ha construido y promovido por los medios de mayor difusión a fin de justificar tal realidad. Así de claro.

Vicenç Navarro: Catedrático de Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y Profesor de Public Policy. The Johns Hopkins University

febrero 22, 2013

Cómo especular contra la deuda pública de un país como España

Iturria: eduardogarzon.net – 2013/02/22

¿Por qué sube la prima de riesgo de un país?  En principio porque los inversionistas financieros (conocidos como “los mercados”) confían menos en la solvencia del país en cuestión. Recordemos que cuando el Estado de un país emite deuda pública, lo que está haciendo en realidad es entregar títulos (papelitos) a cambio de que le presten dinero. Esos préstamos tienen un tipo de interés, que es el coste que tiene que pagar el Estado por haber pedido dinero prestado. Por ejemplo, en el año 2012 un inversionista recibe un título del Estado español y a cambio le presta 1000 euros a un tipo de interés del 1% con fecha de vencimiento de un año. En 2013 el inversionista devolverá el título y el Estado español le devolverá los 1000 euros más el 1% en concepto de intereses (10 euros), en total: 1010 euros. El inversionista termina con más dinero del que tenía al principio, y de esta forma se lucra.

El tipo de interés que acuerden será más alto a medida que el Estado empeore su situación económica, puesto que es una forma de compensar el posible hecho de que al final el Estado no pueda devolver el dinero. De la misma forma, a mejor situación económica del país, menor tipo de interés. Si los inversionistas creen que un estado es solvente y podrá devolver el dinero que le prestan, entonces pedirán un tipo de interés reducido. Esto es precisamente lo que ocurre actualmente con Alemania. Los inversionistas piensan que el Estado alemán es solvente y por lo tanto le prestan dinero “barato” (es decir, a un tipo de interés reducido: 1,62%). Al mismo tiempo esos mismos inversionistas creen que España tiene probabilidades de tener problemas de solvencia y no pagar sus deudas, por lo que le prestan dinero a un tipo de interés más elevado (5,17%). A la diferencia existente entre el tipo de interés que le piden a Alemania y el que le piden a España se le denomina “prima de riesgo” (5,17% – 1,62% = 3,55% = 355 puntos básicos (1)).

Parece comprensible que los inversionistas cada vez confíen menos en el Estado español, debido a la desastrosa situación económica que está atravesando. Pero, ¿es comprensible que en ocasiones la prima de riesgo española se dispare en un solo día, o incluso en unas pocas horas, cuando no ha pasado nada digno de mención en la economía española? Eso no parece tener sentido, al menos no si sólo tenemos en cuenta que el tipo de interés sube o baja dependiendo de la confianza que tengan los inversionistas en la solvencia del Estado. Lo que ocurre es que en ese movimiento influyen otros factores, y especialmente el de la especulación financiera.

Especular es comprar barato y vender caro para obtener beneficios con la diferencia de precios. En el mercado financiero es relativamente fácil especular porque el precio de los activos responde sensiblemente a los cambios en la oferta y demanda de títulos. Un pequeño inversionista no podrá influir en el precio de un activo, pero un gran inversionista que posea cantidades mastodónticas de dinero sí lo podrá hacer. Aquí ofrecemos una explicación sencilla de una de las formas a través de las cuales los especuladores financieros obtienen enormes beneficios atacando a la deuda pública de los países (y particularmente a la deuda española a partir de 2010).

1)      El primer movimiento del especulador consiste en descubrir alguna debilidad de algún país. Al igual que los tiburones atacan cuando huelen la sangre, los especuladores atacan cuando encuentran alguna fisura en la salud de una economía nacional. Es por este motivo que los especuladores no pueden atacar a países como Alemania o Estados Unidos, sino que sólo pueden hacerlo con aquellos países menos vigorosos (España, Grecia o Portugal son algunos ejemplos; las dudas económicas sobre estos países a partir de 2010 los convirtieron en presas fáciles de abordar).

2)      El segundo movimiento consiste en comprar CDS para utilizarlos como “caballo de Troya”. Un CDS es un título financiero (papelito) que funciona como un seguro. Al igual que un seguro de coche te cubre en caso de accidente, un CDS te cubre en caso de que algún Estado no te devuelva el dinero que le prestaste. El especulador le compra los CDS a un banco de inversión que se compromete, en caso de que el Estado español no devuelva el dinero, a cambiarle el título de deuda pública española por un título de deuda pública alemana (que goza de mayor confianza y seguridad). El CDS tiene un precio, que será más alto conforme más elevado sea el riesgo de que el Estado no devuelva el dinero (al igual que un seguro de coche es más caro conforme más probabilidades tenga el conductor de sufrir un accidente). Puesto que todavía (principios de 2010) no hay dudas serias sobre la solvencia del Estado español, este precio es bajo. El especulador se asegura de comprar muchos títulos de CDS para que luego funcionen como un “caballo de Troya”.

Lo gracioso es que el especulador puede comprar los CDS aunque no tenga títulos de deuda pública en su poder, debido a las pocas normas regulatorias que existen en los mercados financieros.

3)      El tercer movimiento consiste en pedir prestados una cantidad enorme de títulos de deuda pública en el mercado secundario. El especulador obtiene así muchísimos títulos de deuda pública española que se compromete a devolver pasado un tiempo. Pero antes de que llegue el momento de devolverlos, los venderá de forma masiva y en un solo día (las normas de los mercados financieros permiten hacer algo tan estrafalario como vender títulos que te han prestado). La venta de tantos títulos de deuda pública no pasará desapercibida, y los demás inversionistas verán en ella una señal de que están empezando a desconfiar de la solvencia del Estado español, puesto que parece que hay mucha gente vendiendo los títulos de deuda pública española. Si esta acción se acompaña de rumores y opiniones (por parte de expertos relacionados con el fondo especulador, por ejemplo) que lanzan el mensaje de que el Estado español tendrá problemas para afrontar sus pagos, entonces el efecto será aún mayor, y los inversionistas poseedores de títulos de deuda pública española se asustarán y venderán ellos también todos los títulos que puedan. Como muchos agentes quieren librarse de los títulos a toda costa, los venderán al precio que sea y esto hará que pierdan mucho valor (por la ley de la oferta y la demanda; cuantos más agentes ofrezcan algo, más bajará su precio).

Al mismo tiempo, nuestro especulador utiliza el dinero que ha recibido por la venta de títulos de deuda española para comprar títulos de deuda pública alemana, empujando al alza la valoración de estos títulos alemanes (por la ley de la oferta y la demanda; cuantos más agentes demanden algo, más subirá su precio).

4)      El cuarto movimiento se produce de forma automática: es el impacto que tiene el “caballo de Troya” instalado a través de los CDS. Recordemos que nuestro especulador compró muchos CDS (seguros) a un banco de inversión. Este banco de inversión (vendedor de seguro) empieza a ver que el Estado español tiene más posibilidades de quebrar. Puesto que se comprometió a entregar títulos de deuda pública alemana a los compradores de CDS en el caso de que el Estado español quebrara, lo que hace el fondo de inversión es comprar títulos de deuda pública alemana para tener suficientes en su cartera (y también vender títulos de deuda española porque tienen ya muy poco valor). Estos dos movimientos reforzarán la senda iniciada por nuestro especulador: venta masiva de títulos de deuda pública española (lo que reducirá su precio) y compra masiva de títulos de deuda alemana (lo que aumentará su precio).

5)      El último movimiento consiste en recoger las ganancias realizadas por el movimiento especulativo. Nuestro especulador compró muchos títulos de deuda alemana a un precio bajo, y ahora que han aumentado mucho su valor los vende, obteniendo suculencias ganancias. Además, ahora comprará títulos de deuda pública española a precios muy bajos y los devolverá al agente que se los prestó en su día. Pero para rematar la jugada venderá los CDS que compró al principio, puesto que ahora se valoran mucho más ya que hay gente asustada que quiere comprar seguros por si el Estado español quiebra. Más ganancias al vender los CDS.

Así es cómo los especuladores actuaron y actúan para cosechar beneficios mastodónticos al mismo tiempo que ponen a España y otros países contra la espada y la pared al provocar un aumento importante de sus primas de riesgo (ya que la confianza en sus títulos de deuda baja, y la depositada en los títulos alemanes sube). Una actuación abominable y criminal que está permitida por los grandes poderes públicos de los países occidentales.

Notas:

(1)    A 20 de febrero de 2013.

febrero 12, 2013

La interminable historia de la banca

Iturria: Michael Roberts / quiendebeaquien.org – 2013/02/12

Es una historia de nunca acabar. El sector bancario mundial sigue revolcándose en un lodo de escándalos, corrupción y mala gestión. Y continua sin satisfacer su supuesto objetivo, a saber, proporcionar liquidez y crédito a los hogares para comprar artículos caros (o incluso cubrir sus gastos mensuales) y a las empresas para que puedan pagar por el capital y la inversión que necesitan para crecer. Y sin embargo, en 2012, los precios de las acciones de los bancos se han disparado por encima del 25%, más que los índices de los mercados de valores en auge.

Durante el colapso financiero de 2008, el sector bancario de los EE.UU. tuvo que descontar 600 mil millones de dólares en activos y su valor bursátil cayó en 1 billón de dólares. Sin embargo, las autoridades (de la Reserva Federal y el Tesoro), “en nombre de los contribuyentes, rescataron a estos bancos errantes con dinero en efectivo, garantías y préstamos por valor de más de 3 billones de dólares. Ahora, con la recuperación supuestamente en marcha, hay menos bancos, pero son más grandes y vuelven a sus viejos trucos, igual que antes.

Ahí están los bancos del Reino Unido: Barclays ha sido multado con 450 millones de dólares por su participación en el llamado escándalo del Libor, en el que los corredores de los bancos se pusieron de acuerdo para fijar el tipo de interés de los préstamos interbancarios, que establece la base del coste de la mayoría de los créditos en todo el mundo. Esta conspiración implica que autoridades locales, organizaciones benéficas y empresas terminaron pagando más de lo debido por los préstamos. HSBC fue acusado por el Congreso de los EE.UU. de lavar el dinero de los carteles de la drogas mexicano y violar las sanciones contra Irán (al igual que Standard Chartered). Lloyds Bank, junto con todos los otros bancos, ha tenido que compensar a sus clientes por obligarles a contratar seguros de accidentes personales por una suma de £ 5.300 millones de libras, dinero que podría haber sido mejor utilizado para financiar la industria y abaratar los créditos.

Y el RBS. Este banco británico acabó de rodillas en el colapso financiero gracias a la gestión liderada por (Sir) Reg Goodwin, nombrado caballero por sus servicios al sector (¡!). Goodwin destacó por su matonería, su inclinación al riesgo y sus enormes bonificaciones. Se fue, pero no sin una pensión escandalosa y muchos apretones de manos de la junta del RBS, al igual que todos los altos ejecutivos de los bancos cuando se les ha pedido que “se retiraran” después de un escándalo. Nadie ha sido acusado o condenado por un tribunal penal por las operaciones de estos bancos globales después de que estallaran los escándalos y se descubrieran sus actividades ?(Ver mis notas 1 y 2)

Por el contrario, los bancos han restado toda importancia a estos escándalos. JP Morgan mantuvo un equipo de operaciones de alto riesgo en Londres dedicado a la comercialización masiva de derivados, las mismas «armas financieras de destrucción masiva» (para usar la terminología del mayor inversor del mundo, Warren Buffet) que desencadenaron la crisis de 2008. La ’ballena de Londres’, como se le llamaba, hizo perder al banco ¡6 mil millones de dólares! Y hay que recordar que eso ocurrió en 2012, no 2008. El corredor principal, Bruno Iksil, les dijo a sus jefes ejecutivos que estaba preocupado por el tamaño “espantoso” de las transacciones que operaba. Pero no le hicieron caso. Y los supervisores en EE.UU. del banco, la Oficina del Interventor de la Moneda, que supuestamente vigilaba muy de cerca a los bancos, tampoco hicieron nada. En marzo de 2012, las pérdidas comerciales iban en aumento y fueron hechas públicas, pero aún así el jefe ejecutivo de JP Morgan, Jamie Dimon, afirmó que el asunto sólo era «una tormenta en un vaso de agua».

Esta fue la respuesta típica de los gerentes de los bancos. Bob Diamond -el ex presidente de Barclays, que acabó finalmente destapando el escándalo del Libor, pero sólo porque el gobernador del Banco de Inglaterra, Mervyn King le obligó-, tuvo que reconocer que «para mí, la evidencia de que existe cultura es cómo se comporta la gente cuando nadie la está mirando». Exacto, y es evidente cual es la cultura bancaria, es decir como se utiliza el dinero de los clientes, los contribuyentes y los inversiones en bonos y acciones para tratar de obtener grandes beneficios a través de fondos de riesgo y cobrar así unas primas grotescas. Y nada ha cambiado realmente. Esta misma semana, el jefe del departamento de gestión de patrimonios privados de Barclays fue despedido por «deficiencias culturales» en su departamento. Al parecer, un informe secreto había comprobado que el banco se dedicaba a buscar «ingresos a toda costa» y utilizaba «la intimidación y el chantaje» al personal para conseguirlo. Este informe ha sido hecho desaparecer por el jefe de la división, que era un aliado cercano de Bob Diamond.

Y con esto no acaba todo. Ahora se ha sabido que durante el colapso financiero, cuando Barclays se vio amenazado con una nacionalización parcial, la junta de Barclays prestó dinero a Qatar para que invirtiera en acciones del propio banco por valor 12 mil millones de libras. De esta manera, el banco evitó controles del Estado ¡mediante la emisión de más préstamos! Todavía no está claro qué «comisiones» se les pagaba a los inversores de Qatar. Dexia, el banco belga, eventualmente forzado a la nacionalización, también intentó el mismo truco en 2008 y también lo hizo el podrido banco de Islandia, Kaupthing, que «prestó» dinero a un miembro de la familia real qatarí, que lo reinvirtió en el banco. Los qataríes cobraban una «comisión» y si las acciones no valían nada después, a ellos les daba igual. Simplemente aumentaban las pérdidas del banco y el coste para el contribuyente en caso de rescate.

Y casi me olvido del Monte dei Paschi di Siena. Se descubrió que este antiguo banco venerable del centro de Italia utilizaba una doble contabilidad para ocultar el hecho de que su división de derivados, fuera de control, había perdido más de 700 millones de euros en diversas operaciones. Este viejísimo banco, con una supuesta tradición de banca prudente se dedicaba igual que todos los demás a operaciones de alto. Y de nuevo, los reguladores, en esta ocasión el Banco de Italia, dicen que no sabían nada de ello hasta que el banco pidió ser rescatado con el dinero de los contribuyentes para salvarse de la quiebra. El actual presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, era el presidente del Banco de Italia en esa época.

Nadie ha sido acusado por estas actividades inmorales y probablemente ilegales. En cambio, lo que ha sucedido es que los trabajadores de los bancos, la mayoría de los cuales no han tenido la menor participación en estos escándalos y operaciones de alto riesgo, que solo trabajaban en oficinas de poca monta o en las ventanillas, han sido despedidos por miles para reducir costes. Y cada mes se recortan más puestos de trabajo.

El alcance y la naturaleza de estos continuos escándalos han obligado incluso a los partidarios del «libre mercado» y de la City de Londres, como el ex ministro de finanzas thatcherista, Nigel Lawson, ¡a pedir la nacionalización completa del RBS! El banco es ya propiedad de los contribuyentes en un 82%, pero eso no significa nada porque los contribuyentes no tienen ni voz ni voto en la gestión del banco, que primas se pagan y qué hace el banco con los depósitos, préstamos e inversiones.

Y es así porque el gobierno no «interfiere» y se mantiene fuera, esperando privatizar el banco tan pronto como sea posible. No lo ha hecho, hasta el momento, porque las acciones del RBS siguen siendo estando tan bajas que los contribuyentes perderían algo así como 30 mil millones de libras en el valor de las acciones de propiedad pública. Sin embargo, Lawson defiende que el banco, en vez de ser privatizado, debe ser totalmente nacionalizado y el gobierno intervenir en su gestión para «convertirlo en un instrumento para aumentar los créditos a las empresas». Lawson ha llegado a decir que los bancos deben «predicar con el ejemplo» y comportarse correctamente de ahora en adelante, pero por detrás del escenario hacen una enorme presión para evitar cualquier regulación adicional o aumentar las tasas de liquidez y control de riesgos.

Como hemos visto, este cabildeo ha funcionado, y el Consejo de Estabilidad Financiera del G-20 ha cambiado de orientación, se ha relajado y pospuesto una regulación más estricta (ver mi nota al respecto). Lawson comentó: «Yo no creo que el gobierno tenga que temer a los bancos en lo más mínimo. De vez en cuando se oyen amenazas de que se van a ir del Reino Unido, pero son solo tonterías».

Tras los escándalos se encuentran las preguntas más importantes de: ¿para qué sirven los bancos? y ¿qué valor añadido o que servicios contribuyen a la sociedad? Los comités de dirección de los bancos ocultan estos temas tras una nube de complejidades. Alegan que son instituciones tan complejas que sólo personas muy bien remuneradas e inteligentes pueden dirigirlos. Pero al parecer, no lo han hecho tan bien. Las cuentas de los bancos más importantes son, en palabras de uno de los analistas financieros más importantes de todo el mundo, Meredith Whitney, «increíblemente difíciles de leer». Y sin embargo, como Whitney dice, en realidad no es tan difícil, «después de todo, los bancos ganan dinero mediante la venta de productos y del margen que obtienen de esos productos, lo mismo que cualquier otro negocio». Pero también sabemos que estos excesivamente retribuidos ejecutivos bancarios no tienen ni idea de hasta que punto están jugando con fuego cuando utilizan los activos de sus bancos para operar y comprar productos de alto riesgo. Los reguladores financieros tratan de encontrar la manera de medir el riesgo que supone acumular activos como créditos, hipotecas, bonos y derivados de los mismos. Pero un nuevo informe de los reguladores bancarios del mundo ha concluido que no solo la información no es suficiente para juzgar si un banco ha acumulado demasiado «riesgo» o no (ver aqui), sino que cree que las estimaciones de riesgo de los bancos podrían ser en realidad ¡cinco veces superiores a las confesadas! Que Dios nos ayude.

Recientemente ha tenido lugar un debate entre los economistas ortodoxos sobre si el sector financiero añade algún valor a la economía. En los EE.UU., el sector financiero ’contribuye’ el 8% de todos los ingresos de la economía. En un nuevo estudio, dos académicos trazan el crecimiento del sector financiero, que, sorpresa, sorpresa, no es el resultado de conceder más préstamos a la industria o los hogares, sino en la creación de activos respaldados en hipotecas y otros instrumentos financieros exóticos para venderse basura tóxica entre sí (The Growth of Modern Finance). Lo que el estudio demuestra es que gran parte de las operaciones de banca no ha sido para ayudar a la industria y los hogares, sino para participar en ’tradings’, que básicamente significa, en palabras de Michael Lewis, autor del libro Poker de mentirosos, «dejar sin blanca a los necios».

Los mercados financieros son ineficientes en la asignación del crédito y el ahorro y el sector financiero es inherentemente inestable y propenso a las crisis (Minsky, Shiller, etc). Por encima de todo, lejos de añadir «valor» a la economía, el sector reduce los recursos disponibles para la inversión productiva (en el sentido capitalista) y en su lugar canaliza el sobreproducto hacia capital ficticio que solo sirve para “destruir valor”.

El economista neoclásico John Cochrane ha medio defendido que no hay nada de qué preocuparse porque al final este tipo de inversiones son eliminadas por las fuerzas racionales del mercado (tamaño del sector financiero). El problema es que, incluso si el mercado puede asignar recursos de manera “eficiente” como afirma la escuela neo-clásica, la experiencia del ascenso del sector financiero en los últimos 30 años es que puede llevar un tiempo tremendamente largo hacerlo. Y entonces sólo “racionaliza” estas inversiones ficticias «fuera del mercado», mediante el colapso financiero y la destrucción “colateral” de capital productivo y empleo.

Lo que demuestran los continuos escándalos de la banca es que el sistema bancario global no ha cambiado realmente ni su cultura ni su razón de ser y que tampoco puede hacerlo. Que tiene que orientar la mayor parte de sus actividades hacia la maximización de beneficios y eso significa hacia áreas que tienen mayor riesgo y no hacia préstamos con “márgenes bajos” a la industria y los hogares. Y los llamados reguladores no pueden cambiarlo. Han sido presionados y acosados por los bancos para que no «limiten» sus actividades «demasiado» o para que les obliguen a apartar demasiado dinero o capital para cubrir posibles pérdidas, porque esto no es rentable. Y las comisiones creadas para recomendar una drástica reestructuración del sector bancario (Vickers en el Reino Unido, Volcker en los EE.UU.), obligándoles desde arriba a dividirse para que no sean «demasiado grandes para quebrar», o forzando a los bancos a elegir entre ser una banca minorista o de inversión, han sido menospreciadas o ignoradas. La solución de Nigel Lawson sigue siendo la única forma práctica y eficaz de transformar el sistema bancario en un servicio a la sociedad no monstruo destructor de valor. Consúltese el folleto delsindicato de bomberos del Reino Unido y sus argumentos a favor de la propiedad pública de los bancos. Anexo:

He aquí una gran cita del economista novecentista Frederic Bastiat, cortesía del análisis devastador de Bill Black sobre la corrupción de los banqueros durante la crisis: «Cuando el saqueo se convierte en una forma de vida para un grupo de hombres que viven juntos en sociedad, acaban creando para sí mismos en el transcurso del tiempo un sistema legal que lo autoriza y un código moral que lo glorifica».

Y los Países Bajos acaban de nacionalizar SNS Reaal NV, el cuarto mayor banco en importancia sistémica de los Países Bajos, con un coste para los contribuyentes holandeses de 3.700 millones de euros, después de las pérdidas por sus propiedades de bienes raíces, sobre todo de activos españoles. El Estado inyectará 2.200 millones de euros en nuevo capital, perdonándole 800 millones de euros que el banco aún adeuda tras su rescate durante la crisis financiera. También cancelará 700 millones en el valor de los activos inmobiliarios del banco. Además, el gobierno va a imponer un impuesto extraordinario de 1.000 millones a los bancos holandeses en 2014, como una contribución para el restablecimiento de la salud del sector financiero. Sin embargo, los tenedores de bonos estarán protegidos.

Michael Roberts es un reconocido economista marxista británico, que ha trabajador 30 años en la City londinense como analista económico y publica el blog The Next Recession.

febrero 10, 2013

¿Existe una crisis sistémica en la banca?

Iturria: Marco Antonio Moreno / Attac – 2013/02/10

Han pasado cinco años y medio desde aquel 6 de agosto de 2007 que marcó la quiebra del American Home Mortgage Investment Corp provocando una reacción en cadena de toda la banca mundial que culminó con la caída de Lehman Brothers. Con sus 150 años de vida, Lehman Brothers era un banco protagonista de la historia de Estados Unidos: superó la guerra de Secesión, las dos guerras mundiales, Corea, Vietnam y Al-Qaeda. Pero no logró sobrevivir a la crisis financiera y se fue a pique. Desde entonces, la banca no ha dejado de temblar provocado serios espasmos, catarsis e implosiones que, pese al masivo apoyo de los gobiernos, continúan propagando el miedo y la incertidumbre global.

Ya hicimos referencia a la quiebra que enfrenta el Monte dei Paschi Di Siena, un banco italiano con 540 años de historia que sufre el error de aplicar las mismas tácticas que los chicos de Goldman Sachs enseñaron a quienes llevaban las finanzas públicas helenas para camuflar los déficit. Fue la llamada contabilidad creativaque atrajo a tantos seguidores desde fines de los años 90. Por esta vía el banco italiano vulneró varias defensas y se sobreendeudó acumulando más de 800 millones de euros en pérdidas y rescates por 3.900 millones de euros.

Los problemas que vive el Monte Dei Paschi no son los únicos de la banca europea. El viernes 1° de febrero el gobierno holandés se vio obligado a nacionalizar al SNS Reaal, la cuarta institución financiera de Holanda, al ser víctima de una corrida bancaria y estar paralizada por sus préstamos hipotecarios. SNS Reaal requiere una inyección pública de 800 millones de euros para no quedar a la deriva…

Ese mismo día, el Credit Agricole francés señaló que su deterioro durante el año pasado llegó a los 3.800 millones de euros, por lo que requería un nuevo socorro estatal. El llamado banco verde de Francia paga así sus ambiciones globales previas a la crisis, en la cual se expandió superando todo nivel de riesgo, y de lo cual su filial griega Emporiki le ayuda a completar un lastre de 17.400 millones de euros en rojo.

Las malas noticias de la banca no terminan aquí: el gigante bancario del Reino Unido Royal Bank of Scotland fue castigado ayer a pagar 612 millones de dólares por manipular la Tasa Libor. Se suma en este castigo a los aplicados al británico Barclays por 500 millones de dólares y el suizo UBS por 1.500 millones de dólares. Hasta el momento solo tres bancos de los quince que se investigan han negociado su castigo. La investigación se mantiene firme con el resto de bancos que hicieron trampas y que manipularon la Tasa Interbancaria de Londres para obtener jugosas ganancias a costa de empobrecer a sus clientes.

En esta manipulación de la Tasa Libor tampoco se salva la banca alemana. Cinco ejecutivos del Deutsche Bank fueron despedidos por encontrar manipulación y detectar que “se comportaron de manera inapropiada” respecto al manejo de la mayor mesa de dinero del banco de Frankfurt. La codicia y la ambición no tienen fronteras. El problema es cuando el ánimo de lucro de quien tiene las riendas del sistema implica directamente el empobrecimiento del resto. Esto genera una gran pérdida de confianza que golpea como un búmerang justamente a los que iniciaron el fraude: la banca. Si no fuera por el contundente apoyo que le han dado los gobiernos del mundo, la banca ya estaría obsoleta. Mantenerla a flote ha sido un coste innecesario que los contribuyentes cargarán durante al menos una década.

Imagen | Karen Bryan - Billete de 10 libras del RBS

febrero 5, 2013

Sin dinero público, no somos nada

Iturria: Carlos Sánchez Mato / Attac – 2013/01/31

A pesar de las triunfalistas declaraciones pronunciadas recientemente por el Gobierno español, el sector bancario no ha solucionado aún sus graves problemas de solvencia. Hasta el mes de diciembre de 2012, las entidades financieras españolas han recibido más de 589 mil millones de euros de fondos públicos en concepto de ayudas. Únicamente el 13,72% del total son ayudas de capitalización mientras que el 86,28% han sido ayudas a la financiación de las mismas. Ayudas directas en forma de capital, seguros contra pérdidas futuras, avales a las emisiones de deuda, adquisición de activos líquidos, suelo e inmuebles, suscripción de participaciones o bonos preferentes convertibles y préstamos ilimitados del Banco Central Europeo. Toda una batería de variados instrumentos para mantener a flote a las entidades bancarias al que hay que añadir el aval implícito gratuito que el Estado está dando al permitir que un Fondo de Garantía de Depósitos en quiebra técnica y que no dispone de patrimonio garantice los depósitos que los ciudadanos tienen en las entidades hasta un importe de 100 mil euros. Solamente la confianza en que el Estado protegerá los ahorros de la gente y no la solvencia de los bancos permite su supervivencia.

Aunque la propaganda oficial intenta evitar la difusión de esta información, todas las entidades han precisado de ayudas públicas en mayor o menor medida porque la insolvencia habitual de las mismas se precipita en escenarios de crisis como la que vivimos en la actualidad. Culpabilizar únicamente a una parte del sector, concretamente a las cajas de ahorro, de la debacle no es más que un argumento interesado que no pretende otra cosa que salvar a los grandes bancos a costa de la fagocitación de las cajas de ahorro. Y todo ello realizado con enormes ayudas públicas.

En el mes de diciembre del pasado año se ha formalizado la última inyección que ha superado los 81 mil millones de euros si sumamos al capital desembolsado en las entidades ya nacionalizadas, las adquisiciones de activos por parte del “banco malo”. No será la última.

Ver Cuadros de ayudas públicas al sector bancario español (Datos actualizados a diciembre de 2012)

http://matoeconomia.blogspot.es/img/ayudabancos.pdf

febrero 5, 2013

Pensiones y deuda pública

Iturria: Vicenç Navarro / ATTAC – 2013/02/04

Uno de los objetivos más importantes del capital financiero (es decir, de la banca, de los fondos de alto riesgo y de las compañías de seguros, entre otras instituciones) es privatizar la Seguridad Social y, muy en particular, las pensiones públicas. Éstas representan los fondos más importantes en cualquier país, incluyendo en España. Los trabajadores y empresarios cotizantes pagan sus cuotas a la Seguridad Social para financiar, entre otros beneficios, las pensiones. Y, como hay más ingresos al fondo de pensiones que beneficios, se ha ido acumulando un fondo de reserva considerable (alrededor de 65.000 millones de euros). Es mucho dinero y el capital financiero quiere meterle mano. Representa una gran golosina. En contra de lo que se informa a la población en los medios influenciados por el capital financiero (que son la mayoría), hoy el capital financiero tiene mucho dinero y va en busca de más. Éste es su próximo gran proyecto: que esta reserva pase a manos de las instituciones financieras privadas en lugar de las públicas (esto también ocurre, por cierto, con la sanidad pública, de la que hoy tal capital financiero desea la privatización para poder también meterle mano, beneficiándose de ello. La evidencia de que esto es así es abrumadora).

Uno de los argumentos que utiliza el capital financiero a través de sus portavoces o grupos de investigación afines, como FEDEA, es que el crecimiento de las pensiones públicas es una de las mayores causas del crecimiento del déficit y de la deuda pública. Y de ahí la necesidad de que se reduzcan tales pensiones públicas. Este argumento se ha repetido miles de veces en los mayores medios donde la sabiduría convencional se produce y reproduce. Y de tanto repetirse, la gente normal y corriente, que adquiere su información a través de tales medios, acaba creyéndoselo.

Pues bien, tal argumento es una mentira enorme. Y utilizo el término mentira deliberadamente. Mis lectores saben que no me gusta utilizar expresiones en mis escritos que puedan interpretarse por mis adversarios, que son muchos, como insultos. Pero es imposible que los portavoces del capital financiero no sepan que la Seguridad Social es una institución autónoma que no se contabiliza en el presupuesto del Estado. No puede, por lo tanto, contribuir al déficit del Estado. Es más, donde sí están entrelazadas ambas instituciones es en la compra de la deuda pública por parte de la Seguridad Social. Los fondos de reserva de las pensiones públicas son uno de los mayores compradores de deuda pública del Estado español, tal como ha indicado The Wall Street Journal en sus series sobre la deuda pública en España. Y lo que es más preocupante es que el 90% de los fondos de reserva de la Seguridad Social están invertidos en bonos públicos del Estado.

La Seguridad Social está, pues, resolviendo, en lugar de dificultando, el llamado problema de la deuda pública española, deuda pública que, por cierto, ha sido creada artificialmente debido al enorme poder del mismo capital financiero. Si el Banco Central Europeo (BCE) (que no es un Banco Central sino un lobby de la banca) hubiera prestado dinero al Estado español a los mismos intereses que ha prestado a la banca, hoy España no tendría ningún problema de deuda pública. Ha sido el capital financiero el que ha creado el problema de la deuda pública a través de su dominio de las instituciones que gobiernan el euro y muy en particular el BCE. Y ahora que la deuda pública está en peligro, son, de nuevo, los fondos públicos de la Seguridad Social los que la salvan. Esto, que está ocurriendo sin que apenas se conozca, se está haciendo a un elevadísimo coste: el de que no puedan pagarse las pensiones del futuro, lo cual no tendrá nada que ver (repito nada que ver) con la famosa transición demográfica y la supuesta inviabilidad de las pensiones (debido a que no habrá suficientes jóvenes para pagar las pensiones de los ancianos), sino con el elevadísimo riesgo de haber invertido la gran mayoría de los fondos de reserva en la deuda pública que probablemente el Estado no podrá pagar. En realidad, los responsables de los fondos de reserva han actuado bajo presiones del Estado, comprando y comprando deuda pública en dimensiones claramente excesivas, poniendo al propio sistema de pensiones en peligro.

A aquellos que continúan alarmando a la ciudadanía indicando que las pensiones no son viables o que la deuda pública está causada por las pensiones, hay que señalarles que la evidencia científica no apoya ni lo uno ni lo otro. Es más, la deuda pública podría resolverse fácilmente, bien imprimiendo euros por el Banco de España y con ello comprar deuda pública (lo cual es permitido en la normativa del Sistema Europeo de Bancos Centrales) o estableciendo agencias públicas de crédito que pudieran pedir prestado dinero al Banco Central Europeo a los mismos intereses que la banca privada (lo cual es permitido por el artículo 123.1 del Tratado de Lisboa) como bien documenta Juan Torres en su artículo “Hay alternativas, incluso dentro del euro” en la revista Alternativas Económicas. Que no se consideren estas alternativas, se debe al enorme poder del capital financiero. Así de claro.

 Vicenç Navarro: Catedrático de Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y Profesor de Public Policy. The Johns Hopkins University

enero 4, 2013

Los sueños rotos del capitalismo

Iturria: attacmallorca.es / Julia Evelyn Martínez – 2013/01/04

Las cosas van de mal a peor en la economía global. No se trata de la crisis financiera ni de la recesión en Europa y Estados Unidos. La economía va mal porque el sistema económico imperante está evidenciando su incapacidad estructural de darle respuesta a los problemas de la humanidad y porque la utopía del desarrollo capitalista, ha perdido su capacidad de ilusionar a las clases oprimidas. La esperanza de que “algún día, con nuestro esfuerzo y la ayuda de Dios, las cosas van a mejorar” va quedando progresivamente relegada al museo de la mitología económica. En su lugar, la lucha de clases está emergiendo bajo diversas formas de lucha social, desde el movimiento de los indignados en Europa hasta los movimientos de defensa de los bienes comunes en Latinoamérica.

Estados Unidos representa ejemplo más dramático de los sueños rotos del capitalismo. De acuerdo a cifras oficiales del Departamento de Agricultura, más de 49 millones de norteamericanos/as sufren de inseguridad alimentaria. Estos datos son congruentes con las cifras sobre pobreza en el país más rico del mundo: el 15% de las familias (49 millones de personas) están clasificadas como pobres o extremadamente pobres. El 20,7 % de la niñez de ese país se ubica en esta categoría.

Contrario a lo que se cree, estos no son problemas provocados por la crisis hipotecaria de 2007 o por la subsiguiente recesión económica. Joseph Stiglitz en el prólogo de su libro “El precio de la desigualdad”, señala que incluso antes de la crisis, la economía estadounidense no estaba cumpliendo lo que prometía, ya que pese al crecimiento del PIB, la mayoría de los ciudadanos veía como empeoraba su nivel de vida. Entre 1979 y 2007 el ingreso después de impuestos del 1% de los hogares más ricos creció en 275% mientras que el ingreso del resto de hogares lo hizo en menos del 40%.

El problema tampoco es el bajo crecimiento ni la caída en la productividad laboral. Entre 2009 y 2010 la economía norteamericana experimentó una significativa recuperación del crecimiento económico, el cual sin embargo, continuó distribuyéndose de forma inequitativa: el 93% del aumento en los ingresos generado por el crecimiento de esos años fue a parar al 1% de las personas más ricas de Estados Unidos, mientras que el 7% se distribuyó entre el restante 99%. Asimismo, la productividad laboral real por hora en el sector empresarial no agrícola desde 1980 a 2007 aumentó en un 85% pero las remuneraciones reales promedio, solamente aumentaron en 35%.

Por consiguiente, el debate económico en 2013 no puede continuar siendo un debate sobre temas coyunturales o sobre temas como el crecimiento, la productividad y/o la competitividad. El tema central de este debate debe buscar la respuesta a la pregunta : ¿Cómo se logra que la economía funcione para la gente a partir de un sistema que no solo se fundamenta en la desigualdad, sino que al crecer y desarrollarse, provoca más desigualdad y más pobreza?

Julia Evelyn Martínez es economista, profesora de la escuela de economía de la Universidad “José Simeón Cañas” (UCA) de El Salvador.

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enero 4, 2013

El tabú del impago

Iturria: attacmadrid.org – 2013/01/03

Lo que se dirime es si el impago será diseñado por los acreedores de forma que sirva a sus intereses (maximizar los pagos recibidos) o si será usado como instrumento de legítima defensa por parte de los grupos sociales que están pagando la deuda.

Bibiana Medialdea

En los últimos tiempos cada vez son más las voces que cuestionan la legitimidad del pago de ciertas deudas. La proliferación de plataformas que defienden la necesidad de una auditoría sobre la deuda pública, la reivindicación de anular parte de la deuda hipotecaria de las familias con dificultades económicas (dación en pago) o, más en general, la popularización de la consigna “No debemos, no pagamos”, son buena prueba de ello.

Sin embargo, el impago de la deuda suele presentarse como una opción descabellada, inviable más allá del ámbito de la propaganda. Por muy elevado que sea el coste social derivado de atender los compromisos financieros, se argumenta, seguir pagando deuda es siempre el “mal menor”. Dejar de hacerlo, condenaría a un escenario de exclusión financiera y aislamiento político mucho más gravoso. El impago no sólo supondría pérdidas para los acreedores sino, sobre todo, para la parte deudora, que a cambio del alivio inmediato perdería su acceso a nuevos recursos y quedaría estigmatizada de por vida.

Dejemos de lado el hecho de que el fundamento jurídico vigente ampara el impago de deuda bajo ciertas condiciones: el Derecho Internacional acuña el concepto jurídico de “deuda odiosa” para referirse a aquella que no se ha contraído a favor de quien finalmente ha de responder por ella. Los ejemplos más utilizados son el no reconocimiento en 1898 de la deuda del Gobierno cubano por parte de Estados Unidos, o la anulación en 2004 de la deuda iraquí contraída por el régimen de Sadam Hussein.

Obviemos también la cuestión, crucial, de la legitimidad de decidir sobre el uso que se da a los recursos propios. Es evidente, más allá de la legalidad, que existen principios y derechos de rango superior a un contrato privado de deuda financiera. Si no está permitido, por ejemplo, que una persona salde una deuda vendiendo un órgano de su cuerpo, ¿por qué habría de estarlo que un país la salde vendiendo su sistema sanitario?

Y hagamos un último esfuerzo por olvidar que, en flagrante contradicción con el discurso oficial sobre el “impago imposible”, la historia está plagada de episodios de impagos de todo tipo: desde los antiguos jubileos hasta las recientes quitas negociadas entre la troika y el Gobierno griego. Según atestiguan las hemerotecas y los libros de historia, la conclusión de estos episodios no concuerda con las amenazas previstas.

Así pues, centrémonos esta vez, exclusivamente, en un aspecto que atañe en la actualidad y de forma particular a los países de la Europa periférica, entre los que se incluye España: la cuestión no es si el impago de deuda es o no posible; porque lo cierto es que en las condiciones económicas actuales algún tipo de impago es inevitable. Y tanto los acreedores como la troika, por supuesto, lo saben.

Sintéticamente, la situación es la siguiente. Estos países acumulan volúmenes de deuda, mayoritariamente privada, desorbitados; deudas que multiplican varias veces todo lo que producen en un año (en el caso español se acerca al 400% del PIB). Por otra parte, su producción –de donde proceden los ingresos con los que habría que pagar las deudas- disminuye o, en el mejor de los casos, crece a un ritmo insignificante. Así las cosas, la fórmula a la que recurren para pagar la deuda es refinanciarla: es decir, contraer nuevas obligaciones para saldar las que van venciendo. Pero los tipos de interés que los mercados financieros privados exigen a los países de la Europa periférica para concederles nuevos créditos están muy por encima de su exigua capacidad de generación de ingresos con los que afrontar los pagos. Como resultado, su deuda acumulada registra una inercia de crecimiento imparable.

La secuencia, además, tiende a retroalimentarse convirtiéndose en una espiral perpetua, debido a que los acreedores imponen políticas de austeridad que profundizan la recesión (dificultando cada vez más la generación de ingresos), lo cual obliga a recurrir de forma creciente al mecanismo perverso de la refinanciación del endeudamiento a tipos de interés inasumibles. Bajo estas condiciones, como decíamos, saldar las deudas pendientes resulta imposible.

A primera vista parece absurdo: ¿Qué sentido tiene que los acreedores hagan del impago un tabú, si antes o después tendrán que avenirse a negociarlo? Precisamente, cuando se camina hacia un impago, convertirlo en un tabú es muy importante.

Una vez que una deuda se evidencia impagable el problema deja de afectar en exclusiva al deudor. La función del sector financiero es proveer de crédito, y el beneficio (interés) que obtiene por ello se supone correspondido por el riesgo que asume en su actividad. Son profesionales de la concesión de créditos. Siempre que alguien accede a crédito por encima de sus posibilidades hay una contraparte que está concediendo crédito por encima de las suyas. La pérdida en caso de impago, por tanto, está no sólo justificada sino “prevista” en la operación. Pero lógicamente, y en la medida en que sea capaz, la parte acreedora tratará siempre de minimizarla. Y en el contexto político actual, la capacidad de esta parte acreedora -el sector financiero- para conseguir lo que se propone es, según se ha demostrado, considerable.

Una vez que no se puede seguir ignorando que la parte deudora es incapaz de atender sus pagos, se inician las negociaciones en torno a la reestructuración de su deuda. Y ahí lo que se abre es una disputa distributiva fundamental: ¿Quién se hace cargo de los platos rotos? ¿Cómo se reparte la factura entre la parte deudora y la acreedora, si es que se reparte? Incluso si la reestructuración incluye impagos parciales, los resultados de esta negociación pueden ser escandalosamente desfavorables para la parte deudora. El diablo, como suele, está en los detalles.

En este sentido, resulta muy ilustrativo estudiar qué pasó con las renegociaciones de deuda en la crisis latinoamericana de los años ochenta. Ahora que ha pasado el tiempo y es posible realizar los cálculos, se constata que las reestructuraciones de deuda intermediadas por el FMI, incluso cuando incluían quitas que se vendieron como grandes concesiones, favorecieron enormemente a los bancos acreedores frente a los Estados endeudados. Esto se debió a dos razones fundamentales. Por una parte, porque al reprogramar los pagos los acuerdos priorizaban siempre el pago de intereses frente a la amortización del capital, que de esa forma no se liquidaba y seguía generando nuevos intereses. Así, según el nuevo esquema de pagos negociado, aunque se pagaba deuda, ésta no disminuía proporcionalmente. Y por otra, porque la reprogramación de la deuda suponía alargar los plazo y, por tanto, incrementar el pago final de intereses. Los cálculos señalan que en muchos casos ambos elementos compensaron de sobra las quitas concedidas.

El saldo de la negociación en torno a la reestructuración de la deuda (impago incluido) depende de la correlación de fuerzas entre deudores y acreedores. Y la posición de fuerza de la parte deudora radica, precisamente, en su capacidad de no pagar. De decidir no pagar. Fingir que la opción del impago no existe es la forma más efectiva de despojar a la parte deudora de su poder de negociación. Hay que recordar que la opción del impago unilateral existe, es la única forma de que los deudores cuenten con todo el poder que les corresponde. De nuevo América Latina, con los casos delimpago unilateral argentino de 2001 y la política del gobierno de Correa en Ecuador a partir de 2007,puede ayudarnos a ilustrar la cuestión.

Lo que ahora está en juego en Europa no es si habrá o no impago. La cuestión política fundamental serán sus características concretas:

1. Qué deuda deja de pagarse: ¿deuda pública? ¿deuda hipotecaria de familias con dificultades? ¿deuda de las entidades financieras?

2. Qué acreedores asumen la quita: ¿los Estados? ¿otras instituciones públicas? ¿el sector financiero privado?

3. Qué condiciones afectan a la deuda restante.

En definitiva, lo que se dirime es si el impago será diseñado por los acreedores de forma que sirva a sus intereses (maximizar los pagos recibidos), o si será usado como instrumento de legítima defensa por parte de los grupos sociales que están pagando la deuda. Una deuda que, es preciso recordarlo, no les corresponde.

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